La sociedad decadente

Cita: 

Douthat, Ross [2020], La sociedad decadente, Ariel, Barcelona.

Fuente: 
Libro electrónico
Fecha de publicación: 
2020
Tema: 
¿Qué es la decadencia?
Idea principal: 

Ross Gregory Douthat es analista político, blogger, autor y columnista de New York Times. Fue editor de The Atlantic. Sus temas se centran en problemáticas internas del conservadurismo en Estados Unidos (Partido Republicano, el estado del cristianismo, la “decadencia sostenible", etc).


Introducción. El cierre de la frontera

La hazaña más extraordinaria de la ciencia moderna y la historia de Estado Unidos culminó en 1969 cuando tres astronautas pisaron la superficie lunar. Visto como respuesta al caos social y consumación de la promesa revolucionaria de la época, el aterrizaje lunar, junto con una serie de eventos contemporáneos, contribuyó a que 1969 se percibiera como inicio, más que como clímax: apertura de fronteras inexplorables dispuestas a su descubrimiento, conquista y saqueo.

La era espacial, que duró desde el Sputnik (1957) hasta la explosión del transbordador espacial Challenger (1986), inspiró enorme confianza en su continuación; se alucinaba con conquistar el espacio a la velocidad que lo hicieron las colonias europeas en América. No obstante, fue en la era Reagan cuan se hizo evidente que no se dominaría el espacio, el tema quedó abandonado por la atención pública, el apoyo político y la ciencia ficción, que de la alucinación futurista pasó a la distopía. La caída futurista lunar no medró en el desarrollo de la navegación espacial tripulada: se enviaron robots a otros planetas y se descubrieron planetas parecidos a la Tierra, pero ninguno de estos acontecimientos provocó tanto alarde como el aterrizaje del Apolo.

El historiador Frederick Jackson Turner argumentó en 1893 cómo “las ideas y la realidad de la frontera del Oeste” construyeron a Estados Unidos, que “detrás de las instituciones, detrás de las formas y las modificaciones constitucionales, están las fuerzas esenciales que insuflan vida a estos órganos y los moldean para adaptarlos a las condiciones cambiantes.” Esta tesis funciona también para el “proyecto de la modernidad”, el cual estructura sus instituciones, formas y supuestos fundamentales (la misión histórica y el progreso perpetuo) alrededor de la exploración, la expansión y el descubrimiento.

Históricamente, las civilizaciones han sido expansionistas, crean asentamientos, ejecutan conquistas y misiones evangelizadoras, comandan exploración con fines comerciales o científicos. La civilización occidental moderna no solo se expandió por todos los medios posibles (creando una red universal de comunicación que envuelve las periferias mundiales), sino que introdujo la ideología de la expansión y el descubrimiento como reemplazo de lo que proporcionaba la fe, la comunidad y la jerarquía. “En la modernidad la solidez del pasado siempre se está evaporando”, y en su lugar aparece la promesa de un mañana glorioso.

El libro presentado se dedica al fenómeno causado por el cierre real de la frontera física por más de una generación. Es la primera vez, desde 1491, que la humanidad entiende su imposibilidad para encontrar un ”lugar realmente nuevo”. La coincidencia del fin de la era espacial y el retroceso del mundo desarrollado no es casualidad: si tuvo relación con el cambio pesimista de Occidente en la década de los años sesenta (caracterizado por entender la expansión occidental con un fenómeno canceroso y movido por el pensamiento poscolonial y ambientalista) o si sólo interactuó con el contexto, sigue siendo un punto de inflexión en la historia. Aunque tampoco es reducible a esa causa la posibilidad del giro de la expansión occidental hacia el repliegue, se puede argumentar que “antes de Apolo” se percibía que la historia de la civilización occidental estaba en sus albores. “A partir del Apolo hemos entrado en la decadencia.”

Por lo general el término decadencia se usa sin precisión. Jacques Barzun, alude a un uso ‘prudente’ para la decadencia en su estudio sobre la historia cultural de Occidente llamado “Del amanecer a la decadencia”. Ahí, declara que el punto de unidad de la fragmentada y conflictiva cultura occidental son sus objetivos característicos, mismos que “ejecutados al máximo de sus capacidades” la están conduciendo a su desaparición. Sin embargo, sostiene que una sociedad en decadencia no está necesariamente al filo del colapso.

Decadencia significa caída. Se trata de un tiempo bastante activo sin rumbos claros, comandado por el desasosiego; las formas de creación artísticas y existenciales parecen agotadas; la repetición se sobrepone a la innovación, hace circular el mundo intelectual y los avances científicos, descubrimientos y exploraciones son insuficientes ante las expectativas; la esclerosis carcome y ralentiza instituciones y empresas entre redundantes sociedades colmadas de fatiga, repetición y frustración. Refiere “al estancamiento económico, al deterioro institucional y al agotamiento cultural e intelectual en un elevado grado de prosperidad material y de desarrollo tecnológico”, que suelen ser consecuencia del su propio éxito anterior.

Esta definición, aunque ambigua, resulta útil en ciertos aspectos: enfatizar lo económico acota “el radio de acción de la decadencia a sociedades en estancamientos mesurables” y brinda criterios para su asociación excluyendo criterios de gusto personal; destacar el deterioro institucional descarta cualquier acusación de casos individuales; acentuar la repetición cultural e intelectual impide (aunque no del todo) los juicios de apreciación individuales; resaltar el estancamiento permite tratar la decadencia sin la advertencia de un colapso cercano. También mantiene coherencia histórica, pues hay civilizaciones no decadentes que colapsan y otras civilizaciones decadentes que perduran. Además, abre la posibilidad de una salida optimista en la que a “una época decadente” le sucede “una recuperación del crecimiento, de la creatividad y del provecho”.

Declarar a la “primera civilización global” como decadente (estancada y repetitiva) puede entrar en conflictivo con la sensación de aceleración y cambio constante que avivó los inicios del siglo XXI. Pero, puede que esa sensación ya no corresponda a la realidad, y se mantenga como ilusión alimentada por internet. La aceleración de la comunicación, por la era digital, trae la apariencia de una mayor precipitación de acontecimientos (ocasionando un estado de constante ansiedad, desbocado en el terrorismo y la guerra). No obstante, si observamos los datos se puede afirmar que “la velocidad del cambio real” no ha aumentado. La crisis de 2008 y la Gran Recesión develaron que el crecimiento de la última década de Occidente resultó una ilusión.

El presente libro es un esfuerzo por sintetizar diferentes puntos de vista sobre la situación actual. Entreteje las ciencias sociales con observaciones sobre el clima intelectual, cultural, religioso, cotidiano y tecnológico, para obtener un trazo completo de la actual decadencia de trazar un retrato completo de nuestra decadencia. Además, ve hacia adelante calculando la estabilidad decadente y cómo se podría finalizar.

Entre las convulsiones populistas y ebulliciones de la nueva derecha, la pregunta es si esto representa una “crisis ideológica real, una coyuntura revolucionaria” o se reduce a “una especie de pantomima de la era digital” convocada por jóvenes frustrados más activos en las redes sociales que en las calles. Ningún periodo de decadencia es eterno, tampoco hay recetas para salir de ella. Pero todo intento por lograrlo tiene que partir de una comprensión clara de la situación en que se encuentra sin optimismo ni histeria. Lo que se puede decir de las primeras décadas del siglo XXI, es que la sociedad se ha inmovilizado, tomó cierta comodidad sofocante de presentismo; sin memoria se aferra a la espera de revelaciones mesiánicas, “envejece infeliz ante la luz resplandeciente de una pantalla diminuta”.

Nexo con el tema que estudiamos: 

El presente texto introduce una discusión en cuanto al estado actual de la sociedad. En él se apuesta por señalar que la sociedad no está al borde del colapso, sino que se encuentra en una aletargada decadencia misma que no preludia el fin, sino simplemente la caída de éxitos antiguos, y solo puede salir mediante un nuevo renacimiento, el colapso o milagro mesiánico. Cabe señalar que el autor se basa en la cultura occidental, excluye de sus análisis toda otra cultura. Así, este texto se presenta como un argumento discordante con la tendencia catastrófica desde la que se estudia la acción de las empresas y su impacto en las formas de existencia humanas y no humanas.