The era of US dominance in economic warfare is over
Enviado por Edoardo Luna en Sáb, 04/18/2026 - 13:07Mulder, Nicolas [2026], "The era of US dominance in economic warfare is over", Financial Times, 17 de marzo, https://www.ft.com/content/ae458591-5941-45f1-bf7b-7110bc35eb88 [1]
Nicholas Mulder es profesor en Cornell especializado en historia europea e internacional, sobre todo en sanciones económicas, guerra, expropiación y formación del estado moderno. Su libro El arma económica (2022) recibió premios relevantes, mientras La era de la confiscación (2026) estudia la toma de propiedades como parte del poder estatal. Además, escribe en medios internacionales y da cursos sobre fascismo, guerra, capitalismo y democracia.
La ofensiva de Donald Trump en Medio Oriente produjo un efecto que golpea mucho más allá de Irán. El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, paso decisivo para la circulación mundial de energía y fertilizantes, muestra que la coerción económica ya dejó de ser un privilegio de Estados Unidos. Teherán respondió a la presión militar y las sanciones, con la misma lógica que Washington aplicó durante años: convertir un punto central de la economía mundial en arma política para obligar a su adversario a frenar.
Esa pérdida de control no comenzó con Irán. Cuando Trump volvió a castigar el comercio internacional con aranceles y controles, China rechazó ceder y contestó con restricciones sobre minerales estratégicos. El golpe alcanzó a fabricantes estadounidenses de defensa, aeronáutica y automóviles, además de afectar cadenas de suministro fuera del país. El acuerdo posterior con Xi Jinping, presidente de China, no reflejó una victoria clara de Washington, sino una tregua nacida de la presión mutua. Ahí quedó expuesto un cambio decisivo: Estados Unidos ya no domina en solitario la guerra económica.
Tampoco conviene presentar estas medidas como herramientas eficaces por sí mismas. Con frecuencia producen adaptación, no obediencia. Rusia redirigió comercio hacia Asia para reducir el efecto de las sanciones. Empresas chinas desplazaron producción al exterior y aceleraron innovación interna frente a controles tecnológicos. Algo parecido ocurrió en otros casos fallidos, como el bloqueo contra Qatar, las sanciones de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Ecowas) contra Mali, Burkina Faso y Niger, o la presión comercial de China sobre Japón y Australia. El castigo prolongado empuja a buscar socios nuevos, reordenar mercados y reducir dependencias.
Lo más grave no es solo su desgaste, sino su deriva. La presión económica ya no funciona como sustituto moderado de la guerra. Después de los ataques de Estados Unidos contra Venezuela e Irán, esa frontera pierde credibilidad. El shock energético actual ya fuerza concesiones sobre el petróleo ruso y complica a Unión Europea, que podría mantener compras de energía rusa para limitar daños. En un mundo saturado de bloqueos, sanciones y represalias comerciales, la escalada económica deja de contener la violencia y empieza a prepararla.
1) Irán cerró de forma efectiva el Estrecho de Ormuz, paso marítimo entre el golfo Pérsico y el océano Índico. Ese cierre bloquea 20% de los flujos mundiales de petróleo y gas, además de un tercio del comercio global de fertilizantes que cruza esa ruta.
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Rompiendo con la visión de la omnipotencia estadounidense, se observa que las presiones económicas internacionales degeneran rápidamente en acciones bélicas y conflictos que escalan. El contraste entre las reacciones en Venezuela e Irán muestran que potencias intermedias pueden frenar las pretensiones de extorsión por parte del hegemón. También debe observarse el carácter sumamente destructivo de los enfrentamientos bélicos, cuyas consecuencias son muy difíciles de detener y más de revertir.