A test of faith. Anthropic's astonishing commercial success makes it a target
Enviado por Edoardo Luna en Dom, 06/28/2026 - 17:59The Economist [2025], "A test of faith. Anthropic's astonishing commercial success makes it a target", The Economist, London, 20 de junio, https://www.economist.com/briefing/2026/06/18/anthropics-astonishing-com... [1]
The Economist es una publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y la economía mundial. Publicó su primer número el 2 de septiembre de 1843 bajo la dirección de James Wilson.
La presión del gobierno de Donald Trump coloca a Anthropic, empresa estadounidense de inteligencia artificial dirigida por Dario Amodei, en una disputa directa por el control de sus modelos de lenguaje. El gobierno de Trump quiere tener acceso a las tecnologías más avanzadas de esa empresa y exige bloquear el acceso a los modelos más recientes de inteligencia artificial de Anthropic, Fable 5 y Mythos 5, para cualquier persona no estadounidense, incluso empleados de la propia compañía, bajo el argumento de que tal acceso pone en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos. Para Anthropic, permitir ese acceso sin controles equivale a entregar una tecnología riesgosa a usuarios sin preparación ética para manejarla, lo cual incluye a gobernantes y militares estadounidenses. La disputa también complica su plan de vender acciones al público y define quién tendrá el control final sobre una de las tecnologías más poderosas del mundo.
Simonía de superpoderes
Anthropic surgió en 2021, cuando Dario Amodei, Daniela Amodei y seis exintegrantes de OpenAI salieron de ese laboratorio porque consideraban insuficiente su atención a la seguridad en inteligencia artificial. Claude apareció después de ChatGPT y recibió menos atención, pero esa desventaja empujó a la empresa hacia un mercado más claro: herramientas para clientes corporativos. La principal apuesta de Anthropic es Claude Code, un agente de programación que resuelve tareas largas y permite revisar sus resultados con facilidad. Ese enfoque le dio ventaja porque las empresas pagan por herramientas útiles y valoran controles frente a posibles fallas de la inteligencia artificial.
Por otra parte, OpenAI ya compite en programación, puede bajar precios y Google cuenta con productos empresariales instalados en muchas compañías. Además, los modelos rivales suelen igualarse rápido, por eso Anthropic necesita avanzar hacia agentes capaces de realizar trabajo corporativo y obtener más datos para mejorar sus sistemas (datos cruciales 1 y 2).
El choque con el gobierno aparece porque Dario Amodei, director de Anthropic, pide reglas más estrictas para la inteligencia artificial mientras la empresa desarrolla modelos cada vez más potentes y busca avanzar hacia la inteligencia artificial general (AGI), entendida como un sistema superior a la capacidad humana. Para funcionarios de Trump, pedir más regulación mientras se compite por crear esa tecnología resulta contradictorio y puede frenar la ventaja de Estados Unidos frente a China.
Sacerdote turbulento
La relación entre Anthropic y el gobierno de Donald Trump se tensó a finales de febrero por el uso de Claude, su modelo de inteligencia artificial, en vigilancia doméstica masiva y armas autónomas. Anthropic sostuvo que las leyes existentes no bastaban para regular la vigilancia con inteligencia artificial y que esta tecnología aún no era confiable para máquinas capaces de matar sin intervención humana. El Pentágono respondió que Dario Amodei, director de Anthropic, intentaba colocarse por encima de las decisiones de seguridad nacional, mientras Trump buscó que las agencias gubernamentales rompieran vínculos con la empresa.
Esa ruptura aumentó la sospecha oficial de que el crecimiento de Anthropic podía darle demasiado control sobre una tecnología estratégica. David Sacks, asesor gubernamental en inteligencia artificial, comparó ese riesgo con el dominio petrolero de John D. Rockefeller en el siglo XIX. El nuevo choque surgió por Mythos, un modelo eficaz para tareas de hackeo que detectó vulnerabilidades en sistemas públicos. Anthropic limitó su uso a clientes revisados por el gobierno y después creó Fable, una versión con barreras contra abusos. La crisis escaló cuando Amazon, gran inversor de Anthropic, detectó fallas que permitían romper esas barreras, y Sacks acusó a Dario Amodei de negarse a corregirlas.
Confusión en Canossa
El conflicto por Mythos y Fable muestra el vacío legal que rodea a la inteligencia artificial en Estados Unidos. Anthropic afirma que entregó los modelos al gobierno antes de liberar Fable y rechaza que sus barreras de seguridad pudieran ser infalibles. El problema es que la administración de Donald Trump impulsó una política flexible para acelerar la tecnología, pero después recurrió a medidas improvisadas cuando esos modelos parecieron tocar intereses de seguridad nacional.
Primero trató a Anthropic como riesgo para la cadena de suministro y luego exigió licencias de exportación para cada venta a entidades extranjeras. Como la empresa no podía saber con certeza si personas extranjeras dentro de compañías estadounidenses usarían los modelos, terminó suspendiéndolos por completo.
El gran riesgo que perdura, según Dean Ball, exfuncionario de Trump en la Foundation for American Innovation, es que Estados Unidos imponga el dominio gubernamental sobre la inteligencia artificial en lugar de fortalecer su liderazgo tecnológico. Mientras Anthropic propone pruebas técnicas y auditorías, el gobierno busca control político sobre una herramienta con peso militar y económico.
1) Anthropic obtiene cuatro quintas partes de sus ingresos de clientes empresariales, frente a cerca del 40% de OpenAI, diferencia que le da una base comercial más fuerte. Ambas empresas presentaron planes para vender acciones al público por primera vez y rondan una valoración de 1 billón de dólares, aunque Anthropic alcanzó 965 mil millones de dólares en mayo y OpenAI llegó a 852 mil millones de dólares en marzo.
2) El ingreso recurrente anual (ARR) estima cuánto vendería una empresa en un año al multiplicar por 12 los ingresos de su mes más reciente. Con esa medición, Anthropic supera a OpenAI, aunque Futurum, firma de investigación tecnológica, advierte que la forma en que Anthropic registra las ventas realizadas mediante socios de computación en la nube puede hacer que sus ingresos parezcan más altos. Su valoración supera 20 veces su ARR, sus ingresos recurrentes crecieron cinco veces en cinco meses y Dario Amodei da charlas de una hora cada dos semanas a los 3 mil empleados de Anthropic sobre los riesgos de la inteligencia artificial.

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La disputa por las aplicaciones de inteligencia artificial se acentúa conforme se ponen a prueba en los campos de batalla. Contra lo previsible, Anthropic o al menos parte de su directorio, levantan mínimas precauciones frente a los riesgos y las realidades del uso de estas tecnologías en la guerra. Como todos los intentos de regulación en el capitalismo, es la dinámica tecnológica la que prevalece, por lo que el horizonte es que el desarrollo de las aplicaciones de inteligencia artificial se generalice y las reticencias regulatorias queden retrasadas.