You can't reboot the planet if you crash it
Enviado por Edoardo Luna en Dom, 03/08/2026 - 22:09Mann, Michael [2025], "You can't reboot the planet if you crash it", Bulletin of the Atomic Scientist, 31 de octubre, https://thebulletin.org/2025/10/you-cant-reboot-the-planet-if-you-crash-it [1]
Michael E. Mann es profesor distinguido presidencial y director del Centro de Ciencia, Sostenibilidad y Medios de Comunicación de la Universidad de Pensilvania. Es coautor con Peter Hotez del libro recién publicado La ciencia bajo asedio: cómo luchar contra las cinco fuerzas más poderosas que amenazan nuestro mundo. Su libro anterior fue Nuestro momento frágil: cómo las lecciones del pasado de la Tierra pueden ayudarnos a sobrevivir a la crisis climática.
Michael Mann critica el enfoque de Bill Gates frente a la crisis climática y lo describe como una visión dominada por tecnofijaciones que desplazan soluciones energéticas disponibles. Parte central de esta crítica se dirige al fondo Breakthrough Energy Ventures, creado por Gates, que invierte en proyectos asociados con combustibles fósiles mientras Gates minimiza el papel de una descarbonización rápida basada en energías renovables. En su lugar impulsa tecnologías hipotéticas, como reactores nucleares modulares, cuya expansión no coincide con el periodo en que el mundo necesita abandonar los combustibles fósiles.
Según Mann, este enfoque presenta la crisis climática como un problema susceptible de resolverse mediante “parches” tecnológicos. Entre estas propuestas aparece el financiamiento de proyectos de geoingeniería que contemplan rociar compuestos de azufre en la estratosfera con el propósito de bloquear parte de la radiación solar y enfriar el planeta. Mann advierte que tales intervenciones implican riesgos impredecibles y, además, ofrecen una justificación para retrasar la reducción del uso de combustibles fósiles. Frente a esta lógica sostiene que la única respuesta segura consiste en detener la expansión de la extracción y quema de estos combustibles.
El autor refuerza su crítica mediante una comparación con la película Don't Look Up. En esa historia, el empresario tecnológico Peter Isherwell propone resolver una amenaza planetaria mediante tecnología patentada mientras busca beneficios económicos derivados de la explotación de recursos. Mann utiliza esta metáfora para mostrar el riesgo de confiar en soluciones tecnológicas especulativas impulsadas por magnates en lugar de aplicar transformaciones estructurales en el sistema energético.
Mann también cuestiona el supuesto “descubrimiento” de Gates sobre una fórmula para explicar las emisiones de carbono. Señala que esta relación matemática ya existe desde hace décadas bajo el nombre de identidad Kaya, formulada por el economista energético Yōichi Kaya y conocida por científicos del clima y estudiantes universitarios. La identidad describe las emisiones como resultado de factores vinculados con población, crecimiento económico, eficiencia energética y uso de combustibles fósiles. Para Mann, el problema no reside en mencionar esta identidad, sino en la interpretación de Gates según la cual alcanzar emisiones cero requiere un “milagro energético”.
Mann sostiene que ese “milagro” ya existe en forma de energías renovables como la solar, la eólica y la geotérmica, junto con tecnologías de almacenamiento energético. Desde su perspectiva, el obstáculo principal no es tecnológico sino político, porque intereses económicos y narrativas públicas cuestionan la transición energética.
En este contexto Mann señala la relación entre Gates y el economista Bjorn Lomborg. El centro dirigido por Lomborg recibe financiamiento de la Fundación Gates y Lomborg difunde argumentos que cuestionan la transición energética. Entre esos mensajes aparece la idea de que la energía limpia resulta demasiado costosa, que las sociedades pueden adaptarse al calentamiento global o que las políticas climáticas restan recursos a otros problemas sociales. Para Mann, estos discursos favorecen la continuidad del uso de combustibles fósiles.
Asimismo, el autor señala que estos argumentos circulan con facilidad en ciertos espacios mediáticos y políticos, incluidos sectores cercanos al discurso de Donald Trump, donde reciben amplia difusión. Según Mann, la repetición de estas narrativas protege intereses vinculados con la industria fósil y retrasa la transformación del sistema energético.
Finalmente, Mann afirma que la solución a la crisis climática no depende de tecnofijaciones impulsadas por magnates ni de promesas de innovaciones futuras. La respuesta exige una transformación profunda del sistema energético y una acción colectiva capaz de enfrentar la influencia de corporaciones fósiles, campañas de desinformación y petrostatos, es decir, Estados cuya economía y poder político dependen de la explotación y exportación de combustibles fósiles.
En el debate ambiental contemporáneo también surge una crítica cada vez más fuerte hacia el poder que concentran algunas empresas transnacionales y grandes fortunas en la definición de soluciones frente a la crisis climática. Resulta inquietante que decisiones que afectan el futuro del planeta puedan quedar en manos de unos cuantos actores con enorme poder económico, que impulsan proyectos y tecnologías a escala global sin que existan límites claros ni mecanismos suficientes de control público sobre sus acciones.