Don't Look Now, but the Green Transition Is Still Happening
Enviado por Edoardo Luna en Sáb, 03/14/2026 - 20:55Wallace-Wells, David [2026], "Don't Look Now, but the Green Transition Is Still Happening", The New York Times, New York, 25 de febrero, https://www.nytimes.com/2026/02/25/opinion/clean-green-energy.html [1]
David Wallace-Wells. Es un periodista neoyorquino graduado en historia por la Universidad de Brown. Es editor adjunto de la revista New York Magazine, estuvo en el mismo cargo en The Paris Review, colaboró con Wired, Harper's y The Guardian.
En distintas regiones del planeta ya se observa una transformación energética que avanza con mayor rapidez de lo que admite el debate político actual. Energía solar, baterías y electrificación del consumo comienzan a modificar el transporte, la generación eléctrica y la estructura de los mercados energéticos. Este cambio responde a decisiones públicas que impulsan inversión en infraestructura limpia y reorganizan sistemas eléctricos nacionales.
El clima político global proyecta una imagen diferente. Gran parte del discurso público insiste en la idea de un retroceso climático acompañado por llamados a un nuevo realismo energético. Donald Trump fortalece esa narrativa al negar el calentamiento global, desmontar políticas impulsadas por Joe Biden y alinearse con intereses petroleros. En el propio campo liberal aparece un desplazamiento del lenguaje climático hacia preocupaciones centradas en el costo de la energía. Europa incrementa su dependencia del gas natural.
China reactiva la construcción de plantas de carbón. Cumbres climáticas internacionales registran menor presencia de líderes, hecho que alimenta la percepción de una agenda ambiental debilitada. La expansión reciente de la infraestructura eléctrica revela una dinámica distinta. Instalaciones renovables se multiplican con rapidez y dominan el crecimiento del sistema energético mundial.
Parques solares, baterías y nuevas redes eléctricas colocan a la energía limpia en el centro de la expansión energética global. Cambios recientes en políticas de Estados Unidos y China introducen incertidumbre, aunque la planificación energética continúa favoreciendo tecnologías limpias. Persisten, aun así, límites claros para el impacto inmediato de esta transición.
Gran parte de la energía limpia se incorpora al sistema existente sin desplazar de forma decisiva a los combustibles fósiles. Emisiones globales continúan aumentando. Temperatura media del planeta también mantiene una trayectoria ascendente. La paradoja resulta evidente: infraestructura energética cambia con rapidez, pero la crisis climática permanece abierta.
Detrás de la transición energética global actúan fuerzas económicas más persistentes que la propia política climática. La caída en el costo de la electricidad solar, el avance de las baterías, la volatilidad de los combustibles fósiles, las crisis energéticas internas y las tensiones geopolíticas empujan a numerosos países hacia una mayor autonomía energética.
Christiana Figueres, exdirectora del organismo climático de Naciones Unidas, señala que estos factores mantienen el impulso de la transición incluso cuando el debate político pierde claridad. Catherine McKenna, exministra canadiense de Medio Ambiente, y Ed Miliband, secretario de Energía del Reino Unido, sostienen una lectura similar.
Cambios en el discurso público o en la política climática no describen por completo la magnitud del cambio energético en curso. Hace una década, el desafío de la descarbonización parecía depender casi exclusivamente de acuerdos políticos internacionales. Con el paso del tiempo ese impulso político se debilitó, aunque el cambio tecnológico continuó avanzando.
Nicholas Stern, economista británico autor de un influyente informe sobre cambio climático, reconoce la disminución de la atención política, pero mantiene una cautela optimista sobre el rumbo de la transición. El fin del motor de combustión interna, antes considerado un escenario lejano, forma ahora parte de las expectativas de la industria automotriz.
En el mercado automotriz mundial esa transformación resulta especialmente visible. Los vehículos eléctricos se expanden en numerosos países mientras las ventas de automóviles impulsados por gasolina disminuyen. Europa y China muestran una adopción particularmente rápida, aunque la tendencia también aparece en lugares menos esperados.
Nepal registra una presencia dominante de vehículos eléctricos en sus ventas recientes. Etiopía acelera el cambio mediante restricciones a la importación de automóviles de gasolina. Estados Unidos avanza con mayor lentitud, aunque incluso allí se observa una reducción en las ventas de vehículos de combustión acompañada por un crecimiento sostenido de los vehículos eléctricos.
También en las economías emergentes el desarrollo de la energía solar revela un cambio significativo. Durante años se asumió que la descarbonización en estas regiones dependería del apoyo financiero de las economías avanzadas. La expansión reciente de las instalaciones solares muestra una dinámica diferente. Países africanos incrementan con rapidez su capacidad instalada y el crecimiento de la generación eléctrica limpia se desplaza progresivamente hacia las economías emergentes.
En el comportamiento de las emisiones aparecen señales adicionales de transformación. China comienza a registrar una reducción gradual sin atravesar un proceso de desindustrialización, algo poco común en economías de gran escala. India muestra una trayectoria distinta a la prevista y acelera su transición energética mientras amplía la generación solar. África subsahariana representa otro escenario potencial de cambio. Una parte importante de la población aún carece de acceso estable a la electricidad, situación que podría permitir una transición energética apoyada directamente en tecnologías renovables.
El sistema energético mundial aún se encuentra lejos de una matriz dominada por fuentes bajas en carbono. En Estados Unidos la transición avanza con tropiezos: las emisiones pueden aumentar en el corto plazo, aunque la tendencia apunta a descensos graduales. La distancia frente a los objetivos climáticos recientes provoca un debate entre especialistas sobre nuevas metas y mecanismos de evaluación. Parte del discurso público asume un futuro con mayor inestabilidad climática.
1) Noruega refleja el cambio en el transporte energético. Durante enero se vendieron únicamente 7 automóviles de gasolina en todo el país, señal del avance de la electrificación del parque vehicular. En Pakistán, expansión de paneles solares instalados en techos urbanos podría generar suficiente electricidad para superar temporalmente la producción de la red eléctrica nacional durante ciertas horas del día.
2) Estados Unidos y Australia muestran efectos concretos de la expansión renovable. En Texas se registraron récords de generación solar incluso durante un invierno frío. Cerca de 90% de la nueva capacidad energética instalada en Estados Unidos durante el año anterior correspondió a fuentes limpias. En Australia, el aumento de energía renovable redujo los precios de la electricidad cerca de 33% en algunas regiones durante un año, situación que permite ofrecer electricidad gratuita durante 3 horas diarias en ciertos territorios.
3) La magnitud global de la transición energética aparece con claridad en las nuevas instalaciones eléctricas. Durante 2024, aproximadamente 92.5% de toda la capacidad eléctrica añadida en el mundo correspondió a energías renovables. Proyecciones para 2025 anticipan un crecimiento aún mayor de las instalaciones verdes. En Estados Unidos, más de 92% de la capacidad eléctrica de gran escala planificada para 2026 corresponde a tecnologías limpias. Perspectivas de la Agencia Internacional de Energía indican que entre 2025 y 2030 más de 90% de la nueva capacidad eléctrica mundial provendrá de fuentes renovables, con una ventaja cercana a 10 a 1 frente a la generación basada en combustibles fósiles.
4) El mercado automotriz mundial refleja uno de los cambios más visibles de la transición energética. Las ventas de autos de gasolina disminuyeron más de 20% desde su punto máximo alcanzado hace 10 años. En ese mismo periodo, las ventas de vehículos eléctricos crecieron casi 30 veces. Su participación en las ventas globales pasó de 3% en 2019 a cerca de 25% en 2025. En la Unión Europea y en China los vehículos eléctricos e híbridos superan 50% de las ventas totales. En Nepal, los eléctricos representaron 76% de los autos vendidos en 2024, mientras que en Etiopía, tras prohibirse la importación de autos de gasolina en 2024, las ventas de eléctricos pasaron de niveles cercanos a 0 a más de la mitad de los nuevos registros.
5) La expansión reciente de la energía solar en economías emergentes también revela la magnitud del cambio energético. Argelia multiplicó 33 veces sus instalaciones solares en un periodo de 12 meses, mientras varios países africanos triplicaron o más su capacidad instalada durante el mismo lapso. Este crecimiento acompaña transformaciones en las emisiones globales. China, el mayor emisor mundial, registra una reducción gradual de emisiones durante aproximadamente 2 años, fenómeno que podría señalar un punto máximo. India muestra una caída en las emisiones del sector eléctrico por segunda vez en 50 años, lo que sugiere una aceleración de su transición energética.
6) El acceso a la electricidad sigue siendo uno de los principales retos estructurales en África subsahariana. Cerca de la mitad de la población de la región carece de suministro eléctrico estable. Las estimaciones sitúan alrededor de 600 millones de personas sin acceso a electricidad desde hace aproximadamente 15 años. Este déficit energético abre la posibilidad de que la expansión futura del sistema eléctrico se base directamente en tecnologías renovables.
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La transición energética se presenta como respuesta frente a la crisis ambiental. No obstante, gran parte de ese proceso ocurre dentro del mismo orden económico que impulsa el deterioro ecológico. El sistema energético cambia de tecnologías, pero conserva la lógica que orienta la producción y el poder. El desafío consiste en replantear la relación entre desarrollo, energía y naturaleza para evitar que la transición repita las mismas dinámicas que sostienen la crisis.