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Conclusión. Criminales climáticos. Las multinacionales que arrasan el planeta

Enviado por Edoardo Luna en Dom, 06/28/2026 - 00:09
Cita: 

Correia, Mickaël [2024], "Conclusión", Criminales climáticos. Las multinacionales que arrasan el planeta, Madrid, Altamarea, pp. 165-177.

Fuente: 
Libro electrónico
Fecha de publicación: 
2024
Revista descriptores: 
Combate y adaptación frente a la destrucción del ambiente [1]
Destrucción del ambiente [2]
Empresas transnacionales y gobernanza mundial [3]
Estudios de caso: actividades - empresas [4]
Fronteras del capital [5]
Papel de las CTN en el colapso sistémico - Energía [6]
Relaciones entre empresas estados y sociedad [7]
Idea principal: 

    Mickaël Correia es un periodista francés especializado en cuestiones climáticas, movimientos sociales y la vertiente social del deporte, colaboró con medios como Le Monde diplomatique o La Revue du Crieur y desde 2021 escribe regularmente en Mediapart. Además de Criminales climáticos, publicó Una historia popular del fútbol.


    En agosto de 2021, los incendios en Norteamérica expusieron la fragilidad de la compensación de carbono, una práctica con la que empresas contaminantes financian bosques para intentar equilibrar sus emisiones. BP, gigante petrolero y sexto mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero desde 1965, gestionaba árboles destinados a capturar dióxido de carbono, pero esos bosques ardieron y liberaron carbono a la atmósfera en megaincendios atribuidos al calentamiento global. La contradicción fue brutal: una empresa responsable del caos climático usaba la naturaleza como escudo, mientras la misma crisis climática destruía ese supuesto remedio.

    Ese verano también dejó lluvias torrenciales en Euskirchen, Alemania, Verviers, Bélgica, y Zhengzhou, China, además de incendios en California, Eubea, Siberia y Lytton, Canadá. En ese contexto, el Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC por su sigla en inglés), órgano científico de Naciones Unidas, vinculó esos fenómenos extremos con el cambio climático provocado por la actividad humana. Mientras la ciencia advertía sobre la urgencia climática, Aramco, la petrolera más grande del mundo, China Energy, empresa energética china, y Gazprom, gasera rusa, mostraban que el negocio fósil seguía entre ganancias, expansión corporativa y dependencia energética europea (dato crucial 1).

    Trampas climáticas

    Una trampa climática es una salida que parece enfrentar la crisis ecológica, pero en realidad evita cuestionar a los actores, negocios y discursos que la producen. Desde esa lógica, Emmanuel Macron, presidente de Francia, defendió en una cumbre climática convocada por Joe Biden, presidente de Estados Unidos, que las finanzas privadas podían proteger el planeta si incorporaban criterios ambientales en sus inversiones. La propuesta parece responsable, pero desplaza el problema: convierte a bancos y fondos en supuestos aliados climáticos, aunque la banca francesa también sostiene empresas de carbón, petróleo y gas (dato crucial 2). Así, la transición queda atrapada en una promesa financiera que maquilla la continuidad del capitalismo fósil.

    Presentada como alternativa limpia, la energía nuclear funciona como otra trampa porque reduce el debate a sus bajas emisiones durante la producción eléctrica y deja fuera los daños que ocurren antes, durante y después de la operación de los reactores. La extracción de uranio, la lógica neocolonial en Níger, los riesgos de salud y seguridad, los residuos radiactivos y la vulnerabilidad de las centrales ante fenómenos climáticos extremos muestran que el átomo no resuelve la crisis, solo desplaza sus costos. El caso del reactor europeo presurizado (EPR) de Flamanville, proyecto emblemático de la tecnología nuclear francesa, y la catástrofe de Fukushima, en Japón, refuerzan esa advertencia (datos cruciales 3 y 4).

    También el lenguaje puede neutralizar la acción colectiva. Términos como “extinción”, “colapso” o “resiliencia” presentan la destrucción climática como destino inevitable y no como resultado de decisiones económicas concretas. La colapsología, corriente que llama a prepararse para el hundimiento de la civilización, desplaza la lucha colectiva hacia la supervivencia individual de sectores privilegiados. La resiliencia, en cambio, invita a adaptarse al desastre sin enfrentar a quienes lo provocan. Stephanie Wakefield, geógrafa de la Universidad Internacional de Florida, advierte que ese vocabulario permite gestionar el caos climático sin cambiar los sistemas económicos que lo producen.

    El clima como movimiento social

    La lucha climática se vuelve movimiento social cuando deja de tratar el calentamiento global como un problema técnico y lo enfrenta como una disputa por justicia. Nathaniel Rich, periodista y autor de Perdiendo la Tierra, resume la desigualdad central: quienes menos responsabilidad tienen en las emisiones cargan con daños provocados por generaciones anteriores y por el consumo de los sectores ricos (dato crucial 5). Por eso, combatir la crisis climática también implica discutir la situación de la vivienda, el transporte, el trabajo, la salud y la desigualdad, no solo la reducción de gases de efecto invernadero (dato crucial 6).

    En Francia, esa desigualdad apareció cuando una política climática centrada en subir los precios de los hidrocarburos golpeó a trabajadores que dependían del automóvil para llegar al empleo o acceder a servicios básicos, porque vivían lejos de los centros urbanos y en zonas con poco transporte público (dato crucial 7). La transición ecológica, si descarga el sacrificio sobre quienes menos contaminan, pierde legitimidad social.

    Adrien Cornet, trabajador de la refinería Grandpuits de Total y delegado de la Confederación General del Trabajo (CGT), defendió otra ruta: transformar la producción con quienes conocen la industria, preservar empleos y orientar los recursos locales hacia necesidades sociales, en lugar de aceptar un discurso verde decidido desde la empresa.

    La dimensión feminista amplía esa crítica porque el capitalismo fósil también se sostiene sobre desigualdades de género. Las mujeres, sobre todo en países subdesarrollados, enfrentan mayor vulnerabilidad ante desastres, más violencia sexual en contextos de crisis, y menor presencia en los espacios donde se decide la política climática. Cara Daggett, politóloga estadounidense, llama petromasculinidad al vínculo entre combustibles fósiles, poder masculino, industria petrolera y control de la naturaleza. Desde esa mirada, desmontar el modelo fósil exige enfrentar al mismo tiempo desigualdades de clase, género y raza (dato crucial 8).

    Remover cielo y tierra

    Remover cielo y tierra significa entender la crisis climática como una disputa contra la extrema derecha, el neocolonialismo y las empresas fósiles. Christophe Cassou, investigador climático, advierte que las trayectorias marcadas por desigualdad social y nacionalismo llevan a un calentamiento de entre 3 y 3.5 °C. Esta relación entre reacción política y energía fósil viene de lejos: el petróleo, el carbón y la industria automovilística fueron parte de la propaganda de Mussolini, dictador fascista italiano, y de Hitler, dictador nazi alemán. En años recientes, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, Nigel Farage, promotor británico del Brexit, Jair Bolsonaro, expresidente de Brasil, y Marine Le Pen, dirigente de la Agrupación Nacional, partido francés de extrema derecha, expresan esa defensa del capital fósil y del negacionismo climático (dato crucial 9).

    En Francia, la Agrupación Nacional convirtió los aerogeneradores, torres con aspas que producen electricidad mediante el viento, en símbolo de amenaza contra el paisaje nacional. El Colectivo Zetkin, grupo de investigadores y activistas que estudia el negacionismo climático de la extrema derecha, compara ese rechazo con el discurso contra las mezquitas, templos de culto musulmán, porque ambos presentan ciertas construcciones como invasiones ajenas al territorio.

    La dimensión colonial aparece cuando multinacionales fósiles trasladan sus costos ambientales a territorios africanos y latinoamericanos. Total, empresa francesa de combustibles fósiles, impulsa proyectos de gas y petróleo en Mozambique, Uganda y República del Congo bajo relaciones de dominio sobre comunidades locales (dato crucial 10). Frente a ese avance, comunidades indígenas, campesinas, mapuches y movimientos ecologistas enfrentan oleoductos, terminales de gas y extracción de gas de esquisto (dato crucial 11). Esas resistencias conectan defensa del territorio, crítica al capitalismo fósil y lucha contra el neocolonialismo, además de señalar que la crisis climática no nace de toda la humanidad por igual, sino de empresas y proyectos políticos concretos.

Datos cruciales: 

    1) El 9 de agosto de 2021, el IPCC publicó la primera parte de su informe climático. Un día antes, Aramco, petrolera saudí, reportó un aumento de 288% en ingresos netos frente al segundo trimestre de 2020 y proyectó repartir 18 800 millones de dólares entre sus accionistas como dividendos. Asimismo, China Energy, empresa energética china, celebró el puesto 101 entre las 500 mayores empresas del mundo por volumen de negocio según Fortune, revista estadounidense que aborda temas económicos.

    2) Los seis principales bancos franceses contaminan de forma indirecta al financiar empresas de carbón, petróleo y gas: sus emisiones asociadas son casi ocho veces mayores que las de toda Francia y empujan al mundo hacia un calentamiento de 4 °C para el año 2100. Entre 2016 y 2020, la banca francesa aumentó su inversión fósil 19% anual en promedio, y entre diciembre de 2019 y marzo de 2021 BNP Paribas, Société Générale, Crédit Agricole y el grupo Banque Populaire-Caisse d’Epargne destinaron 100 mil millones de dólares a esos sectores.

    3) El reactor europeo presurizado de Flamanville, proyecto clave de la energía nuclear francesa, muestra los costos ocultos de esa industria: pasó de 3 300 millones de euros a más de 19 mil millones; inició obras en 2007, debía funcionar en 2012, acumuló más de diez años de retraso, causó la muerte de dos trabajadores y recibió una condena por trabajo no declarado.

    4) Las centrales nucleares también enfrentan riesgos climáticos directos: 41% de las centrales del mundo están en zonas costeras. En Unión Europea, el nivel del mar y de las desembocaduras de los ríos podría subir hasta 2 metros en los próximos 80 años, y el Colegio de guerra del ejército de Estados Unidos estima que 60% de la capacidad nuclear estadounidense es vulnerable al aumento del nivel del mar y a tormentas fuertes.

    5) Lucas Chancel, economista y codirector del Laboratorio de desigualdad mundial, señala que en Francia la huella de carbono del 1% más rico es ocho veces mayor que la del 50% más pobre. Aun así, el impuesto a los hidrocarburos propuesto por Emmanuel Macron en 2018 afectaba cinco veces más al 10% más pobre que al 10% más rico y detonó la protesta de los chalecos amarillos, movimiento social francés contra el encarecimiento de los combustibles.

    6) En la refinería Grandpuits de Total, ubicada en Seine-et-Marne, 400 trabajadores sostuvieron una huelga de un mes y medio contra un plan de reconversión hacia biocombustibles y bioplásticos que eliminaría 150 empleos antes de 2024.

    7) Un informe británico de mayo de 2021 estimó que reducir la semana laboral a cuatro días bajaría las emisiones de Reino Unido en más de 20%, una reducción equivalente a retirar de circulación todos los automóviles privados del país.

    8) Durante una catástrofe climática, el riesgo de muerte para las mujeres es 14 veces mayor. Un estudio sueco de julio de 2021 señaló que los hombres generan 16% más emisiones de gases de efecto invernadero que las mujeres por consumos asociados a signos de virilidad, como el automóvil de gasolina.

    9) ExxonMobil, Chevron y BP son grandes petroleras que apoyaron la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos con al menos 500 mil dólares cada una para su investidura en 2017. Seis meses después, Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, pacto internacional creado para reducir emisiones y enfrentar el cambio climático.

    10) Total es una multinacional francesa de combustibles fósiles que en marzo de 2021 planeó compensar sus emisiones con plantaciones de árboles en República del Congo, país de África central. El proyecto ocuparía 40 mil hectáreas de las Mesetas Batéké durante 20 años, una superficie cuatro veces mayor que París.

    11) Entre 2016 y 2020, comunidades sioux de Standing Rock, reserva indígena en Estados Unidos, y activistas ecologistas lograron suspender el Dakota Access Pipeline, un oleoducto de 1 900 kilómetros entre Dakota del Norte e Illinois que amenazaba el agua del territorio sioux.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    El trabajo de Correia presenta una síntesis de las formas y los medios que utilizan las corporaciones transnacionales para generar ingentes ganancias a costa de destruir el ambiente y crear una situación de inminente colapso civilizatorio. Este tipo de análisis muestra la relevancia y la urgencia de los combates que colocan a las corporaciones como el enemigo a vencer.

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