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White knights, or horsemen of the apocalypse? Prospects for Big Oil to align emissions with a 1.5 °C pathway

Enviado por Edoardo Luna en Mar, 07/07/2026 - 22:53
Cita: 

Kenner, Dario y Richard Heede (2021), "White knights, or horsemen of the apocalypse? Prospects for Big Oil to align emissions with a 1.5 °C pathway", ScienceDirect, (79): 102049, https://doi.org/10.1016/j.erss.2021.102049 [1]

Fuente: 
Artículo científico
Fecha de publicación: 
2021
Revista descriptores: 
Combate y adaptación frente a la destrucción del ambiente [2]
Destrucción del ambiente [3]
Empresas transnacionales y gobernanza mundial [4]
Estudios de caso: actividades - empresas [5]
Fronteras del capital [6]
Papel de las CTN en el colapso sistémico - Energía [7]
Relaciones entre empresas estados y sociedad [8]
Riesgos existenciales [9]
Tema: 
Carbon Majors: beneficios privados, emisiones globales y retraso climático
Idea principal: 

    Dario Kenner es investigador visitante del Instituto Global de Sostenibilidad de la Universidad Anglia Ruskin, en Cambridge. Su trabajo analiza la relación entre riqueza e impacto ambiental. Es autor de Carbon Inequality: The Role of the Richest in Climate Change y creó la base Polluter Elite Database [10], que vincula las emisiones anuales de gases de efecto invernadero de empresas fósiles con las acciones de ejecutivos y directores ricos.

    Richard Heede dirige el proyecto Carbon Majors del Climate Accountability Institute, dedicado a atribuir emisiones a las corporaciones que extraen y comercializan la mayor parte de los combustibles fósiles en el mundo. Su trayectoria se centra en política energética, inventarios de carbono y responsabilidad climática de empresas de petróleo, gas y carbón.


    1. Introducción

    El cambio climático causado por actividades humanas ya se nota en fenómenos más frecuentes y violentos, como incendios forestales, ciclones, sequías, inundaciones y olas de calor que ponen en riesgo la vida. Sus efectos también aparecen en cambios más lentos, pero igual de graves: la superficie terrestre se calienta, el nivel del mar sube, Groenlandia y la Antártida pierden hielo con mayor rapidez, los corales se deterioran por el blanqueamiento y los océanos alteran su composición química por la acidificación.

    Reducir las emisiones industriales de dióxido de carbono y metano no depende solo de acuerdos internacionales o políticas nacionales, sino también de frenar las ventajas que subsidios, permisos de producción, infraestructura fósil y obstáculos a las energías renovables mantienen para las empresas de petróleo, gas, carbón y cemento. Entre ellas están las Carbon Majors, un grupo de compañías privadas y estatales que concentran emisiones por sus propias operaciones y por el uso final de los combustibles que extraen y venden (datos cruciales 1 y 2).

    2. El papel matizado de las empresas dominantes en las transiciones energéticas

    Las transiciones energéticas dependen de una disputa desigual: las tecnologías bajas en carbono necesitan apoyo, financiamiento y legitimidad para crecer, mientras las empresas fósiles dominantes controlan infraestructura, inversión y poder político. Por eso, estas compañías pueden impulsar innovaciones verdes cuando protegen su posición, o frenarlas si amenazan su negocio central.

    Las carbon majors siguieron esa lógica: apoyaron proyectos bajos en carbono de forma limitada, pero mantuvieron la extracción de petróleo y gas como prioridad. Esa continuidad se vincula con la presión por sostener la demanda fósil y maximizar ganancias para accionistas.

    3. Fases de disrupción

    BP, Shell, ExxonMobil y Chevron, grandes petroleras privadas dentro de las carbon majors, enfrentaron más presión cuando su negocio fósil empezó a perder legitimidad pública y política. La primera ruptura surgió en los años setenta del siglo XX, cuando las crisis petroleras, marcadas por aumentos bruscos del precio del petróleo, impulsaron el interés por ahorrar energía y buscar alternativas a los combustibles fósiles.

    En esos mismos años, científicos de estas compañías identificaron que el uso de petróleo, gas y carbón liberaba gases de efecto invernadero capaces de acelerar el cambio climático. Como ese hallazgo amenazaba su negocio, las compañías intentaron ocultarlo hasta que la creación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), en 1988, aumentó la presión científica y debilitó esa estrategia.

    En los años noventa del siglo XX, algunas petroleras financiaron el negacionismo climático y probaron proyectos renovables limitados. Para 2020, la pandemia de Covid-19, la competitividad solar y eólica, y el rechazo social empujaron a BP y Shell a prometer emisiones netas cero, mientras ExxonMobil y Chevron no se sumaron a dicho compromiso.

    3.1. ¿Por qué estas cuatro empresas no enfrentaron una disrupción mayor?

    BP, Shell, ExxonMobil y Chevron evitaron cambiar de raíz su modelo de negocio porque seguían dependiendo de la exploración y extracción de petróleo y gas (datos cruciales 3 y 4). Sus consejos directivos retrasaron decisiones más fuertes, como dejar de buscar nuevos yacimientos, reducir producción e invertir más en energías bajas en carbono, porque esas medidas podían reducir sus ingresos, devaluar sus activos fósiles y quitarles ventaja frente a empresas renovables ya posicionadas.

    Para contener la presión climática, las cuatro empresas apoyaron de forma limitada tecnologías solares, eólicas, geotérmicas y combustibles de algas, mientras usaron cabildeo, donaciones y presión política para conservar subsidios, beneficios fiscales y reglas favorables al sector fósil. Aunque respaldaron el Acuerdo de París, siguieron ampliando proyectos de petróleo y gas, por lo que sus cambios fueron parciales y no modificaron el núcleo del negocio.

    Las diferencias dependieron del contexto político y social de cada empresa. BP y Shell, más expuestas a protestas climáticas en Reino Unido y Países Bajos, anunciaron metas de emisiones netas cero en 2020. ExxonMobil y Chevron, protegidas por el apoyo del gobierno de Donald Trump al sector fósil en Estados Unidos, respondieron con medidas más limitadas. La Junta de estabilidad financiera, Climate Action 100+ y BlackRock aumentaron la presión de inversionistas para que justificaran sus decisiones climáticas, pero no lograron desplazar la prioridad de las corporaciones petroleras (dato crucial 5).

    4. Incentivos personales para resistir una mayor disrupción

    La resistencia de BP, Chevron, ExxonMobil y Shell a una descarbonización rápida se relaciona con los incentivos personales de sus ejecutivos y consejos directivos. Entre 2016 y 2018, sus pagos, dividendos y acciones dependieron de mantener alta la producción de petróleo y gas, proteger el valor de las reservas fósiles y asegurar ganancias para accionistas (datos cruciales 6, 7 y 8). Reducir la extracción de hidrocarburos ponía en riesgo esa estructura de beneficios y podía disminuir la riqueza de quienes dirigían las compañías.

    4.1. El beneficio personal de mantener la demanda de petróleo y gas

    Exxon, Shell, Chevron y BP defendieron la demanda de petróleo y gas porque una menor venta reducía ganancias, valor accionario e ingresos directivos. Para proteger ese negocio, financiaron la negación climática, frenaron regulaciones y buscaron subsidios mediante cabildeo y donaciones políticas (dato crucial 9). Choquet, autor que analizó a Total SA, empresa petrolera y gasífera, explicó que sus altos ejecutivos difícilmente recibirían pagos similares fuera del sector.

    5. Participación proporcional de ejecutivos y directores en las emisiones de la empresa

    ExxonMobil, BP, Shell y Chevron sostienen sus negocios de petróleo y gas porque sus altos ejecutivos y directores también se benefician de ese modelo. Para comprobar esta relación, se compara el porcentaje de acciones que poseen con una parte proporcional de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de cada petrolera. La idea es sencilla: si sus pagos dependen del valor de las acciones, y esas acciones suben con las ganancias de los combustibles fósiles, entonces su beneficio personal también queda ligado a la contaminación. Esta medición incluye emisiones de sus propias instalaciones y emisiones generadas cuando los clientes queman los combustibles vendidos (dato crucial 10). El mismo análisis puede aplicarse a grandes firmas financieras e inversionistas como BlackRock, JP Morgan, Vanguard Group y State Street.

    6. Análisis de las posibilidades de descarbonizar con rapidez y a gran escala

    BP y Shell usan sus metas de cero emisiones netas para conservar licencia social para operar, es decir, la confianza de gobiernos, inversionistas, trabajadores, ciudadanía y comunidades donde desarrollan proyectos (dato crucial 11). Dev Sanyal y Bernard Looney, directivos de BP, defendieron esa confianza porque mantiene la aceptación pública de la empresa. BP, Shell y ExxonMobil refuerzan esa imagen al presentarse como proveedoras de energía, tecnología y transición verde, aunque su negocio sigue ligado al petróleo y gas. Shell lo muestra con su planta petroquímica en Pensilvania, Estados Unidos, destinada a transformar gas de esquisto en plásticos.

    Turnheim y Geels, especialistas en transiciones energéticas, advierten que una empresa fósil puede dejar de transformarse cuando pierde mercado y apoyo público, y optar por sacar las últimas ganancias antes de quedar fuera. Heede, investigador sobre emisiones históricas de las Carbon Majors, ubica ese riesgo en compañías carboneras de Estados Unidos que siguen explotando carbón aunque su negocio pierde fuerza.

    7. Conclusión

    BP, Shell, ExxonMobil y Chevron difícilmente reducirán la exploración y extracción de petróleo y gas al ritmo necesario para limitar el calentamiento global a 1.5 °C (dato crucial 12). Aunque enfrentan más presión social, política y económica desde la pandemia de Covid-19, sus directivos y consejeros mantienen incentivos para proteger la demanda fósil, conservar su licencia social para operar y sostener sus compensaciones. Cuando estas petroleras hablan de precio al carbono, cero emisiones netas o captura y almacenamiento de carbono (CCS), no necesariamente plantean dejar de producir petróleo y gas.

    El precio al carbono consiste en cobrar por contaminar, las cero emisiones netas buscan equilibrar lo emitido con reducciones o compensaciones futuras, y la CCS promete atrapar dióxido de carbono y guardarlo bajo tierra, en formaciones geológicas, para que no llegue a la atmósfera. Estas medidas pueden presentarlas como parte de la solución climática mientras mantienen la producción fósil. Por eso, una eliminación real del petróleo y gas dependerá sobre todo de decisiones gubernamentales.

Datos cruciales: 

    1) El margen para seguir usando combustibles fósiles es muy limitado: para conservar 80% de probabilidad de mantener el calentamiento global por debajo de 2 °C, el mundo solo podría explotar cerca de una quinta parte de sus reservas de petróleo, gas y carbón.

    2) La base de las Carbon Majors reúne 99 grandes productoras de carbono, 64 privadas y 35 estatales, dedicadas al petróleo, gas, carbón y cemento. Dentro de ese grupo, Chevron, ExxonMobil, BP y Shell concentraron 11% de las emisiones globales asociadas a combustibles fósiles y cemento entre 1965 y 2018.

    3) Entre 2010 y mediados de 2018, BP, Shell, Chevron y ExxonMobil destinaron una parte mínima de su gasto total de capital a inversiones bajas en carbono: BP asignó 2.3%, Shell 1.3%, Chevron 0.23% y ExxonMobil 0.22%. La diferencia entre discurso climático e inversión real muestra que el petróleo y el gas siguieron como prioridad económica.

    4) En 2020, BP anunció dos compromisos para reducir su dependencia del petróleo y gas: bajar 40% su producción de esos combustibles hacia 2030 y multiplicar por 10 su inversión en energía baja en carbono.

    5) Desde 2017, Climate Action 100+, una alianza de inversionistas que presiona a grandes empresas para reducir emisiones y transparentar riesgos climáticos, reunió a más de 450 inversionistas con más de 40 billones de dólares en activos financieros.

    6) En 2016, un estudio sobre una muestra de empresas petroleras y gaseras de Estados Unidos encontró que sus cinco principales ejecutivos recibieron más de 650 millones de dólares en pagos, dentro de compañías valuadas en casi 500 mil millones de dólares.

    7) Entre 1992 y 2016, los pagos a ejecutivos de empresas dedicadas a la exploración de petróleo y gas se multiplicaron por más de tres. Para 2016, más de 70% de esos ingresos provenía de acciones, opciones, bonos, incentivos de largo plazo y otros beneficios, no del salario base.

    8) En Estados Unidos, la compra de acciones propias por parte de las empresas de hidrocarburos, aumentaron de 6 600 millones de dólares en 1980 a un billón de dólares en 2018. Esta práctica fue criticada porque favoreció sobre todo a directivos y accionistas, en lugar de destinar más recursos a salarios o inversión productiva.

    9) Entre 1990 y 2019, las ganancias de Exxon, Shell, Chevron y BP explican el interés de sus consejos por defender la infraestructura fósil ya instalada: Exxon ganó 775 mil millones de dólares, Shell 524 mil millones, Chevron 360 mil millones y BP 332 mil millones.

    10) En 2018, John Watson, exdirector ejecutivo de Chevron, poseía 0.1366% de esta petrolera estadounidense. Como la medición reparte las emisiones según el porcentaje de acciones, a Watson se le vinculó con 0.1366% de las 443 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente emitidas por Chevron ese año, es decir, cerca de 605 mil toneladas.

    11) BP y Shell anunciaron en 2020 metas de cero emisiones netas hacia 2050 o antes, aunque la descarbonización de ExxonMobil, BP, Shell y Chevron tendría que acelerarse para alinearse con el límite climático de 1.5 °C, por lo que ese plazo de casi 30 años puede servirles para conservar liderazgo público sin aceptar una eliminación inmediata del petróleo y gas.

    12) Entre 1965 y 2018, las emisiones de dióxido de carbono atribuidas a BP, Chevron, ExxonMobil y Shell representaron 11% del total mundial vinculado a combustibles fósiles y producción de cemento. Ese peso climático vuelve más grave que las cuatro petroleras proyecten seguir extrayendo petróleo y gas después de 2050.

Trabajo de Fuentes: 

BP [2020], From International Oil Company to Integrated Energy Company: BP sets out strategy for decade of delivery towards net zero ambition, BP, 14 de agosto, https://www.bp.com/en/global/corporate/news-and-insights/press-releases/... [11]

BP [2020], Reimagining Energy, BP, 29 de marzo, https://www.bp.com/en/global/corporate/news-and-insights/speeches/reimag... [12]

Coffin, Mike y Andrew Grant [2020], Fanning the Flames: How executives continue to be rewarded to produce more oil and gas at odds with the energy transition, Carbon Tracker Initiative.

Coffin, Mike y Andrew Grant [2020], Fault Lines: How diverging oil and gas company strategies link to stranded asset risk, Carbon Tracker Initiative.

Dalman, Andrew [2020], Groundhog Pay: How executive incentives trap companies in a loop of fossil growth, Carbon Tracker Initiative, https://carbontracker.org/reports/groundhog-pay-how-executive-incentives... [13]

Shell [2020], Shell’s ambition to be a net zero emissions energy business, Shell, 15 de mayo, https://www.shell.com/energy-and-innovation/the-energy-future/shells-amb... [14]

Transition Pathway Initiative [2020], Carbon Performance of European Integrated Oil and Gas Companies: 2020 Briefing Paper, Transition Pathway Initiative, https://www.transitionpathwayinitiative.org/tpi/publications/58.pdf?type... [15]

Nexo con el tema que estudiamos: 
    Este trabajo profundiza el tema de la atribución de emisiones, vinculando intereses, remuneraciones y posturas de la alta dirección de las principales corporaciones que explotan combustibles fósiles. Esto es compatible con la ausencia de incentivos económicos para la reducción del uso de energías fósiles: la contaminación es consustancial a las altísimas ganancias corporativas. Aunque los autores afirman que acciones de los poderes públicos son posibles, se debe subrayar la complicidad y el respaldo de las autoridades de todos los niveles a las grandes corporaciones energéticas.
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