Hotter still and hotter. The rate at which Earth is absorbing energy is alarming scientists
Enviado por Edoardo Luna en Mié, 08/12/2026 - 23:48The Economist [2026], "Hotter still and hotter. The rate at which Earth is absorbing energy is alarming scientists", The Economist, 18 de julio, https://www.economist.com/science-and-technology/2026/07/15/the-rate-at-... [1]
En abril, Artemis II, una misión espacial, mostró la Tierra desde el espacio. Sus colores contrastan con la oscuridad espacial y el gris de la Luna. Pero el proyecto Sistema de Nubes y Energía Radiante de la Tierra (CERES) registró un cambio preocupante: la Tierra refleja menos luz solar y se ve cada vez más oscura. Desde finales de los años noventa del siglo XX, sus satélites miden la luz reflejada y la energía infrarroja que el planeta libera.
El espejo y la luz
Una parte de la luz solar que llega a la Tierra se refleja hacia el espacio. La proporción de luz reflejada se conoce como albedo y está disminuyendo. En consecuencia, la Tierra retiene más energía y se calienta. Al aumentar la temperatura, el planeta libera más energía en forma de radiación infrarroja, aunque los gases de efecto invernadero frenan parte de esa emisión. Como la energía retenida supera la energía liberada, se genera un desequilibrio energético de la Tierra (DET), principal causa del cambio climático (dato crucial 1).
Ninguna buena acción queda sin castigo
El Niño eleva la temperatura media mundial al trasladar el calor acumulado en las capas profundas del Pacífico tropical hacia los primeros 100 metros del océano. En 2023, la Tierra registró su nivel más bajo de albedo, es decir, de luz solar reflejada al espacio, y absorbió más energía (dato crucial 2). Ese exceso se sumó al calor trasladado por El Niño y contribuyó a las condiciones extremas y los récord registrados, que superaron lo esperado por la tendencia de la temperatura superficial.
El porcentaje de radiación solar que una superficie refleja en comparación con la radiación que recibe varía por dos razones. La primera es la reducción de las emisiones de dióxido de azufre de centrales eléctricas y barcos, que produjo menos aerosoles de sulfato, partículas que reflejan la luz y enfrían el planeta. La segunda es el calentamiento global, que reduce el hielo marino y los glaciares y altera ciertas nubes, elementos que también reflejan luz. Cabe destacar que el efecto de los sulfatos es difícil de medir porque duran poco y se dispersan de forma irregular (dato crucial 3).
En resumidas cuentas
Se analiza por qué el desequilibrio energético de la Tierra (DET) aumenta y por qué los modelos climáticos utilizados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) no reproducen bien las mediciones (dato crucial 4). En 2023, los satélites detectaron menos nubes bajas, es decir, nubes situadas cerca de la superficie terrestre, sobre algunas zonas del océano. Un estudio de largo plazo relacionó esa disminución con una parte importante del aumento del DET, aunque el cambio en las nubes no superó lo que los modelos ya calculaban.
El problema está en que los modelos pueden acercarse al valor total del DET, pero calculan de manera incorrecta sus componentes (dato crucial 5). Estiman un aumento menor tanto de la energía solar absorbida como de la radiación infrarroja liberada. Por eso, llegan a un resultado parecido, aunque siguen un proceso equivocado.
Esta diferencia afecta la sensibilidad climática, que indica cuánto aumenta la temperatura cuando cambia el equilibrio energético. Los modelos con menor sensibilidad fueron los que peor coincidieron con las mediciones. James Hansen sostiene que el calentamiento avanza más rápido, aunque otros especialistas cuestionan sus cálculos porque utilizan como referencia los cambios de temperatura de las eras glaciales.
La sensibilidad climática también depende del lugar donde se acumula el calor. En el Pacífico occidental, las aguas cálidas generan grandes nubes que trasladan parte de esa energía hacia la atmósfera y facilitan su salida al espacio mediante radiación infrarroja. Esta zona funciona como un tapón de presión, permite liberar calor con mayor facilidad y reduce la sensibilidad climática, es decir, el aumento de la temperatura global provocado por una determinada cantidad de energía. En cambio, cuando el aumento de temperatura se concentra en las latitudes altas, la sensibilidad climática es mayor.
Fallo del sistema
Los océanos absorben y almacenan cada vez más energía, pero los modelos climáticos no interpretan bien la interacción entre el océano y la atmósfera. Esta incertidumbre revela una segunda crisis: las diferencias entre los datos y las predicciones obligan a revisar algunos supuestos de la ciencia climática, especialmente porque los modelos preexistentes no logran explicar de manera detallada la disminución de luz en el planeta Tierra.
1) El desequilibrio energético de la Tierra (DET), diferencia entre la energía que el planeta absorbe y la que libera, supera actualmente el doble del nivel registrado en 2000 y continúa creciendo. El proyecto Sistema de Nubes y Energía Radiante de la Tierra (CERES) lo mide mediante satélites, mientras el programa internacional Argo confirma sus resultados con miles de flotadores que registran la temperatura y la salinidad oceánicas hasta 6 km de profundidad. Como los océanos absorben más de 90% de la energía adicional, allí se concentra la mayor parte del exceso. Esta tendencia podría acelerar el calentamiento, pues aunque las emisiones se estabilicen o disminuyan durante la próxima década, el ritmo de aumento de la temperatura podría ser entre 10% y 30% mayor que el previsto por el consenso actual.

2) Durante el inicio de El Niño de 2023, el desequilibrio energético de la Tierra aportó 75% más calor a las capas superiores del océano que el episodio de El Niño anterior tomado como referencia en el estudio. Este exceso de calor contribuyó a las condiciones extremas y a los récord registrados durante 2023 y 2024.
3) Entre 2001 y 2019, la disminución de los aerosoles de sulfato explicó la mitad del aumento del desequilibrio energético de la Tierra. Las estimaciones anteriores calcularon ese efecto entre 10% y 40% por debajo de su magnitud real. Después de 2019, las emisiones mundiales de azufre bajaron de 81 millones a 69 millones de toneladas. Además, las normas de 2020 de la Organización Marítima Internacional redujeron más de 10% el enfriamiento producido por los sulfatos. Al disminuir estas partículas, la Tierra perdió parte de ese efecto de enfriamiento y aumentó el calentamiento, en sentido contrario a las medidas destinadas a reducir el dióxido de carbono.
4) En 2021, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) calculó una sensibilidad climática de 3 °C, con 90% de probabilidad de que se ubicara entre 2 °C y 5 °C. Los modelos climáticos con una sensibilidad inferior a 2.94 °C quedaron descartados al compararlos con las mediciones del desequilibrio energético de la Tierra (DET).

5) James Hansen calcula que el calentamiento global avanza a un ritmo de 0.4 °C por década, frente a los 0.27 °C estimados por otros investigadores. Según su proyección, El fenómeno "El Niño" podría hacer que 2026 y 2027 sean los más cálidos registrados, mientras la temperatura mundial superaría los 2 °C respecto del siglo XIX al final de la década de 2030.
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La conciencia acerca de la trayectoria catastrófica del sistema Tierra se desarrolla y se hace cada vez más compleja. Comienza a ser una banalidad aceptar el origen antropogénico del calentamiento planetario, condición para que el debate público aborde de forma masiva y objetiva la destrucción del ambiente. En paralelo, se produce el cuestionamiento de los modelos climáticos, cuyos pronósticos han resultado errados y sobre todo, han subestimado la velocidad de los procesos destructivos en curso. La ciencia, en todos sus campos, también debe replantearse sus fundamentos y métodos para ser capaz de aportar conocimientos que sirvan para enfrentar la situación de emergencia ambiental que vivimos.