Poscrecimiento, modo de vida imperial y la dialéctica Norte-Sur global
Enviado por Manuel González en Sáb, 08/22/2026 - 16:59Brand, Ulrich y Marakus Wissen [2026], "Poscrecimiento, modo de vida imperial y la dialéctica Norte-Sur global", Poscrecimiento, no. 172, enero 2026, pp. 17
Ulrich Brand es un reconocido politólogo y profesor de política internacional en la Universidad de Viena. Tiene una sólida formación vinculada a los movimientos sociales de América Latina, sus investigaciones se centran en la ecología política, la crítica al capitalismo global y la búsqueda de alternativas sustentables como el decrecimiento y el postextractivismo.
Markus Wissen es politólogo, sociólogo y profesor de Ciencias Sociales en la Escuela de Economía y Derecho de Berlín (HWR Berlin). Sus investigaciones se enfocan principalmente en los procesos de transformación socioecológica, analizando a fondo las crisis de las relaciones entre la sociedad y la naturaleza, la ecología política y el impacto del sector automotriz y el transporte en la crisis climática.
El concepto de decrecimiento designa un campo de estudio académico, un conjunto de movimientos sociales y una propuesta de organización social orientada a garantizar bienestar colectivo dentro de los límites biofísicos del planeta. Este enfoque identifica que el imperativo de crecimiento económico constituye una causa central de la desigualdad social y del deterioro ambiental contemporáneo.
Las sociedades organizadas bajo la lógica del capital distribuyen ingresos, activos y oportunidades de manera asimétrica. Una transición hacia un modelo poscapitalista requiere superar la subordinación de la naturaleza y atender las desigualdades de clase, raza y género. El concepto de modo de vida imperial permite analizar la articulación estructural entre el crecimiento capitalista y estas relaciones de dominación a escala mundial.
Modo de vida imperial y aumento de las tensiones ecoimperiales
El modo de vida imperial describe la universalización de los patrones occidentales de producción y consumo que se normalizaron en la vida cotidiana desde el siglo XIX. Este esquema opera mediante la apropiación desproporcionada de recursos naturales y la explotación de fuerza de trabajo barata. El mercado mundial, los tratados comerciales, el endeudamiento externo de los países del Sur y la fuerza militar sostienen la transferencia continua de estos bienes. La producción de mercancías esenciales oculta sus condiciones de origen mediante dinámicas globales que borran la historia colonial europea.
Este modo de vida garantiza estabilidad social en los países centrales y proyecta una orientación hegemónica hacia las sociedades periféricas a través de los medios masivos de comunicación. Los sectores sociales de mayores ingresos y formación académica registran los niveles más altos de consumo de energía y materiales per cápita.
El concepto de vida imperial permite comprender cinco puntos fundamentales. Primero, se menciona que las prácticas cotidianas intensivas en recursos y energía persisten pese a la crisis de la globalización neoliberal y causan graves consecuencias socioecológicas. Segundo, se habla de las formas de vida hegemónicas y cómo mantienen un vínculo estrecho con las estrategias de valorización del capital, las políticas públicas y las estructuras del Estado. Tercero, se dice que la política ambiental internacional presenta una ineficacia estructural y una crisis de gestión, porque evita cuestionar los patrones de producción y consumo. Cuarto, señala que los Estados y las corporaciones impulsan estrategias de control sobre recursos y sumideros para mantener las relaciones de poder dominantes. Por último, señala que el carácter hegemónico de este modelo abre la posibilidad de impulsar luchas contrahegemónicas y universalizar modos de vida y producción solidarios ya existentes.
La política ambiental internacional enfrenta una parálisis estructural porque evita cuestionar las pautas dominantes de acumulación del capital. Asimismo, la descarbonización del transporte y de la industria en economías avanzadas demanda grandes volúmenes de metales, minerales e insumos energéticos como el hidrógeno verde. Esta demanda tecnológica intensificó la competencia internacional por materias primas, extendió las fronteras extractivas hacia el fondo marino y consolidó tensiones ecoimperiales permanentes.
Aspectos cotidianos de las alternativas
La superación del modo de vida imperial demanda transformaciones en la vida cotidiana y en las pautas de reproducción material de la sociedad. Las empresas y el Estado inscribieron lógicas de consumo intensivo en los hábitos de la población. En respuesta, surgen prácticas cotidianas que interrumpen estas dinámicas mediante el rechazo al consumo de carne industrial, la renuncia al uso del automóvil particular y la expulsión de corporaciones de alimentos ultraprocesados en instituciones educativas.
La construcción de una alternativa contrahegemónica exige disputar el control de los medios de producción y orientar la inversión pública hacia criterios ecológicos. Los modos de vida solidarios constituyen un horizonte estratégico que modifica las subjetividades, los deseos individuales y las prácticas colectivas de trabajo. Las transformaciones socioecológicas requieren procesos de aprendizaje social y la experimentación de formas plurales de organización económica.
Dimensiones globales
El modo de vida imperial opera a través de la externalización sistemática de sus impactos socioambientales negativos hacia territorios periféricos. Este mecanismo traslada condiciones de precariedad laboral, regímenes políticos autoritarios y contaminación hacia comunidades vulnerables. La construcción de alternativas viables exige visibilizar que los privilegios materiales del Norte global dependen de la explotación de poblaciones y ecosistemas en el Sur global.
Los modos de vida solidarios implican la reorganización integral de las cadenas globales de valor y el desmontaje de la valorización capitalista. Las iniciativas emancipatorias requieren solidaridad internacional con los pueblos que resisten al avance del extractivismo. Este principio orientó el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, acontecimiento que articuló redes de lucha colectiva a escala mundial. Frente al crecimiento infinito, las comunidades construyen propuestas y marcos de acción regional como la iniciativa Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur, activa desde 2020.
Algunas implicaciones estratégicas
Los debates sobre el decrecimiento ganaron presencia en organismos internacionales y foros de deliberación política. En 2024, el Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, Olivier De Schutter, informó al Consejo de Derechos Humanos que la ideología del crecimiento económico maximiza beneficios para sectores privilegiados, agrava la exclusión social e impide satisfacer los derechos de las personas en situación de pobreza.
Asimismo, el trabajo [4] sobre desigualdad climática desarrollado por Lucas Chancel y sus colaboradores evidenciaron la necesidad de movilizar recursos materiales y definir secuencias estratégicas para consolidar transiciones socioecológicas efectivas.
La transformación estructural exige alianzas amplias entre movimientos sociales, organizaciones civiles y sectores laborales. Las instituciones del Estado y las empresas privadas presentan contradicciones internas y disputas sobre la gestión de recursos. La estrategia política debe aprovechar estas fisuras mediante la creación de células transformadoras en escuelas, universidades, centros hospitalarios y dependencias administrativas. Estos núcleos colectivos impulsan reformas radicales desde los centros de trabajo y enfrentan el poder de las corporaciones vinculadas a los combustibles fósiles.
Desentraña los mecanismos estructurales mediante los cuales el imperativo del crecimiento capitalista organiza la dominación social y acelera el deterioro biofísico del mundo. Por otro lado, las estrategias corporativas de adaptación y mitigación promueven ganancias de eficiencia y tecnologías descarbonizadas sin alterar la lógica de acumulación del capital. Demuestra que estas medidas corporativas resultan insuficientes porque las ganancias tecnológicas quedan anuladas por la expansión continua de la producción material.