The World Is a Mess. That Makes the Climate Crisis Harder to Solve

Cita: 

Sengupta, Somini y Max Bearak [2024], "The World Is a Mess. That Makes the Climate Crisis Harder to Solve", The New York Times, New York, 23 de septiembre, https://www.nytimes.com/2024/09/23/climate/climate-diplomacy-fracture.html

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
Lunes, Septiembre 23, 2024
Tema: 
Desconfianza global y el futuro del Acuerdo de París
Idea principal: 

    Somini Sengupta es la reportera climática internacional del equipo climático del New York Times. Ha trabajado durante muchos años como corresponsal internacional, ha dirigido la cobertura en África Occidental y en el sur de Asia. Ha trabajado en más de 50 países, también ha cubierto la diplomacia internacional como corresponsal de las Naciones Unidas y ha sido la principal redactora del boletín Climate Forward.

    Max Bearak es reportero de The New York Times, cubre políticas energéticas, negociaciones climáticas globales y nuevos enfoques para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.


    El texto habla sobre cómo la cooperación global para enfrentar el cambio climático, que se logró con el Acuerdo de París en 2015, se ha complicado en los últimos años. En aquel momento, países ricos y pobres reconocieron que el cambio climático era una amenaza común y prometieron trabajar juntos para reducir las emisiones de gases contaminantes, revisando y aumentando sus compromisos cada cierto tiempo. Además, las naciones ricas se comprometieron a ayudar a los países más vulnerables a desarrollarse sin depender de los combustibles fósiles.

    Sin embargo, desde entonces han surgido tres grandes obstáculos que han dificultado esa cooperación. Primero, China ha tomado la delantera en la producción de energías limpias, superando a otros países como Estados Unidos. Esto ha generado tensiones políticas y económicas que hacen más difícil la colaboración. Segundo, los países ricos no han cumplido con la promesa de financiar a los países más pobres para ayudarlos a adaptarse y avanzar hacia energías más sostenibles, lo que ha generado malestar entre las naciones en desarrollo. Y, por último, los conflictos armados que están ocurriendo en diferentes partes del mundo, como Ucrania, Gaza y Líbano, han desviado la atención y han hecho más complicado que los países se pongan de acuerdo para actuar contra el cambio climático. Ante lo cual también añade la nota que hay incertidumbre sobre las próximas elecciones en Estados Unidos.

    La transformación de China

    China lidera la producción de tecnologías clave para la transición a energías renovables, como paneles solares, turbinas eólicas y baterías para vehículos eléctricos, además de controlar gran parte del procesamiento de cobalto y litio. Considere que aunque China es un actor crucial en este cambio, también es el mayor consumidor de carbón y emisor actual de gases de efecto invernadero; no obstante, Estados Unidos sigue siendo el mayor emisor histórico.

    El liderazgo de China en energías limpias ha provocado una respuesta proteccionista en Occidente, con altos impuestos a los vehículos eléctricos chinos y esfuerzos por sacar a China de la cadena de suministro de metales. Esto ha complicado las relaciones climáticas entre los principales emisores, especialmente con el aumento de tensiones entre Estados Unidos y China. Esto frena el avance hacia la energía limpia, destaca la nota. A pesar de esto, los países del Sur Global han ganado protagonismo en la lucha climática, presionando a las grandes potencias para que cooperen, aunque no sin dificultades.

    El problema del dinero

    El dinero siempre ha sido tema de discusión. Han habido grandes inconformidades sobre quienes sí deben pagar y el monto que les corresponde. Un puñado de países -Estados Unidos, la mayor parte de Europa, Canadá, Australia y Japón- son responsables de la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que han provocado el calentamiento del planeta en el último siglo. Pero cada uno de esos países, a su manera, argumenta que por sí solos no pueden pagar la factura de una solución global.

    En las últimas discusiones se argumenta que es responsabilidad de China aportar dinero para los países de bajos ingresos ya que es el mayor contaminador y estos son los que más sufren los estragos de ello (dato crucial 1).

    Algunos tribunales han comenzado a aceptar casos que buscan responsabilizar a la industria de combustibles fósiles por los costos del cambio climático, pero cualquier fallo podría tardar años. Mientras tanto, los países de bajos ingresos, muchos de ellos con grandes deudas, ya enfrentan altos costos por el cambio climático (dato crucial 2).

    Con la guerra, cambian las alianzas

    La invasión rusa de Ucrania ha puesto la seguridad energética como prioridad para las grandes potencias. Esto ha reforzado el interés en las energías renovables, pero también ha hecho que muchos líderes se enfoquen en asegurar suficiente petróleo y gas para cubrir sus necesidades inmediatas, en lugar de avanzar en la transición energética. Además, los productores de petróleo y gas se han beneficiado, mientras que los costos de alimentos y combustible han subido a nivel mundial, aumentando el hambre en muchos lugares.

    La guerra en Gaza ha complicado aún más la política de la transición energética, aumentando la desconfianza y cambiando alianzas geopolíticas. La hegemonía occidental sobre el comercio, incluidos los combustibles fósiles, ha disminuido. China, India, Turquía e Irán han logrado acuerdos energéticos con Rusia, permitiendo que el petróleo y gas rusos encuentren nuevos mercados mientras Europa reduce su dependencia de la energía rusa. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha respondido exportando más petróleo y gas que nunca.

    Esta semana, en la ONU, se espera que se les recuerde a los líderes mundiales, especialmente a los del G20 (El Grupo de los Veinte es el principal foro de coordinación de políticas macroeconómicas entre las veinte economías más importantes del mundo, que incluye las perspectivas tanto de países desarrollados, como de economías emergentes), que deben unirse para actuar contra el cambio climático. Simon Stiell, el responsable de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el clima, comentó que sería un gran error que cualquiera pensara que esto no le afecta, especialmente después de vivir desastres como el huracán Beryl.

    Además, hay un factor sorpresa: lo que pase en noviembre con las elecciones en Estados Unidos. Si Donald Trump vuelve a la presidencia, ha prometido sacar al país del acuerdo climático de París otra vez.

Datos cruciales: 

    1.-El único reconocimiento explícito de esta obligación ha sido la creación de un Fondo de Pérdidas y Daños para ayudar a los países pobres a hacer frente a los desastres climáticos agravados por los gases de efecto invernadero emitidos por las naciones ricas. Se han prometido algo más de 700 millones de dólares, una gota en el océano de lo que le cuesta a un país recuperarse de un desastre climático.

    2.-Según la Organización Meteorológica Mundial, los países africanos pierden una media de 5% de sus economías a causa de las inundaciones, las sequías y el calor. Muchos gastan hasta una décima parte de sus presupuestos en la gestión de catástrofes meteorológicas extremas.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    La crisis climática actual está muy relacionada con la destrucción del medio ambiente. Conflictos como la guerra en Ucrania y la situación en Gaza complican los esfuerzos para combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos. En lugar de avanzar hacia energías limpias, muchos países están priorizando sus necesidades energéticas inmediatas, lo que muestra cómo las grandes empresas influyen en las decisiones globales, a menudo a costa de la salud del planeta. Además, la relación entre empresas, gobiernos y la sociedad es clave; mientras las empresas buscan maximizar sus ganancias, la presión de la sociedad para que actúen de manera más sostenible es fundamental para impulsar políticas climáticas más efectivas y ambiciosas.