¿Pagar impuestos por los gases y los eructos de los animales de granja? Dinamarca lo intenta

Cita: 

Sengupta, Somini [2024], "¿Pagar impuestos por los gases y los eructos de los animales de granja? Dinamarca lo intenta", The New York Times, New York, 26 de noviembre, https://www.nytimes.com/es/2024/11/26/espanol/mundo/dinamarca-impuesto-e...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
Martes, Noviembre 26, 2024
Tema: 
Reducción de emisiones de metano en la agricultura
Idea principal: 

    Somini Sengupta, es reportera climática internacional del equipo climático de The New York Times.


    Dinamarca ha introducido el primer impuesto del mundo sobre las emisiones de metano provenientes de animales de granja. Esta medida pretender reducir el impacto climático de la agricultura, un sector que ocupa dos tercios del territorio del país y es el mayor responsable de su contaminación (dato crucial 1). Aunque la medida fue objeto de intensas negociaciones y resistencia política, se autorizaron como un compromiso que equilibra las necesidades ambientales con las demandas del sector agrícola.

    El impuesto busca incentivar cambios en las prácticas agrícolas para mitigar las emisiones de metano, especialmente las provenientes de las heces, flatulencias y eructos de los animales. Para facilitar la transición, los agricultores tendrán acceso a reducciones de 60% en el impuesto si adoptan tecnologías como aditivos en los piensos o sistemas para canalizar el metano del estiércol hacia la red de gas. El objetivo principal del impuesto es cambiar comportamientos y fomentar la innovación en prácticas sostenibles.

    Los agricultores han comenzado a invertir en tecnologías para reducir emisiones, como sensores que monitorean la salud y productividad de sus vacas, así como aditivos químicos en los piensos que ayudan a disminuir el metano. A pesar de los retos, se reconoce que la agricultura debe asumir su parte en la lucha contra el cambio climático, destacando que la creciente demanda mundial de productos lácteos sigue impulsando su actividad.

    Una parte de los agricultores apoya el impuesto, como una herramienta para demostrar que la agricultura puede ser menos contaminante, y considera reducir aún más la producción lechera para enfocarse en cultivos destinados al consumo humano, buscando un equilibrio sostenible entre la producción de leche y vegetales.

    La iniciativa danesa se enmarca en un desafío global: el sistema alimentario es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero reducir estas emisiones implica decisiones complejas sobre dietas, empleo e industria. Además, los agricultores son particularmente vulnerables al cambio climático, enfrentando sequías, inundaciones y temperaturas extremas que amenazan su productividad. Dinamarca busca liderar el camino hacia una agricultura más sostenible, aunque enfrentando la oposición de grupos de presión y las dificultades inherentes a transformar un sector tan arraigado en la economía y la cultura.

    A largo plazo, la medida también incluye esfuerzos para devolver tierras agrícolas a su estado natural (como la restauración de turberas, que son altamente eficaces para retener gases de efecto invernadero). Sin embargo, el debate sobre el equilibrio entre la producción de carne, lácteos y cultivos vegetales sigue abierto, planteando preguntas sobre el futuro uso de las tierras y el papel de Dinamarca en la transición hacia un sistema alimentario más sostenible.

Datos cruciales: 

    1.- A partir de 2030, el impuesto a las emisiones de metano en la ganadería danesa, gravará a los agricultores con 300 coronas danesas (43 dólares) por cada tonelada de dióxido de carbono equivalente generada por sus explotaciones, aumentando a 750 coronas (106 dólares) en 2035.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    El impuesto al metano en Dinamarca representa una respuesta a los desafíos climáticos actuales, que sin embargo, permanece en los marcos de los imperativos capitalistas de mantener altos niveles de producción y de explotación de los animales. El impuesto abre el debate, pero el cambio civilizatorio sigue en cuestión.