The Militarization of Silicon Valley
Frenkel, Sheera [2025], "The Militarization of Silicon Valley", The New York Times, New York, 4 de agosto, https://www.nytimes.com/2025/08/04/technology/google-meta-openai-militar...
Sheera Frenkel es reportera radicada en el Área de la Bahía de San Francisco. Cubre las formas en que la tecnología impacta la vida cotidiana, con un enfoque en compañías de redes sociales, incluidas Facebook, Instagram, Twitter, TikTok, YouTube, Telegram y WhatsApp.
La Militarización de Silicon Valley
Google, OpenAI, Meta y empresas capitalistas de riesgo, antes reacios a asuntos bélicos, han terminado por integrarse al complejo militar-industrial. En junio de 2025, ejecutivos de Meta, OpenAI y Palantir juraron apoyar a Estados Unidos en la base Myer-Henderson Hall de Virginia, donde el ejército creó el Destacamento 201 para asesorar sobre nuevas tecnologías de combate.
En los últimos años, compañías como Meta, Google y OpenAI eliminaron la prohibición de usar inteligencia artificial en armas. OpenAI desarrolla sistemas antidrones y Meta entrena soldados con gafas de realidad virtual. Andreessen Horowitz invirtió 500 millones de dólares en defensa en 2023, así como Y Combinator financió en 2024 su primera empresa emergente militar.
El cambio cultural es evidente: hace una década los contratos con el Departamento de Defensa provocaban protestas; hoy Silicon Valley exhibe un patriotismo más fuerte de lo que se reconoce.
La militarización ha sido impulsada por la competencia con China y las guerras en Ucrania y Gaza, donde drones y sistemas de inteligencia artificial son decisivos. Estos factores llevaron al Pentágono a modernizar su arsenal y, desde 2020, a desarrollar cascos de realidad aumentada para soldados.
«Proteger las democracias es importante», afirmó Raj Shah, de Shield Capital. Sin embargo, ejecutivos e ingenieros admiten que en el caso de armas con inteligencia artificial tendrán poco control sobre su uso.
Arraigado en la Defensa
La militarización de Silicon Valley representa un regreso a las raíces de la región. Antes de convertirse en epicentro tecnológico, era una aclamada tierra de huertos frutales. En la década de 1950, el Departamento de Defensa comenzó a invertir en empresas locales para competir con las ventajas tecnológicas de Rusia durante la Guerra Fría. La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (Darpa), una división del Departamento de Defensa, incubó tecnologías como internet. Asimismo, en 2015, el secretario de Defensa Ashton Carter visitó Silicon Valley para inaugurar la Unidad de Innovación en Defensa.
Incluso en la Universidad de Stanford, Sergey Brin y Larry Page recibieron financiamiento de Darpa y de otras agencias gubernamentales para crear Google.
En la década de 1990 y en los 2000, las empresas tecnológicas se enfocaron en productos para el consumidor, como el comercio electrónico y las redes sociales. Se presentaban como entidades benéficas que democratizaban la tecnología para las masas y atraían a una fuerza laboral en gran medida liberal, opuesta a trabajar con el sector de defensa.
En esos mismos años, Google publicó principios rectores para proyectos de inteligencia artificial, prohibiendo su uso en “lesiones a las personas”. Otras compañías adoptaron compromisos similares.
Hubo, sin embargo, excepciones. Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, empresa de análisis de datos fundada en 2003, demandó en 2016 al Ejército para obligarlo a considerar la compra de su software, ya que no se estaban evaluando opciones comerciales para satisfacer las necesidades militares. Palantir ganó la demanda, y otras compañías comenzaron a proporcionar al Departamento de Defensa software, servicios de computación en la nube y diversos productos.
Orgulloso de involucrarse
Tras las guerras en Ucrania y Gaza, que llevaron drones autónomos y software de reconocimiento facial a los campos de batalla, ejecutivos y capitalistas de riesgo comenzaron a apoyar abiertamente posturas y candidatos de derecha.
Palantir se convirtió en un actor central: el valor de mercado de la compañía se disparó este mes a más de 375 mil millones de dólares, superando la capitalización bursátil combinada de contratistas de defensa tradicionales como Lockheed Martin, Northrop Grumman y General Dynamics.
Otras empresas de Silicon Valley también se inclinaron hacia la defensa. En enero de 2024, OpenAI, creadora del chatbot ChatGPT, eliminó de su página de políticas el lenguaje que prohibía usar su tecnología para el “desarrollo de armas” y para “fines militares y bélicos”.
Ese diciembre, la empresa anunció un acuerdo con Anduril para construir sistemas antidrones con inteligencia artificial. Meta modificó sus políticas para permitir que sus tecnologías de inteligencia artificial se utilicen con fines militares. En febrero, Google anunció que también abandonaba su prohibición autoimpuesta de aplicar inteligencia artificial en armamento.
Anduril, fundada en 2017 por Palmer Luckey, un empresario tecnológico creador del casco de realidad virtual Oculus, se ha consolidado como una de las compañías clave en esta transformación.
Un Ciclo de Expectativas
Billy Thalheimer, director ejecutivo de Regent, desarrolla hidroaviones eléctricos para uso militar y otros fines, consolidándose dentro del auge de la tecnología de defensa.
En Hayward, California, la producción se ha acelerado en la fábrica de Skydio, una empresa de drones autónomos. En junio, la empresa emergente firmó un contrato de 74 millones de dólares con el Departamento de Estado para suministrar drones destinados a operaciones internacionales contra el narcotráfico y de aplicación de la ley.
La relación cada vez más estrecha entre Silicon Valley y el sector de defensa quedó en evidencia en marzo, cuando cientos de personas se reunieron en Washington durante una cumbre organizada por Andreessen Horowitz. La firma de capital de riesgo destacó su programa “American Dynamism”, que incluye inversiones en empresas de defensa.
1) McKinsey informó que la inversión de capital de riesgo en empresas relacionadas con la defensa aumentó 33% en 2024, alcanzando 31 miles de millones de dólares.
2) La ley de política interna de Donald Trump, aprobada en abril de 2025, destinó un récord de 1 miles de millones de dólares a defensa en 2026, incluyendo tecnología como drones autónomos.
3) En 2018, más de 4 000 empleados de Google protestaron contra un contrato del Pentágono llamado Proyecto Maven, que habría utilizado la inteligencia artificial de la empresa para analizar imágenes de vigilancia captadas por drones. En una carta a los ejecutivos, afirmaron que Google “no debería estar en el negocio de la guerra”.
4) En 2018, Google anunció que no renovaría el contrato con el Pentágono y se retiró de la competencia por un contrato de computación en la nube de diez mil millones de dólares, llamado JEDI, destinado al Departamento de Defensa.
5) Anduril, que diseña armas respaldadas por inteligencia artificial, firmó en marzo de 2025 un contrato de 642 millones de dólares con el Cuerpo de Marines para tecnología antidrones y, en octubre, otro de 250 millones de dólares para avanzar en tecnología de defensa aérea para el Departamento de Defensa.
6) En junio de 2025, Anduril anunció que recaudó 2 500 millones de dólares en nueva financiación, alcanzando una valoración de 30 500 millones de dólares. La empresa declinó hacer comentarios.
7) Desde 2023, Regent ha recaudado más de 100 millones de dólares de inversionistas como Mark Cuban y Peter Thiel. En marzo, consiguió un contrato de 15 millones de dólares con el Cuerpo de Marines y está construyendo una fábrica en Rhode Island.
8) Skydio, logró recaudar 230 millones de dólares de 2014 a 2025, contando con más de 800 empleados.
La defensa de la democracia se convierte en coartada para justificar crímenes y atropellos a los derechos humanos. Estados Unidos, como estandarte de ese ideal, concentra el poder destructivo mediante armamento con inteligencia artificial, mientras las grandes tecnológicas (desde Google hasta las redes sociales) sostienen vínculos con el control militar. Bajo el discurso de la defensa, innovación y progreso quedan subordinados a intereses de poder y dominio estratégico.

