Complex post-industrial military. The war in Ukraine shows the West can re-arm without re-industrialising

Cita: 

The Economist [2025], "Complex post-industrial military. The war in Ukraine shows the West can re-arm without re-industrialising", The Economist, London, 28 de junio, https://www.economist.com/briefing/2025/06/26/the-war-in-ukraine-shows-t...

Fuente: 
The Economist
Fecha de publicación: 
Sábado, Junio 28, 2025
Tema: 
Industria militar y competencia hegemónica
Idea principal: 

    La capacidad industrial en tiempos de paz ya no es esencial para la guerra. En el Joint Systems Manufacturing Centre (JSMC) en Ohio, Estados Unidos reacondiciona tanques Abrams en lugar de fabricar nuevos, proceso que tarda dos años. Polonia ordenó tanques en 2022 y aún espera la mayoría. En contraste, una empresa ucraniana en Kiev diseña drones que en cuatro semanas están listos y produce el doble de máquinas que el JSMC cada mes, dispersando instalaciones para evitar ataques rusos.

    La preocupación en Occidente es que las industrias de defensa son lentas y pequeñas. Se cuestiona si Estados Unidos resistiría una guerra larga con China o si la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) podría enfrentar otra invasión rusa. Sin embargo, la guerra impulsa innovación: en 2022 la marina ucraniana tenía un buque principal, pero con drones navales hundió barcos rusos y obligó al resto a refugiarse.

    En 2000 existían 42 000 empresas de defensa y en 2022 solo 29 000, muchas como proveedor único de piezas críticas. La consolidación redujo y envejeció la fuerza laboral, con un promedio de 59 años. Las piezas para desarrollar sistemas tecnológicos avanzados en los cazas de sexta generación tardan un año en fabricarse, 18 meses en el caso de un caza de quinta generación y dos años para misiles de largo alcance. Según Chris Brose, de Anduril, son productos artesanales fabricados con procesos especializados.

    Ponte en marcha

    El arsenal estadounidense es más pequeño y difícil de reponer. Con los niveles actuales de adquisición tomará siete años recuperar las reservas de municiones previas al apoyo militar a Ucrania. En un ejercicio de 2023 con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés), Estados Unidos agotó sus misiles de largo alcance en tres semanas. El Pentágono fijó la meta de producir 75 000 proyectiles de artillería al mes en 2024, pero solo alcanzó 40 000, mientras Ucrania usa más del triple.

    El Joint Systems Manufacturing Centre (JSMC) solo puede duplicar su producción de tanques, de 15 a 30 al mes, y reponer misiles tardaría ocho años. China puede frenar la producción limitando exportaciones de componentes, como tierras raras (minerales puros) o nitrocelulosa (base de pólvora sin humo usada en municiones y explosivos; crítica para la industria militar).La manufactura es más especializada y difícil de reconvertir que en la segunda guerra mundial. La proporción de mano de obra frente a capital en países ricos se redujo a la mitad entre 1995 y 2017. Solo equipos modernos como impresoras 3D ofrecen flexibilidad.

    El día del dron

    La guerra en Ucrania se transformó en la primera guerra de drones. Las trincheras dejaron de ser útiles y los soldados se dispersan en hoyos pequeños, mientras los drones hacen vulnerables a los tanques a menos de 10 km del frente y los drones navales limitaron a la flota rusa. En 2022 los drones causaron cerca de 10% de bajas, pero en 2024 se estima que producen 70% del daño a instalaciones rusas y casi la mitad de las bajas. Muchos drones se diseñan pequeños para transportarse en autos y se producen con rapidez usando equipos disponibles.

    La industria ucraniana no logra fabricar barcos, misiles y armas grandes. China construye 3 de cada 5 barcos en el mundo y produce buques de guerra más rápido que Estados Unidos. En Occidente crear industrias civiles con uso bélico sería costoso y sin certeza de utilidad, pues los subsidios requerirían compromisos indefinidos. Además, las guerras son impredecibles y la innovación depende de adaptarse al enemigo. Ucrania compensó su falta de tanques y barcos con producción masiva de drones.

    El recurso más valioso resultan ser los trabajadores especializados. Se requieren dos años para capacitar a un ingeniero de petróleo y gas en el sector aeroespacial. Estados Unidos cuenta con ingenieros y un sector privado innovador, aunque menos capacidad industrial que China. En 2023 envió 31 tanques Abrams a Ucrania y Rusia destruyó 20 en tres meses, lo que llevó a retirar el resto. Funcionarios reconocieron su vulnerabilidad a artillería y drones kamikaze. Las líneas de producción continúan, pero no se considera necesario fabricar más tanques.

Datos cruciales: 

    1) Occidente gasta más en defensa que China y Rusia. Estados Unidos destinó casi 1 000 miles de millones de dólares en 2023, cuatro veces China. La Unión Europea gastó 378 miles de millones de dólares, equivalentes a 1.9% de su Producto Interno Bruto (PIB), y la OTAN planea llegar a 3.5% en 2035. Japón casi duplicó su gasto en una década. En 2024 el gasto global fue de 2 700 miles de millones de dólares, frente a 2 500 miles de millones en 2023.

    2) En Ucrania, 82% de la industria armamentista era estatal en 2022 y subió a 89% ese año, pero en 2024 el sector privado representaba 58%. La producción de proyectiles pasó de 50 000 en 2022 a 2.4 millones en 2023, los vehículos blindados se triplicaron en 2024 y se fabrican más de diez obuses al mes. En 2024 Ucrania produjo 2.2 millones de drones, 95% del total desplegado, y su capacidad armamentista alcanzó 35 miles de millones de dólares, con 40% de producción nacional.

    3) La industria de defensa estadounidense hoy es menor que en el siglo XX. Representa 43% de las exportaciones globales de armas, mientras China alcanza 6%. En 1956 la fuerza aérea tenía 26 000 aviones, en 2025 tendrá menos de 5 000. Los aeronaves de combate avanzadas o cazas de sexta generación podrían costar 300 millones de dólares cada uno y se encargará solo 20% respecto a los de quinta generación. Desde 1980 el gasto en cuidado y reparación de sistemas se duplicó.

    4) La gráfica muestra la evolución del gasto militar mundial entre 1994 y 2024. Estados Unidos conserva la mayor proporción, aunque su peso relativo se redujo con el tiempo. La Unión Europea y Reino Unido mantienen una franja estable pero menor. China incrementó de forma constante su participación desde inicios de los 2000, consolidándose como segundo actor en 2024.

    Rusia conserva un nivel reducido aunque constante, mientras que el resto del mundo representa una parte significativa del total. En conjunto, se observa que Estados Unidos sigue siendo dominante, pero su supremacía relativa disminuyó mientras China amplió de manera sostenida su influencia en el gasto militar global.

    5) La gráfica muestra la evolución del presupuesto de defensa de Estados Unidos por actividad entre 1980 y 2025, ajustado a precios de 2025. El gasto en investigación y desarrollo creció de manera marcada desde mediados de los 2000 y alcanzó un máximo cercano a 2025, superando con amplitud al resto de rubros. La partida de operación y mantenimiento también aumentó, aunque con fluctuaciones y sin un crecimiento tan pronunciado.

    El gasto total se mantuvo en alza moderada, reflejando que el presupuesto se concentra cada vez más en componentes costosos y especializados. En conjunto, se observa que la defensa estadounidense invierte menos en cantidad de sistemas pero más en mantener y desarrollar tecnologías avanzadas.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    La competencia mundial por la hegemonía no solo multiplica los presupuestos de defensa, sino que convierte a la guerra en un laboratorio brutal de innovación. Drones, ciberataques y armas de precisión revelan que los campos de batalla del futuro estarán definidos menos por soldados y más por máquinas capaces de decidir la vida y la muerte en segundos.

    La relación entre economía y guerra se vuelve inquietante: fábricas, ingenieros y recursos estratégicos dejan de ser instrumentos de prosperidad para transformarse en engranajes de destrucción. Si hoy el poder se mide en capacidad de producir y mantener tecnologías militares, cabe preguntarse hasta dónde llegará la espiral: ¿un mundo dominado por la guerra automatizada?, ¿economías dependientes del conflicto para sostener su hegemonía?, ¿una humanidad reducida a materia prima de su propia maquinaria bélica?

    Lo que emerge no es solo una disputa hegemónica entre Estados Unidos y China, sino la sombra de una guerra sin límites, donde el costo no se medirá en presupuestos, sino en la propia supervivencia de la sociedad tal como la conocemos.