Chapter 1. Farming and Global Warming: An Introduction

Cita: 

Miller, Debra [2011], "Chapter 1. Farming and Global Warming: An Introduction", Farming and the Food Supply, New York, Greenhaven Press, pp. 10-19.

Fuente: 
Libro
Fecha de publicación: 
2011
Tema: 
Agricultura y cambio climático: entre la producción de alimentos y la crisis ambiental global
Idea principal: 

    Debra A. Miller es editora y autora especializada en temas de ciencia, medio ambiente y políticas públicas. Ha compilado y coordinado obras de divulgación y análisis académico para la editorial Greenhaven Press, enfocadas en asuntos contemporáneos como el cambio climático, la energía y la agricultura. Su trabajo busca acercar al público joven y general los debates científicos y éticos actuales mediante textos accesibles, rigurosos y sustentados en fuentes institucionales internacionales.


    La agricultura y el calentamiento global: introducción

    El texto introduce el calentamiento global como una de las principales amenazas para la producción futura de alimentos a escala mundial, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su sigla en inglés). Se señala que el aumento de las temperaturas, junto con cambios en los patrones climáticos, afectará negativamente los rendimientos agrícolas en diversas regiones del mundo. Esta situación se presenta en un contexto crítico, ya que la agricultura enfrenta simultáneamente el crecimiento acelerado de la población mundial y la necesidad de reducir sus propias emisiones de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

    El texto destaca que el sistema agrícola moderno se encuentra bajo una doble presión estructural. Por un lado, debe incrementar la producción de alimentos para satisfacer las necesidades de una población mundial en expansión; por otro, debe hacerlo en condiciones ambientales cada vez más adversas y bajo la exigencia de disminuir su contribución al cambio climático. Se enfatiza que la agricultura industrializada es un sector clave dentro de la problemática climática, ya que depende en gran medida del uso de combustibles fósiles, tanto para el funcionamiento de maquinaria agrícola como para la producción de fertilizantes y pesticidas.

    Finalmente, el texto establece que el calentamiento global no solo afecta a la agricultura, sino que también es parcialmente resultado de las prácticas agrícolas dominantes. Esta relación bidireccional convierte al sector agrícola en un actor central tanto en el origen como en la posible mitigación del cambio climático. La introducción concluye que comprender esta interdependencia es fundamental para analizar los retos que enfrenta el sistema alimentario global en el siglo XXI.

    Una “tormenta perfecta” de desafíos para los agricultores

    El texto plantea que la agricultura global enfrenta una convergencia simultánea de presiones demográficas, climáticas y energéticas que configuran lo que se denomina una “tormenta perfecta”. Durante el siglo XX, la producción agrícola logró sostener un crecimiento poblacional sin precedentes gracias a avances tecnológicos asociados a la llamada Revolución Verde. Ese modelo dependió ampliamente del uso de combustibles fósiles para la mecanización, así como de fertilizantes y pesticidas petroquímicos, y permitió que la producción de alimentos aumentara de manera significativa, pero sentó las bases de una dependencia estructural de insumos energéticos no renovables. En el siglo XXI, la agricultura enfrenta una nueva expansión poblacional aún mayor, con proyecciones que estiman más de 9 mil millones de personas a mediados de siglo y hasta 12 mil millones hacia finales del mismo, lo que incrementará sustancialmente la demanda de alimentos, agua y energía (dato crucial 1).

    El documento subraya que esta presión para producir más alimentos ocurre en un contexto radicalmente distinto al del siglo pasado, ya que el cambio climático altera las condiciones ambientales bajo las cuales opera la agricultura. El aumento de las temperaturas, la variabilidad de las precipitaciones, la mayor frecuencia de sequías, inundaciones y eventos climáticos extremos afectan directamente los ciclos productivos, los rendimientos y la estabilidad de los sistemas agrícolas. A diferencia de crisis climáticas pasadas, estos cambios se presentan de manera global y acumulativa, lo que limita la capacidad de adaptación de los sistemas agrícolas basados en monocultivos extensivos y calendarios climáticos predecibles.

    Además de adaptarse a condiciones climáticas más adversas, la agricultura es presionada para reducir su propia contribución al calentamiento global. La agricultura industrial moderna es identificada como una fuente significativa de emisiones de gases de efecto invernadero, entre ellos dióxido de carbono, óxido nitroso y metano, derivados del uso intensivo de fertilizantes nitrogenados, la producción ganadera a gran escala y la deforestación asociada a la expansión agrícola. Esta doble exigencia —producir más alimentos y, al mismo tiempo, reducir emisiones— coloca a los agricultores en una situación estructuralmente compleja, ya que muchos de los métodos que históricamente han permitido aumentar la producción son los mismos que incrementan las emisiones y la degradación ambiental.

    Finalmente, el texto retoma la caracterización de este escenario como una “tormenta perfecta”, término atribuido al científico británico John Beddington, para señalar que los desafíos futuros no solo serán mayores en magnitud, sino también más impredecibles. La combinación de crecimiento poblacional, crisis climática, presión sobre recursos naturales y necesidad de transformación de las prácticas agrícolas plantea un escenario en el que la capacidad de los sistemas alimentarios para responder de manera eficaz será puesta a prueba de forma constante. Esta sección establece así el marco general de urgencia que atraviesa el resto del capítulo, subrayando que la agricultura del futuro deberá transformarse profundamente para sostener la seguridad alimentaria en un contexto de crisis climática global.

    El impacto del calentamiento global en la agricultura y la seguridad alimentaria

    El texto analiza cómo el calentamiento global afecta de manera directa e indirecta a la agricultura y compromete la seguridad alimentaria mundial. Aunque la agricultura históricamente ha enfrentado condiciones climáticas adversas como sequías, inundaciones y tormentas, las proyecciones actuales indican que el cambio climático intensificará estos fenómenos, volviéndolos más frecuentes e impredecibles. De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por su sigla en inglés), incluso aumentos moderados de temperatura entre 1°C y 2°C pueden reducir la productividad agrícola en muchas regiones, especialmente en zonas secas y tropicales (dato crucial 2).

    El documento destaca que los principales cultivos alimentarios —trigo, arroz, maíz, soya, cebada y sorgo— son particularmente vulnerables al aumento de temperaturas. El IPCC advierte que incrementos superiores a 3°C tendrían efectos severos sobre la producción global de alimentos, alterando tanto la cantidad como la estabilidad de los rendimientos (dato crucial 2). En regiones semiáridas, el cambio climático intensifica las sequías y reduce la disponibilidad de agua para riego, mientras que en zonas templadas los beneficios potenciales de temporadas de cultivo más largas pueden verse anulados por temperaturas extremas y eventos climáticos extremos.

    El texto incorpora estimaciones del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI por su sigla en inglés), que proyectan una disminución significativa de los rendimientos agrícolas a nivel mundial y un aumento de los precios de los alimentos como resultado del cambio climático. Estas dinámicas afectan directamente el acceso a alimentos suficientes y nutritivos, incrementando el riesgo de malnutrición, especialmente en la infancia. El impacto no es homogéneo: los países en desarrollo, particularmente en África subsahariana y el sur de Asia, son identificados como los más vulnerables debido a la combinación de pobreza, dependencia de la agricultura de temporal y menor capacidad de adaptación (dato crucial 4).

    Aunque algunas regiones del Norte global podrían experimentar incrementos temporales en ciertos rendimientos agrícolas, estos beneficios serán limitados y frágiles. En Estados Unidos, por ejemplo, se proyectan aumentos moderados en la agricultura de temporal en algunas regiones, pero otras zonas enfrentarán pérdidas severas debido a la reducción del manto de nieve, la escasez de agua y el deterioro de suelos. Así, el calentamiento global representa una amenaza sistémica para la seguridad alimentaria, al afectar simultáneamente la producción, la distribución y el acceso a los alimentos, profundizando desigualdades existentes entre regiones y países.

    Cambios climáticos hasta ahora

    Los cambios climáticos asociados al calentamiento global ya son observables a escala global y nacional, y no se limitan a proyecciones futuras. En el caso de Estados Unidos, informes gubernamentales recientes documentan un aumento sostenido de la temperatura promedio superior a 2 °F (1.1 °C) en los últimos cincuenta años, acompañado de un incremento aproximado de 5% en la precipitación total durante el mismo periodo (dato crucial 3). Sin embargo, estos cambios no se distribuyen de manera uniforme, ya que algunas regiones, como el Medio Oeste estadounidense, han experimentado incrementos de temperatura de hasta 7 °F (3.9 °C). Estos cambios ya están afectando los sistemas agrícolas mediante alteraciones en los patrones climáticos tradicionales.

    El artículo describe un aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos, incluyendo olas de calor, sequías prolongadas, lluvias intensas y tormentas severas. Asimismo, se documenta el fortalecimiento de huracanes en el Atlántico, el ascenso del nivel del mar y la rápida pérdida de hielo marino en el Ártico de Alaska. En regiones montañosas, como la Sierra Nevada, se observa una disminución progresiva del manto de nieve, fenómeno que se ha desarrollado durante varias décadas y que afecta directamente la disponibilidad de agua para riego agrícola. Estos procesos, según el texto, confirman que el sistema climático está experimentando transformaciones estructurales con impactos directos en la producción de alimentos.

    A escala global, los registros de temperatura muestran un aumento sostenido de la temperatura media de la superficie terrestre desde la década de 1970. Este calentamiento se manifiesta en múltiples indicadores físicos y biológicos, como el retroceso de glaciares de montaña, la reducción de la cobertura de nieve, el adelanto en los ciclos de floración de las plantas y el derretimiento acelerado de las capas de hielo de Groenlandia y Antártida. Además, se han registrado cambios significativos en los patrones de precipitación, con algunas regiones experimentando mayores lluvias e inundaciones, mientras que otras enfrentan sequías más frecuentes y severas.

    El nivel medio del mar ha aumentado aproximadamente 20 centímetros (8 pulgadas) en el último siglo, lo que representa una amenaza creciente para las zonas costeras y los sistemas agrícolas cercanos al litoral. Según los autores, estas transformaciones ya han comenzado a afectar la producción agrícola mundial y anticipan impactos más severos en el futuro. Se menciona que entre 2004 y 2006, la producción de trigo y maíz disminuyó entre 12% y 16% tanto en Estados Unidos como en Europa, principalmente debido a condiciones climáticas adversas y a la reducción de superficies cultivadas (dato crucial 5). Esta disminución, combinada con el aumento de la demanda de alimentos y el alza en los precios de la energía, provocó fuertes fluctuaciones en los precios de los alimentos, un fenómeno que podría volverse recurrente a medida que aumenten las temperaturas globales.

    Finalmente, el texto afirma que los cambios observados coinciden con las proyecciones de los modelos climáticos utilizados por la comunidad científica y que, en algunos casos, los impactos se han manifestado más rápidamente de lo anticipado. Sin una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero, el calentamiento global continuará intensificándose, generando alteraciones climáticas que podrían interrumpir, reducir o incluso destruir la producción agrícola en diversas regiones del mundo. Esta sección enfatiza que los efectos del cambio climático sobre la agricultura ya están en curso y representan un desafío estructural para la seguridad alimentaria global.

    La contribución de la agricultura al calentamiento global

    La agricultura no solo se ve afectada por el calentamiento global, sino que constituye una de sus causas estructurales. De acuerdo con datos del Worldwatch Institute, más de 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen del sector de uso del suelo, que incluye la agricultura de cultivos, la ganadería y la deforestación. Por su parte, el IPCC estima que la agricultura, excluyendo los cambios en el uso del suelo y la deforestación, es responsable de entre el 10 y el 12% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Estas cifras posicionan al sector agrícola como un actor central en la dinámica climática global (dato crucial 5).

    El artículo explica que una proporción significativa de estas emisiones está asociada a la agricultura industrial moderna, caracterizada por el uso intensivo de fertilizantes químicos y la producción ganadera a gran escala. En particular, los fertilizantes nitrogenados generan óxido nitroso, un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento muy superior al del dióxido de carbono. Además de su contribución al cambio climático, estos fertilizantes contaminan aguas subterráneas y cuerpos de agua superficiales, generando impactos ambientales adicionales. El texto subraya que la dependencia de estos insumos es un rasgo estructural de los sistemas agrícolas intensivos contemporáneos.

    La producción ganadera es identificada como otra fuente relevante de emisiones. El ganado bovino, por ejemplo, produce grandes cantidades de metano durante su proceso digestivo, gas que posee un alto potencial de calentamiento global. El crecimiento sostenido de la demanda mundial de carne y productos lácteos ha incrementado la escala de la ganadería industrial, amplificando su contribución a las emisiones globales. Esta expansión se da principalmente en sistemas de producción concentrados, que requieren grandes volúmenes de insumos energéticos, alimento balanceado y manejo de desechos.

    La deforestación asociada a la expansión agrícola constituye una de las principales fuentes de emisiones vinculadas al sector. La conversión de bosques y selvas en tierras agrícolas o pastizales elimina sumideros naturales de carbono, reduciendo la capacidad de los ecosistemas para absorber dióxido de carbono de la atmósfera. Este proceso es particularmente significativo en países en desarrollo, donde se localizan algunos de los últimos grandes bosques tropicales del planeta. El texto concluye que la combinación de agricultura industrial, ganadería intensiva y deforestación configura una relación estructural entre el sistema alimentario global y el calentamiento global.

    El papel futuro de la agricultura

    Las estrategias y acciones para modificar el papel de la agricultura tienen como objetivo tanto mejorar la resiliencia de la producción de alimentos, como reducir las emisiones. Entre otras cuestiones, se proponen técnicas de secuestro de carbono, la permacultura (sembrar sin arar), el cambio a especies resistentes a las plagas y la falta de agua, la reducción de fertilizantes y pesticidas y cambios en la gestión del ganado y los pastizales.

    El capítulo concluye con la idea de que se pueden producir cambios dado que la agricultura es una actividad esencial y se necesitarán cada vez más alimentos en el mundo.

Datos cruciales: 
    1) 1.6 mil millones a 6.1 mil millones de personas fue el crecimiento de la población mundial durante el siglo XX, lo que representó un aumento de 4.5 mil millones de habitantes en poco más de cien años. 9 mil millones de personas es la población proyectada para mediados del siglo XXI, con posibilidad de alcanzar 12 mil millones hacia 2085, lo que incrementará la demanda de alimentos, agua y energía.

    2) El IPCC advierte que aumentos de temperatura global de 1.8°F a 3.6°F (1°C a 2°C) amenazan la producción de los principales granos básicos, y aumentos superiores a 5.4°F (3°C) alterarían significativamente la producción de todos los cultivos de alimentos.

    3) El IPCC proyecta un aumento de la temperatura media global de entre 2°F y 11.5°F (1.1°C a 5.4°C) hacia finales del siglo XXI, lo que implicaría pérdidas generalizadas en la producción agrícola mundial.

    4) El IFPRI estima que los rendimientos de trigo podrían disminuir al menos 20%, con mayores afectaciones en África subsahariana y Asia meridional, regiones consideradas altamente vulnerables.

    5) Según el Worldwatch Institute, más de 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen del sector de uso del suelo, que incluye agricultura, ganadería y deforestación. El IPCC atribuye a la agricultura directa entre 10% y 12% de las emisiones globales.

    6) La gráfica 1 muestra la reducción proyectada en las calorías per cápita disponibles en distintas regiones del mundo bajo diferentes modelos climáticos (NCAR y CSIRO), evidenciando la disminución más severa en África y Asia.

Trabajo de Fuentes: 

Albert Bates [2010], “The Biochar Solution: Carbon Farming and Climate Change”. Gabriola Island, BC, Canada: New Society.

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Biello, David [2008], Farmed Out: How Will Climate Change Impact World Food Supplies?, Scientific American, , 30 September, 2009.

Goering, Laurie [2009], Climate Change Is Worsening Food Insecurity, Experts Say Alternet, , 2 november, 2009.

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LaSalle, Timothy [2008], How to Stop Global Warming and Hunger at the Same Time, , June 19, 2008.

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Lichtfouse, Eric [2009], “Climate Change, Intercropping, Pest Control and Beneficial Microorganisms”. New York: Springer.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    El texto sobre agricultura y calentamiento global ofrece una base sólida para vincularse con los descriptores de investigación del Laboratorio de Estudios sobre Empresas Transnacionales (LET, IIEc-UNAM). En primer lugar, la noción de una “tormenta perfecta” que enfrenta la agricultura dialoga directamente con los ejes de destrucción del ambiente y combate y adaptación frente a la destrucción del ambiente, pues muestra cómo el modelo agrícola industrial dependiente de combustibles fósiles ha contribuido al deterioro climático y, al mismo tiempo, se ve amenazado por sus propios efectos. Esta doble condición evidencia la urgencia de pensar en alternativas civilizatorias que permitan sostener la producción alimentaria sin profundizar el colapso ambiental.

    Asimismo, el texto se detiene en la presión poblacional y en las consecuencias del cambio climático para la seguridad alimentaria, pero no aborda de manera específica el papel de las corporaciones transnacionales (CTN) en la configuración de este modelo agrícola. La omisión es importante, ya que gran parte de los insumos, tecnologías y cadenas de distribución que definen la agricultura industrial están dominados por CTN de semillas, agroquímicos y alimentos procesados. Del mismo modo, el documento no incorpora estudios de caso sobre empresas concretas, lo que limita la comprensión de cómo estas dinámicas se territorializan en distintas regiones y con qué efectos socioambientales.

    Estos vacíos abren la posibilidad de nuevas líneas de investigación. Resulta crucial examinar cómo las CTN agroalimentarias sostienen prácticas que profundizan la emisión de gases de efecto invernadero y la deforestación, así como explorar los impactos diferenciados de su operación en regiones vulnerables al cambio climático. También se vuelve pertinente analizar las tensiones entre la narrativa de seguridad alimentaria promovida por organismos internacionales y las resistencias locales que apuestan por modelos agroecológicos como alternativas civilizatorias frente al colapso sistémico.