Chapter 3: Concerns About Water, Soil, and Pests
Miller, Debra [2011], "Chapter 3: Concerns About Water, Soil, and Pests", Farming and the Food Supply, New York, Greenhaven Press, pp. 31-42.
Preocupaciones sobre el agua, el suelo y las plagas
El agua y la tierra cultivable son esenciales para la agricultura mundial. Cerca de 70% del uso de agua dulce se destina al riego de cultivos. En las últimas décadas, el consumo de agua ha aumentado debido al crecimiento poblacional y económico. Con el cambio climático, el aumento de temperaturas y la disminución de lluvias incrementan la demanda de agua, agravando la escasez existente. Además, estos cambios pueden provocar erosión del suelo, desertificación y la expansión de plagas y enfermedades, afectando negativamente la producción agrícola y alimentaria global.
Cambios en la disponibilidad del agua
El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) de 2007 señala que el cambio climático afectará de forma significativa y negativa la disponibilidad de agua. Factores como la precipitación, la temperatura y la evaporación influyen directamente en estos cambios.
Los impactos no serán iguales en todas las regiones. En zonas que dependen del deshielo de nieve y glaciares, el aumento de temperaturas reducirá la acumulación de nieve en invierno, disminuyendo el suministro de agua en verano.
Según el World Wildlife Fund, alrededor de 67% de los glaciares del mundo ya están en proceso de derretimiento, y una gran parte podría desaparecer en este siglo, afectando gravemente el acceso al agua.
En regiones semiáridas, el aumento de temperatura reducirá las lluvias y prolongará las sequías, disminuyendo el agua disponible en reservorios y acuíferos. En zonas costeras, el aumento del nivel del mar contaminará las fuentes de agua dulce con sal.
Por otro lado, algunas regiones experimentarán más lluvias, lo que puede provocar inundaciones en áreas agrícolas. En general, se espera que el agua aumente en zonas húmedas y disminuya en regiones secas, intensificando desigualdades.
A nivel global, los efectos negativos superan a los positivos. Millones de personas dependen del agua proveniente de glaciares, como en los Andes o el Himalaya, por lo que su desaparición pondrá en riesgo el suministro para grandes poblaciones.
El cambio climático también agravará la contaminación del agua y se combinará con factores como el crecimiento poblacional y la urbanización. Esto obligará a implementar nuevas estrategias de gestión, como la reutilización del agua.
Inundaciones y sequías
El cambio climático puede provocar impactos extremos en distintas regiones, generando sequías severas o inundaciones que afectarán gravemente la producción agrícola local. Las inundaciones pueden originarse por lluvias intensas o prolongadas, deshielo, fallas en presas o bloqueos en ríos.
Estos eventos serán más frecuentes: zonas que antes sufrían inundaciones cada cien años podrían experimentarlas cada dos a cinco años. Además, se estima que para la década de 2080 hasta 20% de la población mundial vivirá en áreas con alto riesgo de inundaciones.
Por otro lado, las sequías pueden surgir por baja precipitación, poca humedad del suelo o niveles reducidos de agua en ríos y acuíferos. También pueden intensificarse cuando la precipitación cae en forma de lluvia en lugar de nieve, reduciendo las reservas de agua para el verano.
Los riesgos variarán según la región: las inundaciones serán más probables en latitudes medias y altas, mientras que las sequías afectarán más a regiones de latitudes bajas y medias, especialmente en verano.
Europa es un ejemplo claro de estos contrastes: el norte enfrentará más inundaciones, mientras que el sur sufrirá menos lluvias, mayor evaporación y sequías más intensas.
Los países en desarrollo serán los más vulnerables. Por ejemplo, Bangladesh podría experimentar un aumento significativo en las inundaciones si las temperaturas globales continúan elevándose.
En términos generales, los expertos prevén que las sequías serán más frecuentes y extensas que las inundaciones. Regiones como África, especialmente el Sahel, podrían enfrentar sequías más intensas, prolongadas y peligrosas, agravando condiciones ya históricamente críticas.
Desertificación, erosión y pérdidas de suelo
El informe del IPCC de 2007 concluye que el cambio climático afectará negativamente los suelos, provocando en algunas regiones sequedad extrema que puede transformar tierras fértiles en desiertos (desertificación), y en otras, erosión del suelo. Sin embargo, ciertos lugares como Rusia podrían beneficiarse al ganar tierras cultivables debido al aumento de temperaturas.
La desertificación surge por la combinación de varios factores climáticos, como el aumento de temperatura, la disminución de lluvias, sequías más intensas, mayor radiación solar y vientos más fuertes. Este proceso no solo degrada la tierra, sino que también contribuye al cambio climático.
Cuando la vegetación desaparece, se libera dióxido de carbono y disminuye la capacidad del suelo para absorber carbono, lo que intensifica el calentamiento global. Ya se observan estos efectos en regiones áridas y semiáridas de países como España y Kazajistán.
Según Yvo de Boer, el cambio climático es una de las principales causas de la expansión acelerada de los desiertos, amenazando zonas secas en todo el mundo. Grandes desiertos como el Sahara, el Gobi y el Kalahari podrían expandirse, afectando a numerosos países.
Por otro lado, el aumento de lluvias y tormentas en algunas regiones puede generar erosión del suelo, ya que el agua arrastra la capa superficial fértil. Este problema se intensifica cuando la nieve es reemplazada por lluvia, especialmente en regiones frías.
La reducción de la vegetación, el deshielo del permafrost y otros cambios climáticos hacen que los suelos sean más vulnerables a la erosión. Esto ya se ha observado en diversas partes del mundo.
Estudios indican que la erosión podría aumentar significativamente en el futuro, como en la cuenca del río Amarillo en China y en zonas agrícolas de Estados Unidos, lo que demuestra que el cambio climático tendrá un impacto importante en la degradación del suelo.
Impactos del clima en plagas, enfermedades y malezas
El cambio climático aumentará las amenazas a los cultivos debido a plagas, enfermedades y malezas. El informe del IPCC señala que el calentamiento ya ha provocado una mayor actividad de insectos y la proliferación de especies en regiones como Estados Unidos y Canadá.
El aumento de temperaturas también permitirá que insectos de zonas tropicales se desplacen hacia regiones templadas, afectando cultivos y propagando enfermedades que pueden impactar tanto a animales como a humanos.
Además, el cambio climático ampliará la presencia y gravedad de enfermedades vegetales y especies invasoras, incrementando los riesgos para la agricultura.
Por otro lado, niveles más altos de CO₂ y cambios en la lluvia favorecen el crecimiento de malezas, que pueden desarrollarse más rápido y ser más resistentes que los cultivos.
Estudios muestran que estas malezas pueden crecer más grandes y producir más polen, superando a los cultivos debido a su mayor diversidad genética.
En conjunto, estos factores harán que las malezas, plagas y enfermedades representen un desafío cada vez mayor para la producción agrícola.
Así, los efectos del cambio climático complicarán significativamente la agricultura en el siglo XXI.
El cambio climático no solo altera el entorno, sino que evidencia la fragilidad de un modelo agrícola dependiente de recursos cada vez más escasos. La creciente presión sobre el agua, los suelos y los cultivos revela una crisis estructural más que ambiental. Mientras algunos territorios podrían beneficiarse, la mayoría enfrentará desigualdades más profundas. Ignorar estas tendencias implica normalizar un futuro de inseguridad alimentaria global.

