Extremas derechas: entre el negacionismo y el ecofascismo
Svampa, Maristella [2025], "Extremas derechas: entre el negacionismo y el ecofascismo", Nueva Sociedad, (319), septiembre-octubre, https://nuso.org/articulo/319-extremas-derechas-negacionismo-ecofascismo/
Maristella Svampa es socióloga, activista y escritora argentina. Actualmente es investigadora Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina.
El planteamiento negacionista es una estrategia política adoptada por las derechas radicales que refuerza discursos anti pluralistas y de invalidación del otro. El objetivo del negacionismo es destruir la memoria histórica y las bases democráticas de la sociedad.
El negacionismo climático se puede leer históricamente en dos olas diferentes. La primera de 1989 hasta principios del siglo XXI, protagonizada por las corporaciones fósiles; la segunda de 2015 en adelante que acompaña la expansión de las extremas derechas desde los gobiernos.
El negacionismo no es sólo un discurso que se enfoca a negar el cambio climático sin que se encuentra también en interpretaciones históricas que equiparan crímenes de lesa humanidad ejercidos desde el estado con crímenes de organizaciones armadas que actuaron en dictaduras militares.
El negacionismo suele usar la duda hiperbólica, que consiste en desconfiar de los científicos y las supuestas lagunas del conocimiento. El negacionismo climático rechaza que la crisis climática tenga un origen antrópico, causado por el ser humano. Lo anterior libera y rechaza la intervención estatal y asigna a los individuos la responsabilidad de la crisis climática.
Durante el gobierno republicano de Ronald Reagan (1981 -1989) en Estados Unidos, se crearon instituciones relacionadas con corporaciones fósiles que negaban el calentamiento global y se oponían a cualquier regulación de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Hacia principios del siglo XXI el negacionismo comenzó a debilitarse ante mayores evidencias científicas que apuntaban a las actividades humanas como responsables del cambio climático. Esto aunado al crecimiento de los movimientos por la justicia climática con incidencia en espacios multilaterales, empujaron a las corporaciones a adoptar la estrategia del lavado verde (greenwashing).
El lavado verde es una estrategia de marketing que adoptan las empresas para dar la imagen de que actúan en forma respetuosa con el medio ambiente, con el fin de generar confianza en sus consumidores.
En 2015, durante la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se propuso una vía para reducir las emisiones de dióxido de carbono. El acuerdo de París fue firmado por 197 Estados.
Con el ascenso de la extrema derecha, representada por Donald Trump, al poder en Estados Unidos, se ha debilitado a los movimientos ecologistas. Existe una relación entre etnonacionalismos y negacionismo climático, es decir, desde el negacionismo se plantea el cambio climático como un engaño comunista y plantea a los migrantes como foco del peligro.
El rechazo de los gobiernos de extrema derecha en las negociaciones multilaterales representa el desmontaje sistemático de la legislación ambiental y energética nacional, así como el impulso de las energías fósiles (datos cruciales 1 y 2).
Entre el discurso dilatorio y el eco fascismo
En Unión Europea, el Pacto Verde es una política de estado que incluye financiamiento orientado a la transición europea. Los partidos negacionistas que acceden a cargos ejecutivos se niegan a aplicar políticas públicas lo cual produce un negacionismo interpretativo: a pesar de que reconoce el cambio climático lo minimiza o distorsionan sus causas. Surge un giro en las tácticas de la extrema derecha hacia un discurso que reivindica la inocencia nacional aludiendo a otros países más contaminantes y rechazando la ecología punitiva.
La ecología punitiva refiere al uso de diversas sanciones como impuestos para obligar a los países a adoptar políticas ecológicas.
Por otro lado, en la extrema derecha han surgido sectores eco fascistas. El ecobordering o ecofrontera sostiene que la inmigración es una amenaza para el ambiente local o nacional ante la escasez de bienes naturales y la creciente contaminación. El negacionismo del cambio climático ha virado hacia un ecofascismo basado en un proteccionismo ambiental a escala nacional que continúa negando la asociación entre capitalismo y crisis climática por otros medios. La inmigración masiva se convierte en el nuevo foco que responsabiliza a los migrantes de los problemas ambientales.
El eco fascismo pone en duda la idea generalizada de que la ecología es parte del programa progresista planteando una supuesta posición ecológica desde la extrema derecha. Esta modalidad organizativa plantea una utopía neorreaccionaria basada en un pasado fascista.
Las propuestas eco fascistas retoman una mirada optimista del cambio tecnológico como medio para resolver la crisis climática, y por otro lado culpabiliza a la migración del daño ambiental a la vez que exime de responsabilidad a las empresas capitalistas. Esto conlleva a una salida que exacerba el racismo.
1. En Brasil, el presupuesto del Ministerio de Medio Ambiente fue recortado 25% y la Secretaría de Cambio Climático fue suprimida.
2. Al menos 572 niños yanomami murieron bajo el gobierno de Bolsonaro por desnutrición o malaria.
Las relaciones entre los autoritarismos en auge y la trayectoria del sistema cobran fuerza. Se trata de reforzar el dispositivo de la dominación para asegurar el control de "lo que queda", riquezas, territorios, poblaciones sumisas son la única oportunidad que tiene el sistema capitalista para pervivir a su decadencia y eventual colapso. El enigma que encierra esta forma de gubernamentalidad reside en la adhesión por parte de franjas crecientes de las poblaciones: es cierto que frente a la debacle estatal, la "vía" de las élites parece ofrecer certezas, sin embargo, no hay evidencia alguna de que en tales vías haya lugar para gran parte de la población, se trata de opciones altamente excluyentes.

