How the Finance Flows: Corporate Capture of Public Finance Fuelling the Climate Crisis in the Global South
Anderson, Teresa y Paula Castro [2024], How the Finance Flows: Corporate Capture of Public Finance Fuelling the Climate Crisis in the Global South, https://www.alianzaporlasolidaridad.org/axs2020/wp-content/uploads/AA_Ho...
La necesidad de transformar los sistemas alimentarios y energéticos: por el bien de las personas y el clima
2023 fue el año más caluroso en la historia desde que se tiene registro. Y se espera que 2024 lo sea todavía más (dato crucial 1). Los grandes responsables del cambio climático no son los que experimentan sus consecuencias. Desde su posición ventajosa, los culpables permiten que otros absorban tales daños.
El cambio climático afecta de manera particular y desproporcionada a personas marginadas, pobres e indígenas que habitan el Sur global. Son las personas que menos “aportan” al cambio climático, pero son las que más lo sufren. Además, la adversidad no es solo económica. Otro tipo de problemas se exacerban cuando las condiciones climáticas no permiten tener pan en la mesa.
Las disparidades de género se agudizan en estos escenarios. Las mujeres son propensas a recibir la mayor parte de carga (y violencia) en muchos de los casos. Niñas son sacadas de la escuela cuando se requiere que trabajen o alimenten a la familia; son blanco de violencias domésticas cuando la situación económica se encuentra aún peor; se les casa cuando ya no se les puede proveer alimento o resultan ser una carga, etc. Privadas de un crecimiento digno, su vida se resuelve por decisiones impuestas o imprevistas (dato crucial 2).
Aumento de las temperaturas, récords batidos, vidas arruinadas. Cronología de los desastres naturales en 2024
Desde desbordamientos de ríos en Congo y sequías históricas en el Sur de África, hasta huracanes devastadores en Centroamérica y lluvias torrenciales en Brasil, los estragos del cambio climático son cada vez más alarmantes. Los anteriores solo son ejemplos entre los casos más preocupantes ocurridos en 2024 (datos cruciales 3 y 4). Inundaciones, sequías, olas de calor, lluvias extremas, huracanes devastadores y aumento de temperaturas constituyen los principales desastres climáticos experimentados en el Sur global (dato crucial 5).
Entre millones de experiencias en este tipo de escenarios, se encuentra la de Tajnahar Begum, mujer de 24 años desplazada por las inundaciones en Bangladesh (dato crucial 6). “El agua nos llegaba a la altura de las rodillas”, comenta. La mujer tuvo que salir sin dinero y sin ayuda con su hijo de 5 años. Ahora le preocupa si en el refugio habrá suficiente comida para alimentarlo.
Pese a que Bangladesh es líder en estrategias de adaptación y respuesta a desastres, los hechos ocurridos en 2024 superaron sus capacidades de manera extraordinaria. Farah Kabir, directora de ActionAid Bangladesh, comenta que países como el suyo experimentan las peores consecuencias del cambio climático. Y aunque reconoce las injusticias prevalecientes, insta a su pueblo y al gobierno a volverse más resilientes y preparados ante la catástrofe, pues lo probable es que acontecimientos como estos sean más frecuentes.
Combustibles fósiles y agricultura industrial: los sistemas energéticos y alimentarios que nos están fallando
Los sectores de combustibles fósiles y agricultura industrial son los principales causantes del cambio climático. El perjuicio del uso y quema de combustibles fósiles está más que difundido, al constituir la causa principal. Sin embargo, el impacto de la agricultura industrial es menos conocido (dato crucial 7).
Esta actividad es la segunda mayor contribuyente en emisión de gases de efecto invernadero (GHG, por su sigla en inglés). El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) identificó una serie de procesos como principales causantes del daño. Entre ellos se encuentran las plantaciones a gran escala, la producción ganadera industrializada, la aplicación generalizada de fertilizantes y las semillas híbridas o modificadas.
Aunado a lo anterior, hay otra serie de problemáticas relacionadas directa o indirectamente con la agricultura industrial y que perjudican especialmente a comunidades del Sur global. La deforestación excesiva, la falta de tierras, la contaminación de cuerpos de agua; todo ello constituye una red de conflictos derivados del cultivo industrial y la ganadería.
En este sentido, empresas detrás de estas actividades resultan beneficiadas, a la par que comunidades enteras del Sur global reciben el impacto negativo en muchas formas y escalas. No solo es la liberación de gases dañinos como el metano o el óxido nitroso (N2O), sino la injusticia que repercute de manera inmediata y violenta en las formas de vida de las comunidades de Asia, América y África.
En esta línea, destaca la historia de Finegirl y su comunidad en el delta de Níger. En dicha región, Shell posee y opera 27 pozos petroleros. El ultimo de ellos se encuentra en tierras de la madre de Finegirl. La serie de problemas que trae la actividad fósil es numerosa. Los ríos están contaminados tras constantes derrames de petróleo, las tierras son infértiles y el ruido de las maquinas es incesante. Finegirl comenta que las enfermedades en su comunidad están a la orden del día, sea por alimentos contaminados, condiciones insalubres, o por la incapacidad de dormir adecuadamente durante la noche.
A 40 km de la comunidad de Finegirl se encuentra Oforigbalan, en el río Forçados. Ahí habita Helen, pescadora de 50 años. Ella comenta que antes la pesca era una actividad en proceso de auge, pero conforme Shell se estableció en los alrededores, las cosas cambiaron. Ahora pasa todo el día con esperanza de hallar y capturar al menos un pez.
Lo más irónico es el hecho de que la población ni siquiera puede satisfacer sus necesidades energéticas (dato crucial 8). Con la promesa de mejorar el acceso a la red eléctrica y beneficiar a comunidades enteras, empresas transnacionales logran establecer sus actividades con facilidad, pero su única moneda a cambio es el trabajo mal remunerado y la distorsión de los espacios habitables de cada comunidad.
La mayoría de los proyectos que se realizan no tienen como objetivo satisfacer la demanda local africana, sino que están destinados a la exportación o producción industrializada (dato crucial 9). Comunidades experimentan pérdida de tierras y personas pierden oportunidades laborales cuando procesos enteros se encuentran mecanizados en su totalidad. Por donde se vea, el beneficio es para corporaciones y el pago a locales es descaradamente desproporcionado en relación con todo lo que tienen que sacrificar.
¿Entonces por qué se extienden los proyectos de combustibles fósiles y de agricultura industrial? Porque la exportación de estas materias primas es la forma más sencilla de generar ingresos en moneda extranjera. De esta manera los gobiernos africanos pueden pagar sus deudas internacionales, exacerbadas por desastres climáticos.
Irónicamente, las empresas requeridas para generar el flujo de dinero son las mismas empresas encargadas de generar desastres climáticos y, en consecuencia, la necesidad inmediata de flujo de dinero. Es un círculo vicioso que debe detenerse.
Los gobiernos no se preocupan en realidad por el cuidado de sus comunidades, su clima y sus tierras. Entregan todo el control y beneficios a élites empresariales cuyo objetivo dista mucho de ayudar al Sur global. El impacto del cambio climático agrava todos los problemas de estas regiones.
Los combustibles fósiles y la agricultura industrial deben abandonarse de manera rotunda. El cambio climático vuelve más urgente que nunca este abandono. Uno de los principales obstáculos al cambio son las corporaciones detrás de estas actividades, que se oponen a políticas que afectan sus intereses por medio de relaciones públicas, desinformación o campañas de cabildeo.
Es hora de transformar nuestros sistemas alimentarios y energéticos
Países del Norte global tienen una deuda histórica relacionada con la emisión de gases que calientan y contaminan al planeta. Tras más de un siglo de industrialización, dichos países son responsables de la alteración de patrones meteorológicos en la actualidad. En este sentido, para ser justos y equitativos, se debe reconocer el derecho de países del Sur global a industrializarse y utilizar la mayor parte del presupuesto de carbono planetario que resta.
En este sentido, los países del Norte global deben optar por políticas climáticas que garanticen de manera democrática los derechos de todos a la vez que se enfocan en el abandono de la agricultura industrial y los combustibles fósiles. Además, deben apoyar financieramente procesos agroecológicos de desarrollo para aquellos países desfavorecidos del Sur global.
La transición más segura se halla en la agroecología. A diferencia de la agricultura industrial, permite hacer uso positivo de lo que la propia naturaleza brinda. Es estar junto a ella, no contra ella. De esta manera, la agroecología no hace uso de fertilizantes nitrogenados, pesticidas y agroquímicos que, aparte de dejar infértil suelos enteros, requieren de combustibles fósiles para su elaboración.
Los beneficios son múltiples. Aunado a lo anterior, la agroecología evita daños relacionados con la actividad ganadera intensiva y la agricultura industrial extensiva. No promueve la deforestación masiva, hace uso de cultivo de leguminosas para fertilizar naturalmente suelos, aprovecha las funciones biológicas de microbios, así como el comportamiento natural de plantas y seres vivos.
Por el lado económico, también hay signos alentadores. Los cultivos agroecológicos se adaptan a las posibilidades de cada pequeño agricultor y especialmente agricultoras. Estos pueden garantizar la seguridad alimentaria para pequeños agricultores y otorgar más prosperidad a familias más extensas. En general, tal práctica no altera el clima ni los suelos, a la vez que brinda bienestar a una diversidad de personas (dato crucial 10).
El Sexto informe de evaluación del IPCC subrayó la necesidad de abandonar los combustibles fósiles y acelerar el uso de energías renovables. Las energías renovables no solo evitan impacto climático, sino que brindan acceso a energía eléctrica a aquellos que lo necesitan.
Países del Sur global tienen una ventaja decisiva: la energía solar se puede generar de manera más eficiente en sus tierras y climas. De esta manera, aquellas personas más vulnerables, mujeres y niñas, podrían evitar hacer actividades demandantes como ir a recoger leña y utilizarla para cocinar. También la iluminación incentiva una mejora de seguridad. Finalmente, con la reducción de tiempos, quizá la deserción escolar no sea necesaria o estudiar se pueda hacer por las tardes.
La desigualdad de género a la que se enfrentan las mujeres agricultoras perjudica nuestros sistemas alimentarios
Prácticas culturales relacionadas con el patriarcado, estereotipos de género, gobiernos, donantes, así como el modelo económico actual, socavan la legitimidad del trabajo de la mujer en actividades agrícolas. En la mayoría de países en desarrollo las mujeres juegan un papel fundamental y desequilibrado dentro de la esfera agrícola (dato crucial 11).
El trato sistemáticamente desigual se refleja en la falta de oportunidades de acceso a crédito, falta de reconocimiento, exceso de carga (muchas mujeres realizan trabajos domésticos a la vez que dedican tiempo al trabajo agrícola), etc. Las instituciones deben preocuparse por garantizar la protección de derechos de estas personas.
Además, deben reconocer que la reiteración de tales prácticas perjudica a la seguridad alimentaria y a las economías locales. En este sentido, y en un contexto de crisis climática, quizá políticas sensibles a cuestiones de género influyan positivamente en las transiciones alimentarias y energéticas.
Cómo los flujos financieros agravan la crisis climática, alimentaria y energética
Hay más dinero que financia las causas de la crisis climática que aquel que se utiliza para resarcir o evitar tal crisis. Es una contradicción que, pese a los aparentes esfuerzos, el dinero dedicado a las dos principales industrias contaminantes no deje de crecer. Resulta peor la expansión de corporaciones del Norte global. Estas hacen pagar de manera desproporcionada a habitantes del Sur global (dato crucial 12).
La mayoría de corporaciones causantes de perjuicios ambientales que operan en el Sur global son del Norte global. Operan de tal forma que pueden extraer cuantiosos beneficios e importarlos a su país. Mientras, aquellas naciones donde operan absorben los daños sin obtener algún ingreso fiscal importante que les permita canalizarlo en beneficio de su población.
Tales acciones son una forma de explotación hacia el Sur global. Es una extensión del colonialismo iniciado siglos atrás, solo que en diferentes formas. El dinero que fluye del Sur al Norte global va en contra de los objetivos de financiación climática para el Sur global. Los países ricos defraudan en lo referente a la financiación climática (dato crucial 13). La financiación por medio de préstamos con altos intereses no hace más que comprometer la economía de países del Sur global que ya enfrentan los costes económicos de la crisis climática en sus territorios (dato crucial 14).
Foco en las finanzas públicas de los países
En teoría, las finanzas públicas deben utilizarse en beneficio del bien público de cada nación. Sin embargo, en la práctica, los hechos ocurren de manera muy distinta. Las finanzas públicas refuerzan la explotación del Sur global.
Los mismos gobiernos del Sur apoyan y financian a aquellas actividades que deterioran al planeta. Las empresas estatales de agricultura industrial o de extracción de combustibles fósiles reciben subsidios o facilidades fiscales que les permiten operar. Además, bancos nacionales otorgan préstamos a empresas privadas de este tipo, y los fondos nacionales poseen acciones de tales empresas.
Las agendas de asignación de subsidios y subvenciones públicas no suelen estar alineadas. La formulación de políticas se ve presionada por distintas entidades, como instituciones financieras internacionales, gobiernos extranjeros o el propio proceso político interno y los intereses corporativos. En particular, empresas multinacionales suelen influir en políticas del Sur global, y el Fondo Monetario Internacional (IMF, por su sigla en inglés) condiciona a los países a adoptar ciertas medidas de austeridad para otorgarles un préstamo.
Tales artimañas políticas se aprecian en numerosos casos alrededor del globo. En Brasil, el Instituto Penar Agropecuária es considerado un grupo de presión que representa los intereses de grandes multinacionales como JBS, BASF y Cargill. Tal instituto fue clave para la aprobación de una ley que socava los derechos de indígenas y permite la entrada de empresas mineras y agroindustriales a su territorio.
Por otro lado, empresas japonesas influyeron en políticos bengalíes para la adopción de políticas a favor del desarrollo de proyectos de extracción y uso de combustibles fósiles. De manera similar, empresas europeas aseguran proyectos energéticos en África basados en gas.
Finalmente, el IMF anima a muchos países a ampliar su extracción de combustibles fósiles a fin de saldar sus deudas. Asimismo, presiona a naciones como Zambia para reducir sus gastos en servicios públicos, lo que afecta a los hogares más pobres. Y, en la misma nación, insta a subir las tasas impositivas, lo que seguramente afectará a micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes).
Subvenciones directas, indirectas, explícitas e implícitas
Entre las políticas económicas de apoyo para empresas privadas se encuentran los subsidios. Estos pueden ser directos o indirectos, y explícitos o implícitos. Los más conocidos se manifiestan, de manera directa, como reducciones fiscales o apoyos económicos en efectivo a particulares. El objetivo suele ser reducir costos operativos, incentivar la inversión, o reducir el precio final a consumidores.
Los gobiernos, muchas veces, hacen uso de este tipo de políticas para beneficiar a empresas relacionadas con combustibles fósiles y agricultura industrial. Dada su peligrosidad, en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se pautó el objetivo de reducir la financiación pública a empresas de este tipo. Sin embargo, el valor monetario de los subsidios no deja de aumentar (dato crucial 15).
En el Sur global, donde las consecuencias de la crisis climática se viven con mayor severidad, los gobiernos no actúan de manera diferenciada en este sentido (dato crucial 16). Aunado a esto, los subsidios otorgados benefician en última instancia a las grandes corporaciones agroindustriales que controlan mercados enteros (Yara, la más grande empresa de fertilizantes; Bayer Corporation; Syngenta, Cargill, etc.) (dato crucial 17).
En el Norte global, la financiación es aún mayor (dato crucial 18). Todas estas empres son responsables de emitir gases de efecto invernadero y dañar al ambiente. Los gobiernos son cómplices y promotores de la crisis climática que azota al planeta.
Por otro lado, la financiación pública dirigida empresas de combustibles fósiles es aún mayor (dato crucial 19). Empresas como Shell son las más beneficiadas (dato crucial 20). Los gobiernos del Sur global les otorgan subvenciones fiscales con el objetivo de atraer inversión extranjera directa o apoyar los sectores de gas y petróleo. A la vez, gobiernos del Norte global financian en su mayoría los desastres ligados al cambio climático (dato crucial 21).
Desde el comienzo de la invasión rusa a Ucrania, los costos de financiamiento se elevaron y algunos países cortaron de golpe sus subsidios. En Nigeria esto provocó marchas y protestas en mayo de 2023, lo que obligó a su inmediata reinstalación. Tal situación, y otras similares, reflejan la necesidad de plantear una redistribución gradual y más equitativa.
Fondos públicos que alimentan el daño público
El control e influencia del poder corporativo y las élites empresariales del Norte global afecta la búsqueda de alternativas en el Sur global. La codependencia exacerbada con cada aumento de financiamiento público para estas empresas suprime el ejercicio de los derechos humanos de las personas, ya de por sí marginadas y en estado de pobreza.
Algunas naciones pueden tener motivaciones válidas para financiar proyectos de combustibles fósiles y agricultura industrial, pero es un sesgo realizarlos sin cuestionar públicamente los perjuicios que tales proyectos generan a la estabilidad climática, la seguridad alimentaria, el acceso a agua y los derechos de las personas (dato crucial 22).
Finalmente, accionistas del Norte global son los principales beneficiarios de los flujos financieros aportados por el Sur global a multinacionales. En lugar de proteger a su población, las acciones tomadas por las naciones más pobres aumentan la fortuna de los países ricos y su propia codependencia hacia ellos.
Un camino lleno de obstáculos para la inversión de energías renovables
En la otra cara de la moneda las tendencias son desalentadoras. Los gobiernos del Sur global dedican una mínima parte de la inversión pública al sector de energías renovables, y las tendencias son decrecientes con cada año que pasa (datos cruciales 23 y 24).
En este rubro se destaca el hecho que países poseedores de grandes explotaciones petroleras o gasíferas, como Sudáfrica, muestran poco interés en la inversión en energías renovables. En oposición, países como Kenia, con objetivos de energías renovables claros, son resilientes ante la adversidad económica inmediata. Este último país realiza esfuerzos por mantener un buen nivel de inversión en energías renovables.
Cabe recalcar que las transiciones en todo caso deben hallar primero alternativas energéticas y alimentarias desde el feminismo y la justicia. Después implementarlas, y finalmente retirar progresivamente aquellas subvenciones que benefician a corporaciones y dañan a comunidades y sociedad. De otro modo, la seguridad de los más vulnerables, especialmente mujeres, se ve comprometida con cada acción política sesgada.
Falta de financiación pública para la agroecología
Del lado agroecológico, la evidencia indica que persiste una falta sistemática de apoyo a través de financiación internacional (dato crucial 25). Organismos internacionales, como la ONU y el IMF, insisten en brindar apoyos deficientes en calidad y cantidad. De esta manera, la mayor parte de los préstamos internacionales se mantienen del lado agroindustrial.
Este contexto va acompañado de escenarios relativos a desastres climáticos, aumento de precios de fertilizantes e ineficiencia de productos agroquímicos. Esto provoca inconformidad en pequeños productores y les obliga a buscar alternativas. En consecuencia, Zimbabue fue pionero en adoptar políticas agroecológicas progresistas, a fin de garantizar seguridad alimentaria a su población ante tales escenarios.
En contraste, su vecino sureño, Zambia, se caracteriza por mantener altos niveles de financiamiento para fertilizantes derivados de combustibles fósiles. Y, aunque persisten tendencias perjudiciales, Zimbabue adopta políticas agroecológicas excepcionales a nivel mundial (dato crucial 26). A pesar de experimentar condiciones similares, la distinción de objetivos se refleja en las acciones.
Cambio en los flujos financieros: garantizar una transición justa
El principal problema que afronta una “transición justa” es relativo a los impactos políticos y sociales. Es evidente la cantidad de intereses que se verán afectados, y hay indicios, por experiencias pasadas, de que personas precarizadas y vulnerables se pueden ver más comprometidas.
La gran cantidad de dinero público que financia actividades de combustibles fósiles y agricultura industrial puede invertirse en desarrollo de técnicas agroecológicas y uso de recursos renovables. Sin embargo, para aquellas personas pobres que dependen directamente de estas actividades no es fácil encontrar una alternativa inmediata que satisfaga sus necesidades.
Los casos de Nigeria y Kenia, así como hechos ocurridos en Ecuador en 2019 (al eliminar subsidios al diésel) demuestran que las medidas deben ser tomadas con cautela, de manera equitativa y preventiva.
En este sentido, debe ser una transición feminista justa, cuyas acciones sean guiadas por cuatro principios: 1) abordar desigualdades en lugar de agravarlas; 2) transformar los sistemas para que funcionen para las personas, la naturaleza y el clima; 3) garantizar inclusión y participación; 4) elaborar planes integrales y marcos normativos.
Es menester que distinto tipo de instituciones trabajen de manera colectiva, que estén dispuestas al diálogo y a tomar acciones coordinadas. En el centro de los planes deben encontrarse aquellas personas potencialmente afectadas, especialmente mujeres. Los potenciales impactos negativos deben ser considerados y atendidos antes de adoptar una política de transición.
De esta manera, deben existir alternativas antes de eliminar subsidios y apoyos a combustibles fósiles y agricultura industrial. Las acciones para justicia social son fundamentales. El tejido social debe encontrarse protegido a la vez que es apoyado económica y políticamente por sus instituciones para lograr un cambio.
El flujo de financiamiento debe cambiar de destino, y los apoyos del Norte global serán esenciales para la financiación climática del Sur. Así, lo primero tras adoptar medidas de compensación, es eliminar subsidios a combustibles fósiles y agricultura industrial, crear impuestos progresivos en función de los beneficios de las corporaciones y dedicar el respectivo presupuesto a protección social.
Entre las medidas específicas para redirigir subvenciones “negativas” se encuentran: 1) proporcionar capacitación en alternativas agroecológicas, como técnicas de fertilización natural del suelo, bioplaguicidas, mejoramiento participativo de semillas, etc.; 2) apoyar la diversificación económica y el acceso a nuevos mercados; imponer cantidades mínimas de alimentos producidos con técnicas agroecológicas e incentivar la creación de cooperativas locales; 3) regular el poder corporativo para garantizar la rendición de cuentas; y 4) asegurar impuestos progresivos y facilitar la comunicación y participación de principales afectados.
Una revolución energética justa y democrática
Ante un escenario de transición a energías renovables, se corre riesgo de reproducir prácticas injustas y violentar a las comunidades. Desde la extracción de minerales que implica la exploración de mano de obra en condiciones inhumanas en la actualidad, hasta la instalación de parques eólicos y solares que requieren de grandes extensiones de terreno y que pueden transgredir los derechos de muchas personas.
En este sentido, una transición debe ser equilibrada, cooperativa y debe considerar a comunidades locales y a pequeños agricultores y obreros. Se debe democratizar el acceso a la energía. A diferencia de combustibles fósiles, las energías renovables pueden ser producidas, controladas, utilizadas y, a veces, vendidas a pequeña escala. Esto favorece un acceso integral y completo para todo tipo de personas.
Asimismo, es importante señalar que el consumo energético aun debe reducirse en el Norte global. Se debe realizar un cambio modal de transporte privado a público. Por otro lado, políticas sociales deben construir previamente un escenario feminista y justo que permita participar de manera inclusiva, así como educar y empoderar a comunidades.
Obtención y ampliación de la financiación pública para la acción climática
Resulta incoherente que los países que menos responsabilidad tienen sobre el cambio climático sean los que más pagan sus consecuencias. En este sentido, los países del Norte global deben asumir responsabilidades y reconocer que tienen una deuda histórica con el planeta y el Sur global.
Su reconocimiento debe ir acompañado no solo de mayor financiamiento y apoyo, sino también de una apresurada reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. En su mayoría, los países pobres no tienen capacidades económicas para reducir sus emisiones. Suficiente tienen con destinar millones de dólares a la mitigación y adaptación ante desastres climáticos.
El Norte global debe dejar de otorgar financiamientos provechosos y cínicos con el único objetivo de lucrar a costa de la ruina de los demás. El cambio debe ser ético también. Hay una disparidad entre la cantidad de financiamiento proveniente de préstamos y aquel proveniente de donaciones (datos cruciales 27 y 28).
El circulo vicioso se amplía cuando países endeudados se ven obligados a invertir en combustibles fósiles y agricultura industrial para pagar sus deudas, dado que son actividades altamente lucrativas. De esta manera, sus propias deudas adquiridas en parte para atender desastres climáticos catalizan aquellos procesos que deterioran y socavan el medio ambiente. “Los países con problemas de deuda se ven prácticamente imposibilitados a contribuir a la solución de crisis climática”.
La financiación climática proveniente del Norte global hacia aquellos países afectados es paupérrima en comparación con el financiamiento público que se destina a las actividades destructivas para el clima (dato crucial 29). En este sentido, los combustibles fósiles y la agricultura industrial desempeñan un papel de dominio sobre economías, políticas y presupuestos de países pobres.
A nivel internacional, organismos y países se preguntan “¿cómo financiar?”. Lo cierto es que no se trata de un problema de disponibilidad, sino de distribución. Existen fuentes potenciales de financiamiento que pueden ser utilizadas en para la acción climática. Ya se habló de la transferencia de fondos de las actividades perjudiciales. Pero hay más. Aumentar impuestos de manera progresiva, con perspectiva de género y sensibilidad al clima, puede crear grandes fondos de financiamiento (dato crucial 30). Un cambio en las políticas globales de tributación, con enfoque en la justicia fiscal, también puede y debe servir para cumplir tales objetivos. Asimismo, se sugieren impuestos sobre ganancias extraordinarias, sobre ingresos del 1% más rico de la población, sobre transacciones financieras, y también una reasignación del gasto militar (dato crucial 31).
Finalmente, el IMF y los bancos centrales del Norte global deben cancelar las deudas explotadoras y coloniales hacia el Sur global. Tal acción, acompañada de una transformación en las normas tributarias globales (que otorgue libertad a países pobres para imponer impuestos a multinacionales), ofrece una luz de esperanza. La arquitectura financiera global está obsoleta y organismos coloniales como el IMF tienen un poder que debe desaparecer.
Conclusiones y recomendaciones
La restructuración de los flujos financieros globales es clave para una transición. Los líderes mundiales actuales carecen de honestidad, compromiso y valentía para afrontar las necesidades de la sociedad. Las propuestas en las cumbres de la ONU siempre hablan de soluciones superficiales.
En vez de hablar acerca de mayores préstamos y financiamiento privado, se deben preocupar por aumentar los apoyos financieros reales. Es decir, aumentar subvenciones fiscales, cancelar deudas, reasignar los subsidios públicos y regular las finanzas privadas.
Las finanzas públicas deben ser redirigidas a aquellas actividades no perjudiciales, a la par que países de ambos hemisferios se deshacen de actividades de combustibles fósiles y agricultura industrial. Del lado de la financiación climática, países ricos deben proporcionar billones de dólares anuales en forma de subvenciones. De otra manera, no será suficiente.
Finalmente, las finanzas bancaria y privada deben ser reguladas y enmarcadas dentro de objetivos en contra de la financiación a combustibles fósiles y agricultura industrial. A la par, las deudas explotadoras deben ser canceladas, especialmente en aquellos países que están en primera línea de la crisis climática. Estos cambios solo deben ser parte de un conjunto de transición global de regulaciones financieras y estándares tributarios.
1) En junio de 2024, científicos informaron que la temperatura media mundial fue 1.5 °C superior a los niveles preindustriales durante todo un año.
2) Mujeres y niños tienen 14 veces más probabilidades de morir por desastres climáticos que hombres, y 80% de personas desplazadas por desastres climáticos son mujeres.
3) Las fuertes lluvias iniciadas a finales de 2023 y extendidas hasta enero de 2024, llevaron al río Congo a su nivel más alto en décadas. Las inundaciones causaron al menos 300 muertes.
4) De enero a marzo de 2024, el sur de África registró la sequía agrícola más grave en más de 100 años. Entre 26 y 30 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria.
5) Entre abril y mayo de 2024, ciclones poco frecuentes causaron la muerte de al menos 450 personas y desplazaron a 480 mil más en Tanzania, Kenia, Burundi y Somalia. En el mismo período, Brasil experimentó su peor inundación en 80 años; a causa de ello murieron 181 personas y 580 mil fueron desplazadas.
6) En junio de 2024, Bangladesh fue dañado por el ciclón Remal que afectó a más de 4.6 millones de personas. Dos meses después, inundaciones afectaron 5.8 millones de personas y desplazaron a 500 mil más, una de ellas Tajnahar Begum.
7) La extracción y quema de combustibles fósiles representan más de 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero. El impacto de la agricultura industrial representa cerca de 21%.
8) Aproximadamente 50% de la población africana no tiene acceso a la electricidad.
9) 70% de la población mundial se alimenta de alimentos cultivados en pequeñas explotaciones, en gran parte utilizando sistemas de cultivo diversificados y, a menudo, enfoques agroecológicos, a pesar de que estas explotaciones solo utilizan alrededor de 25% de la tierra agrícola mundial.
10) La agroecología protege los medios de vida de una de cada cuatro personas del planeta que dependen de la agricultura para su subsistencia.
11) En el Sur global, casi 50% de la mano de obra agrícola son mujeres.
12) Desde 2016, los bancos mundiales canalizaron al menos 3.2 billones de dólares en financiación privada hacia actividades de empresas de combustibles fósiles en el Sur global. Asimismo, la financiación bancaria destinada a operaciones de agricultura industrial corporativa ascendió a 370 mil millones de dólares en el mismo período.
13) Pese a afirmaciones que señalaron una financiación climática de 116 mil millones de dólares en 2022 (lo que es mayor al objetivo planteado el año anterior de 100 mil millones), el valor real de la financiación fue de 88 mil millones de dólares. Casi 70% de financiación se hizo en forma de préstamos.
14) Entre 2016 y 2022, el volumen de subvenciones para la financiación climática proporcionada por gobiernos del Norte global fue una vigésima parte del volumen de financiación bancaria proporcionada a actividades industriales agrícolas y de combustibles fósiles perjudiciales para el clima en el Sur global.
15) Desde 2016, los estados miembros de Unión Europea (UE) proporcionaron un promedio de entre 55 mil y 58 mil millones de euros anuales en subsidios explícitos a combustibles fósiles. Esto representa más de 10% de los subsidios anuales a estos combustibles.
16) La tabla muestra en millones de dólares la cantidad de financiamiento público destinado a la agricultura en forma de subsidios.
17) Un estudio realizado en Brasil concluyó que 76.1% de la cadena de suministro de soya del país está controlada por multinacionales.
18) En los últimos diez años, el gobierno estadounidense proporcionó a Cargill más de 164 millones de dólares, a JBS 32 millones y a Bayer-Monsanto 852 millones. En Países Bajos, Yara Corporation recibió un promedio de mil 200 millones de euros anuales en subsidios neerlandeses en forma de desgravaciones fiscales.
19) Entre 206 y 2022, el sector de combustibles fósiles se benefició directamente de un promedio anual estimado de 438 mil millones de dólares en subsidios financiados con fondos públicos. Este financiamiento es equivalente al necesitado para proporcionar educación primaria a todos los niños de África subsahariana más de 2.3 veces.
20) En Senegal, los subsidios a los combustibles ascendieron a 4% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2022, y en Angola representaron 40% de lo gastado en sus programas sociales.
21) Entre 2016 y 2023, Shell y sus subsidiarias recibieron 500 millones de dólares en subsidios, préstamos federales y garantías de Estados Unidos. En el mismo período, Shell recibió otros 590 millones de libras esterlinas en desgravaciones fiscales por parte del gobierno británico.
22) Organismos de la ONU constataron que 87% de las subvenciones son perjudiciales para el medio ambiente.
23) La imagen muestra las subvenciones anuales promedio a los combustibles fósiles y el promedio anual de inversión pública en energías renovables en el Sur global. 438 mil 600 millones y 10 mil 300 millones de dólares, respectivamente.

24) La gráfica muestra una comparación de las subvenciones anuales promedio a los combustibles fósiles con la inversión pública per cápita en energías renovables de 2016 a 2021.

25) Los proyectos del Fondo Verde para el Clima (GCF por su sigla en inglés) dedicados a la agroecología representaron tan solo 10.6% del total invertido en proyectos agrícolas. Asimismo, por parte de UE, los apoyos otorgados a proyectos agroecológicos entre 2016 y 2018, representaron apenas 2.7% del total.
26) La imagen muestra el porcentaje del presupuesto nacional de agricultura utilizado en subvenciones agrícolas para los casos de Zambia y Zimbabue. Asimismo, indica el porcentaje de prácticas agroecológicas respecto al presupuesto nacional de agricultura.

27) Oxfam estima que de la financiación climática proporcionada por países ricos en 2022, más de 66% correspondieron a préstamos, y que la financiación mediante donaciones fue de entre 28 mil y 35 mil millones de dólares.
28) Análisis de ActionAid constataron que 93% de países vulnerables al cambio climático se enfrentan a trampas de deuda que consumen gran parte de sus presupuestos nacionales.
29) Las subvenciones para la financiación climática proporcionadas por países del Norte global para ayudar a países del Sur global a abordar el cambio climático representan menos de 5% de la financiación pública destinada a las industrias de combustibles fósiles y agricultura industrial en el Sur global.
30) Se calcula que países ricos pueden recaudar al menos 539 mil millones de dólares, y hasta 2.12 billones, cada año para aumentar la relación impuestos/PIB entre 1 y 4 puntos porcentuales.
31) El G7 destina 1.2 billones de dólares anuales a gastos militares. Estos pueden ser destinados a financiación climática.
El panorama general de la relación entre estados, corporaciones y sociedad es desalentador. Las dos primeras al parecer colaboran, con intención o sin ella, para que el colapso climático y civilizatorio se acelere y se concrete totalmente en pocas generaciones. Al parecer, el estado debe comenzar por transformar su visión ética, deslindarse de intereses económicos y, en esa línea, regular de manera más detallada las operaciones de multinacionales. En caso contrario, comprometemos nuestra propia supervivencia.
A grandes rasgos, los intereses y flujos económicos parecen constituir el principal problema. La financiación a las actividades más destructivas del planeta proviene de todo tipo de entidades y organismos alrededor del mundo. Aquellos que tienen poder económico y político caminan, a diferentes ritmos, en la misma dirección. En ese sentido, corporaciones ejecutan acciones destructivas que son (en parte) financiadas con recursos públicos y privados. Los intereses varían, pero la lógica del beneficio acapara todo.
Da igual si un gobierno se jacte en el discurso de hacer lo que está en sus manos en contra del cambio climático. Es claro que la sumisión de gobiernos y sociedades ante dinámicas económicas externas resulta ser un tema complejo. Pero resignarse y aceptar lo que agentes dominantes dictan y deslindarse de culpas, es decidir colaborar con el problema.
Cierto es que países ricos son los principales responsables de la catástrofe. Pero las alternativas existen incluso para los más vulnerables. Algunos países, como Zimbabue, se empeñan en encontrarlas y aplicarlas, a pesar de su condición de naciones pobres. Debe producirse un cambio de paradigma en torno a la forma de “hacer economía” y ejercer política. Aunque el cambio parezca mínimo, por algo se puede empezar.
Los casos de resiliencia y lucha por parte de comunidades y organizaciones alrededor del mundo debe servir de ejemplo para el resto de la sociedad. Los cambios que se necesitan deben ser comandados por aquellos que tienen más recursos y posibilidades de ayudar dentro de una potencial transición energética y alimentaria. Pero esperar sin hacer o cuestionarse algo, es aceptar un discurso obsoleto, lleno de políticas opresivas y soluciones superficiales.

