Lo que cuesta estar al día con el auge de la IA

Cita: 

Satariano, Adam y Paul Mozur [2025], "Lo que cuesta estar al día con el auge de la IA", The New York Times, New York, 23 de octubre, https://www.nytimes.com/es/2025/10/23/espanol/mundo/ia-costos-beneficios...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
Jueves, Octubre 23, 2025
Tema: 
La carrera por la IA esta exacerbando la desigualdad entre países
Idea principal: 

    Katrin Bennhold es una periodista alemana que ha desarrollado una trayectoria destacada en The New York Times, especializada en temas internacionales y en el análisis de fenómenos políticos y sociales contemporáneos. A lo largo de su carrera, ha ocupado puestos clave como jefa de la oficina en Berlín, desde donde cubrió la política alemana y europea, incluyendo el auge de la extrema derecha y los desafíos de la democracia en la región.


    Lo que cuesta estar al día con el auge de la IA

    La instalación de centros de datos en regiones con redes eléctricas y hídricas frágiles genera impactos sociales inmediatos. El caso de La Esperanza, México, evidencia cómo la llegada de infraestructura de Microsoft provocó cortes de electricidad que afectaron la atención médica y la vida cotidiana. Los centros de datos aparecen como estructuras que consumen recursos básicos —energía y agua— y trasladan el costo del auge tecnológico a comunidades que ya enfrentaban carencias. Irlanda enfrenta un problema severo: los centros de datos consumen más de 20% de la producción eléctrica del país. Esta presión sobre la red llevó a imponer una moratoria en la construcción de nuevos centros en los alrededores de Dublín, porque el sistema eléctrico no podía sostener la demanda adicional. En Chile, la preocupación se centra en el riesgo para los acuíferos.

    Los que tienen y los que no tienen

    La división global entre quienes concentran la potencia informática y quienes dependen de ella. Estados Unidos y China dominan la carrera, mientras que Europa y América Latina temen quedar rezagados y ser dependiente de ellos para acceder a la IA. Esta desigualdad amenaza con frenar el crecimiento económico, limitar la investigación científica y profundizar la dependencia de empresas y gobiernos extranjeros. En esta carrera por la potencia informática, los países que quedan rezagados enfrentan un freno en su crecimiento económico, una paralización de la investigación científica y una dependencia cada vez mayor de empresas y gobiernos extranjeros. Naciones Unidas ha advertido que esta brecha constituye una de las amenazas más urgentes de la inteligencia artificial, porque consolida un orden internacional en el que unos pocos actores fijan las condiciones de acceso y el resto queda subordinado.

    Para no quedarse atrás, muchos países han optado por estrategias de atracción de inversión. Ofrecen subsidios, acuerdos para el uso de terrenos y exenciones fiscales con la esperanza de que la instalación de centros de datos aporte empleos, nuevas empresas y un lugar en la economía digital. Sin embargo, el artículo muestra que estas políticas tienen consecuencias graves. México es un ejemplo claro: Querétaro se convirtió en el punto más importante del país de centros de datos gracias a políticas gubernamentales favorables, pero los pobladores locales reportan que la llegada de estas instalaciones agravó la escasez de agua y electricidad. Las estrategias, presentadas como vías para integrarse al auge digital, no reducen la brecha ni construyen soberanía. Por el contrario, profundizan la dependencia de infraestructuras externas y trasladan los costos sociales a las poblaciones locales. La promesa de desarrollo desaparece cuando los beneficios se concentran en corporaciones globales, mientras que las comunidades enfrentan deterioro de servicios esenciales.

    Soberanía de la IA

    Quedarse atrás en la carrera de la inteligencia artificial tiene un alto costo: la pérdida de soberanía tecnológica. La disparidad en el acceso a servidores y capacidad de cómputo profundiza la desigualdad entre países. Mientras las grandes corporaciones estadounidenses concentran la infraestructura, los países pobres enfrentan enormes dificultades para acceder a los recursos necesarios, lo que los coloca en una posición subordinada. Esta desigualdad no es solo técnica, sino estructural: determina quién puede desarrollar aplicaciones propias y quién debe depender de servicios externos.

    El texto también recoge el temor de que unas pocas empresas terminen dominando la tecnología más importante del siglo. Si el acceso a la IA depende de contratos y servicios controlados por un reducido grupo de proveedores, las decisiones sobre precios, prioridades y disponibilidad quedan fuera del alcance de los Estados. La “soberanía de la IA” se convierte entonces en un horizonte debilitado, pues los países carecen de control sobre la infraestructura crítica que sostiene la innovación.

    Frente a este escenario, el artículo menciona posibles soluciones, como la búsqueda de centros de datos regionales que permitan compartir recursos y reducir la dependencia de proveedores extranjeros. Estas iniciativas buscan equilibrar el acceso y construir una base mínima de autonomía, aunque el texto deja claro que el desafío es enorme: sin capacidad propia de cómputo y sin infraestructura controlada localmente, la soberanía digital seguirá siendo más una aspiración que una realidad.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    La problemática sobre el costo de la inteligencia artificial expone los problemas gobernanza que son interferidos por intereses de las grandes empresas tecnológicas. Los centros de datos instalados en México, Irlanda o Chile no son iniciativas locales, sino parte de la expansión de corporaciones como Microsoft, Amazon y Google. Estas empresas no solo proveen infraestructura, sino que condicionan el acceso a la tecnología más estratégica del siglo. La gobernanza mundial se ve atravesada por esta concentración: los estados nacionales quedan subordinados a decisiones tomadas en sedes corporativas extranjeras, lo que redefine las relaciones de poder y limita la capacidad de los gobiernos para regular el uso de recursos básicos como energía y agua.

    Las "soluciones" propuestas no van a la raíz del problema, que es cuestionar para qué se desarrollan las nuevas tecnologías y mediar su evolución a partir de las posibilidades ambientales y sociales que nunca son tomadas en cuenta.