The big tech monopolies and the state
Blakeley, Grace [2020], "The big tech monopolies and the state", Beyond digital capitalism: New ways of living, pp. 100-111, https://socialistregister.com/index.php/srv/article/view/34949/26741
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Grace Blakeley es una comentarista, columnista, periodista y autora inglesa de economía y política. Es escritora en Tribune.
Mientras los efectos de la pandemia por coronavirus barren con la economía global, se perdieron noticias críticas (datos cruciales 1 y 2). Las firmas tecnológicas que hasta hace unas décadas eran nuevas y pequeñas ahora son parte de los monopolios más poderosos del planeta. La tendencia al monopolio no se limita al sector tecnológico (dato crucial 3), aunque la lectura se centra en ello.
Estas tendencias no le sorprenden a los marxistas. En Marx, Karl [1976], Capítulo 25 El Capital Volumen I , explica que el capitalismo tiene una tendencia inherente a la centralización, la cual supera las fuerzas de competencia. Un primer mecanismo que da lugar a este proceso es, que la productividad del trabajo aumenta conforme al aumento de la producción, lo que permite a las firmas grandes desplazar a sus rivales. El segundo, con el crecimiento de la producción, hay un aumento de la cantidad mínima de capital requerida para seguir con un negocio. Competidores pequeños, se reúnen en sectores con competidores más pequeños porque no pueden competir en sectores más desarrollados dejándolos con mayor poder de mercado. Las firmas establecidas aumentan sus ganancias, toman mayor inversión que sus rivales, aumentan su productividad relativa y se consolidan como monopolios.
Con base en Marx, la aparición de los mercados de valores y el sistema de crédito profundizan los procesos de concentración y centralización del capital porque las empresas grandes se ven favorecidas no solo por sus ventajas productivas dentro del mercado. Las grandes compañías utilizan sus acciones como una ventaja en el acceso a inversión. Las instituciones financieras, también monopolísticas, le prestan a firmas más grandes y establecidas.
Es importante tomar en cuenta que el capitalismo no puede existir sin competencia. La centralización del capitalismo lleva, según Marx, a niveles de competencia despiadados y un aumento en la miseria, opresión, esclavitud degradación y explotación. Los factores de esto surgen de la compleja relación entre los monopolios, mercados y estados capitalistas.
Aunque los economistas neoclásicos no se refieren a las grandes compañías tecnológicas como monopolios. Estas se asemejan a rentistas y monopsonistas, únicos compradores dentro de un mercado. No son monopolios comunes, ya que proveen a muchos con servicios útiles a precios muy bajos o de manera gratuita. Sería complicado generar grandes retornos vendiendo un servicio que se produce a un costo marginal cero, los clientes migrarían.
La dinámica genera tendencias hacia el monopolio y la búsqueda de la renta. Los modelos de negocios de los gigantes tecnológicos recolectan la mercancía extremadamente valiosa que son los datos y los venden para generar ganancias. Los modelos de negocios basados en la monopolización de un espacio online particular usan este efecto para establecer dominancia casi total del mercado. El poder de monopsonio, de ser los únicos compradores, es utilizado para explotar trabajadores, robarle a proveedores y evadir impuestos; y el poder de monopolio, de ser el único proveedor, es usado para obtener datos gratis. El precio no excede el costo de producción por lo que los neoclásicos no lo denominan monopolio pero los trabajadores, contribuyentes, proveedores y consumidores lo resienten.
Las corporaciones tecnológicas y las finanzas
Las corporaciones solo se convierten en monopolios si acceden a la inversión necesaria para obtener el dominio total el mercado, ahora es más fácil que nunca, especialmente en las grandes tecnológicas. Las tecnológicas surgieron en un mundo con ganancias decrecientes y volatilidad creciente en los mercados financieros, ambas facilitan el acceso a inversión. Varias de estas compañías no generaban ganancias, dado que no tenían el tamaño necesario. Requirieron cantidades significativas de inversión para mantener la dominancia que les permitiera generar ganancias.
El mejor momento para que estas firmas adquirieran estas inversiones es durante una crisis que desplome los retornos y los inversionistas buscan algo grande, como la crisis tecnológica del 2000 y la crisis financiera de 2008. El capital barato, en parte resultado de las políticas monetarias laxas, baja tasa crediticia, en el momento de crisis dio las condiciones para crear los gigantes que son ahora.
Firmas grandes como Alphabet o Amazon requieren de instituciones financieras especiales para que manejen sus relaciones con los inversionistas. Estas relaciones son tensas, las estrategias de los bancos de inversión irritan a las firmas que tratan de saltarse a los bancos que actúan como intermediarios para llegar a los mercados financieros.
Estas tensiones ocultan los estrechos vínculos que ha entre grandes compañías tecnológicas y bancos de inversión. La razón de estas tensiones volviéndose prominentes es en parte la reducción del atractivo de volverse públicos en una economía de fácil acceso al capital para las grandes empresas. Las relaciones entre las grandes compañías y los inversionistas privados crean un rol importante para las instituciones financieras.
La cantidad de capital necesario para competir con estas compañías es inimaginable. Su tamaño en sí permite a estas compañías mantener su posición de monopolio, aun con la insatisfacción de sus consumidores. Después de años de generar ingresos supranormales, las firmas tienen grandes cantidades de dinero que no invierten en innovación o producción. Estos ahorros son un reto teórico importante para los economistas y de preocupación para los formuladores de políticas.
Estos ahorros aceleran la financiarización del monopolio promedio e invierte la relación de las instituciones financieras y las corporaciones. En vez de ayudarlos a acceder a capital, ahora las instituciones financieras ayudan a las firmas a invertir sus ahorros en los mercados financieros. Toman ventaja de su relación cercana con bancos de inversión existentes para endeudarse nuevamente e invertirlo en acciones más riesgosas. Las tensiones emergen, las firmas tecnológicas son menos reguladas y cada vez son más lo que se vuelven socios en una relación donde solo eran clientes.
Las estrategias de inversión de las tecnológicas no son neutrales, estas provienen de y refuerzan las relaciones imperialistas existentes. Las cadenas de valor usadas por los grandes monopolios participan en la brecha entre actividades. Las actividades con bajo valor agregado, que se hacen en la periferia, países menos desarrollados y con menor ingreso, y se genera la ganancia; mientras que las actividades con alto valor agregado se hacen en los centros, países desarrollados con mayor ingreso. Como los trabajadores hiper-explotados de Foxconn que hacen iPhones con tierras raras extraídas por trabajadores empobrecidos del África subsahariana y la oficina principal está en Estados Unidos.
Los ingresos de firmas como Google o Facebook provienen de economías más ricas donde los retornos por anunciarse son mayores. La mayoría de sus anuncios son de manufacturas que se producen en esta lógica imperialista. Muchos triunfan en generar ingresos evadiendo impuestos y moviendo sus ganancias a jurisdicciones de bajos impuestos o paraísos fiscales. Los últimos mantienen a los estados del Sur global dependientes de flujos de inversión extranjera.
La monopolización como un efecto de la política del Estado
La centralización del capital puede exacerbar las tendencias hacia la crisis. Reprimiendo salarios, evadiendo impuestos y explotando proveedores con el fin de mayores ganancias las firmas monopolistas tienden a aumentar la riqueza y la desigualdad del ingreso.
Al mismo tiempo, las corporaciones prefieren invertir los retornos en la especulación de activos que en la productividad. L centralización puede aumentar las ganancias a la par que reduce la demanda y los retornos de la economía real. El desbalance entre la necesidad de la inversión continua y los retornos decrecientes lleva a interrupciones del ciclo del capital. Esto es la raíz de las tendencias crecientes de crisis económicas intensificadas por la especulación del mercado financiero.
Cuando una crisis llega, los mercados se centralizan más. Las firmas grandes tienen acceso a instituciones financieras y crédito. Las firmas pequeñas que no cuentan con esto y tienen menores márgenes y mayor deuda, caen en la recesión y sus activos adquiridos por un precio bajo por sus rivales más grandes.
Si la centralización lleva a la crisis y viceversa, ¿Dónde está el estado? La intervención del estatal nunca es neutral ya que el estado actúa conforme a los intereses del capital. Conforme el capitalismo se concentra, apoyar tanto los intereses del capital como la eficiencia del libre mercado entra en contradicción. En vez de construir mercados competitivos que no apoyen la centralización, los estados toman acciones para apoyarla activamente.
Las leyes permiten a grandes firmas comprar a más pequeñas e innovadoras empresas para adquirir patentes; las grandes firmas se pueden beneficiar de los donativos; grandes desarrolladores pueden hacer tratos con instituciones financieras para comprar terrenos con la esperanza de que su valor aumente. El gobierno tiende a favorecer explícitamente a las firmas grandes.
Estos sesgos dentro de las políticas surgen de la proximidad entre funcionarios y corporaciones multinacionales. La concentración del poder permite a los individuos cooperar por intereses mutuos. Estas preferencias son un reflejo de la lógica de centralización capitalista. Las firmas grandes traen grandes retornos comparadas con la pequeñas, son más eficientes y menos riesgosas.
Los estados se enfocan a la política de la competencia hoy más que cuando sucedían estas olas de fusión y adquisición. Aun así, los casos de competencia comercial de alto nivel esconden dos puntos importantes: la ley de competitividad se ha vuelto menos intervencionista, y segundo, los estados son más propensos a tomar acción en contra de firmas extranjeras que locales. La transición del Keynesianismo al lado de la proveeduría fue asociada con un cambio de enfoque en la ley, del interés público a la eficiencia del mercado. Esto redujo el enfoque de la ley de competitividad a concentración del mercado en los precios y preferencias del consumidor. El énfasis en la falla del gobierno aumentó la carga en aquellos que querían hacer valer la ley de competitividad y los casos se redujeron.
Es cierto que la ley de competitividad se tornó una herramienta política para que los estados aumenten el poder de las compañías domésticas frente a las multinacionales extranjeras. Varios casos de la corte de Unión Europea son de multinacionales estadounidenses. Los líderes de la eurozona consideran relajar las políticas para las firmas europeas. En Reino Unido se consideran introducir nuevas leyes en contra de la conquista extranjera.
Las firmas que solo podían pagar el interés de sus grandes prestamos en un inicio servían para reducir la concentración de mercado manteniendo firmas inviables, ahora crean más centralización. Los inversionistas cuentan con que los funcionarios reducirán las tasas de interés ante un crac del mercado. Lo anterior se ha profundizado con la introducción de la expansión cuantitativa, que reduce los costos de financiamiento del mercado para muchos. Las bajas tasas crediticias permiten a las grandes firmas comprar a otras pequeñas o comprar sus propias acciones y pagar grandes dividendos aumentando su atractivo. Mas, con la caída económica masiva causada por el Covid-19, los rendimientos decrecientes han empujado a estas firmas al borde de la quiebra.
Capitalismo planeado versus planeación democrática
Conforme el capitalismo se centraliza, el argumento de que la competencia promueve el uso más eficiente de los escasos recursos de la sociedad es cada vez menos convincente. En cambio, el capitalismo moderno es sujeto de crisis frecuentes y crisis seculares más profundas. La única cosa entremedio del capitalismo y el caos es el estado. Aun así, los estados tratan de reducir las pérdidas sufridas y reiniciar la acumulación cuando termina la crisis, pero para entonces la competencia del mercado ya está erosionada.
La respuesta de los estados a la pandemia han incluido medidas como las de la crisis de 2008, ahora enfocadas al sector privado doméstico. A casi todos los negocios se les ofrecieron préstamos del estado; se subsidiaron salarios y la política monetaria se volvió más laxa que en cualquier otro momento, los bancos centrales expandieron sus programas de adquisición de activos y la Reserva Federal de Estados Unidos trajo de vuelta su red de líneas swap. Sin este apoyo extraordinario, economías enteras estarían la borde del colapso.
Sin embargo, las corporaciones capitalistas no recaen en el estado para planear. Los economistas generalmente tratan a las firmas como una caja negra, dejando preguntas de gobernanza corporativa y estrategia de negocios a los teóricos. Mientras los últimos fallan al reconocer que la estructura de los monopolios más grandes apoyan argumentos socialistas para la planeación económica. Las grandes firmas que han asignado sus recursos directamente como Amazon y Walmart son capaces de predecir correctamente y planear su futura demanda. Las tecnologías desarrolladas por estas grandes firmas se pueden utilizar por los socialistas para coordinar procesos de planeación democrática.
La planeación capitalista contribuye a la deslegitimación del sistema capitalista a la vez que aumenta las capacidades de los que buscan una alternativa socialista. La defensa del libre mercado y el no intervencionismo es más y más incoherente, idea que se funda en la separación tajante de la política y la economía. Para que esta ideología tuviese credibilidad, la economía política debe naturalizarse y para que el resultado de la distribución se vea como un resultado inevitable de las fuerzas de mercado.
Reteniendo esta distinción de estados y mercados como esferas separadas con lógicas independientes se ha vuelto más difícil en una era donde la intervención es necesaria para asegurar el funcionamiento de los mercados para el interés general de los capitalistas.
Cuando los estados sostienen los precios de los activos, otorgando rescates financieros y comprando parte de su deuda, se vuelve más difícil sostener que la intervención del estado es indeseable por las distorsiones que provoca. Cada vez es más difícil oponerse a la acción coordinada para reducir la pobreza, desigualdad y el cambio climático en un estado ya politizado e intervencionista. La fuerza de trabajo global es explotada por un numero de monopolios que se reducen en cantidad y crecen en tamaño, con ello igual crece la oportunidad del incremento de la organización de los trabajadores. La concentración de la actividad económica en un número pequeño de grandes empresas significa que el paro laboral puede resultar altamente efectivo.
Las debilidades del capitalismo serán agravadas mientras la centralización aumenta la posibilidad e impacto de más crisis económicas. La fuerza de trabajado global ya comienza a contraerse y con los monopolios acumulando ganancias sin invertirlas, el empleo seguirá reduciéndose. Los elevados ingresos generados por las firmas monopolísticas continuarán siendo redirigidas a los mercados financieros, por lo que si la combinación de una política monetaria laxa y una política fiscal rigurosa continúan, solo intensificarán las tendencias a la crisis. La caída de la demanda y menor gasto público, acompañado de una ralentización del comercio global y crecientes rivalidades, harán más complicado recuperarse de las crisis y llevarán a inestabilidad política.
Ahora es más fácil que nunca para los socialistas demostrar que la irracionalidad e ineficiencia de la asignación del capital dentro del capitalismo. El potencial de emancipación de la planeación democrática contrasta favorablemente. La planeación democrática, aun así, requiere más que regulación económica y bancos estatales de inversión. La planeación democrática no puede evadir confrontar la socialización de los medios de producción y de asignación de capital, es decir, se requiere la nacionalización de los monopolios y la socialización de las finanzas.
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1. En mayo de 2020 la capitalización combinada de mercado de las cuatro compañías tecnológicas más grandes de Estados Unidos alcanzaron una quinta parte del total del índice bursátil S&P 500.
2. Cuatro compañías (Microsoft, Apple, Amazon y Facebook) conforman 20% del valor combinado de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos.
3. En 1975, las 100 compañías más grandes de Estados Unidos concentraban cerca de la mitad de las ganancias de todas las compañías listadas públicamente; para 2015 pasó a ser 84% de las ganancias.
Cope, Zack [2019], The Wealth of (some) Nations: Imperialism and the Mechanics of Value Transfer, Londres, Pluto
Foroohar, Rana [2018], Tech companies are the new investment banks, The Financial Times
Moritz, Michael [2019], Investment banks are losing their grip on IPOs, The Financial Times
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La concentración del capital por parte de grandes empresas hoy es más grande que nunca. La falta de reconocimiento de los problemas coyunturales de la economía capitalista y el debido intervencionismo ha llevado a que grandes compañías exploten las ganancias y lleven a la economía a una inevitable crisis. En donde el estado toma un papel crucial para "volver las cosas a la normalidad". Esto representa una oportunidad para los socialistas, con crecientes crisis y deslegitimación dentro del sistema.
No obstante, se debe de tomar en cuenta que no se puede hacer este cambio tan rápido considerando que el problema recae en que no solo lo haga un país sino todos al mismo tiempo o cuando menos momentos cercanos en el tiempo. Porque de otra manera se estaría cayendo en la problemática que enfrentan países con sectores o industrias nacionales que deben competir contra privados extranjeros que cuentan con mayor capital y productividad, lo que tarde o temprano termina por afectar y desplazar a la industria local.

