The world wants Chinese tech. China is determined to keep it
The Economist [2026], "The world wants Chinese tech. China is determined to keep it", The Economist, London, 25 de abril, https://www.economist.com/china/2026/04/20/the-world-wants-chinese-tech-....
The Economist. Es una publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y la economía mundiales. Publicó su primer número el 2 de septiembre de 1843 bajo la dirección de James Wilson.
El conflicto tecnológico con China cambió de sentido. Durante años, gobiernos y empresas extranjeras acusaron a Pekín de exigir demasiada transferencia de conocimiento a cambio de acceso a su mercado. Ahora la preocupación es opuesta: China ya no aparece solo como receptora de tecnología occidental, sino como una potencia capaz de bloquear la salida de sus propios avances en vehículos eléctricos, baterías, robots impulsados por inteligencia artificial y procesos industriales de alta complejidad. La pregunta central es si Pekín puede rodear esas capacidades con una barrera legal, comercial y política que impida a otros países aprender de ellas.
Frente a ese cierre, rivales de China intentan usar una versión inversa del método chino. Unión Europea quiere condicionar el acceso a sus mercados mediante reglas que obliguen a fabricar dentro del territorio europeo productos como sistemas de almacenamiento de baterías. Brasil, Vietnam y otros países en desarrollo también reciben empresas chinas de vehículos eléctricos, pero buscan que esas compañías instalen fábricas locales, usen proveedores nacionales y transmitan capacidades productivas. El objetivo no es conseguir un plano aislado, sino absorber conocimiento práctico sobre producción, trabajadores, proveedores, investigación y organización industrial.
Pekín responde con controles de exportación que presenta como defensa de la seguridad nacional, aunque también sirven para blindar sectores donde China ya tiene ventaja. Las licencias para exportar tecnologías usadas en baterías de vehículos eléctricos muestran que el gobierno chino no quiere entregar conocimientos realmente valiosos. El caso de Manus, empresa emergente de inteligencia artificial fundada en China, revela el mismo temor: al trasladar su registro comercial a Singapur para facilitar una venta a Meta, empresa matriz de Facebook, enfrentó presión regulatoria china y sus cofundadores quedaron sin posibilidad de salir del país.
La experiencia china deja una lección clara para sus competidores. China aprendió durante décadas mediante incentivos a inversionistas, empresas conjuntas, reglas de contenido local, alianzas universitarias y robo de propiedad intelectual. Tai Ming Cheung, analista de política tecnológica china, advierte que incluso la investigación científica publicada antes de su uso comercial merece más atención extranjera.
India empieza a probar ese aprendizaje con Apple, mientras General Motors, Hyundai y Volkswagen desarrollan vehículos eléctricos en China para observar de cerca a firmas locales. El control excesivo puede volverse contra Pekín: proveedores chinos con ganancias débiles e innovadores atrapados por el estado pueden buscar capital, socios y libertad comercial fuera de China.
Portal de Transferencia
China domina la manufactura, pero no controla todas las tecnologías decisivas. Su dependencia de Occidente en semiconductores convierte la transferencia tecnológica en una negociación áspera: Pekín quiere exportar innovación propia y exigir a cambio acceso a avances extranjeros. Estados Unidos busca cortarle el acceso a chips estratégicos, aunque el intercambio tecnológico entre ambas economías será difícil de bloquear.
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La maduración tecnológica en China implica desafíos importantes para la potencia asiática y para sus competidores. Cambiar de una política de protección que intercambió acceso a la tecnología extranjera por acceso al mercado local, hacia acuerdos más casuísticos y pretendiendo conservar todas las ventajas para sí, parece insostenible. La trayectoria del capitalismo en el corto plazo estará marcada por la resolución de ese tipo de dilemas: el liderazgo chino deberá apostar por la apertura globalista si pretende desplazar al hegemón estadounidense. De otro modo, la economía global se empantanará en disputas comerciales y de derechos de propiedad intelectual, perjudicando a corporaciones y estados de China y Occidente.

