Shooting to prominence. Anduril, Palantir and SpaceX are changing how America wages war
The Economist [2026], "Shooting to prominence. Anduril, Palantir and SpaceX are changing how America wages war", The Economist, London, 25 de abril, https://www.economist.com/international/2026/04/20/anduril-palantir-and-....
The Economist es una publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y la economía mundiales. Publicó su primer número el 2 de septiembre de 1843 bajo la dirección de James Wilson.
Washington enfrenta una lección amarga en la guerra contra Irán: su poder militar se muestra torpe cuando responde con armas caras a drones baratos. Emil Michael, exejecutivo de Silicon Valley y funcionario del Pentágono, advierte que la lógica del combate cambió (dato crucial 1). Bajo esa presión, Palantir, SpaceX y Anduril ganan terreno vendiendo sistemas de inteligencia, redes satelitales, drones y defensas antidrones, mientras los contratistas tradicionales quedan retratados como lentos, costosos y protegidos por privilegios.
Más rápido, más inteligente y más mortal
El negocio militar de Estados Unidos ya no gira solo alrededor de los contratistas de siempre. SpaceX, empresa aeroespacial que ofrece redes satelitales para reconocimiento y comunicaciones, Palantir, gigante de software especializado en sistemas de inteligencia, y Anduril, compañía dedicada a drones aéreos, marítimos y armas contra drones, entran al centro de una defensa más digital, veloz y agresiva (datos cruciales 2 a 4).
Su avance incomoda a Lockheed Martin, RTX y Northrop Grumman, las grandes empresas tradicionales del complejo militar-industrial estadounidense, porque durante años concentraron buena parte del poder contractual del Pentágono. La apuesta por inteligencia artificial (IA), autonomía y sistemas menos rígidos no elimina el peso de esos viejos gigantes, pero sí rompe la idea de que la guerra futura seguirá en manos de una industria lenta, cara y protegida por costumbre (dato crucial 5).
Más barato, más ágil y más oportuno
Comprar bienes y servicios de defensa de otra manera es el núcleo del giro del Pentágono, sede militar de Estados Unidos. Los contratistas tradicionales trabajan con contratos de costo más margen, donde el gobierno cubre gastos y añade ganancia, un esquema útil para proyectos difíciles, pero cómodo para retrasos y sobrecostos. Por eso avanzan Anduril, empresa de drones y armas contra drones, SpaceX, compañía aeroespacial de satélites y comunicaciones, y Palantir, firma de software militar. Estas empresas prefieren contratos de precio fijo, donde la ganancia depende de entregar rápido, controlar costos y actualizar productos sin reconstruir cada sistema desde cero (dato crucial 6).
Esa aceleración promete eficiencia, aunque también puede reventar por exceso de prisa. SpektreWorks, empresa de drones de Arizona, creó LUCAS, un dron suicida basado en los Shahed, drones iraníes copiados mediante ingeniería inversa. Su uso en Irán muestra una guerra donde copiar, adaptar y desplegar armas ocurre con una velocidad cada vez más agresiva. Matthew Steckman, directivo de Anduril, celebra el recorte de trámites en el Departamento de guerra de Estados Unidos, mientras Steve Blank, académico de Stanford University, advierte una poda brutal del papeleo militar. Menos burocracia puede acelerar compras, pero también puede empujar a empresas jóvenes a aceptar contratos que no logran sostener.
El cuello de botella está en pasar de tecnología atractiva a capacidad real. Palantir crece con más facilidad porque vende software. SpaceX cuenta con negocios comerciales y contratos públicos. Anduril carga un reto más pesado porque debe fabricar armamento físico de forma constante (dato crucial 7). A esa fragilidad se suma otro riesgo: el Pentágono busca más competencia, pero puede terminar dependiendo de los satélites de SpaceX o de las plataformas militares de Palantir y Anduril.
La apertura también puede fabricar nuevos gigantes. Scott Bledsoe, inventor del Fury, avión no tripulado de Blue Force Technologies, vendió esa empresa a Anduril porque era demasiado pequeña para competir sola por grandes contratos. Además, los vínculos con la familia Trump, el entusiasmo por drones frente a China y la inteligencia artificial (IA) militar vuelven más áspera la reforma. Palantir usa Claude, modelo de Anthropic, empresa de inteligencia artificial, en tareas militares clasificadas. Anduril aplica IA en armas autónomas y xAI, empresa ligada a SpaceX y creadora del chatbot Grok, acepta trabajo clasificado para el Pentágono. La modernización era necesaria, pero puede terminar en monopolios nuevos, favoritismo político y guerra más automatizada.
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1) Emil Michael critica el costo de lanzar un misil de 1 millón de dólares para derribar un dron iraní de 50 000 dólares, porque esa desproporción muestra una defensa pesada, cara y mal adaptada frente a amenazas que tienen costos bajos para los enemigos de Estados Unidos.
2) En marzo, Maven, sistema de mando y control con inteligencia artificial (IA) de Palantir, fue establecido como programa oficial con financiamiento por varios años. Ese mismo mes, el ejército de Estados Unidos reunió contratos con Anduril, empresa estadounidense que fabrica drones, vehículos militares autónomos y sistemas antidrones, en un acuerdo de hasta 20 mil millones de dólares por 10 años.
3) El avión furtivo F-35, programa militar dirigido por Lockheed Martin, contratista tradicional de defensa de Estados Unidos, puede costar más de 2 000 miles de millones de dólares durante varias décadas. Además, Lockheed Martin, RTX y Northrop Grumman, los tres mayores contratistas militares tradicionales del país, generaron el año pasado alrededor de ocho veces las ventas combinadas de SpaceX, Palantir y Anduril.
4) Anduril, contratista militar joven especializado en drones y tecnología autónoma para defensa, busca financiamiento con una valoración de 60 mil millones de dólares. La cifra resulta agresiva porque la empresa registró solo 2 mil millones de dólares en ingresos el año pasado, opera con pérdidas y obtiene casi todo su dinero de contratos de defensa.
La gráfica muestra el contraste en la relación ventas y capitalización bursátil que es favorable a los nuevos actores del mercado de defensa

5) Donald Trump, presidente de Estados Unidos, busca que el Congreso eleve el próximo presupuesto de defensa en más de 40%, hasta 1 500 miles de millones de dólares, casi 5% del producto interno bruto del país. Ese aumento incluye más gasto en drones, sistemas antidrones e inteligencia artificial, aunque los contratistas tradicionales aún recibirían la mayor parte del dinero público (véase gráfica 2).

6) Emil Michael, exejecutivo de Silicon Valley y funcionario del Pentágono, espera que la parte del gasto militar destinada a competidores innovadores suba desde el actual 1% o 2% mediante aumentos anuales por puntos porcentuales, con el fin de forzar más competencia dentro del sector de defensa estadounidense.
7) Anduril, empresa estadounidense de tecnología militar dedicada a drones, sistemas autónomos y armas contra drones, abrió recientemente una fábrica en Ohio con una inversión de 1 000 millones de dólares para ampliar su producción de defensa. La cifra muestra que la compañía ya no solo vende innovación, sino que intenta fabricar armamento a gran escala y competir con los contratistas tradicionales del Pentágono.
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El sector de defensa estadounidense, pilar de la hegemonía global, vive un periodo de fuerte disrupción tecnológica y corporativa con la llegada de empresas que rompen la lógica de altos costos y resultados a largo plazo que caracterizó ese sector desde la Segunda guerra mundial. Al papel económico de las empresas tecnológicas se debe sumar la consolidación de una nueva fracción de las élites estadounidense que está teniendo una influencia crucial en la esfera política y social de Estados Unidos.

