MAD problem. AI creates a fearsome cold-war-style dilemma
The Economist [2026], "MAD problem. AI creates a fearsome cold-war-style dilemma", The Economist, 9 de mayo, https://www.economist.com/china/2026/05/07/ai-creates-a-fearsome-cold-wa...
The Economist es una publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y la economía mundiales. Publicó su primer número el 2 de septiembre de 1843 bajo la dirección de James Wilson
Como capacidad estratégica sin contención clara, la inteligencia artificial (IA) puede convertirse en el punto más delicado del posible diálogo entre Xi Jinping y Donald Trump. Beijing y Washington la persiguen por productividad, influencia y ventaja internacional. A la vez, ambos gobiernos entienden que los modelos más potentes pueden crear riesgos que ninguna potencia quiere enfrentar sola. La competencia empuja a acelerar, mientras la seguridad exige frenar, revisar y coordinar.
Recientemente, el modelo de lenguaje Mythos tensó el debate. Anthropic, laboratorio estadounidense, desarrolló ese modelo, capaz de hallar brechas en defensas cibernéticas con un alcance demasiado sensible para liberarlo al público. La administración de Trump empezó a considerar revisiones gubernamentales sobre nuevos modelos, señal de que la confianza en la autorregulación tecnológica pierde terreno. Medios chinos y rusos reaccionaron con alarma porque Mythos confirma una posibilidad incómoda: la IA avanzada puede convertirse en instrumento ofensivo antes de que existan reglas firmes.
Fuera del terreno digital, la amenaza también crece. Modelos más capaces podrían apoyar ataques cibernéticos, diseño de armas biológicas o comportamientos autónomos difíciles de corregir. Por eso Xue Lan e Yi Zeng, figuras chinas vinculadas a seguridad de IA, defienden esfuerzos globales para regular e incluso desacelerar el desarrollo. Beijing impulsa estándares internacionales, la creación de una instancia dentro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), control humano sobre los sistemas y reparto de herramientas hacia países pobres para evitar una fractura tecnológica mundial.
Desde Washington, esa agenda global despierta recelo. Funcionarios estadounidenses prefieren negociar directamente con Beijing porque solo ambas potencias pueden influir de manera real sobre la frontera tecnológica. También ven un foco de riesgo en los modelos chinos de código abierto, ya que sus componentes disponibles permiten que actores maliciosos accedan con menos barreras a herramientas poderosas. Esa inquietud convive con contactos previos, desde acuerdos políticos sobre cooperación y control humano de armas nucleares hasta usos discretos de código de Anthropic por laboratorios chinos como Baidu.
Las salidas posibles no parecen sencillas y comprenden varios niveles. Un primer nivel consistiría en conversaciones para reducir malentendidos, al estilo de la diplomacia nuclear. Otro implicaría pruebas comunes de seguridad sin entregar resultados sensibles. La opción más exigente requeriría evaluaciones compartidas, inspecciones y monitoreo de centros de datos mediante un árbitro internacional parecido a la Agencia Internacional de Energía Atómica. Ese diseño sería fuerte, pero tocaría secretos técnicos, infraestructura crítica y ventajas comerciales.
Sin embargo, nada avanza porque la sospecha domina la mesa. China condicionó conversaciones de seguridad al levantamiento de controles estadounidenses sobre chips avanzados. Diplomáticos de Washington acusan a Beijing de usar el diálogo como herramienta de presión política.
Estrategas chinos temen acuerdos desiguales que congelen su posición frente a una potencia superior. DeepSeek alimenta dudas por salvaguardas débiles, y Mythos refuerza el miedo chino al dominio estadounidense. La regulación de la IA exige anticipación, aunque la historia muestra que las reglas sólidas suelen llegar después del daño.
1) Estados Unidos y China concentran 90% de la capacidad mundial de cómputo avanzado para inteligencia artificial, por eso cualquier regulación efectiva depende de acuerdos mínimos entre ambas potencias.
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Conforme se acentúan tanto la disputa por la hegemonía como la competencia en IA, los liderazgos estadounidense y chino chocan cada vez con mayor frecuencia. Sus respectivos avances desafían las posiciones del rival y generan una dinámica conflictiva de gran complejidad. La conclusión del artículo dibuja la perspectiva de mediano plazo: si acuerdo hay, será después del daño. Tan solo saber que ese daño puede ser de grandes proporciones incluso de magnitud existencial.

