The invisible force making food less nutritious

Cita: 

Ahmed, Naema y Sarah Kaplan [2026], "The invisible force making food less nutritious", The Washington Post, Washington, 30 de abril, https://www.washingtonpost.com/climate-environment/interactive/2026/carb...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
Jueves, Abril 30, 2026
Tema: 
El aumento del dióxido de carbono reduce el valor nutrimental de los alimentos
Idea principal: 
    Naema Ahmed es reportera gráfica en el periódico climático del The Washington Post y del equipo de medio ambiente. Antes de unirse a The Post, trabajó en Axios como diseñadora de visualización de datos.

    Sarah Kaplan es una reportera climática que cubre la respuesta de la humanidad a un mundo en calentamiento.


    La contaminación por dióxido de carbono deteriora de forma silenciosa la calidad nutricional de alimentos básicos como garbanzos, arroz, trigo, papas y frijoles (dato crucial 1). Aunque estos cultivos siguen aportando calorías, contienen menos vitaminas y minerales que una generación atrás. La quema de combustibles fósiles elevó la concentración de carbono en la atmósfera y alteró el crecimiento de las plantas, que ahora contienen más azúcar y menos nutrientes esenciales como el zinc. Esa pérdida profundiza el hambre oculta, una condición en la que una persona come lo suficiente, pero no recibe los micronutrientes necesarios para sostener su salud (dato crucial 2).

    Más azúcar menos nutrientes

    El aumento del dióxido de carbono (CO2) no mejora de forma automática los cultivos, aunque las plantas lo necesiten para la fotosíntesis. La explicación central es el efecto de dilución: con más CO2, las plantas producen más carbohidratos, crecen más rápido y pueden dar mayores rendimientos, pero no absorben minerales al mismo ritmo. Por eso, cada porción concentra más azúcar y menos nutrientes (dato crucial 3).

    Además, cuando las plantas captan más carbono, abren menos sus estomas, que son los poros de las hojas por donde también pierden agua. Al conservar más humedad, toman menos agua desde la raíz y reciben menos minerales disueltos en ella. El calentamiento agrava el problema desde el suelo y el agua: por un lado, puede acelerar la actividad de los microbios presentes en la tierra, que consumen nitrógeno antes de que la planta lo aproveche para formar proteínas; por otro, vuelve más soluble el arsénico en el agua y facilita que cultivos como el arroz absorban ese metal pesado tóxico.

    Una amenaza creciente para la salud humana

    En Nigeria, Nike Bello, profesora de obstetricia y ginecología en la Universidad de Ibadan, observa que muchas mujeres llegan al parto sin saber que padecen anemia. La falta de hierro reduce la capacidad de la sangre para llevar oxígeno, por lo que el sangrado del parto puede comprometer órganos y provocar insuficiencia cardiaca. Cuando los cultivos básicos pierden nutrientes, ese riesgo crece en poblaciones con dietas limitadas, poca atención médica y escasas alternativas para obtener alimentos con mayor aporte nutrimental (dato crucial 4).

    No hay soluciones sencillas

    La pérdida nutricional de los cultivos no se corrige solo con alimentos fortificados. Añadir vitaminas y minerales a harina, sal o arroz puede aliviar algunas carencias, pero no enfrenta la causa del deterioro si las emisiones de dióxido de carbono (CO2) siguen alterando la composición de las plantas (dato crucial 5). La respuesta más sólida combina tres medidas: ampliar la diversidad de la dieta, apoyar cultivos y variedades con mayor valor nutricional, y reducir las emisiones que también intensifican sequías, inundaciones y olas de calor. Sin ese cambio, la producción agrícola puede dar más volumen, pero alimentar peor.

Datos cruciales: 

    1) Un plato de garbanzos con arroz aportaba en 1988 cerca de 22% del zinc diario recomendado, pero hoy solo cubre 20% de la recomendación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, según un meta-análisis de investigaciones sobre la pérdida de nutrientes en cultivos básicos.

    2) Para 2040, los garbanzos podrían aportar apenas 17% del zinc diario recomendado, mientras el deterioro nutricional de los cultivos pondría hacia mediados de siglo a más de 1 mil millones de mujeres y niños adicionales en riesgo de anemia por deficiencia de hierro y agravaría la salud de 2 mil millones de personas que ya sufren alguna carencia nutricional.

    3) Sterre F. ter Haar, científica ambiental de la Universidad de Leiden, dirigió una revisión que analizó 32 compuestos en 43 cultivos y calculó una caída promedio de 3.2% en los nutrientes desde finales de la década de 1980, mientras entre 1988 y 2040 el zinc de los garbanzos podría disminuir casi 40%, aunque la pérdida varía según el cultivo.


    4) Más de la mitad de las mujeres en edad reproductiva en Nigeria tienen niveles bajos de hierro. A escala mundial, la deficiencia de zinc se vincula con casi 500 mil muertes infantiles adicionales cada año, mientras la anemia severa multiplica por siete el riesgo de hemorragia mortal durante el parto.

    Samuel Myers, profesor de salud pública y director del Instituto Johns Hopkins de Salud Planetaria, y Matthew Smith, su colega y coautor, estimaron que para 2050 la contaminación por dióxido de carbono podría causar falta de zinc en 175 millones de personas adicionales, deficiencia de proteína en 122 millones y una pérdida superior a 4% del hierro alimentario en 1.4 mil millones de mujeres y niños de regiones de alto riesgo.

    5) En India, los subsidios al arroz y al trigo coincidieron con el desplazamiento del mijo y el sorgo, dos cereales básicos menos afectados por la pérdida nutricional ligada al dióxido de carbono (CO2). Ese cambio redujo más de 21% el consumo de hierro en hogares rurales de un país donde más de la mitad de la población padece anemia, mientras los peores escenarios de calentamiento proyectan para 2050 una caída superior a 20% en el rendimiento de algunos cultivos básicos.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    Este artículo ofrece una ilustración nítida de la conexión entre la destrucción del ambiente y el deterioro de las cualidades de los alimentos vegetales. El aumento del CO2 y de químicos tóxicos alteran el crecimiento y la calidad de los alimentos, creando y agravando problemas de salud para la especie humana.