Amazonia. Transiciones y alternativas antes del colapso. Capítulo I. Naturaleza y sociedad ante el colapso

Cita: 

Gudynas, Eduardo [2024], "I. Naturaleza y sociedad ante el colapso", Amazonia. Transiciones y alternativas antes del colapso, Lima, CooperAcción, https://cooperaccion.org.pe/wp-content/uploads/2025/05/00-AMAZONIA-WEB.pdf

Fuente: 
Libro electrónico
Fecha de publicación: 
2024
Tema: 
Crisis amazónica: de la pérdida de selva a la "amenaza" indígena
Idea principal: 

    Eduardo Gudynas Silinskas es un biólogo y autor uruguayo especializado en buen vivir, medio ambiente y las alternativas al desarrollo, y está involucrado con varios movimientos sociales que buscan promover tales alternativas.


    La Amazonía enfrenta un riesgo real de colapso ecológico y social, asociado con su riqueza ambiental, la presencia de pueblos originarios y problemas como la deforestación y la violencia. La prioridad no es reiterar diagnósticos conocidos, sino mostrar que el deterioro cuenta con evidencia suficiente y que cada año reduce el margen para aplicar respuestas efectivas.

    El marco ecológico

    La Amazonía no es una selva uniforme, sino una región ecológica formada por bosques tropicales húmedos, lagunas, espacios abiertos, suelos distintos y zonas sujetas a inundaciones. Su funcionamiento depende del agua, porque las lluvias y los ríos sostienen la diversidad de plantas y animales, además de influir en el clima continental. Esta riqueza resulta de procesos naturales desarrollados durante millones de años y de intervenciones humanas antiguas, como caminos, asentamientos e introducción de especies vegetales (dato crucial 1).

    Esa diversidad también explica su fragilidad. Si se altera el agua, el suelo, la vegetación o la fauna, pueden generarse efectos locales y regionales difíciles de prever. Por eso la Amazonía no puede tratarse como un depósito simple de recursos, ya que su equilibrio depende de múltiples relaciones ecológicas que permiten su regeneración.

    Presiones, impactos y efectos

    El deterioro amazónico surge de tratar la selva como una reserva de recursos para extraer minerales e hidrocarburos o expandir agricultura y ganadería (datos cruciales 2 y 3). Aunque estas presiones tienen antecedentes coloniales y crecieron en los siglos XIX y XX, desde los años ochenta del siglo XX se intensificaron, con la globalización comercial y financiera. La deforestación es el daño más visible, pero se combina con carreteras, senderos, represas hidroeléctricas, bloques petroleros, minería e incendios que fragmentan bosques, destruyen fauna, degradan suelos y extienden contaminación por el continente.

    Los pueblos amazónicos

    En las comunidades indígenas y ribereñas de la Amazonía, la pobreza no puede entenderse solo como falta de ingresos, porque también se expresa en el deterioro de la alimentación, la salud y la autonomía cuando se invaden territorios, se contaminan aguas o se reducen los recursos pesqueros (datos cruciales 4 y 5). La promesa de desarrollo ligada al petróleo, la minería y otras actividades extractivas queda cuestionada porque, en lugar de resolver esas carencias, profundiza la violencia, la impunidad, la desnutrición y el despojo de las comunidades locales (datos cruciales 6 y 7).

    Cambios irreversibles

    La Amazonía se acerca a cambios irreversibles porque la deforestación, los incendios, la contaminación minera y el cambio climático dañan los mecanismos que mantienen viva a la selva. El proceso inicia con la pérdida y degradación del bosque: se reducen especies, se fragmentan los ecosistemas y se altera el ciclo del agua, ya que los árboles ayudan a reciclar humedad y producir lluvias. Cuando esa función se debilita, la región se vuelve más seca, aumentan las sequías y los incendios, y el bosque pierde capacidad para regenerarse (dato crucial 8). En ese punto, el colapso no significa desaparición inmediata, sino transformación progresiva hacia ecosistemas más secos, donde la selva densa cede lugar a pastizales, arbustos y zonas degradadas.

    Asimismo, al modificarse la producción de humedad y lluvia, se alteran los ríos atmosféricos, que son corrientes de vapor de agua que viajan desde la Amazonía hacia el sur del continente. Por ello, un colapso amazónico afectaría a Paraguay, al centro norte de Argentina, Uruguay y al sur de Brasil, donde la lluvia influye en la producción agropecuaria. Carlos Nobre, científico brasileño especializado en la Amazonía, advierte que la región se acerca a un punto de no retorno y por eso exige cero deforestación.

    Colapsos y exterminios

    La crisis amazónica ya no se limita al deterioro ambiental ni a la precariedad social, sino que apunta a un riesgo más profundo: el exterminio cultural y comunitario de los pueblos indígenas. Las advertencias del cacique Raoni, líder del pueblo indígena kayapó, y del antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro muestran que esa desaparición no es una alarma exagerada, sino una posibilidad concreta cuando se destruyen los territorios que sostienen la identidad, la memoria y las formas de vida de esas comunidades.

Datos cruciales: 

    1) La Amazonía, como región ecológica, abarca más de 7.5 millones de kilómetros cuadrados y concentra cerca de 10% de las especies de plantas y vertebrados del mundo, con 425 especies de mamíferos, 1 300 de aves, 3 000 de peces y más de 40 000 plantas con semillas, mientras el río Amazonas, como sistema fluvial principal, descarga más de 210 mil metros cúbicos de agua por segundo en el océano Atlántico, alrededor de 15% del agua dulce que llega a los mares (véase figuras 1.1 y 1.2).

    2) La pérdida acumulada de selva amazónica alcanza cerca de 85 millones de hectáreas desde la invasión colonial, equivalentes a 13% de su superficie original. En 2022, Brasil registró 1.4 millones de hectáreas de bosques primarios perdidas y casi 349 mil hectáreas quemadas, Bolivia cerca de 245 mil hectáreas deforestadas en su Amazonía y más de 106 mil quemadas, Perú casi 145 mil hectáreas perdidas, Colombia más de 97 mil deforestadas y cerca de 12 mil quemadas, Venezuela más de 123 mil perdidas, y Ecuador casi 19 mil tras un aumento de 80% (véase figura 1.3).

    3) El deterioro ambiental alcanza 66% de la superficie amazónica y en 2024 los incendios ampliaron la crisis regional. Brasil registró más de 225 mil focos de calor, con más de 111 mil dentro de la Amazonía, Bolivia superó 85 mil y Perú llegó a casi 14 500, mientras la superficie quemada alcanzó más de 11 millones de hectáreas en Brasil y casi 10 millones en Bolivia (véase figura 1.4).

    4) La población amazónica reúne cerca de 40 millones de personas, en su mayoría asentadas cerca de los ríos, y aproximadamente 400 pueblos originarios con lenguas, culturas y formas propias de vida. En la Amazonía brasileña, esa presencia convive con fuertes carencias sociales: alrededor de 20% de la población vive bajo la línea de pobreza, casi 10% en pobreza extrema, 40% no accede a agua potable y 80% carece de saneamiento.

    5) En Brasil, los conflictos rurales alcanzaron en 2023 un récord de 2 203 casos, 60% más que en los últimos diez años, con más de 950 mil personas afectadas. La Amazonía concentró casi la mitad de esos conflictos, con 1 034 casos, mientras Amacro, zona compartida por Amazonas, Acre y Rondonia, registró 179 disputas y 26% de los asesinatos vinculados con conflictos en el campo. En 2021, Colombia encabezó la lista mundial de violencia contra defensores ambientales con 33 asesinatos y Brasil registró 26, mientras uno de cada cinco líderes asesinados en el mundo vivía en la Amazonía. Entre 2016 y 2021, se documentaron 58 crímenes contra líderes amazónicos en cuatro países, de los cuales al menos 50 seguían sin resolverse en 2022.

    6) Entre los pueblos indígenas, la crisis combina hambre, invasión territorial y deterioro sanitario. En Brasil, más de 2.7 millones de amazónicos padecían hambre en 2020, y el territorio yanomami enfrentó una situación extrema cuando cerca de 27 mil personas quedaron expuestas a la presencia de unos 20 mil mineros ilegales de oro, en un contexto denunciado como genocidio por la muerte de 570 niños menores de cinco años.

    7) En Perú, la minería ilegal de oro articula daño ambiental, violencia y economía ilícita: durante cinco años estuvo presente en 13% de los distritos amazónicos de Amazonas, Huánuco, Loreto y Madre de Dios, afectó directamente a 57 comunidades indígenas, acumuló más de 8 mil millones de dólares en transacciones ilegales y representó 44% del oro ilegal exportado desde Sudamérica. En Bolivia, el problema también atraviesa el comercio exterior, ya que se estima que 50% de las exportaciones de oro proviene de enclaves ilegales o de mineral contrabandeado desde Perú.

    8) Hacia 2050, entre 10% y 47% de la superficie amazónica podría sufrir daños irreversibles, lo que muestra una amenaza concreta sobre una parte importante de la región.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    El análisis de Eduardo Gudynas establece la situación límite que enfrenta la región amazónica. Las actividades humanas provocan la destrucción acelerada de la región más relevante para algunos de los metabolismos planetarios que permiten la reproducción del planeta: la captura de carbono, las corrientes oceánicas del Océano Atlántico y la vida de las comunidades de la región. Queda abierta la pregunta de si existen medios para detener esta destrucción, sobre todo en un tiempo útil para no alcanzar los puntos de inflexión.