Anthropic-Pentagon Standoff Is a Decisive Moment for How A.I. Will Be Used in War
Satariano, Adam, Julian Barnes y Sheera Frenkel [2026], "Pentagon Standoff Is a Decisive Moment for How A.I. Will Be Used in War", The New York Times, New York, 27 de febrero, https://www.nytimes.com/2026/02/27/technology/defense-department-anthrop...
Adam Satariano: Periodista del New York Times. Se especializa en política digital, principalmente en la intersección entre tecnología y asuntos internacionales.
Julian E. Barnes: Reportero del New York Times. Cubre temas relacionados a las agencias de inteligencia estadounidense y los asuntos de seguridad internacional.
Sheera Frenkle: Reportera del New York Times. Escribe sobre la tecnología de defensa y vigilancia, centrándose en cómo los gobiernos utilizan las nuevas tecnologías tanto en la guerra como en el ámbito civil.
Hay un conflicto entre la compañía de inteligencia artificial (IA) Anthropic y el Pentágono por un contrato (dato crucial 1) entre ambas partes que busca usar la nueva tecnología en sistemas clasificados del Departamento de defensa estadounidense. La disputa se relaciona con problemáticas como el uso responsable de la IA, los riesgos de esta tecnología, y acerca de quién decide los límites del uso de los recientes desarrollos tecnológicos. Según Michael J. Horowitz, quien trabajó en el Departamento de defensa durante la presidencia de Biden, el desarrollo de la IA deviene el centro de la disputa en torno al poder global.
Lo que pide Anthropic es que se pongan límites al uso de su tecnología para que no sea utilizada para la vigilancia de personas estadounidenses, ni para armas automatizadas sin mediación humana alguna. La compañía ha sido criticada por varios integrantes del gobierno estadounidense, desde el presidente hasta representantes del Pentágono. Estos argumentan que un contratista privado no tiene derecho a decidir cómo será utilizada su tecnología por el gobierno. Todo esto en un contexto en donde Pete Hegseth, el actual secretario de defensa, busca integrar de manera agresiva la IA en la planificación militar y el desarrollo de armas.
Anthropic ha basado su reputación empresarial en el uso seguro de la IA, advirtiendo sobre los posibles riesgos de esta nueva tecnología. A pesar de que la empresa ha colaborado con agencias de seguridad y de inteligencia del gobierno estadounidense, Dario Amodei, el jefe ejecutivo de Anthropic, se negó a dar al gobierno un acceso ilimitado a su producto. El empresario incluso indicó que está dispuesto a perder el contrato gubernamental, facilitando la transición hacia el uso de tecnologías de otras empresas, todo para mantener el carácter ético de su compañía
Ante esta situación, Hegseth ha amenazado con forzar a Anthropic a trabajar en los términos del Departamento de defensa a través de enmiendas gubernamentales. Esta presión también podría incluir una prohibición general para que la empresa de IA no pueda hacer negocios con instituciones del gobierno.
Todo esto justo en el momento en que la mayoría de los líderes de la industria tecnológica se estaban alineando con la presidencia de Trump, debido a su apoyo hacia este sector económico. Otras grandes empresas de IA también estaban dispuestas a que el Pentágono utilice su tecnología. En respuesta a dicho apoyo, varios trabajadores de estas empresas, especialmente de Google y OpenAI, dirigieron cartas a los directores de sus lugares de trabajo expresando preocupaciones por el uso militar de la IA (dato crucial 2).
Lo anterior muestra un cierto conflicto entre los desarrolladores de Silicon Valley y el gobierno federal. Expertos como Helen Toner, que fue parte de la junta directiva de OpenAI, explican que este conflicto se deriva de las diversas visiones que hay en torno a la IA: mientras que el gobierno ve a la IA como una herramienta para ser utilizada, en Silicon Valley se la ve como una entidad con razonamiento sofisticado que puede comportarse de maneras peligrosas e inesperadas sin la supervisión adecuada.
Son estas regulaciones que los desarrolladores ven necesarias las que han ido desapareciendo desde hace poco más de dos años en Estados Unidos. En 2025 Trump eliminó leyes estatales para la regulación de la IA creadas bajo la presidencia de Biden. El actual presidente estadounidense también ha eliminado las restricciones sobre exportaciones de semiconductores de IA, a pesar de preocupaciones de que la venta de estos componentes podrían beneficiar a rivales comerciales como China.
A nivel internacional también se está viviendo esta desregulación. Unión Europea (UE), que había aprobado regulaciones dirigidas contra la IA en 2024, ahora está considerando eliminarlas. En Naciones Unidas, un esfuerzo por prohibir cierto armamento basado en el uso de IA ha sido detenido por la oposición de Estados Unidos, Rusia y otros países. Finalmente, la guerra en Ucrania ha iniciado una época de uso de drones militares que ha generalizado el uso de armas automatizadas. Toner ha señalado que mientras la nueva tecnología se vuelve más capaz, los incentivos para usarla se vuelven más fuertes y la tendencia a regularlas disminuye.
A pesar de todo esto, cabe destacar que todavía existen dificultades materiales en los usos militares de la IA. Uno de estos es la escasez de hardware. A los contratistas privados se les está dificultando cada vez más entregar barcos y aviones de combate a tiempo y con el presupuesto otorgado. Por ende, la ventaja militar actual de Estados Unidos se basa exclusivamente en el desarrollo de software. Esto ha sido señalado por empresarios como Alex Karp, quien dirige la compañía de análisis de datos Palantir. Lo anterior da más incentivos hacia un mayor control de la IA por parte del gobierno estadounidense, ya que es el terreno en el que está disputando el poder global.
Robert Trager, quien trabaja en una iniciativa gubernamental ligada a la Universidad de Oxford, afirma que el conflicto entre Anthropic y el estado estadounidense representa una disputa sobre quién debe tener el poder sobre la IA: el gobierno o las compañías. Además, está en discusión el uso militar de la IA que podría resultar en el desarrollo de armas automatizadas, que causan preocupaciones entre organismos de derechos humanos como la Cruz Roja.
1) El contrato entre Anthropic y el Departamento de defensa estadounidense tiene un valor de 200 millones de dólares.
2) Casi 50 empleados de OpenAI y 175 empleados de Google publicaron una carta pidiendo que los directores de sus empresas rechacen las demandas actuales del Departamento de guerra. Más de 100 empleados de Google le mandaron otra carta al director de la empresa expresando sus preocupaciones de que la compañía trabaje con el Pentágono.
Aunque generalmente actúan con orientaciones similares, corporaciones y estados están encontrando crecientes ámbitos de fricción debido a la consolidación de los autoritarismos. Temas como la internacionalización de la producción y los intentos por controlar el desarrollo tecnológico, colocan a las empresas en la necesidad de cuestionar y eventualmente desobedecer las directrices gubernamentales, con el fin de mantener su rentabilidad. En el caso de la IA, el problema llamado "ético" muestra también las contradicciones culturales del liberalismo, dado que si quieres evitar los riesgos existenciales de ese tipo de tecnologías, no se debería ni permitir ni financiar su desarrollo. Obviamente, el ejemplo de las armas nucleares no fue suficiente para contener a empresarios y gobernantes, que siguen en la carrera por desarrollar tecnologías y armas cada vez más letales.

