Transiciones alimentarias justas. Atlas de la justicia climática en América Latina y el Caribe
Echart, Enara et al. [2026], "Transiciones alimentarias justas", Atlas de la justicia climática en América Latina y el Caribe, Buenos Aires, CLACSO, pp. 150-159, https://biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar/bitstreams/2313a4a1-572a-4d...
-
Enara Echart Muñoz es Profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), doctora en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la UCM, licenciada en Ciencias Políticas, y experta en Cooperación para el Desarrollo y Promoción y gestión de ONG por la UCM.
Lara Sartorio Gonçalves es investigadora postdoctoral en el Instituto do Mar (UNIFESP), doctora y titular de un máster en Sociología por el IESP-UERJ . Su investigación se inserta en el Projeto Maretórios Amazônicos.
Marco Antonio Teixeira es doctor en Sociología por el IESP-UERJ y Fellow del Maria Sibylla Merian Centre Conviviality-Inequality in Latin America (Mecila) . Ha sido investigador postdoctoral en la Universidad de Heidelberg y en la Freie Universität Berlin.
Sérgio Mecena Neto es graduado en Relaciones Internacionales por la UERJ . Actualmente, es investigador colaborador en el LABMUNDO y en el OIMC.
Las transiciones alimentarias forman parte de la transformación de los sistemas agroalimentarios contemporáneos con el fin de superar las desigualdades y conflictos que los caracterizan. Su objetivo es transformar de manera integral las formas de producción, distribución, consumo, preparación y eliminación de alimentos, considerando sus dimensiones sociales, ambientales, económicas y políticas. Se propone garantizar el acceso universal a alimentos saludables, nutritivos y culturalmente orientados, respetando los límites ecológicos del planeta. Esta transformación busca desafiar la lógica hegemónica del agronegocio y de las cadenas productivas concentradas.
Alimentación y transiciones ecosociales justas
El agronegocio ha profundizado las desigualdades sociales y territoriales. Genera impactos ambientales significativos como la degradación del suelo, la deforestación y la contaminación de los cursos hídricos. América Latina representa un caso emblemático, al ser una de las principales regiones exportadoras de commodities agrícolas y, al mismo tiempo, verse seriamente afectada por la inseguridad alimentaria debido a una lógica de producción orientada a los mercados globales que ignora las necesidades de las poblaciones locales.
Esta transición se enfoca en la agroecología y en la soberanía alimentaria, propuestas que plantean la descentralización de los sistemas productivos, el fortalecimiento de los mercados locales y la ampliación de circuitos cortos de producción y distribución de alimentos, reduciendo así la dependencia de las cadenas agroindustriales globalizadas.
Los sectores populares son clave en la construcción de alternativas en el ámbito de la agroecología, la soberanía y las transiciones alimentarias justas. Para ello, han articulado movimientos sociales, sindicales, comunidades, redes, colectivos y diversas formas de organización. Un ejemplo destacado es La Vía Campesina, un movimiento internacional que reúne a campesinos, trabajadores sin tierra, indígenas, pastores, pescadores, migrantes, pequeños y medianos agricultores, mujeres rurales y jóvenes. Esta organización se ha consolidado como uno de los principales espacios de articulación global en la defensa de la agricultura campesina y del derecho de los pueblos a decidir sobre su sistema alimentario (dato crucial 1).
El término “soberanía alimentaria”, difundido por este movimiento, postula el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados, rechazando los intereses del mercado y de las corporaciones transnacionales, así como el agronegocio y la financiarización de la tierra, para proponer sistemas productivos basados en la autonomía y la valorización local. La soberanía alimentaria ha cobrado relevancia en los debates internacionales, al punto de que diversos actores en América Latina y el Caribe han luchado por ella para garantizar condiciones dignas de trabajo en el campo y acceso a la tierra.
Asimismo, se destaca la importancia de la participación de las mujeres, quienes desempeñan un papel estratégico en la producción y conservación de la biodiversidad agrícola, en la transmisión de conocimientos tradicionales y en la organización de redes comunitarias de abastecimiento. Visibilizar su rol es fundamental dada la profunda desigualdad de género que atraviesa las relaciones productivas en el campo, así como los desproporcionados impactos de la inseguridad alimentaria y nutricional sobre ellas. El protagonismo de las mujeres resulta clave tanto para la construcción de alternativas al modelo agroindustrial dominante como para la formulación de estrategias de soberanía alimentaria que respondan concretamente a un modelo que concentra tierras, poder y recursos, profundizando las desigualdades y los impactos ambientales.
Contribución de la agroecología a las transiciones alimentarias justas
La agroecología es un pilar central en las transiciones alimentarias justas y se concibe como una respuesta al modelo agroindustrial dominante. La promoción de una agricultura ecológica y de relaciones de trabajo socialmente justas constituyen herramientas centrales de esta transformación. Lejos de limitarse a una técnica agrícola, la agroecología es una práctica social que defiende la democratización del acceso a la tierra, al agua y a las semillas, promoviendo circuitos cortos de comercialización y la autonomía productiva de agricultores familiares, pueblos indígenas y comunidades tradicionales para garantizar la soberanía alimentaria.
Iniciativas populares y construcción de alternativas
El compromiso de los sectores populares con la agroecología, la soberanía y las transiciones alimentarias justas se manifiesta en América Latina mediante iniciativas orientadas a la producción, distribución y consumo, evidenciando la construcción de alternativas al modelo agroalimentario hegemónico. En el ámbito productivo destacan los cinturones verdes y las cooperativas agroecológicas, estrategias adoptadas en varios países latinoamericanos para fortalecer la producción local y conectar a los pequeños agricultores con los mercados urbanos, tal como ocurre en las redes de ferias agroecológicas de Brasil y Argentina.
Por otro lado, los bancos de semillas criollas representan una estrategia fundamental para la recuperación y multiplicación de variedades tradicionales, reduciendo la dependencia de semillas transgénicas y asegurando cultivos y hábitos de consumo alineados con las tradiciones culturales, rescatando así la esencia de la ancestralidad en el fortalecimiento comunitario. Además de responder a necesidades materiales, estos espacios se han convertido en núcleos de formación política y concientización sobre la urgencia de avanzar hacia transiciones ecosociales justas.
Cooperación Sur-Sur para transiciones alimentarias justas
La cooperación Sur-Sur es impulsada por redes transnacionales de solidaridad e intercambio de conocimientos y prácticas agroecológicas. Su objetivo principal es fortalecer las alternativas al modelo agroalimentario hegemónico y reducir la dependencia de los países del Sur respecto de las potencias del Norte. El concepto de soberanía alimentaria fue definido formalmente en 2001 durante el Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria celebrado en Cuba, donde los movimientos vinculados a La Vía Campesina reafirmaron el derecho de todas las personas a acceder de forma regular y sostenible a alimentos saludables, respetando la identidad cultural alimentaria de cada pueblo y región.
Democracia alimentaria para las transiciones alimentarias justas
La Vía Campesina sostiene que una forma de definir la soberanía alimentaria es como el derecho de los pueblos a definir sus propios sistemas de alimentación y agricultura, garantizando las condiciones para que este derecho pueda ejercerse plenamente. Un ejemplo claro son los Consejos de seguridad alimentaria y nutricional en Brasil, existentes a nivel nacional, estatal y municipal. Aunque están vinculados a la estructura del estado, están integrados mayoritariamente por representantes de la sociedad civil y del gobierno, convirtiéndose en instrumentos centrales para la consulta e incidencia en políticas públicas que configuran el sistema agroalimentario. Esto asegura la centralidad de los movimientos campesinos, agricultores familiares e indígenas en la lucha por la soberanía alimentaria.
Más allá de las transiciones alimentarias justas
Las transiciones alimentarias justas también pueden cumplir otros roles, como servir de medio para promover la paz y la reintegración social. Un caso ilustrativo fue el proceso de terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera entre el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos (2010–2018) y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), donde se impulsaron esfuerzos para la construcción de paz y el fortalecimiento de los vínculos entre lo rural y lo urbano. En estos contextos, las personas de origen rural suelen recurrir a iniciativas alimentarias como vía de incorporación económica y comunitaria.
Consideraciones finales
Las transiciones alimentarias justas enfrentan desafíos significativos, entre los que destacan la concentración de la tierra, la financiarización de la agricultura y los impactos de la emergencia climática. Persisten vulnerabilidades en el campo, especialmente entre las mujeres agricultoras, quienes enfrentan un menor acceso a recursos y mayores desigualdades estructurales.
La agroecología y la soberanía alimentaria no solo impulsan la transformación de los sistemas agroalimentarios, sino que también promueven la reconstrucción de lazos sociales fundamentales para la transición ecosocial. Estas alternativas, construidas por movimientos sociales, pueblos indígenas y comunidades originarias, se inscriben en un horizonte más amplio de transformación socioecológica conectado con las luchas por el buen vivir, el decrecimiento y los derechos de la naturaleza. A través de iniciativas locales e internacionales, las transiciones justas abordan no solo la alimentación, sino también la edificación de nuevos modos de vida basados en la cooperación, la justicia y el respeto a los límites ecológicos del planeta.
1) En agosto de 2024, la Vía Campesina reunía a 180 organizaciones miembros distribuidos en 81 países, representando a más de 200 millones de personas. América Latina y el Caribe concentran 88 de estas organizaciones, lo que equivale a casi la mitad de las entidades afiliadas, demostrando la centralidad de la región en la lucha por sistemas alimentarios justos.

-
La transformación civilizatoria tiene en la producción de alimentos uno de sus pilares fundamentales, en tanto es fundamento de la reproducción sistémica. El texto presenta los principales vectores en esta búsqueda de alternativas: agroecología, revaloración de la actividad, papel de las mujeres y los pueblos, relación campo - ciudad, etc. Estas reflexiones y prácticas señalan la existencia de posibilidades de transformación, aunque no han alcanzado la masa crítica para desmontar el sistema agroalimentario articulado por las grandes corporaciones transnacionales.

