The Bunker and the Void: An Introduction to a Silent Coup
Bonilla, Nel [2026], The Bunker and the Void: An Introduction to a Silent Coup, Wordlines, 12 de enero, https://worldlinesletter.substack.com/p/the-bunker-and-the-void-an-intro...
Nel Bonilla es investigadora especializada en sociología de las migraciones, geografía social y estudios de conflictos. Su trabajo se centra en las relaciones entre la movilidad humana, las dinámicas urbanas y los factores sociopolíticos que influyen en la organización de las sociedades.
Introducción: El fin de la política
La planificación de las políticas públicas en los países occidentales estaría pasando progresivamente de los gobiernos electos a instituciones militares y especialistas en seguridad. Esta concentración de influencia, denominada securitocracia, favorecería decisiones alineadas con los intereses estratégicos de Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), mientras los políticos asumirían principalmente su aplicación y defensa ante la ciudadanía.
En Alemania, el Plan Operativo para Alemania (OPLAN DEU) asigna a las fuerzas armadas funciones de coordinación para ejecutar decisiones políticas e incorpora su asesoramiento durante la planificación. Reino Unido y Unión Europea también cuentan con mecanismos que integran la participación militar en los procesos gubernamentales. Esta orientación aparece en Defence Horizon Journal, publicación que defiende la coordinación de las instituciones estatales frente a amenazas como la guerra cognitiva, dirigida a influir en las percepciones y decisiones de la población. Desde esta perspectiva crítica, la integración gradual de las instituciones militares podría reducir la autonomía de los gobiernos civiles y debilitar el control democrático, aunque las elecciones continúen celebrándose.
El Estado antientrópico
Desde 2014, las élites occidentales habrían orientado su planificación estratégica hacia la conservación de su poder político y del acceso a los recursos mundiales frente al avance de un orden multipolar. Esta estrategia, denominada antientropía, buscaría preservar la hegemonía occidental mediante la preparación militar, desplazando las políticas destinadas al bienestar social.
Durante el siglo XX, especialmente en la Guerra Fría, la competencia entre capitalismo y socialismo impulsó programas de vivienda, infraestructura y desarrollo urbano para mejorar las condiciones de vida. Iniciativas como la Viena Roja y el reconocimiento de la vivienda como derecho social en Alemania respondieron, en parte, a la presión de los movimientos obreros.
En contraste, la planificación actual priorizaría infraestructuras de doble uso, destinadas tanto a funciones civiles como militares. Esta orientación incluye corredores de movilidad militar en Europa central, el Báltico y el mar Negro, diseñados para facilitar el desplazamiento de tropas. Según esta interpretación, el bienestar colectivo perdería importancia frente a la preparación bélica y la preservación del poder occidental.
El bumerán colonial
La dominación colonial no se limitó al control de territorios y recursos, sino que también buscó imponer nuevas creencias y formas de comprender el mundo. El filósofo Enrique Dussel explica que la conquista de América utilizó la religión para justificar la violencia y sustituir las creencias de los pueblos originarios. Por su parte, la filósofa e historiadora Silvia Federici identifica mecanismos similares durante la persecución de mujeres acusadas de brujería en Europa, donde la represión debilitó los vínculos comunitarios y permitió imponer un mayor control sobre el trabajo, la sexualidad y la reproducción social, entendida como las actividades necesarias para sostener la vida, cuidar a las personas y garantizar la continuidad de la sociedad.
Desde esta perspectiva, las élites occidentales estarían aplicando actualmente contra sus propias poblaciones mecanismos de dominación antes utilizados en contextos coloniales. Mediante discursos que dividen a las sociedades entre superiores e inferiores, civilizados y bárbaros, se justificaría el debilitamiento de la cooperación, los bienes comunes y la participación colectiva. Esta transformación favorecería la acumulación de capital y el control social mediante la militarización y la eliminación de discursos contrarios a los intereses dominantes. Así, la ciudadanía perdería capacidad de decisión política y quedaría subordinada a estructuras de poder orientadas a preservar los privilegios de las élites.
El dominio humano
La guerra híbrida, que combina operaciones militares y no militares, amplía su alcance hacia la propia población mediante el denominado dominio humano o cognitivo. Un documento de 2021 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) considera ámbitos como la educación, la cultura, la psicología, la economía y la política como espacios relevantes para identificar vulnerabilidades sociales. Bajo esta perspectiva, la guerra cognitiva busca influir en las percepciones y comportamientos mediante la difusión de narrativas contradictorias, la polarización y la fragmentación social.
En este contexto, la Unión Europea desarrolló el concepto de Manipulación e Interferencia de Información Extranjera (FIMI, por sus siglas en inglés), destinado a identificar actividades coordinadas de manipulación informativa vinculadas con actores extranjeros. Aunque estas prácticas pueden no constituir delitos, el marco permite adoptar medidas administrativas frente a conductas consideradas perjudiciales para los procesos democráticos.
La crítica principal señala que estas medidas podrían extenderse a periodistas, activistas y opositores nacionales cuando se les atribuyen vínculos con operaciones informativas extranjeras. De acuerdo con esta interpretación, la cooperación entre Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea facilitaría la vigilancia y sanción administrativa de determinadas expresiones políticas sin intervención judicial previa. Así, la seguridad nacional adquiriría mayor peso frente a las libertades civiles, al considerar la comunicación y la participación ciudadana como posibles amenazas que requieren supervisión permanente.
La muerte del ciudadano: de sujeto de derechos a objeto de seguridad
El denominado Estado búnker representa un modelo en el que la seguridad adquiere mayor importancia que los derechos ciudadanos. Desde esta perspectiva, las personas dejan de ser consideradas individuos con libertades que el gobierno debe proteger y pasan a ser tratadas como posibles amenazas cuando cuestionan sus decisiones. Esta lógica permitiría justificar restricciones a la libertad de expresión mediante sanciones administrativas en la Unión Europea o deportaciones de estudiantes manifestantes en Estados Unidos. La crítica sostiene que estas medidas buscan neutralizar la oposición política sin demostrar necesariamente la comisión de un delito ante un tribunal.
El reducido corredor de la opinión
La militarización de la sociedad también restringiría el debate político al considerar cualquier postura contraria a las estrategias de seguridad occidentales como una posible amenaza. Bajo esta lógica, defender la diplomacia, la neutralidad o un orden mundial multipolar podría interpretarse como apoyo al enemigo, lo que justificaría medidas de censura, sanciones económicas o deportaciones contra quienes cuestionen las políticas oficiales.
El contrato social del Estado búnker
El contrato social liberal se fundamenta en un acuerdo mediante el cual el Estado garantiza derechos, seguridad y bienestar a cambio de que la ciudadanía acepte ciertas limitaciones a su libertad. El denominado Estado búnker invertiría este acuerdo al exigir mayores sacrificios para asegurar su propia supervivencia y la de las élites que lo sostienen. Para justificarlo, presentaría al mundo exterior como una amenaza y condicionaría la protección de la ciudadanía a su aceptación de las políticas oficiales. Así, quienes expresaran opiniones contrarias podrían enfrentar sanciones o deportaciones, perdiendo su lugar dentro de la comunidad política.
Los instrumentos de coerción
En el denominado Estado búnker, la seguridad reorganizaría el ejercicio del poder mediante procedimientos administrativos para controlar a la población, instrumentos judiciales para presionar a los adversarios y operaciones de seguridad sobre el territorio. Así, la ley dejaría de funcionar como límite al poder estatal y pasaría a utilizarse como instrumento de coerción, subordinando la justicia y los derechos a los intereses de quienes gobiernan.
El archivo de 2017
La militarización de Alemania, presentada en 2022 como una respuesta inesperada a la guerra en Ucrania, tendría antecedentes en una planificación militar anterior. El 8 de junio de 2017, el general de brigada Gerald Funke, responsable adjunto de planificación del Ministerio de Defensa alemán, expuso en Ottawa planteamientos que anticipaban la transformación del país en un centro logístico para el flanco oriental de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
El pasado
La presentación de 2017 de Gerald Funke, general de brigada y subjefe de planificación militar alemán, vincula la función de Alemania como corredor para trasladar tropas hacia Europa oriental con el Plan Pleven de 1950, que proponía fuerzas alemanas bajo mando europeo, y su incorporación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte en 1955.
La adaptación de los planes nacionales
En 2017, el general alemán Gerald Funke señaló que los países aliados debían adaptar sus planes nacionales a los objetivos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Para Alemania, esto supondría priorizar la infraestructura destinada al traslado de tropas hacia Europa oriental sobre necesidades civiles como la vivienda, la industria y la protección ambiental, reduciendo así su autonomía para decidir sobre el desarrollo de su territorio.
Prospectiva estratégica 2040
Un plan de las fuerzas armadas alemanas, elaborado antes de 2022, contemplaba escenarios de confrontación entre bloques y competencia multipolar, impulsados por la escasez de recursos y el cambio climático. También identificaba a Rusia y China como factores de inestabilidad, mientras consideraba más favorable la continuidad del predominio occidental. Desde esta perspectiva, el giro militar anunciado por Alemania en 2022 no respondería a una crisis inesperada, sino a la aplicación de una estrategia previamente diseñada para afrontar la competencia internacional mediante la preparación militar y la guerra híbrida.
La sede
En 2017, Ottawa fue sede de una reunión reservada del Instituto de Asociaciones de Defensa de Canadá, donde responsables militares alemanes compartieron sus planes estratégicos con representantes aliados. Según esta interpretación, el encuentro buscaba coordinar con Canadá, Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) la función de Alemania como corredor para el transporte de tropas y equipos militares.
El arquitecto
En 2017, Gerald Funke participó en la planificación de corredores militares alemanes. Para 2025, como teniente general y comandante del Mando de Apoyo, asumió la ejecución de esas estrategias. Su trayectoria permite identificar la continuidad entre el diseño de los planes militares y su posterior aplicación.
Un esbozo de lo que viene
La investigación El búnker y el vacío analiza cómo los proyectos de bienestar social pierden prioridad frente a la preparación militar permanente. El deterioro de los espacios públicos contrasta con la expansión de instalaciones militares destinadas a preservar un orden político en declive.
La premisa y el diagnóstico
La planificación occidental pasaría de promover el bienestar colectivo a preservar el orden existente mediante estrategias de seguridad. Esta transformación se vincularía con mecanismos de dominación analizados por Silvia Federici y Enrique Dussel, quienes estudiaron cómo las divisiones entre grupos considerados superiores e inferiores sirvieron para justificar la persecución de brujas y la colonización.
Cómo funciona/La maquinaria
Estados Unidos, Alemania, Francia y Reino Unido avanzarían hacia un modelo de Estado centrado en la seguridad, pese a sus distintas tradiciones políticas. Este proceso estaría impulsado por una red de militares, inversores y empresarios tecnológicos que participan tanto en la planificación estratégica como en el financiamiento de proyectos militares. Su influencia también transformaría las ciudades y las infraestructuras, cada vez más diseñadas para cumplir funciones civiles y militares.
Lo que nos hace / El costo humano
El Estado búnker convertiría a los ciudadanos en recursos para su seguridad y condicionaría sus derechos a la obediencia. Así, la disidencia podría tratarse como sabotaje y reprimirse mediante sanciones y censura digital.
Por qué sucedió, qué hacer / Historia y horizonte
El Estado búnker buscaría conservar las estructuras de poder existentes, aunque ello implique aceptar el deterioro de las condiciones de vida. Al desplazar las políticas de bienestar y los espacios comunitarios, reproduciría la lógica colonial de eliminar formas de organización. Como alternativa, se plantea recuperar las relaciones comunitarias, los bienes comunes y la capacidad de imaginar un futuro basado en el bienestar compartido.
Notas finales: la fase de implementación
Los planes militares alemanes de 2017 encontrarían su aplicación en 2026, mientras el giro político anunciado en 2022 representaría una etapa de su ejecución. Según esta interpretación, la transformación también alcanzaría a otros países aliados mediante cambios en la planificación territorial, la construcción de infraestructura y la aplicación del derecho. La principal preocupación sería que las decisiones sobre el futuro colectivo dejaran de discutirse democráticamente y pasaran a depender de organismos técnicos y militares centrados en la preparación permanente para posibles conflictos. Esta tendencia se relacionaría con el estado de excepción descrito por el filósofo Giorgio Agamben, en el que las normas jurídicas pierden su capacidad de limitar el ejercicio del poder.
Resulta profundamente inquietante que la humanidad alcance niveles extraordinarios de desarrollo tecnológico mientras perfecciona, con la misma inteligencia, sus mecanismos de vigilancia, dominación y destrucción. Vivimos una contradicción que recuerda cada vez más a la distopía de George Orwell en 1984, donde controlar el presente también exige manipular el pasado. Basta observar cómo sectores de la dirigencia política alemana buscan relativizar el Holocausto y debilitar la memoria colectiva de uno de los mayores crímenes de la humanidad.
El peligro no reside únicamente en olvidar la historia, sino en permitir que quienes ejercen el poder decidan qué atrocidades merecen recordarse y cuáles deben desaparecer de la conciencia pública. Pareciera que cada gran avance de nuestra civilización viene acompañado de una capacidad todavía mayor para producir violencia, caos y muerte. Quizá la tragedia humana no sea nuestra incapacidad para progresar, sino que, después de tantos siglos de conocimiento, seguimos utilizando una parte considerable de nuestro ingenio para perfeccionar las mismas formas de barbarie que juramos no repetir.

