Cocina Colaboratorio: experiencia de mujeres zapotecas frente a la crisis climática
Domínguez, Reyna et al. [2025], "Cocina Colaboratorio: experiencia de mujeres zapotecas frente a la crisis climática", La Jornada del campo, 217, 18 de octubre.
Autoría: Reyna Domínguez Yescas, Paola Miguel García, Emilio Hernández Martínez y Patricia Balvanera.
Patricia Balvanera, coautora, es investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudia biodiversidad, bienestar humano y sistemas alimentarios mediante el proyecto Cocina Colaboratorio.
El artículo explica cómo las mujeres zapotecas responden a la sequía en Santo Domingo Tomaltepec, Oaxaca. Cocina Colaboratorio reúne conocimientos tradicionales, científicos y artísticos para crear alternativas comunitarias.
La cocina como espacio de encuentro
La escasez afecta la producción y el abastecimiento. En la cocina, agricultores, cocineras, académicos, artistas y diseñadores comparten conocimientos sobre producción y alimentación.
Acciones comunitarias frente a la sequía
La crisis de 2024 impulsó encuentros y proyectos colectivos. Cuidar el agua como bien común requiere acuerdos y cooperación entre comunidades.
Las Caracolas: agricultura resiliente
Las Caracolas cultivan especies de bajo consumo de agua mediante agricultura sintrópica, basada en la recuperación natural de ecosistemas. Intercambian excedentes y aprenden con Terreno Familiar y Escuelas de Campo.
Innovaciones para la ganadería
Ante la falta de forraje, se diseñó la palanqueta ganadera: un suplemento de materiales locales para alimentar animales durante los meses secos.
Ecotecnias para cuidar el agua
Los círculos de plátanos usan materiales filtrantes y plantas para limpiar aguas grises y reutilizarlas en riego.
Semillas de futuro
Los autores sostienen que la organización comunitaria puede responder a la crisis y conservar agua y alimentos como bienes comunes.
Cuidar el agua, las semillas y la alimentación requiere trabajo compartido, conocimientos y decisiones sobre los recursos del territorio. Los huertos, el intercambio de excedentes y el uso de materiales locales ayudan a mantener parte del abastecimiento durante la escasez. Las Escuelas del campo también vinculan esta organización local con la Secretaría de agricultura y desarrollo rural.
El caso muestra una forma de gestionar bienes comunes y permite estudiar quién decide sobre los recursos de los sistemas alimentarios. Su alcance es comunitario: no identifica empresas transnacionales ni contratos y tampoco mide una reducción de la dependencia comercial. Las mujeres amplían su participación en las decisiones al organizar la producción y cooperar con otros habitantes y proyectos.

