Por una política de luchas reales y no de grandes molinos de viento

Cita: 

Ivanovic, Mila, Pabel López y Salvador Schavelzon [2022], "Por una política de luchas reales y no de grandes molinos de viento", Salvador Schavelzon, Pabel López y Mila Ivanovic (compiladores), Derivas y dilemas de los progresismos sudamericanos, Buenos Aires, Red Editorial, pp. 315-333.

Fuente: 
Libro
Fecha de publicación: 
2022
Tema: 
El cambio político en América Latina en contexto de crisis
Idea principal: 

Mila Ivanovic es doctora en ciencias políticas por la Universidad París, investigadora asociada al Framespa (Universidad de Toulouse), feminista y especialista en temas relacionados con Venezuela.

Pabel López es investigador asociado al Postgrado en Ciencias del Desarrollo (CIDES-UMSA) en Bolivia. Es integrante y ex coordinador de los Grupos de Trabajo “Territorialidades en disputa y re-existencia” y “Pueblos indígenas, autonomías y derechos colectivos” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

Salvador Schavelzon es profesor e investigador de la Universidad Federal de São Paulo (UNIFESP), sus líneas de investigación están relacionadas con temas de cosmopolítica indígena; Vivir Bien; plurinacionalidad y procesos constituyentes latinoamericanos; capitalismo de plataforma y teoría antropológica.


Por una política de luchas reales y no de grandes molinos de viento

1.

Mila Ivanovic, Pabel López y Salvador Schavelzon inician su planteamiento con una pregunta: “¿Vivimos tiempos de cambio político?” Parece que el tiempo se acelera y nada permanece o que nada va a cambiar. Surge la pregunta, ¿cómo pensar la realidad latinoamericana en la actualidad?

El contexto de América Latina está permeado por la tensión, la inestabilidad y la reconfiguración política, al mismo tiempo en que resurgen las protestas sociales y la explotación de la naturaleza y lo humano se recrudece. A pesar de la crisis y el inminente colapso social y ecológico, los “poderosos” no se ven amenazados. La reflexión que proponen los autores busca “pensar por fuera de marcos civilizatorios del orden social estadocéntrico y capitalista, cada vez más identificables como históricos, cíclicos y transitorios” (p. 315). Muchas son las incógnitas para encontrar el camino “revolucionario” que conlleve un cambio sistémico.

De acuerdo con los autores, en la actualidad se confunde lo que es política y entretenimiento. Surgen nuevos partidos y actores, se amplifica la “esfera pública”. Sin embargo, no se cuestiona el orden establecido y el funcionamiento social. Nos enfrentamos al hecho de que la política prioriza redes sociales y la polarización.

El sistema funciona con un “poderoso cinismo”, en donde las voces críticas y las disidencias quedan encarceladas por la clase política oportunista. Algunos “críticos” aprovechan el desencanto pero no encuentran “pueblo” para representar. En toda la región, el descontento crece al igual que lo hace la pobreza, la desigualdad y la explotación. El pueblo no se siente representado y se articulan las manifestaciones.

A todo esto debe sumarse el uso de la tecnología por parte de las empresas para precarizar aún más el empleo. En plataformas como Rappi, Ifood, PedidosYa, “vemos marketing de empresas conscientes, proactivas, limpias, innovadoras y prácticas que remite más bien a regímenes premodernos de disciplinamiento monopólico sin control democrático por el impacto en ciudades y masas de trabajadores” (p. 318). La explotación, la desregularización y el régimen subjetivo de vigilancia y control se acrecientan bajo la imagen de “auto-empresarios” o la “economía de plataforma”. Las empresas con plataformas digitales obtienen grandes rendimientos con bajos costos.

De forma similar, detrás de un discurso ecológico que “apoya” proyectos comunitarios e integra voces femeninas o afrodescendientes, está la lógica colonial y destructiva que termina por “compensar”, manipular, imponer, devastar y corromper.

De acuerdo con los autores, la región de América Latina se ha consolidado con abastecedora de materias primas bajo el neoextractivismo, el cual se caracteriza por: a) la producción de commodities con el fin de ser exportados al mercado internacional; b) la generación de importantes impactos socio-ambientales; c) el impulso de proyectos de gran escala; d) el involucramiento de grandes empresas trasnacionales y; e) la generación de economías externas y grandes rentabilidades para las corporaciones (Gudynas 2015; Svampa, 2019). En este contexto permeado por el desarrollo insostenible, el despojo y la crisis, aumenta la tensión y los conflictos socioambientales, al mismo tiempo que la violencia y la criminalización de la protesta social.

Es así como en América Latina se ha consolidado “un modelo de apropiación de la naturaleza, ocupación de territorios, explotación de los bienes comunes y un modo de territorialización, que avanza sobre las poblaciones a partir de una lógica vertical descendente (Lander, 2018)” (p. 319) y que termina por aumentar la criminalización y a la violación de los derechos humanos.

En la lógica del neo-extractivismo, las fronteras de la minería y la explotación hidrocarburíferas e hidroeléctricas, al igual que la frontera de lo agroindustrial y el uso de transgénicos se expanden e intensifican y modifican el mapa sociopolítico y geopolítico de la región. La expansión de las fronteras y la destrucción acelerada de la biodiversidad bajo el modelo neoextractivista han tenido consecuencias catastróficas para el medio ambiente.

“Paralelamente, con las nuevas modalidades de expansión de las fronteras del capital, en general los conflictos socio-ecológicos también se fueron multiplicando y las resistencias sociales se hicieron más activas y organizadas” (p. 320). Es así como la implementación de algunos de los megaproyectos en diversos países de América Latina ha sido obstaculizada desde los territorios y comunidades que serían directamente afectados.

Desde los 2000 surgió una “idea renovada” de la izquierda, al mismo tiempo que se experimentó la retórica antiimperialista, discursos de soberanía y autodeterminación y el movimiento feminista, anticapitalista y disruptivo. Al mismo tiempo, se visualizó el fracaso de los Estados al incorporar todos los sectores de lucha e identidades subalternas indígenas en sus planes de gobierno, y “la decadencia de modelos de gobiernos carismáticos, caudillistas y falocéntricos” (p. 321).

Planteado lo anterior, los autores proceden a realizar la siguiente pregunta: “¿qué idea de izquierda puede, aún, sostener planes de gobierno y la concomitante perspectiva de poder que esto implica?” Recientemente ha surgido un debate relacionado con el “regreso” de la izquierda en la región de América Latina. Ivanovic, López y Schavelzon argumentan que este debate se ha centrado en realizar una “reevaluación analítica del papel del Estado dentro de la ola progresista en Latinoamérica, y precisamente exhumando las realizaciones concretas de éstos en términos de alternativa contra una lectura anti extractivista, según Poupeau y Mariette, muy simplista y maniquea” (p. 321). Sin embargo, dicho debate permite “reactivar” los pronunciamientos respecto a las izquierdas y el progresismo y abonar a las posibles relaciones y articulaciones entre los proyectos de Estado y las luchas emancipatorias.

“Una rápida recuperación de imagen positiva electoral del progresismo saliente se percibe ante el fracaso de sus sucesores conservadores, liberales, reaccionarios (Macri, Lenin Moreno, Temer-Bolsonaro, Áñez)” (p. 322). No obstante, de acuerdo con los autores, estas “izquierdas” o progresismos sudamericanos enfrentan desafíos significativos debido a la desconexión entre el sistema político y el pueblo, así como la polarización y la confrontación de los partidos políticos. Durante las elecciones el sistema político logra involucrar a la sociedad, relación que termina una vez pasadas las elecciones. El gobierno se vuelve inaccesible y lo acompaña un “poder capitalista sin rostro”.

Es así como los autores proceden a cuestionar “¿Cómo pensar estos procesos desde Sudamérica?” Actualmente la región cuenta con “nuevas izquierdas” con un discurso anti extractivismo, feminista y plurinacional. Los líderes progresistas y sus movimientos tienen una gran popularidad. Si bien, también está presente la derecha populista o los sectores ultraconservadores, los autores buscan “señalar una sensibilidad política que no se organiza electoralmente, se expresa en algunas movilizaciones, construcciones territoriales o estallidos como en las fuertes protestas” (p. 323) en diversos países latinoamericanos con el fin de discutir otras formas de vida.

“Entre narrativas, simbolismos, banderas, hay en Latinoamérica experiencia y tradición de lucha social” (p. 323). Estamos ante una renovada lucha social que encuentra otros caminos de enfrentamiento y disputa para hacer frente a nuevas formas de explotación.

Macri, Fujimori, Uribe, Piñera, Bolsonaro evidencian un “deterioro político pronunciado”, cuya respuesta es el progresismo existente. Sin embargo, este progresismo es “neutralizado” ya que reproduce los poderes establecidos y, por esta razón, se necesita pensar desde otro lugar.

2.

La política latinoamericana con referencias políticas partidarias dejó de existir. Como consecuencia hay fuertes estallidos sociales, molestias y “desencantos” ante el accionar de los partidos.

El discurso del Estado de Bienestar se presenta como una alternativa al neoliberalismo. No obstante, no existe ningún modelo político que cuente con la “receta” para re-establecer un Estado de Bienestar que sustituya al neoliberalismo. En la actualidad se confunde bienestar con consumo y crecimiento económico.

No existe una construcción de una institucionalidad descolonizada. Por ejemplo, en Ecuador y Bolivia se postula la plurinacionalidad, el reconocimiento lingüístico, la autonomía indígena y los derechos de la Naturaleza al mismo tiempo que “se mantiene el modelo desarrollista, extractivista y de centralización estatal” (p. 324).

La crisis política en la región también se ve reflejada ante el avance de la extrema derecha. Lo anterior permite visualizar “sociedades fracturadas, individualistas y con valores hipócritas y conservadores que se ubican en el centro del juego político electoral, a veces también incorporados por el progresismo” (p. 325). La derecha “nueva” o “tradicional”, al igual que ciertas “izquierdas” o gobiernos “populistas”, desafían los consensos democráticos y terminan por generar mafias, grupos de choque, negocios ilegales y milicias. Los proyectos conservadores aprovechan el descontento y se fundamentan en discursos de odio y enfrentamiento. Los autores plantean que, debido a que en la “nueva” derecha no hay una ruptura con las élites y la corrupción, “cierta izquierda institucional queda inmóvil frente a una derecha que [...] la supera electoralmente” (p. 325).

Esta crisis es generalizada y el juego político de la región está marcado por estas tendencias encontradas. La “nueva” derecha no se impone, ni el progresismo que gobernó a diversos países durante más de una década resiste. En el caso de Uruguay y Brasil, el progresismo fue derrotado. En Argentina, Bolivia, Perú y Honduras retornó, mientras que en Venezuela y Nicaragua se mantuvo. Lo anterior “no es suficiente para negar un fin de época que da lugar a una persistencia con costos humanos, políticos y democráticos evidentes” (p. 326).

La crisis se materializa en un sistema multipartidario en “ruina”, y alcanza la organización social y el pacto político. Cada vez se hace más evidente la necesidad de cambios ante sociedades precarizadas, fragmentadas y subordinadas que dependen de los precios internacionales de commodities. La venta de materias primas ha sido la única alternativa tanto de progresistas, liberales y conservadores para contener una crisis social estructural.

Ante la falta de discusiones de fondo, se genera una desconexión entre política y sociedad. Ante este escenario, la politización de proyectos políticos de izquierda o de derecha es la “contracara de la apatía y distancia con cualquier asunto político de muchos jóvenes y de las clases populares” (p. 327). Durante las elecciones, las clases populares se dividen y, a pesar del descontento político, no se visualiza a un pueblo movilizado en una sola dirección. Sin embargo, sí es posible observar “movilizaciones feministas en México que irrumpen en la comodidad del relato progresista, el que no puede digerir la violencia regurgitada por las mujeres, en un país estructurado por una economía de la violencia” (p. 327). A pesar de la llegada del progresismo en México, se continúa con el modelo extractivista cayendo en contradicciones y nuevas formas de explotación.

Retomando las experiencias de otros países, los autores concluyen que “la política sudamericana debe enfrentar el resquebrajamiento de los marcos políticos válidos tradicionalmente” (p. 329). Para esto es necesario hacer frente, al mismo tiempo, a los sistemas políticos polarizados y conectados a canales de información y manipulación. Se necesita escuchar al pueblo que se moviliza con voz propia. En este contexto, la derecha se radicaliza mientras que la izquierda se “acerca a un centro de moderación” y asume un discurso liberal, moderado que hace concesiones a los grupos de poder.

3.

El sistema político actual carece de legitimidad y se encuentra en crisis. Puede haber una reconfiguración en el sistema con relación a las personas que asumen el poder y las reformas constitucionales que se realizan en diferentes países. No obstante, de acuerdo con los autores, a pesar de los cambios que se realicen, “la lógica que nos gobierna se muestra inalcanzable, permanente, difícil de bloquear o interrumpir, menos aún de substituir por otra lógica” (p. 331). En este sentido, el surgimiento de nuevos partidos y las campañas electorales están sustentados en un discurso superficial.

De esta manera, los autores proponen la necesidad de encontrarnos, organizarnos, fortalecer las redes y las alianzas que estén orientadas a otra lógica. Posteriormente, concluyen con un listado de cuatro instancias “desde donde es posible observar procesos ajenos a la lógica que busca gobernarlo todo” (p. 331).

1. Luchas. Ante el avance de la explotación sobre el trabajo y el territorio, se articulan y organizan resistencias y movilizaciones. Existen, por un lado, las movilizaciones tradicionales de partidos y sindicatos y, por otro, luchas a las que “a las que somos llevados porque no es posible quedarnos sin hacer nada”. En estas resistencias pueden surgir “formas políticas alternativas que imaginan otro mundo” (p. 331).

2. Cuestionar el modelo social. América Latina debe discutir la forma política de organización que se encuentra desfasada de la idea de democracia como gobierno de las mayorías. Dicha discusión debe ir más allá de “las disputas ideológicas o de narrativas generadas por bloques políticos en disputa por espacio institucional” (p. 332).

3. Situarse en un escenario de guerra de mundos. “La guerra de mundos es especialmente visible desde conflictos en que está en juego la forma habitual de vida, amenazada cuando un hábitat es destruido, contaminado, inviabilizado para la subsistencia” (p. 332). Es necesario la ruptura de un paradigma con relación al modelo de producción actual y los límites de sus formas orgánicas de representación. Pensar la guerra de mundos exige pensar en una forma posible de paz que se distancie del actual sistema, que termine por reconocer que el ser humano no es el único actor central.

4. Entender, estudiar, participar, expandir los momentos de conflicto y enfrentamiento con el modelo y orden social predominante, único, que busca abarcarlo todo. Existe una guerra que es permanente, una guerra de clases, de mundos, de mercantilización y privatización. El conflicto reorganiza el campo político y nuestra tarea es cuestionarnos lo que hoy significa cambio.

Trabajo de Fuentes: 

Lander, E., Arconada, S. [2019], Crisis civilizatoria. Experiencias de los gobiernos progresistas y debates en la izquierda latinoamericana, Guadalajara, CALAS.

Gudynas, E. [2015], Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la naturaleza, Cochabamb, CLAES-CEDIB.

Svampa, M. [2019], Las fronteras del neoextractivismo en América Latina. Conflictos socioambientales, giro ecoterritorial y nuevas dependencias, Guadalajara, CALAS-Universidad de Guadalajara.

Nexo con el tema que estudiamos: 

Las protestas sociales se intensifican a medida que la explotación de la naturaleza y lo humano se recrudece. El artículo da cuenta del contexto de inestabilidad, tensión, explotación y reconfiguración política que impera en América Latina. Ante un escenario de crisis, se necesitan “luchas reales” que apuesten por el cambio del modelo y orden social predominante que “busca acabarlo todo”. Asimismo, el artículo refleja la relación entre los Estados y la sociedad, en la medida en la que se evidencia la ruptura o desconexión entre política y sociedad y la crisis que de ella deriva.