¿Réquiem para un sueño? La esperanza y la desesperanza

Cita: 

Holloway, John [2022], "¿Réquiem para un sueño? La esperanza y la desesperanza", Hacia una teoría de la esperanza, Buenos Aires, Comunizar, pp. 15-30, https://comunizar.com.ar/wp-content/uploads/John-Holloway-.-HACIA-UNA-TE...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
2022
Tema: 
Esperanza e ira para luchar contra el capitalismo
Idea principal: 

    John Holloway nació en Dublín, Irlanda. Es abogado, doctor en Ciencias Políticas, egresado de la Universidad de Edimburgo y diplomado en altos estudios europeos en el Collège d'Europe. Es profesor e investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México.


    ¿Dónde están los sueños de ayer?

    I

    El autor empieza su texto cuestionando si será prudente aceptar que “el mundo jamás irá a ser el lugar en el que [habían] soñado”, aceptar que las cosas son como son y despedirse de la generación de 1968, la cual está muriendo.

    II

    En la segunda sección, Holloway hace una reflexión en torno a historicidad y la latencia.

    Si se toma seriamente, la esperanza significa “una forma de pensar críticamente, autocríticamente, contra-y–más–allá del mundo tal como es, una forma de pensar que tiene una gramática diferente”.

    Los dos elementos de la nueva gramática son la historicidad y la latencia. El primer concepto hace referencia a comprender que la actual forma de organizar socialmente el mundo es una forma histórica y es “improbable” que dure para siempre. Asimismo, instituciones como el dinero, la mercancía y el Estado son otras formas socialmente históricas. Entonces, si se quiere pensar críticamente, hay que hacer un movimiento negativo y pensar en contra de esas formas de relaciones sociales que se presentan como eternas.

    Para el autor es importante preguntarse cómo hay que romper la lógica de la dinámica sistemática del capital, la cual nos está llevando a la “autoaniquilación”. Así, para profundizar la reflexión y promover el pensamiento crítico negativo, es necesario hacer ciencia contra la sociedad existente y no “ciencia social”.

    Por otra parte, hay que considerar la latencia como una “fuerza que no está siempre visible, sino que está empujando bajo la superficie contra el capitalismo”. Eso significa pensar en el “presente del mundo que todavía no existe, pero podría existir” y explorar las manifestaciones presentes de ese “Todavía-No”. Eso implica tener en mente el impulso que quiere crear un mundo diferente que rebase lo existente. Para lograrlo, hay que escuchar las rebeliones, los rechazos, las insubordinaciones, los otros-haceres, etc.

    III

    Continuando con su reflexión, el autor crítica que las universidades también son cómplices de cómo son las cosas ya que se excluye del pensamiento “ese grito de rechazo y esperanza” que intenta figurar otro mundo. Así, todos y todas “somos parte de un sistema educativo que dice una y otra vez: aprende cómo es el mundo, porque no hay otro”. Ante eso, Holloway se vuelve a preguntar, si efectivamente la revolución está muerta y que no hay salida del capitalismo. Aunque esa pregunta puede generar cierto temor (de que ya no haya esperanza alguna), la esperanza se puede volver en una ciencia del temor.

    En la actualidad, pensar en conceptos y, decirlos en voz alta (como comunismo y revolución) se han vuelto tabúes y se han reemplazado por palabras como democracia y gente. Al tiempo que “capitalismo” ha sido reemplazado por “neoliberalismo”, sin tomar en cuenta que “capital” básicamente hace referencia a la lógica de destrucción que nos mantiene atrapados. Por su parte, la extrema izquierda se dedica a denunciar todo lo malo que es el capitalismo, sin llegar a pensar cómo salir de él.

    De nuevo, el autor menciona si todos los teóricos marxistas se tendrían que cuestionar si efectivamente no hay salida y si tendrían que aceptar que estaban equivocados.

    IV

    En la cuarta sección, el autor reflexiona sobre la ira. La ira que nos causa leer sobre las atrocidades cometidas diariamente en este mundo. Según Holloway, detrás de todas esas desgracias hay una relación sistémica enraizada en un “mundo dominado por el dinero”. De esa forma, la ira no solo se presenta de manera separada, sino que se vuelve una ira antisistémica “contra el capitalismo”.

    De ahí que sea necesaria una ciencia de la ira: es necesario pensar la ira, volverla en contra del capitalismo, comprender que la esperanza se volvió una esperanza-en-cólera e intentar que esa ira se vuelva “la ira de la esperanza”. Sin embargo, además de la ira y la desesperación, es necesario dejar atrás las alternativas que buscan cambiar las cosas mediante la vía institucional. Por ejemplo, eliminar la lógica del capital no será posible a través de las instituciones estatales porque el Estado, en principio, está integrado en la reproducción del capital.

    V

    Dos respuestas

    La primera respuesta tiene que ver con la universidad. Si bien las universidades están estructuradas para “contribuir a la producción y reproducción del capital”, hay espacios dentro de ellas donde se está caminando en la “dirección opuesta”. Así, dentro de ciertas universidades se intenta crear una “grieta al sistema de dominación”. Siguiendo esa lógica, una forma de pensar en la revolución sería al extender esas grietas. Sin embargo, esos esfuerzos no han sido suficientes porque el capitalismo aún existe.

    En segunda instancia, habría que evitar “combinar la lucha autónoma con la lucha centrada en el Estado” porque evidentemente eso no funciona. Entonces, lo que habría qué hacer sería centrarse en lo que los zapatistas llaman la Tormenta, entendida como la crisis del capital.

    VI

    Una teoría de la esperanza

    El autor propone pensar al capitalismo no como un sistema de dominación, sino como una dominación-en-crisis. Holloway identifica que las luchas anticapitalistas y antisistémicas son la razón de la “enfermedad crónica” y posiblemente fatal”. Así, el marxismo deja de ser una teoría sobre la dominación para volverse una teoría de la crisis. Eso se puede entender de dos formas: 1) el marxismo se vuelve una teoría que explica lo horrible que es el capitalismo y señala que no es posible que sea estable y gentil; 2) el marxismo indica la fragilidad del sistema y, entonces, se vuelve una teoría de la esperanza.

    Holloway razona que el capitalismo, debido a su insaciable necesidad de explotar constantemente la vida, “tropieza” con la resistencia y con la deficiencia de los seres humanos. Eso lo lleva a experimentar la crisis, cuando la tasa de ganancia cae y se vuelve evidente que necesita reestructurarse. Así, reestructura la base tecnológica de la producción, elimina los capitales ineficientes, etc.

    Entonces, el capital se abre paso al reestructurarse, pero eso significa que también entabla “una batalla contra la fuerte resistencia al avance de los cambios que dañará a la clase obrera y la humanidad en su conjunto”. En ese contexto es cuando la esperanza se vuelve importante ya que en la crisis del capitalismo hay una “batalla entre el reconocimiento de que el capital es un sistema fracasado y la opinión de que no hay posibilidad de cambiarlo”.

    Según Holloway, desde la década de 1930 en adelante la política pasó a ser dominada por la postergación y administración de la crisis mediante la expansión de la oferta monetaria. Eso se pudo observar con el New Deal y los fascismos; sin embargo, fue después de la Segunda Guerra Mundial que la reestructuración del capital fue más que necesaria.

    Desde 1970, cuando la crisis se volvió a dar, el capital procura salir de sus dificultades al expandir el endeudamiento. Eso genera que se aplace la crisis, lo que trae consigo el crecimiento de las finanzas y de los bancos, pero también de los riesgos. El sistema se vuelve más volátil y el temor de que la burbuja del endeudamiento o capital ficticio colapse se vuelve cada vez más presente. Eso pasó en 2008, sin embargo, el sistema fue rescatado debido a una nueva ola de deudas que ha crecido mundialmente.

    Según Holloway, la “creciente violencia del capital por todo el mundo” se debe a su desesperación, y un abstracto y misterioso “nosotros” es la causa de su desesperación.

    Esta sección finaliza con la metáfora de un combate de boxeo: parece que la resistencia está muy golpeada y el capital tendría una fácil victoria; sin embargo, el capital se tambalea y está cerca de caerse. La lucha aún se puede ganar.

    VII

    Por último, el autor reflexiona sobre cómo el capital está desesperado y cómo “nos” enfurecemos con él no debido a que es un sistema injusto, opresivo, obsceno, sino porque es un “sistema fracasado” que ha demostrado ser inútil ya que no puede garantizar la reproducción de la vida humana. De ahí que sea necesario continuar construyendo alternativas, y aunque es difícil, esos esfuerzos aún no han sido derrotados. Así, el sueño está sano y salvo.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    El texto es una reflexión respecto a cómo la crisis del capitalismo contribuye a tener la esperanza de que algún día se acabe debido a su historicidad y sus contradicciones. En ese sentido, no se puede aceptar cínicamente las cosas como son y hay que hacer un esfuerzo respecto a cómo construir alternativas, que no nazcan de la iniciativa estatal-institucional, ya que están inmersas en la lógica del capital.

    Por otro lado, es poco convincente que la ira y la indignación ante lo que pasa en el mundo sea suficiente para que las masas entren en razón y se den cuenta que el capitalismo no funciona. En muchos casos, el enojo antisistémico desplazado se dirige, por ejemplo, a minorías, inmigrantes, miembros de la comunidad LGBTIQ+, etc., y es aprovechado por el surgimiento de las nuevas derechas y fascismos. Por otra parte, el autor sitúa la crisis del capitalismo más en las “resistencias” antisistémicas que se le plantean, en lugar de las dinámicas y realidades que, efectivamente, muestran los signos de un posible fin del capitalismo (como la crisis climática).