Can We Engineer Our Way Out of the Climate Crisis?
Gelles, David [2024], "Can We Engineer Our Way Out of the Climate Crisis?", The New York Times, New York, 31 de marzo, https://www.nytimes.com/2024/03/31/climate/climate-change-carbon-capture...
David Gelles es periodista, forma parte del equipo climático de The New York Times
En las mesetas islandesas, un equipo de internacional de ingenieros planea construir una gigantesca máquina que podría alterar la composición atmosférica de la tierra. El novedoso proyecto de geoingeniería, "Mammoth" (mamut), consiste en la absorción directa de grandes cantidades de aire, extrayendo dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero (GEI) y bloqueándolos debajo del suelo en piedra madre.
Tal rediseño del entorno natural, antes "ciencia ficción" (demasiado costoso e impráctico), ahora es una realidad debido al avance de los riesgos climáticos y el fracaso de los objetivos de reducción de emisiones. Tecnologías como esta comienzan a convertirse en una popular tendencia entre ciertos científicos e inversores preocupados por el cambio climático, aunque su eficacia y seguridad aún despiertan dudas. Algunos investigadores van más lejos; comienzan a estudiar formas de bloquear parte de la radiación solar: desde añadir hierro al océano para llevar dióxido de carbono hacia el fondo del mar, construir una sombrilla gigante en el espacio o, en el caso de Islandia, reducir las concentraciones de CO2 en el aire construyendo plantas de absorción gigantes. La humanidad parece verse cada vez más orillada a encontrar algún "deux ex machina" para parar la crisis climática.
Desde los inicios de la era industrial, en búsqueda de "industria y progreso", se han bombeado vastas cantidades de gases a la atmósfera: lo que equivale a una gran reconfiguración del delicado balance atmosférico del planeta que hoy transforma el mundo; más calor; sequías; tormentas; amenazas al "progreso humano". Poco han hecho los compromisos de los líderes políticos y empresariales del mundo para mantener la temperatura media mundial debajo del aumento de 1.5°C, en comparación a los niveles preindustriales (dato crucial 1), lo que alarma a la comunidad científica. La "geoingeniería" o "intervenciones climáticas" (término acuñado por sus defensores) está de moda; la crisis climática le ha dado seriedad a la propuesta, frente a un mundo que consume cada vez más energía, incapaz de abandonar lo suficientemente rápido los combustibles fósiles.
A pesar de todo, los proyectos son controversiales: por ejemplo, Occidental Petroleum (una de las grandes petroleras de Estados Unidos), desarrolla una idea similar a Mammoth en Texas: más grande en sus dimensiones, utilizando el dióxido de carbono capturado para extraer petróleo, contribuyendo a una de las principales causas de la crisis ambiental: la sobreexplotación de petróleo y gas. Algunos científicos alertan acerca de los efectos de estas "intervenciones" como una nueva caja de Pandora que puede alterar aún más los patrones climáticos y traer consigo consecuencias ambientales no deseadas. Así, surgen dudas sobre los alcances de la experimentación ambiental y si, en dado caso, seremos capaces de entender los riesgos de propuestas como estas.
Debemos preguntarnos si estas tecnologías fantasiosas y costosas no desperdiciarán aún más recursos y tiempo esencial, "adormeciendo" a las personas con la idea de que es posible frenar el cambio climático sin eliminar el uso de combustibles fósiles. A esto se le agrega el actuar malicioso y deshonesto de algunas compañías: México ha prohibido la modificación con radiación solar después de que una empresa emergente de California liberará dióxido de azufre en su territorio[1].
Las tecnologías de "bioingeniería" son relativamente nuevas y aún no existen grandes regulaciones sobre su funcionamiento ni sobre sus productos. Preguntas legítimas como las de Marion Hourdequin -profesora de filosofía ambiental- sobre quién decidirá y coordinará estos proyectos a lo largo del tiempo o acerca de la poca experiencia en materia de cooperación global sostenida que ha demostrado tener la sociedad internacional, adquieren gran validez.
Por otro lado, la planta Mammoth es destacada por quienes trabajan en ella como un logro tecnológico, impulsado por energía geotérmica y con grandes capacidades de captura de dióxido de carbono (dato crucial 2) en el lecho rocoso. Mediante grandes ventiladores, Mammoth succiona aire en grandes contenedores que contienen pequeñas bolas químicas encargadas de absorber CO2, para luego mezclarlas con agua y liberar el carbono millas debajo de la tierra, convirtiéndolo en roca -algo que ya sucede con la mayor parte del gas en la tierra (dato crucial 3).
Mammoth será la instalación más grande de su tipo en el mundo, aunque no la única: según lo prometido (cuando sea construida), la planta de Occidental Petroleum en Texas (Stratos) superará 10 veces las capacidades de Mammoth (dato crucial 4), eso si, vale la pena recordar que se utilizará para extraer más combustibles fósiles. Lejos de hacer sonar las alarmas climáticas, esto ha hecho que Occidental Petroleum (que aspira a convertirse también en una empresa de "gestión de carbono") se encuentre bien posicionada económicamente, con nuevos y boyantes proyectos (datos cruciales 5-7), lo que ha contribuido a elevar la producción de crudo de Estados Unidos a máximos históricos.
Mientras Occidental planea construir 100 nuevas instalaciones (cada una capaz de absorber 1 millón de toneladas anuales de CO2) y establece asociaciones "estratégicas" con BlackRock (el fondo financiero más grande del mundo) y Adnoc (empresa petrolera emiratí), la compañía suiza encargada de construir Mammoth, Climeworks, obtiene contratos para construir plantas de captura en Luisiana, Nairobi, Canadá y, próximamente, Europa. Bajo el objetivo declarado de neutralidad energética para 2040, se encuentra el negocio de los proyectos de Climeworks y Occidental, los "bonos de carbono"[1] que empresas como Microsoft, JPMorgan, UBS, Amazon, AT&T y los Houston Astros adquieren para compensar su huella de carbono (dato crucial 8).
El punto es que los proyectos y planes de construir grandes plantas de captura directa de aire están creciendo a pasos agigantados. Sin embargo, se basan en un mercado por el momento inexistente, en el que aún no hay muchas empresas dispuestas a invertir; existen formas más "baratas" para que las grandes corporaciones transnacionales "compensen" sus emisiones (dato crucial 9). No parece ser una solución a corto plazo, no obstante, algunos se muestran optimistas ante sus jugosas posibilidades futuras (dato crucial 10).
Otros en cambio -recuperando el largo historial de prácticas dudosas de las petroleras- apuntan a la captura directa de CO2 como una tapadera; una estratagema de la industria fósil de cara a la galería para prolongarse a sí misma en el tiempo, sin asumir responsabilidad sobre la actual crisis climática. A diferencia de Vicki Hollub -directora ejecutiva de Occidental que declaró que esta novedosa tecnología puede "preservar" la industria, otorgándole una licencia por "60, 70, 80 años" en los que será "muy necesaria"-, los científicos afirman una vez más que la transición energética debe ser urgente, dejando atrás la quema de combustibles fósiles; solo así se podrá evitar un aumento extremo de la temperatura global.
Los costos de estas propuestas de geoingeniería siguen siendo altos en comparación de sus posibles beneficios, aún con apoyos gubernamentales como en Estados Unidos (dato crucial 11). La cantidad de energía verde necesaria para abastecer estas plantas juega también en su contra. Como afirma Lili Fuhr, del Centro para el Derecho Ambiental Internacional, distribuir su energía a hogares y empresas sería mucho más eficaz para lograr los objetivos de descarbonización a largo plazo. Las proyecciones de crecimiento y nuevas plantas de captura no son alentadoras para combatir el cambio climático (aún construyendo cientos de centros no estarán cerca de capturar siquiera 1% de las emisiones anuales de CO2); las subvenciones públicas parecen entonces destinadas a beneficiar a empresas como Occidental y Climeworks; así "la industria ha sido exitosa capturando subsidios, no carbono".
En este contexto, la "intervención climática" y la captura de CO2 podrían ser además -como afirma el profesor de ingeniería civil y ambiental Mark Z. Jacobson- una "solución simple" y una "peligrosa distracción" de la reducción urgente de los combustibles fósiles. Por el contrario, quienes defienden la vía tecnológica opinan que ante la peligrosa aceleración y acercamiento a los límites climáticos, toda opción debería estar "sobre la mesa", y la captura directa de CO2 tiene un papel que jugar en todo ello.
Temperaturas récord; océanos calentados; megaincendios; todo ello evidencia incómodamente la manipulación del planeta por los últimos doscientos años, lanzando suficiente carbono a la atmósfera para alterar el delicado equilibrio climático y ecosistémico. Los esfuerzos por "ralentizar" o "revertir" la crisis llegan tarde y no es seguro que la humanidad logre frenar el problema. "¿Si el actual clima extremo y el aumento de la temperatura vino inadvertidamente, como una consecuencia no intencional del desarrollo humano, qué podrá suceder cuando comencemos a tratar de controlar activamente la atmósfera del planeta?", ¿Puede ser la geoingeniería, por el contrario, un esfuerzo verdaderamente diferente?
Notas
[1] Véase Cassandra Garrison [2023, 27 de marzo]. "Insight: How two weather balloons led Mexico to ban solar geoengineering", Reuters (https://www.reuters.com/business/environment/how-two-weather-balloons-le...), Donde se señala a la empresa Make Sunsets por lanzar dos globos meteorológicos al Estado de Baja California para experimentar con dióxido de azufre, violando la soberanía mexicana.
[2] Los créditos de carbono son certificados que "validan" mediante la compra y venta de créditos de derecho de emisión -que se pueden adquirir a su vez con la preservación de los bosques, el apoyo a proyectos de energías "limpias" o pagando, como en este caso, por "secuestro de carbono"- que una empresa ha reducido una tonelada de dióxido de carbono u otros gases de efecto invernadero de la atmósfera.
1) Se espera un aumento de 4ºC en las temperaturas globales a finales del siglo.
2) Mammoth es capaz de capturar 36 mil toneladas métricas de dióxido de carbono por año, una millonésima parte de las emisiones globales anuales.
3) Actualmente, 99% del carbono terrestre se encuentra almacenado en rocas, como mineral.
4) Stratos podría capturar 500 mil toneladas métricas de C02 al año.
5) Occidental Petroleum se encuentra valorada en más de 500 mil millones de dólares en 2024.
6) En 2023, Occidental adquirió una empresa emergente de geoingeniería, Carbon Engineering, por 1.1 mil millones de dólares para comenzar a construir el proyecto Stratos.
7) En Texas, Occidental planea construir 30 nuevas plantas, con los 1.2 mil millones de dólares otorgados por el gobierno estadounidense a los proyectos de captura directa de aire.
8) Bill Gates, dueño de Microsoft, es el mayor cliente de los bonos de carbono de Climeworks, pagando 10 millones de dólares a la compañía todos los años.
9) El costo de la capturar de una tonelada dióxido de carbono de aire ronda entre 500 y mil dólares. Mientras tanto capturar esa cantidad mediante la preservación de los bosques y pagos de energías verdes cuesta solo de 10 a 30 dólares.
10) Boston Consulting Group, importante empresa consultora, espera que más compañías y gobiernos compren más bonos de carbono. Estados Unidos y Europa empiezan a subsidiar la construcción de plantas. Por el momento prevé que en 2040 el mercado de la eliminación del carbono crezca de 10 mil millones de dólares a 135 mil millones.
11) Recientemente, Estados Unidos ha otorgado un crédito fiscal de 180 dólares a las empresas por cada tonelada métrica de CO2 capturada y almacenada.
Es importante plantear que los proyectos de geoingeniería y el desarrollo de otras tecnologías de punta como herramientas de manipulación climática para contrarrestar la crisis ambiental, propuestas por grandes empresas y estados, muestran y dan cuenta de la imperiosa necesidad del capital transnacional por encontrar soluciones "simples" a problemas complejos y, desde luego, nos proponen más problemas y dudas que alternativas reales al cambio climático.
Producto de la destrucción ambiental del antropoceno y la reproducción de capital a gran escala, las consecuencias y procesos ambientales se han acelerado. El artículo propone un debate que debe ser estudiado, entre quienes desarrollan y crean las tecnologías, y quienes las visualizan como un parche ante el colapso sistémico.
También es importante preguntarnos desde la investigación y seguimiento de los proyectos de las CTN acerca no solo de la efectividad como formas de combate y adaptación frente al cambio climático, sino también acerca de su intencionalidad como formas encubiertas y retardantes para no emprender la descarbonización y transición energética, y mantener los niveles de sobrexplotación de los recursos naturales que caracteriza la época posindustrial de la humanidad.
Por ultimo, también es importante exponer -como se hace en el artículo- las posibles consecuencias de la manipulación climática, aún no bien estudiadas, que abren un amplio panorama para que quienes investigamos acerca de estos fenómenos y quienes pretendan profundizar sobre ellos: acerca de los alcances del capital y de la tecnología humana, así como la posibilidad de configurar nuevas alternativas hacia la bifurcación sistémica.