Hacia un nuevo internacionalismo ecoterritorial

Cita: 

Bringel, Bruno y Sabrina Fernandes [2023], "Hacia un nuevo internacionalismo ecoterritorial", Miriam Lang, Breno Bringel y Mary Ann Manahan (editores), Más allá del colonialismo verde. Justicia global y geopolítica de las transiciones ecosociales, Buenos Aires, CLACSO, octubre, pp. 367-386, https://biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar/bitstream/CLACSO/249068/1/M...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
2023
Tema: 
La policrisis y la nueva configuración ecoterritorial de la lucha internacional
Idea principal: 

    Breno Bringel es doctor por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente se desempeña como profesor en el Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad Estatal de Río de Janeiro.

    Sabrina Fernandes es doctora en Sociología por la Universidad de Carleton e investigadora colaboradora de la Universidad de Brasilia, especializada en temas como la lucha territorial y el ecosocialismo. Es redactora en Jacobin Magazine y consultora de Jacobin Brasil.


    La crisis ecológica contemporánea y las profundas transformaciones dentro de los movimientos sociales ponen de manifiesto la necesidad de un giro radical en la lucha ecoterritorial a escala global. Hoy más que nunca, la globalización y las experiencias acumuladas bajo el modelo capitalista revelan interconexiones que demandan articular las resistencias climáticas y territoriales en torno a una crítica unificada al "imperialismo ecológico", el "colonialismo verde" y el régimen de asimetrías imperante bajo la globalización.

    Para Breno Bringel y Sabrina Fernandes, el futuro de todo movimiento popular y anticapitalista en el siglo XXI debe colocar a la naturaleza en el centro del debate social. Hacia un nuevo internacionalismo ecoterritorial subraya la necesidad de un análisis integral de la crisis multidimensional actual, destacando la urgencia de la lucha ecológica y por justicia global para construir nuevas alternativas civilizatorias.

    Policrisis, colonialismo verde y nuevos conflictos ecoterritoriales

    Ambos autores hacen hincapié en que la emergencia climática no es solo una crisis más, sino una parte indivisible de un nuevo contexto internacional más amplio. En la actualidad globalizada no existe un único problema vital; más bien cada crisis se entrelaza causalmente en un gran fenómeno generalizado: la "policrisis" a la que nos enfrentamos, una compleja "alineación temporal de riesgos sistémicos" que amenaza con producir fallos sincrónicos en todos los sistemas globales. Hasta ahora, la lógica extractivista y de explotación dominante solo ha exacerbado dinámicas como el "imperialismo ecológico" y el intercambio desigual del "colonialismo verde", falsas soluciones desde arriba a las que Bringel y Fernandes achacan la creación de nuevos conflictos geopolíticos y territoriales: desde la desposesión forzada de comunidades —convertidas en "zonas de sacrificio"— hasta el auge de amenazas globales como el "ecofascismo".

    La transición justa debe crear nuevos marcos de resiliencia, desde lo político y económico hasta lo social y ecológico, retomando ideas como la organización laboral y la justicia medioambiental, situándose en diferentes realidades: desde una pequeña comunidad hasta las fronteras nacionales y los acuerdos internacionales.

    De "otro mundo es posible" al "otro fin del mundo es posible"

    La caída del "socialismo real" a fines del siglo XX marcó un punto de inflexión: la globalización transformó radicalmente las dinámicas geopolíticas y sociales a escala planetaria. Para Bringel y Fernandes, este proceso ha impulsado una descentralización del estado-nación como eje hegemónico del internacionalismo. Ya no se trata de articular proyectos revolucionarios desde las instituciones estatales, sino de encontrar en las experiencias territoriales y movimientos sociales -como el zapatismo en Chiapas o el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) en Brasil— nuevas formas de solidaridad transnacional basadas en luchas concretas.

    En este contexto, los autores identifican tres momentos clave de convergencia global en torno a la emergencia climática durante las últimas décadas. Estos episodios no solo representan respuestas a crisis multidimensionales, sino que también delinean horizontes estratégicos para articular resistencias ante un sistema en colapso.

    Lucha por otros mundos posibles

    El Foro Social Mundial (FSM), celebrado en 2001 en Porto Alegre (Brasil), emergió como el primer espacio global de convergencia del siglo XXI para articular alternativas al neoliberalismo. En él confluyeron propuestas heterogéneas que buscaban tejer redes transnacionales de resistencia, desde movimientos sindicales hasta colectivos indígenas, bajo un objetivo común: contraponer nuevos mecanismos de solidaridad al modelo de globalización depredadora.

    La relevancia histórica de la "alterglobalización", subrayan los autores, radica en un diagnóstico anticipatorio de la crisis multidimensional del capitalismo (ecológica, económica y civilizatoria), así como su capacidad para integrar la lucha por la justicia socioambiental (articulando críticas al desarrollismo, eurocentrismo, colonialismo y patriarcado, con las demandas como la cancelación de la deuda externa del Sur Global, el reconocimiento de la deuda ecológica histórica acumulada por el Norte Global y la oposición al libre comercio extractivista), situando los movimientos indígenas, campesinos y "de base" en el centro de la organización.

    Pese a su trascendencia, el declive del FSM se explica por su incapacidad para generar respuestas unificadas ante coyunturas críticas posteriores, como la crisis financiera de 2007-2008. No obstante, su herencia inspiró nuevos ciclos de movilización: "las protestas de la indignación".

    Protestas en las plazas de todo el mundo

    Fernandes y Bringel definen al ciclo de los "movimientos de plazas" —iniciado con las Primaveras Árabes (2010-2013), el 15M español (2011) y Occupy Wall Street (2011)— como un segundo punto de inflexión para el nuevo activismo global donde la difusión de movilizaciones arraigadas en contextos nacionales trascendió rápidamente todas las fronteras mundiales; un "internacionalismo de resonancias" unido por el rechazo a los sistemas politicos tradicionales que buscaba otras conexiones internacionales posibles construyendo nuevas redes de solidaridad desde espacios digitales (Facebook, Twitter) con consignas como democracia real, justicia económica y dignidad social, usando formas no convencionales de organización y difusión debido a su transversalidad, expresando el hartazgo e indignación política que caracterizó la generación de las acampadas.

    Su declive se puede explicar por la falta de estructuras permanentes y la incapacidad de construir espacios internacionales duraderos a lo largo del tiempo, así como por los límites de las críticas de la mayoría de movimientos "de las plazas" (incapaz de profundizar en las raíces sistémicas de las crisis, la crítica a la lógica del capital transnacional era superficial).

    Hoy en día el capitalismo se vuelve cada vez más autoritario, las desigualdades y divisiones Norte-Sur aumentan y las extremas derechas se encuentran en auge, lo que bien puede ser un síntoma adicional de crisis. En este escenario ambos autores destacan que, al contrario de estos movimientos, las huelgas climáticas, el activismo juvenil y los defensores de la tierra en el Sur han sabido tomar la delantera.

    La pandemia y la emergencia de un nuevo momento mundial para las luchas internacionalistas

    En este contexto, la pandemia de COVID-19 representa una nueva coyuntura histórica y un nuevo punto de partida para el internacionalismo, acelerando las contradicciones de un sistema al borde del colapso ecológico. Llegó en un momento de agotamiento histórico de los recursos naturales y emergencia climática, acelerada por la neoliberalización e individualización de nuestra sociedad.

    A pesar de los grandes retrocesos democráticos y en materia de derechos humanos de los últimos años, Fernandes y Bringel subrayan cómo el hartazgo político pospandémico abre una ventana de oportunidades y alternativas no limitadas al "business as usual" ni al "capitalismo verde" que mercantiliza la crisis ambiental, sino que apuntan a reimaginar las bases de la organización social global a través de un nuevo paradigma de transformación ecosocial, promoviendo transiciones globalmente justas (articuladas desde experiencias territoriales diversas, aprendiendo de las lecciones históricas de movimientos anteriores).

    En tal sentido, es necesario reconocer la finitud y vivir más cerca de la tierra significa pasar del "otros mundos son posibles" al "otro fin del mundo es posible"; abandonar la ilusión del crecimiento infinito priorizando los modelos basados en los límites planetarios implica abordar las múltiples temporalidades del colapso (climático, económico, social) para construir nuevos horizontes comunes desde la justicia ecológica y las necesidades materiales de los pueblos.

    Hacia un nuevo internacionalismo ecoterritorial

    El nuevo "internacionalismo ecoterritorial" busca ser una conexión social y transnacional que conecta experiencias de resistencia socioambiental con la construcción de alternativas arraigadas en territorios concretos. Para Fernandes y Brindel, la transición justa debe entonces darse en diferentes ámbitos (energía, alimentación, producción, consumo y cuidado de la vida), articulando la transversalidad de las luchas (género, clase, etnia) con el giro ecoterritorial; tomando al cuerpo y la naturaleza en su relación con el territorio como escalas de lucha medioambiental, el "internacionalismo ecoterritorial" reconoce que los sujetos y biorregiones (ríos, cuencas, bosques, etc.) son esenciales para construir nuevas resistencias.

    No existe un formato único de lucha. Redes formales que articulan comunidades dentro de un territorio; colectivos transnacionales y plataformas globales, todas son válidas en tanto que se construyen como espacios que buscan generar alternativas al desarrollismo extractivista y construir nuevos horizontes de transformación sistémica. Mientras el internacionalismo del siglo XX se centró en el antiimperialismo y anticolonialismo tradicional, el actual enfrenta al imperialismo ecológico (saqueo de recursos del Sur) y al capitalismo verde (mercantilización de la crisis climática).

    Iniciativas como la Alianza por la Justicia Climática-Comunidades Unidas por una Transición Justa (Estados Unidos) y el Pacto Ecosocial e Internacionalista del Sur (América Latina) muestran avances concretos. Sin embargo, el internacionalismo ecoterritorial aún tiene un largo camino que recorrer y una multiplicidad de temas sobre los que trabajar (vivienda digna, modelos energéticos, redefinición de las relaciones naturaleza-humanidad, cultural).

Trabajo de Fuentes: 

Janzwood, S. y Homer-Dixon, T. [2022], What Is a Global Polycrisis?, Cascade Institute, https://cascadeinstitute.org/technical-paper/what-is-a-global-polycrisis/

Morin, E. y Kern, A. [1999], "Homeland Earth: A Manifesto for the New Millenium", Advances in Systems Theory, Complexity and the Human Sciences, Hampton Press.

Tamayo, J. [2020], La internacional del odio, Barcelona, Icaria.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    El análisis panorámico del internacionalismo ecoterritorial de Sabrina Fernandes y Breno Bringel se hace eco de conceptos esenciales para nuestro estudio de las corporaciones trasnacionales. La idea de policrisis llama a analizar la crisis civilizatoria y crisis económica como un fenómeno multidimensional, conjuntar lo económico-social con el quiebre ambiental y energético.

    Existe un amplio abanico de estudios sobre el colonialismo verde y el imperialismo ecológico como nuevas formas de adaptación del capital financiero internacional frente a la destrucción ambiental. Son nociones valiosas qué relacionan las estrategias y acciones de las empresas transnacionales con la responsabilidad ecológica corporativa.

    El texto muestra, además, la contrapartida de la acción climática desde abajo. Como la lucha multidimensional de los movimientos sociales, obreros, comunidades y pueblos a lo largo del planeta atraviesa no solo dimensiones locales e internacionales, sino también lo subjetual y bioterritorial. Esto se relaciona a la creación de alternativas civilizatorias y prácticas no hegemónicas de combate ante la crisis, con estrategias que tienen como fin crear nexos entre las luchas ecológicas y por la justicia global.