Disaster-proof capitalism. War, geopolitics, energy crisis: how the economy evades every disaster
The Economist [2025], "Disaster-proof capitalism. War, geopolitics, energy crisis: how the economy evades every disaster", The Economist, London, 19 de julio, https://www.economist.com/finance-and-economics/2025/07/15/war-geopoliti...
Cómo la economía mundial esquiva toda crisis
El artículo parte de una paradoja: a pesar de múltiples eventos globales que habrían sido devastadores en décadas anteriores —como la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania, la inflación persistente, las tensiones con China o el regreso del proteccionismo—, la economía mundial ha mantenido una estabilidad sorprendente. Los mercados bursátiles están cerca de sus máximos históricos, las tasas de desempleo en países ricos son bajas y el consumo se mantiene robusto. Esta resiliencia ha desconcertado a quienes pronosticaban colapsos económicos ante cada nueva crisis (datos cruciales 1-3).
También el texto sugiere que, más allá del ruido mediático y los conflictos geopolíticos, el capitalismo ha desarrollado una suerte de blindaje estructural. Las empresas, los consumidores y los gobiernos han aprendido a navegar en entornos de riesgo sin colapsar. Incluso cuando el conflicto en Taiwán se percibe como una amenaza latente, los mercados financieros reaccionan con calma. Esta desconexión entre el análisis geopolítico y el comportamiento de los mercados recuerda otros episodios históricos donde la economía prosperó pese al contexto bélico, como la bolsa británica en 1940.
Fuera del fuego
La segunda parte del artículo explora los mecanismos que han permitido esa estabilidad.
En primer lugar, se destaca la capacidad de adaptación de las cadenas de suministro. Aunque se asumía que la globalización había generado interdependencias frágiles, la pandemia reveló lo contrario: sectores clave, como los semiconductores, lograron aumentar la producción de forma acelerada. Las redes logísticas globales, combinadas con digitalización y diversificación geográfica, han reducido el riesgo de interrupción sistémica (datos cruciales 4 y 5).
En segundo lugar, el cambio estructural hacia una economía más intensiva en servicios ha reducido la exposición a shocks industriales. El comercio de bienes crece menos que antes, pero los servicios, desde software hasta turismo, muestran gran capacidad de rebote.
En tercer lugar, los gobiernos han abandonado el dogma de la austeridad. La política fiscal expansiva, sumada a bancos centrales intervencionistas, ha generado un entorno de apoyo permanente: se rescatan bancos, se garantizan depósitos, se emiten transferencias, y se mantienen déficits crónicos. El capitalismo contemporáneo se sostiene sobre una arquitectura público-privada que combina agilidad empresarial con respaldo estatal.
Falsa seguridad
Sin embargo, esta resiliencia tiene efectos colaterales preocupantes. En el mundo emergente —si bien muchos países han aprendido a gestionar crisis sin colapsar— esto ha generado un nuevo tipo de vulnerabilidad: se evita el impago a toda costa, pero a costa de acumular tensiones fiscales y sociales insostenibles. Se nos muestra cómo China, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros acreedores prefieren no provocar defaults, lo que genera una parálisis en las reestructuraciones. Como resultado, el sistema produce menos crisis “explícitas”, pero más crisis “latentes” (dato crucial 6).
En el nivel global, esta lógica se reproduce en la política monetaria y fiscal: la intervención permanente crea una expectativa de salvataje ante cualquier caída. Esto estimula el “riesgo moral”: los inversionistas son más cautelosos, confiados en que el Estado siempre actuará como red de protección. Este fenómeno es visible en la acumulación de deuda pública, el sobreendeudamiento corporativo y la euforia bursátil. A largo plazo, esta dinámica puede provocar una dislocación: si bien el sistema parece más fuerte, también es más dependiente y menos disciplinado (dato crucial 7).
El verdadero daño podría venir de los aranceles sectoriales de EE.UU.
La última sección se centra en un riesgo geoeconómico de carácter estructural: el regreso del proteccionismo estadounidense, particularmente bajo el liderazgo de Donald Trump.
Aunque se ha prestado mucha atención a los aranceles generales, el artículo advierte que los mayores impactos pueden surgir de los aranceles sectoriales dirigidos a industrias clave: automóviles, acero, semiconductores, farmacéuticos. Estas medidas, al fragmentar las cadenas globales de valor, podrían generar efectos acumulativos en sectores de alta tecnología e interdependencia (dato crucial 8).
Asimismo, las represalias comerciales que otros países podrían implementar escalarían la fragmentación del comercio internacional. El capitalismo actual depende de redes globales de producción y de reglas comunes: la imposición unilateral de restricciones por razones estratégicas socava este entramado.
1- A pesar de múltiples crisis entre 2011 y 2024 incluyendo Brexit, guerra en Ucrania, la pandemia de COVID-19 y el auge del proteccionismo, el crecimiento del producto interno bruto global promedió cerca de 3% anual, salvo por la contracción excepcional de 2020-2021.
2- En el primer trimestre de 2025, las ganancias corporativas globales crecieron 7% respecto al año anterior; el desempleo en países de la OCDE permanece por debajo del 5%, y más de la mitad de los principales índices bursátiles se sitúan a menos de 5% de sus máximos históricos.

La figura 1 muestra el índice de confianza del consumidor en EE.UU. desde 1952. A pesar de la alta percepción de crisis, el consumo real sigue siendo sólido.
3- El índice de volatilidad VIX, que mide el riesgo percibido en Wall Street, permanece por debajo del promedio histórico, a pesar de conflictos geopolíticos activos como la tensión en el estrecho de Taiwán o la guerra en Ucrania.

La figura 2 representa el índice de riesgo geopolítico desde 1900, basado en la frecuencia de artículos que mencionan conflictos, tensiones o amenazas globales. Se observan picos durante eventos como la Segunda Guerra Mundial, la crisis del petróleo y, recientemente, durante la guerra en Ucrania y las tensiones con China.
4- En 2021, la industria global de semiconductores distribuyó 1.2 billones de unidades, lo que representó un incremento de 15% interanual, en el punto más álgido de la crisis de suministros.
5- Desde 1973, el consumo de petróleo por cada $1,000 de PIB ha caído aproximadamente 60%. En 2023, los países no pertenecientes a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) produjeron más de 64 millones de barriles diarios, el doble que en 1973.

La figura 3 refleja la caída sostenida del consumo global de petróleo por cada $1,000 de PIB desde 1965. Esto demuestra que la economía mundial se ha vuelto menos intensiva en hidrocarburos, lo cual reduce su vulnerabilidad ante crisis energéticas.
6- Según el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en 2024 existían 59 países bajo estrés financiero. Sin embargo, solo 1.2% del PIB total de los países emergentes (excluyendo China) se encontraba en default, en contraste con 11.7% de 1987.

La figura 4 indica el porcentaje de deuda soberana en default como proporción del PIB en mercados emergentes (excluyendo China). El gráfico muestra una fuerte disminución en defaults desde los años 80, a pesar del aumento de países en tensión financiera.
7- Estados Unidos destina más de 3% de su PIB al servicio de su deuda pública, cifra que supera su gasto militar. Además, posee pasivos contingentes federales estimados en más de cinco veces su producto interno bruto.
8- Los nuevos aranceles sectoriales de Estados Unidos incluyen: 50% sobre metales como cobre, acero y aluminio; 25% sobre automóviles importados; y hasta 200% sobre ciertos productos farmacéuticos. Se espera que los países más afectados sean Taiwán, Vietnam, Corea del Sur y Japón.

La figura 5 representa los aumentos proyectados en tasas arancelarias efectivas por parte de EE.UU. para diferentes países y sectores. Muestra que las medidas más agresivas se concentran en productos farmacéuticos, semiconductores y metales estratégicos, afectando especialmente a economías asiáticas.
Esta ficha permite articular discusiones sobre política económica internacional, protección institucional y gestión del riesgo sistémico.
rEntonces nos revela cómo el actual orden económico ha desarrollado “mecanismos de amortiguación” que disimulan la gravedad de las crisis mediante intervención estatal, innovación logística y robustez financiera. Esto plantea dilemas clave sobre sostenibilidad fiscal, desigualdad y riesgo moral. Además, expone la tensión entre resiliencia aparente y fragilidad estructural: el capitalismo del siglo XXI no es invulnerable, solo está mejor amortiguado… hasta que deje de estarlo.

