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How Capitalism's Greatest Strength is Driving it Towards Collapse

Cita: 

Abela, Paul [2025], "How Capitalism's Greatest Strength is Driving it Towards Collapse", transformatise, 12 de octubre, https://www.transformatise.com/2025/10/why-capitalism-is-unsustainable/

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
Domingo, Octubre 12, 2025
Tema: 
Capitalismo y colapso ecosistémico
Idea principal: 

    Paul Abela es escritor y pensador sistémico. Analiza las causas sociales, económicas y políticas de la crisis climática.


    La premisa del autor es que la fuerza del capitalismo es, a la vez, lo que garantiza su colapso. Propone entender el funcionamiento del sistema, para enseguida argumentar acerca de las tendencias que conducen a la autodestrucción: "El capitalismo es brillante y destructivo en igual medida".

    La mayor fuerza del capitalismo

    El capitalismo, a diferencia de cualquier otro sistema económico de nuestra historia, posee una fortaleza inigualable. Gracias a esta ventaja, el capitalismo es capaz de desplegarse y operar en condiciones cambiantes centradas en la búsqueda de crecimiento económico, de consumo y producción. Es decir, una lógica de crecimiento perpetuo generalizado. Derivado de estos objetivos, resulta aceptable afirmar que la humanidad vive mejor que en cualquier otro momento de su historia, al menos en términos materiales. Su vida es más prolongada, posee mayor bienestar, consume más y tienen una vida más “tranquila”.

    Tal fortaleza del capitalismo es la adaptabilidad. Esta permitió llegar al punto actual de desarrollo económico y tecnológico. Algo que Schumpeter podría encasillar dentro de su concepto de “destrucción creativa”. Detrás de la adaptabilidad se encuentra la innovación constante, surgida de decisiones egoístas individuales que terminan por sostener un sistema autoorganizado. Empresas que no innovan, quiebran; otras tantas surgen para reemplazarlas y mejorar sus procesos. En conjunto, permiten que el sistema evolucione y se adapte de manera resiliente ante cualquier escenario.

    Las reglas del juego

    Algunos pensarán que el capitalismo evoluciona y se adapta como un ecosistema. Pero tal analogía no es correcta. En un ecosistema, sus individuos evolucionan a la par que mantienen el equilibrio del conjunto. En el capitalismo no hay evolución (o crecimiento) que no perjudique su propio entorno.

    Los objetivos de maximizar producción, consumo y riqueza juegan en contra del propio sistema, pues socavan aquellas condiciones que hacen posible que el propio sistema se reproduzca (recursos naturales, cambio climático, etc.). El capitalismo no favorece al equilibrio. Al contrario, refuerza el desequilibrio, la explotación y el beneficio de unos pocos en detrimento de muchos otros.

    La debilidad última

    De esta manera, su mayor fortaleza es también su debilidad más grande. Aunque funcione demasiado bien, su funcionamiento dirige a sociedad y naturaleza hacia un colapso inevitable. No puede existir crecimiento económico, sea poco o mucho, sin destrucción del ambiente (dato crucial 1).

    Se repiten por todos los medios aquellos impactos ecológicos derivados de nuestras actividades económicas. Desde extinción masiva de especies hasta un aumento global de temperaturas. El sistema no funciona sin socavar a la naturaleza.

    Escapando de la extralimitación

    ¿Qué se puede hacer entonces? Las opciones son reducidas y quizá casi imposibles, pero en todo caso, es mejor que no hacer nada. La primera es continuar por el camino trazado y esperar que el colapso no nos llegue demasiado pronto. La segunda se encuentra en la adaptabilidad del propio capitalismo. Quizá podemos usar esa ventaja para diseñar una salida.

    El problema radica en que, por más caminos alternos que busquemos, la lógica subyacente del capitalismo no nos permitirá escapar de un destino catastrófico. Por más eficiente que se vuelva la producción y menos recursos utilice por unidad producida, su impacto se redistribuirá de otra manera (dato crucial 2).

    Por ejemplo, si algunos bienes se vuelven más baratos y mayor número de personas tienen acceso a ellos, el resto del ingreso se destinará en la compra de otros productos, ya existentes o en proceso de salida al mercado. La producción no se va a detener y, por tanto, el impacto ambiental tampoco lo hará.

    Cuestionando lo incuestionable

    La lógica de la expansión infinita es el obstáculo principal. De esta se derivan otro tipo de problemáticas que vuelven más conflictivo hallar una solución. Quizá uno de los más importantes sea el escenario político. ¿Qué líder mundial va a cuestionar un sistema que parece tan exitoso y, además, se considera sagrado? En este contexto, la economía no puede tener otro objetivo que el del crecimiento.

    Al margen de las soluciones “dentro del sistema”, algunos pensadores indican que la solución se halla en el decrecimiento. Es decir, producir y consumir menos, a la vez que los parámetros del bienestar van más allá del PIB. El problema principal de esta alternativa también se encuentra en el plano político ¿Qué sociedad apoyaría a un político que promete decrecimiento?

    El problema es complejo desde muchas perspectivas. Lo único definitivo es que el capitalismo y nuestro planeta son incompatibles. Y, de esta manera, “el colapso no es una posibilidad, sino algo inevitable”. El capitalismo tendrá fin, pero no por decisión humana. Y cuando esto suceda, la naturaleza, de una u otra forma, volverá a encontrar su equilibrio. Solo quedan pocas incógnitas: ¿estará la especie humana para presenciarlo? ¿o quizá esta termine sus días a la par que el capitalismo?

Datos cruciales: 

    1) Desde 1971, la humanidad se encuentra en un estado de sobregiro ecológico: es decir, nuestra huella ecológica es mayor que la que un solo planeta Tierra puede sostener. Hoy día se necesitan 1.75 Tierras para sostener nuestro nivel de vida.

    2) Entre 1980 y 2007, la intensidad material de la economía global cayó 33%. Sin embargo, el PIB mundial creció 141%. Esto significa que el uso total de recursos aumentó 61%.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    No hay alternativa dentro del capitalismo que evite el colapso económico, social y natural. La lógica capitalista muerde y cercena la mano que le da de comer. Recibe del ambiente, pero no le retribuye nada positivo. Requiere de la fuerza de trabajo, pero la desvaloriza y deteriora. Afecta incluso a aquellos que no forman parte directa de la trayectoria productiva del capital. En el análisis anterior se hace hincapié en el colapso del equilibrio ecosistémico y la naturaleza. Pero el colapso sucede en diferentes categorías y a diferentes niveles. Esta solo es una de tantas consecuencias (auto)destructivas del capitalismo.

    Y, en efecto, parece imposible pensar en otra alternativa que no involucre al capitalismo. La cultura del crecimiento infinito se impregnó hasta la raíz no solo en nuestros dirigentes, sino también en la mayoría de la sociedad. Ahora no solo arriba de la pirámide del poder parece imposible hallar agentes disruptivos con el sistema económico actual, sino también en la base. Y cuando los hay, se disipan como polvo en el aire.

    El contrapunto a esta visión es la necesidad de construir estrategias y prácticas que se sitúen en el colapso y las posibilidades de garantizar la supervivencia de los grupos humanos. Una crítica que conduzca a cambiar las relaciones sociales y aquellas entre lo humano y lo más-que-humano.