Special economic zones for restoring American space dominance
Hwang, Tim y Quade MacDonald [2025], "Special economic zones for restoring American space dominance", SpaceNews, 13 de octubre, https://spacenews.com/special-economic-zones-for-restoring-american-spac...
Tim Hwang es un experto en derecho y política tecnológica. Trabaja en innovación y seguridad nacional, ha ocupado puestos directivos en Substack y Google, y escribió Subprime Attention Crisis sobre las fallas del mercado de la publicidad programática.
Quade MacDonald es investigador asociado no residente en la Foundation for American Innovation y fellow en el Roots of Progress Institute, donde estudia los cuellos de botella en la política industrial espacial y las tecnologías espaciales emergentes.
El artículo sostiene que la verdadera disputa entre Estados Unidos y China no es quién pisa primero la Luna, sino quién logra dominar el espacio en su conjunto. Mientras se presenta el programa Artemis como una “carrera”, lo cierto es que este proyecto está atado a viejas estructuras industriales y a un sistema regulatorio que frena su avance. El uso del Space Launch System, cargado de intereses políticos y retrasos, y la subutilización de Starship de SpaceX —limitada por fallos técnicos y procesos regulatorios extensos— muestran que Estados Unidos no está preparado para competir seriamente.
China, en contraste, avanza con una capacidad industrial masiva y diversificada: cuenta con 51 sitios de producción de cohetes en sus principales empresas, ha logrado hitos como el primer reabastecimiento orbital y pruebas exitosas de su módulo lunar Lanyue, y se perfila para establecer una base en el polo sur lunar antes que Estados Unidos, incluso con miras a Marte. Este poder deriva de su transformación económica iniciada en los años setenta, cuando el país pasó de estar entre los más pobres del mundo a convertirse hoy en día en la mayor potencia manufacturera.
Las zonas económicas especiales (SEZs, por su sigla en inglés) fueron decisivas: liberaron a la industria de trabas burocráticas, atrajeron inversión extranjera y convirtieron ciudades como Shenzhen en polos tecnológicos globales. Allí surgió el concepto de Shenzhen speed, que describe la capacidad de construir rascacielos y megaproyectos en tiempos récord, en contraste con los procesos largos y burocráticos que caracterizan a Occidente. Esa rapidez industrial es también la base material de su actual dominio espacial.
El sistema regulatorio estadounidense es un obstáculo decisivo: casos como el retraso de Varda Space Industries por permisos de reentrada, o las “exigencias absurdas en evaluaciones ambientales que ralentizan a SpaceX” según Elon Musk, ilustran cómo la burocracia reduce la cadencia de lanzamientos y, con ello, la capacidad de prueba y perfeccionamiento tecnológico.
La propuesta central es replicar el modelo chino mediante SEZs aplicadas al sector espacial estadounidense. Un ejemplo sería el Space Coast Compact, un pacto interestatal entre Texas, Florida, Luisiana, Misisipi y Alabama para crear una zona económica especial que impulse infraestructura, nuevos puertos espaciales, fábricas de cohetes y proyectos de manufactura en órbita.
Los autores sostienen que Estados Unidos tiene los recursos y la innovación suficiente para superar a China, pero el verdadero obstáculo para que recupere el liderazgo espacial es la maraña regulatoria y la lentitud institucional que frenan su industria. En todo caso, si no replantea sus estructuras regulatorias mediante zonas económicas especiales, el país corre el riesgo de quedar definitivamente rezagado.
La disputa por la hegemonía expresa la tensión estructural del capitalismo contemporáneo: no se trata de quién acumula más poder en un terreno específico, sino de quién logra imponer el ritmo y las reglas de la expansión global. El espacio exterior funciona como un laboratorio de esta pugna, donde se revela que la hegemonía depende tanto de la capacidad de producir infraestructuras críticas como de acelerar su despliegue. China, al transformar su condición periférica en liderazgo tecnológico mediante zonas económicas especiales y una velocidad de construcción inédita, muestra que la hegemonía se funda en la reorganización radical de las condiciones materiales. Estados Unidos, atrapado en su propia burocracia, evidencia cómo las estructuras institucionales pueden convertirse en un límite interno para sostener el liderazgo. Así, la competencia espacial no es un episodio aislado, sino la manifestación de una lucha más amplia por definir el horizonte civilizatorio y el control de los tiempos históricos.

