II. ¿El opio de los ecologistas? Ilusiones del Antropoceno, gestión planetaria y el Capitaloceno como alternativa

Cita: 

Moore, Jason W. [2025], "II. ¿El opio de los ecologistas? Ilusiones del Antropoceno, gestión planetaria y el Capitaloceno como alternativa", La gran implosión. Clase, imperio y crisis climática en el capitalismo zombi, Madrid, Traficantes de sueños, pp. 33-55, https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_35_implosion_web_0.pdf

Fuente: 
Libro
Fecha de publicación: 
2025
Tema: 
Crítica al Antropoceno y a la gestión ambiental desde la perspectiva del Capitaloceno
Idea principal: 

    Jason W. Moore es historiador y teórico social, profesor en la Universidad de Binghamton. Su trabajo se centra en el análisis histórico del capitalismo desde una perspectiva que integra economía política, ecología y relaciones de poder a escala mundial. Es conocido por desarrollar el concepto de Capitaloceno, con el cual cuestiona las explicaciones ambientales que atribuyen la crisis ecológica a la humanidad en abstracto, y propone situarla en los procesos históricos de acumulación capitalista, colonialismo y explotación del trabajo y de la naturaleza. Su obra dialoga con la teoría del sistema-mundo y con enfoques críticos de la ecología política.


    El texto es un ensayo crítico que problematiza el uso extendido del concepto de Antropoceno en el pensamiento ecológico contemporáneo, al que el autor atribuye un carácter ideológico más que descriptivo. Desde su perspectiva, dicho concepto construye una narrativa en la que la “humanidad” aparece como sujeto homogéneo responsable de la crisis ecológica, lo que borra las diferencias históricas, sociales y geográficas en la producción del deterioro ambiental. El autor sostiene que esta operación conceptual contribuye a despolitizar la crisis ecológica, al desligarla de las relaciones de poder propias del capitalismo histórico.

    A lo largo del texto, se desarrolla una crítica a los supuestos epistemológicos y políticos que sostienen el discurso dominante sobre el Antropoceno, señalando que este se articula con una lógica de gestión y control del planeta que reproduce las condiciones que originan la crisis. Frente a ello, el autor propone desplazar el análisis hacia el concepto de Capitaloceno, el cual permite situar la crisis ecológica dentro de una historia específica de acumulación capitalista, expansión colonial y explotación del trabajo y de la naturaleza. Desde esta perspectiva, la crisis ambiental no es resultado de una acción humana abstracta, sino de un sistema histórico concreto.

    El prometeísmo o la lógica geocultural del capitalismo histórico

    En esta sección, el autor introduce el concepto de prometeísmo para describir una lógica cultural que atraviesa al capitalismo histórico y que se expresa en la creencia en la capacidad ilimitada de la humanidad para dominar y transformar la naturaleza. Este prometeísmo se manifiesta en la confianza en la ciencia, la técnica y el progreso como medios para superar cualquier límite natural, y se presenta como un rasgo constitutivo de la modernidad capitalista. El autor subraya que esta lógica no es universal ni transhistórica, sino el resultado de procesos históricos específicos ligados a la expansión del capitalismo.

    El texto sostiene que el prometeísmo funciona como una matriz ideológica que legitima la explotación sistemática de la naturaleza, al concebirla como un objeto pasivo susceptible de ser controlado y optimizado. Esta visión, según el autor, ha sido central en la organización de la producción capitalista y en la construcción de una relación instrumental con la vida. En este sentido, el prometeísmo no solo estructura las prácticas económicas, sino también las formas de conocimiento que separan a la humanidad de su entorno natural.

    Finalmente, el autor vincula esta lógica prometeica con ciertos discursos ecológicos contemporáneos que, pese a presentarse como críticos, reproducen la fe en soluciones tecnológicas y en la capacidad de gestión racional del planeta. De este modo, el ecologismo dominante no rompe con el prometeísmo, sino que lo reinscribe en un nuevo lenguaje ambiental, manteniendo intactas las bases culturales y económicas del capitalismo histórico.

    Historia de dos antropocenos: cientificismo y sostenibilidad de los ricos
    El autor distingue dos formas predominantes de conceptualizar el Antropoceno que, aunque diferentes en su énfasis, comparten supuestos fundamentales. Por un lado, identifica una narrativa cientificista que entiende la crisis ecológica como un problema técnico y sistémico, abordable mediante modelos científicos, innovación tecnológica y mecanismos de control global. Esta versión privilegia el saber experto y desplaza la discusión hacia el ámbito de la gestión, reduciendo el conflicto socioambiental a un problema de eficiencia y administración.

    Por otro lado, el texto describe una narrativa centrada en la sostenibilidad, orientada principalmente a preservar las condiciones materiales que sostienen los estilos de vida de las élites económicas y de los países centrales. Bajo este enfoque, la sostenibilidad se convierte en una estrategia para garantizar la continuidad del consumo y del crecimiento, sin cuestionar las relaciones de explotación que lo hacen posible. El autor señala que esta versión del Antropoceno se apoya en soluciones de mercado y en mecanismos de compensación que refuerzan las desigualdades existentes.

    Ambas narrativas, sostiene el autor, construyen una imagen abstracta de la humanidad como sujeto responsable de la crisis ecológica, lo que oculta las diferencias de clase, región y poder que estructuran el capitalismo global. Al hacerlo, estas interpretaciones del Antropoceno contribuyen a despolitizar la crisis ambiental y a legitimar respuestas que no alteran las bases del sistema que la produce.

    El Hombre, la Naturaleza y los orígenes del capitalismo

    En esta sección, el autor examina la separación conceptual entre “Hombre” y “Naturaleza” como un elemento central en la constitución histórica del capitalismo. Se argumenta que esta dicotomía no es una condición natural, sino una construcción social que emerge con la modernidad y que resulta fundamental para la organización capitalista de la producción. Al situar a la naturaleza como un ámbito externo y subordinado, se establecen las condiciones para su apropiación y explotación sistemática.

    El texto vincula esta separación con los procesos de colonización y expansión imperial, en los cuales la naturaleza y los territorios colonizados fueron integrados al circuito de acumulación capitalista como fuentes de recursos y trabajo barato. En este sentido, la relación entre humanidad y naturaleza se configura a partir de relaciones de poder que permiten la mercantilización de la vida y la reorganización de los ecosistemas en función de las necesidades del capital.

    El autor sostiene que esta forma de concebir la naturaleza como un recurso explotable es clave para entender tanto los orígenes del capitalismo como la especificidad de la crisis ecológica contemporánea. La dicotomía Hombre/Naturaleza no solo estructura las prácticas económicas, sino también las formas de conocimiento que legitiman la dominación sobre el mundo natural.

    Gestión planetaria, o cómo evitar ver la vida como un jefe

    Aquí se desarrolla una crítica a la noción de gestión planetaria, entendida como una extensión de la racionalidad empresarial al conjunto del planeta. El autor señala que este enfoque concibe la vida como un objeto administrable, susceptible de ser medido, regulado y optimizado a través de mecanismos técnicos y burocráticos. Esta perspectiva se presenta como neutral y necesaria, pero en realidad reproduce jerarquías y relaciones de poder propias del capitalismo.

    El texto analiza cómo la gestión planetaria se articula con formas de gobernanza global que concentran la toma de decisiones en manos de expertos, instituciones internacionales y actores corporativos. Estas estructuras, según el autor, tienden a excluir a las poblaciones que experimentan de manera directa los efectos de la crisis ecológica, reduciendo su papel a objetos de intervención y control.

    De este modo, la gestión planetaria funciona como una estrategia que evita cuestionar las causas estructurales de la devastación ambiental. Al centrar la atención en la administración de los efectos de la crisis, se desplaza el debate político sobre las relaciones sociales y económicas que la producen, reforzando una visión despolitizada de la problemática ecológica.

    Justicia planetaria y proletariado planetario: ¿hacia el Proletarioceno?

    En la sección final, el autor propone reorientar el análisis de la crisis ecológica hacia una perspectiva de justicia planetaria que permita visibilizar las desigualdades estructurales del capitalismo global. Para ello, introduce la noción de proletariado planetario, con la que busca dar cuenta de las poblaciones que, a escala mundial, soportan de manera desproporcionada los costos sociales y ambientales del sistema capitalista. Esta categoría permite articular la crisis ecológica con las relaciones de clase y explotación.

    El texto sostiene que pensar en términos de un proletariado planetario implica reconocer que la crisis ambiental no afecta de manera homogénea a la humanidad, sino que se inscribe en una geografía desigual del poder y de la acumulación. Desde esta perspectiva, la degradación ambiental aparece vinculada a las condiciones de vida y de trabajo de amplios sectores sociales, particularmente en los territorios periféricos.

    Finalmente, el autor plantea la posibilidad de conceptualizar este escenario como un Proletarioceno, en contraposición al Antropoceno. Esta noción busca reinscribir la crisis ecológica en un marco histórico y político que permita articular las luchas ambientales con las luchas sociales, abriendo el debate sobre alternativas que cuestionen las bases estructurales del capitalismo.

Datos cruciales: 

    1) El concepto de Antropoceno se consolida como una categoría científica y política que atribuye a la “humanidad” en su conjunto la responsabilidad por la crisis ecológica global, sin distinguir entre actores sociales, relaciones de poder ni responsabilidades históricas diferenciadas. Esta operación conceptual borra el papel específico del capitalismo histórico en la producción del deterioro ambiental.

    2) El prometeísmo, entendido como la creencia en la capacidad ilimitada de la humanidad para dominar y controlar la naturaleza mediante la ciencia y la técnica, constituye una lógica geocultural central del capitalismo histórico. Esta lógica estructura tanto las prácticas económicas como los discursos contemporáneos de gestión ambiental, al presentar la crisis ecológica como un problema técnico susceptible de administración racional.

    3) Las narrativas dominantes del Antropoceno se expresan principalmente en dos formas: una versión cientificista, centrada en la modelización, el control y la gobernanza experta del sistema Tierra; y una versión orientada a la sostenibilidad, enfocada en preservar los estilos de vida de las élites globales. Ambas perspectivas despolitizan la crisis ambiental y refuerzan las desigualdades sociales existentes.

    4) La separación moderna entre “Hombre” y “Naturaleza” es un presupuesto histórico del capitalismo que permitió la mercantilización de la vida y la reorganización de los ecosistemas en función de la acumulación. Esta dicotomía se articula con procesos de colonización y expansión imperial, y resulta fundamental para comprender la especificidad de la crisis ecológica contemporánea.

    5) La propuesta de categorías alternativas como Capitaloceno y Proletarioceno busca reinscribir la crisis ecológica en un marco histórico y político que permita articularla con las relaciones de clase y las desigualdades estructurales del capitalismo global. Estas nociones desplazan la idea de una responsabilidad humana abstracta y reintroducen el conflicto social como eje central del análisis ambiental, vinculando la degradación ecológica con las condiciones de explotación del trabajo a escala planetaria.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    El texto se vincula directamente con el descriptor Destrucción del ambiente, al problematizar las explicaciones dominantes de la crisis ecológica que atribuyen el deterioro ambiental a la acción de la humanidad en abstracto. Al desplazar el foco hacia el capitalismo histórico, el autor permite analizar la destrucción del ambiente como un proceso estructural asociado a la lógica de acumulación, la explotación de la naturaleza y la expansión de relaciones sociales específicas, más que como una consecuencia inevitable de la actividad humana en general.

    En relación con Fronteras del capital, el planteamiento del Capitaloceno resulta particularmente relevante para comprender cómo la expansión capitalista ha implicado la incorporación constante de nuevos territorios, recursos y formas de vida al circuito de acumulación. El texto sugiere que la crisis ecológica actual está vinculada al agotamiento de estas fronteras y a los intentos de gestionarlas mediante dispositivos técnicos y políticos que buscan sostener la reproducción del capital, incluso en contextos de creciente degradación ambiental.

    Respecto al descriptor Combate y adaptación frente a la destrucción del ambiente, el texto permite cuestionar las respuestas centradas en la gestión planetaria, la innovación tecnológica y la sostenibilidad entendida como adaptación del sistema existente. El autor muestra que estas estrategias, al no cuestionar las bases estructurales del capitalismo, tienden a administrar los efectos de la crisis sin enfrentar sus causas, lo que limita su capacidad para constituirse como alternativas efectivas frente a la destrucción ambiental.

    Finalmente, el texto se articula con Alternativas civilizatorias al plantear la necesidad de repensar la crisis ecológica desde una perspectiva de justicia planetaria y de conflicto social. La introducción de nociones como proletariado planetario y Proletarioceno abre un campo de investigación orientado a explorar formas de organización social y política que no se limiten a gestionar la crisis, sino que cuestionen las relaciones de poder y explotación que la producen. En este sentido, el texto contribuye a ampliar el debate sobre posibles horizontes alternativos frente al orden civilizatorio capitalista vigente.