Los gigantes financieros globales. El núcleo del capitalismo mundial

Cita: 

Phillips, Peter [2019], "Los gigantes financieros globales. El núcleo del capitalismo mundial", Megacapitalistas. La élite que domina el dinero y el mundo, Barcelona, Roca

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
2019
Tema: 
Economía del daño: los 17 gigantes financieros, élites blindadas y estados marioneta al servicio de la impunidad y la acumulación de riqueza
Idea principal: 

    Peter Phillips. Catedrático de Sociología en la Sonoma State University desde 1994. Dirigió el Project Censored (1996-2010) y ha sido presidente de la Media Freedom Foundation de 2003 a 2007. Da cursos de sociología política, sociología del poder, así como de estudios sobre los medios de comunicación y la censura. Ha sido galardonado con el Premio Firecraker al mejor libro de política publicado en Estados Unidos el año 1997, entre otros.


    El núcleo del capitalismo mundial

    Las principales empresas de gestión de activos concentran el control del capital financiero global y operan como el eje estructural del capitalismo contemporáneo. Administran recursos de grandes fortunas y corporaciones con el objetivo de obtener rendimientos superiores al promedio y actúan en prácticamente todos los países, lo que las convierte en las instituciones centrales del capital financiero que impulsa la economía mundial. Su poder no se limita al ámbito económico, ya que los gobiernos occidentales y los organismos políticos internacionales suelen proteger sus intereses para garantizar el libre flujo de capital y la recaudación de deudas a escala global.

    Un estudio publicado en 2011 por la Universidad de Zúrich demostró que estas compañías no compiten de manera aislada, sino que invierten sistemáticamente unas en otras, formando una red cerrada de participaciones cruzadas que consolida un núcleo sólido de poder económico. Ejemplos como JP Morgan Chase y otros grandes gestores con inversiones directas en BlackRock evidencian la profundidad de esta interdependencia.

    El alcance real de este entramado supera lo que muestran los registros públicos, debido a que bases de datos bursátiles como el NASDAQ, entendido como un mercado electrónico de valores que registra principalmente a grandes empresas, solo reflejan una fracción de las inversiones efectivas. En conjunto, diecisiete empresas controlan más de 41 billones de dólares, mantienen inversiones internas por al menos 403 400 millones, aunque otras estimaciones sitúan tales inversiones entre uno o dos billones de dólares.

    El texto presenta las relaciones de interpenetración de los 17 gigantes financieros mediante tablas individuales.

    En 2017 se incorporaron tres nuevos gigantes al superar el umbral de 1 billón de dólares en capital de gestión: BNP Paribas con 1.3 billones, Northern Trust of Chicago con 1.1 billones, y Wellington Management Company con 1 billón, todas integradas de inmediato a la red de inversiones entrecruzadas, reforzando una estructura cerrada, concentrada y opaca que define el núcleo del capitalismo mundial.

    Gigantes en ciernes

    Los gigantes en ciernes son nueve grandes empresas de gestión de activos que, sin formar parte todavía del núcleo central del capitalismo financiero, concentran volúmenes de capital suficientes para influir de manera directa en los mercados globales y reproducir las mismas lógicas de poder de las gestoras dominantes. En conjunto con las diecisiete principales gestoras de capital del mundo, estos actores conforman una estructura ampliada de control financiero que articula inversiones cruzadas, estabilidad sistémica y concentración del poder económico a escala global.

    Este grupo está integrado por Aegon con 962 900 millones de dólares gestionados, la francesa Natixis Global Asset Management con 961 000 millones, la alemana Deutsche Asset Management con 838 000 millones, el banco británico HSBC con 831 000 millones, así como las firmas estadounidenses Nuveen con 938 000 millones, T. Rowe Price con 948 000 millones, TIAA con 938 000 millones, Invesco con 917 000 millones y Affiliated Managers Group con 803 000 millones. La mayoría mantiene inversiones relevantes en empresas tecnológicas de Silicon Valley como Apple, Microsoft, Alphabet y Facebook, reforzando la concentración del capital financiero en la economía digital.

    Una parte sustancial de sus recursos se dirige a iShares, entendidos como fondos cotizados que replican índices bursátiles y facilitan la compraventa constante en los mercados, así como a otros fondos indexados nacionales e internacionales. BlackRock opera como nodo central de este esquema al ofrecer centenares de estos instrumentos utilizados por los grandes gestores como mecanismos de inversión colectiva. Esta arquitectura financiera funciona como una apuesta por la estabilidad del mercado, ya que las compañías invierten de forma cruzada unas en otras bajo la premisa del crecimiento sostenido del capital global.

    Según los registros del NASDAQ, los gigantes mantienen 261 700 millones de dólares invertidos colectivamente en iShares y fondos cotizados, una cifra parcial que no refleja la magnitud total del entramado. Esta misma élite financiera respalda corporaciones con impactos negativos comprobados sobre el medioambiente y la salud pública, como Coca-Cola, cuyo modelo de negocios contribuye de forma directa a la expansión de la obesidad, la diabetes tipo dos y las caries. El consumo de estas bebidas provoca aumentos rápidos de glucosa e insulina, la posterior conversión del exceso de azúcar en grasa y una absorción acelerada de cafeína que eleva la presión arterial y bloquea la sensación de cansancio. Este proceso activa los circuitos cerebrales asociados al placer y la recompensa, generando patrones de consumo repetitivo comparables a mecanismos de dependencia, lo que explica la persistencia del consumo y revela la conexión estructural entre concentración financiera, poder corporativo y daño social a escala global.

    Otras prácticas en común

    El capitalismo financiero global funciona a partir de una estructura de capital altamente centralizada, gestionada por un número cada vez menor de instituciones con un poder económico y político desproporcionado. Estas entidades son consideradas por los estados como “demasiado grandes para quebrar”, lo que ha generado un régimen de impunidad estructural en el que las conductas criminales reciben respuestas débiles, limitadas a multas o acuerdos administrativos, mientras se evita de forma sistemática el procesamiento penal de altos directivos.

    En Estados Unidos, esta lógica explica la negativa del Gobierno a llevar a juicio a responsables de bancos implicados en el lavado de miles de millones de dólares para cárteles ilegales de droga, así como la reincidencia de instituciones como JP Morgan Chase en violaciones a las normas contra el blanqueo de capitales. La justificación oficial de esta impunidad es explícita. Autoridades estadounidenses argumentaron que procesar penalmente a bancos de alcance sistémico como HSBC habría implicado la pérdida de su licencia bancaria en Estados Unidos, la amenaza a la continuidad de la institución y la desestabilización del sistema financiero. De este modo, la estabilidad del capital se coloca por encima del estado de derecho.

    En teoría, bancos y gestoras de activos compiten por atraer depósitos e inversiones; en la práctica, descubrieron que la cooperación es más rentable que la competencia. Al reconocer que sus intereses son comunes, los directivos de los gigantes financieros coordinan acciones para influir en leyes, políticas públicas y gobiernos, utilizando mecanismos legales e ilegales. Los consejos de administración se convierten así en espacios de articulación del poder, donde se diseñan estrategias para maximizar beneficios y asegurar la viabilidad de largo plazo de los planes de negocio.

    En estos órganos se consolidan acuerdos que incluyen sobornos, presión sobre reguladores, debilitamiento de organizaciones de trabajadores, manipulación de precios de productos básicos y uso de información privilegiada. Estas prácticas no son anomalías, sino componentes estructurales del modelo de acumulación financiera. Los escándalos de manipulación de mercados ilustran con claridad este funcionamiento. En el caso del índice Líbor, bancos como JP Morgan Chase, UBS y Barclays falsificaron durante años los datos utilizados para fijar tasas de referencia globales. Estas tasas afectaron directamente el precio de préstamos para vivienda, automóviles y estudios, tarjetas de crédito, hipotecas, créditos comerciales e incluso monedas.

    Las sanciones confirmaron el patrón de impunidad: Barclays fue multado con 450 millones de dólares; UBS pagó 1 500 millones; Citigroup 425 millones tras comprobarse que altos ejecutivos conocían la manipulación; y Deutsche Bank 2 500 millones por prácticas similares. Ninguno de estos casos derivó en responsabilidades penales individuales. El mismo esquema se repitió en la manipulación de los mercados globales de divisas, donde Citigroup, JP Morgan Chase, Barclays plc, Royal Bank of Scotland y UBS pagaron más de 5 mil millones de dólares en multas sin que se procesara a ningún directivo.

    A ello se sumó el escándalo de ISDAfix, una referencia utilizada para fijar precios de swaps de tipos de interés empleados por ciudades y gobiernos para gestionar deuda. La manipulación de estas tasas trasladó pérdidas a la población mediante políticas de austeridad y recortes presupuestarios que protegieron al capital financiero. En este caso, Royal Bank of Scotland, Barclays, Citigroup y Goldman Sachs Group pagaron 570 millones de dólares.

    Estas prácticas incluyen también el uso de recursos de clientes para actividades ilícitas. Vanguard Group fue acusado de invertir dinero de clientes en operaciones de juego ilegal en paraísos fiscales, lo que dio lugar a una demanda colectiva bajo la ley Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act, (RICO), una legislación federal estadounidense diseñada para combatir esquemas de crimen organizado. Vanguard no negó los hechos, pero un juez determinó que el perjuicio para los demandantes derivó de las acciones del gobierno contra el juego ilegal y no de la inversión misma, dejando intacto el circuito financiero.

    La captura regulatoria se profundizó con el cambio político en Estados Unidos. Durante los primeros seis meses de la primera Administración Trump, las sanciones impuestas por agencias federales a compañías financieras se redujeron de manera drástica. En la primera mitad de 2016, las multas a los bancos ascendieron a 1 400 millones de dólares, mientras que en el mismo periodo de 2017, ya bajo la nueva administración, se redujeron a 489 millones, lo que evidenció una política explícita de relajación regulatoria en favor del sector financiero.

    La influencia financiera se extiende al plano ideológico. Grandes gestoras como BlackRock financian organizaciones que impulsan la privatización y corporativización de servicios públicos, especialmente del sistema educativo. A medida que escuelas, universidades, infraestructuras y otros bienes colectivos pasan a manos privadas, los intereses corporativos adquieren un control directo sobre instituciones democráticas fundamentales, configurando una deriva neofeudal. Todo este entramado converge en un núcleo de diecisiete gigantes financieros que conforman el centro de control del capitalismo global.

    Sus directores y gerentes integran una élite emergente dentro de la clase capitalista transnacional y fijan prioridades de inversión en negocios, industria y gobiernos con un único criterio: la rentabilidad sostenida. Para ello, mantienen más de 41 100 miles de millones de dólares invertidos de forma permanente y canalizan capital hacia sectores de alto rendimiento, incluidas burbujas especulativas, gasto militar, privatización de recursos públicos y circuitos económicos que dependen de la impunidad. El resultado es una estructura global de capital entrelazado que concentra riqueza y poder mientras traslada de forma sistemática los costos sociales, económicos y ambientales a miles de millones de personas.

Datos cruciales: 

    1) BlackRock adquirió la compañía de gestión de activos Barclays Global Investors en 2009, lo que la colocó con alta probabilidad en el ranking de las empresas más interconectadas del mundo. En 2017, BlackRock incrementó el volumen de activos gestionados en 22%, alcanzando 6 290 miles de millones de dólares. Sus ingresos netos del cuarto trimestre registraron un impacto positivo de 1 200 millones de dólares como resultado de los beneficios fiscales derivados de la reforma tributaria promulgada por la Administración Trump (imagen 1).

    2) El estudio suizo de 2011 identificó a las corporaciones más centralizadas e interconectadas del mundo y puso especial atención en los grupos que gestionan los mayores volúmenes de capital financiero. Por ello, se tomó como conjunto central de análisis a las principales empresas de gestión de fondos que administraban más de un billón de dólares en activos en 2017. El estudio, realizado en el Instituto Federal Suizo de Tecnología, aplicó modelos matemáticos utilizados para analizar sistemas naturales a 43 060 corporaciones transnacionales de la economía mundial, y concluyó que 147 empresas controlaban cerca de 40% de la riqueza mundial. De las diecisiete principales compañías de gestión de activos, 15 están incluidas entre las firmas más hiperconectadas del planeta (imagen 2).

    3) Según el estudio suizo, 15 de las 17 principales compañías de gestión de activos se encontraban entre las 27 empresas más centralizadas, y 9 figuraban entre el top 10 de compañías superconectadas. En el capítulo 3 se identificaron 199 personas que forman parte de los consejos directivos de estas diecisiete compañías principales. En conjunto, administran más de 41 billones de dólares en fondos y operan prácticamente en todos los países del mundo. Esta cifra no incluye el capital propio que cada empresa mantiene en activos de la compañía, que asciende a miles de millones de dólares, ni el aumento adicional de fondos asociado a la reforma tributaria estadounidense de 2017 (imágenes 3-19).

    4) En 2017, se reportó que las nueve compañías de gestión de capital identificadas como «gigantes en ciernes», cada una con más de 800 miles de millones de dólares bajo gestión, se integran a la élite financiera. En conjunto, los 17 gigantes principales, los 3 nuevos gigantes y los 9 gigantes en ciernes gestionan más de 53 billones de dólares de riqueza mundial. Al sumar otras 39 compañías de gestión de activos relevantes, el volumen total supera los 74 billones de dólares, concentrados y entrelazados por 69 empresas con inversiones cruzadas (imagen 20).

    5) En 2017, Coca-Cola colocó en el mercado más de 110 mil millones de botellas de plástico de un solo uso, lo que representó cerca de 59% de su empaquetado global. Solo una fracción mínima de estas botellas será reciclada, y cada botella de plástico de Coca-Cola requiere alrededor de 450 años para degradarse completamente en el medio ambiente.

    6) En 2017, entre los gigantes globales con inversiones directas en Coca-Cola se encontraron Vanguard Group con 12 800 millones de dólares, BlackRock con 11 100 millones, Capital Group con 10 400 millones, State Street con 7 600 millones, Bank of America con 3 100 millones, Fidelity Investments con 2 800 millones, Bank of New York Mellon con 2 000 millones, Morgan Stanley con 1 590 millones, UBS con 1 500 millones, JP Morgan Chase con 865 millones, Goldman Sachs Group con 756 millones, Prudential Financial con 375 millones, Credit Suisse con 358 millones y Amundi Crédit Agricole con 303 millones.

    7) En 2012, los seis bancos más grandes de Estados Unidos, JP Morgan Chase, Bank of America, Wells Fargo, Citigroup, Goldman Sachs Group y US Bancorp, concentraban 9.3 billones de dólares en activos, una cifra equivalente a 65% del producto interno bruto del país y a 93% del total de ingresos por operaciones comerciales de todos los bancos estadounidenses.

Trabajo de Fuentes: 

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Nexo con el tema que estudiamos: 

    Los estudios sobre las relaciones financieras coinciden en la altísima concentración de esa actividad. Philips centra la atención en las administradoras de fondos y su papel como núcleo facilitador del sistema, así como los grandes beneficiarios de la acumulación de capital. Conocer esos vínculos es fundamental para analizar la trayectoria catastrófica del capitalismo. Las corporaciones financieras inciden no sólo en las dinámicas económicas, sino en las ambientales y militares, de ahí que resulte esencial profundizar en su estudio.