Avoiding the hope of avoiding collapse: collapsology and non-hope as an emotional practice of conviction
Malmqvist, Karl [2024], "Avoiding the hope of avoiding collapse: collapsology and non-hope as an emotional practice of conviction", Social Mouvement Studies, febrero, https://doi.org/10.1080/14742837.2024.2321131
Karl Malmqvist se desempeña actualmente como profesor titular de sociología en la Universidad de Gotemburgo, Suecia. Desarrolla su actividad académica en el Departamento de Sociología y Ciencias del Trabajo de dicha institución. Sus principales líneas de investigación se centran en el análisis de las emociones dentro de los movimientos ambientalistas, así como en las dinámicas afectivas de los movimientos de extrema derecha. Es el autor de diversas investigaciones que exploran el ambientalismo postapocalíptico y las prácticas de convicción frente al colapso social
Introducción
El movimiento ambiental tradicional motivó la acción colectiva mediante visones de un apocalipsis futuro. Las emisiones continuas de carbono y los récords de temperatura indicaron que la catástrofe climática fue inevitable. Este escenario originó el ambientalismo postapocalíptico. Esta corriente rechazó la esperanza de evitar el colapso a través del progreso tecnológico o soluciones económicas verdes. La investigación se centró en la “no esperanza” como una práctica emocional de convicción sobre la imposibilidad de mejores futuras.
La colapsología se definió como el estudio científico del fin de la sociedad industrial y el proceso espiritual de transición interna. El texto estableció que el colapso de la civilización industrial fue un evento altamente probable. No obstante, planteó que una sociedad de ayuda mutua surgió tras la crisis. Los participantes del estudio realizaron un “trabajo de imposibilidad” para descartar escenarios donde el colapso aun fue evitable. Estos individuos se opusieron al marco emotivo-cognitivo dominante que impuso el optimismo y la esperanza.
El movimiento colapsológico apareció en Francia a inicios de la década de 2010. Las redes sociales suecas iniciaron sus actividades en el año 2019. Estis grupos funcionaron como refugios emocionales contra el “hopium” o la creencia ciega en soluciones tecnológicas. El equipo de investigación recolectó datos mediante treinta y dos entrevistas estructuradas. Trece de estos diálogos correspondieron específicamente a personas identificadas con la colapsología
Ambientalismo postapocalíptico
Se desarrollaron tres narrativas principales para gestionar la relación emocional con el futuro. La narrativa del progreso verde vinculó la protección del ecosistema con el crecimiento económico de mercado. El discurso apocalíptico utilizó el miedo ante una catástrofe futura para incentivar acciones preventivas. Finalmente, la visión postapocalíptica consideró que la crisis ecológica ocurrió o fue inevitable. Esta postura rechazó la esperanza de evitar el colapso social a través de soluciones tecnológicas.
La perspectiva postapocalíptica ganó relevancia en el Norte Global a inicios del siglo XXI. El fracaso de los acuerdos políticos internacionales ante el calentamiento global impulsó este cambio de paradigma. La cumbre COP15 de Copenhague en 2009 generó una profunda decepción entre los grupos activistas. Este evento funcionó como un referente sobre los limites de las oportunidades institucionales. Diversas corrientes radicales criticaron las visiones tradicionales porque las consideraron herramientas de desmovilización política.
La investigación académica examinó cómo los individuos mantuvieron la acción colectiva tras el rechazo de la esperanza convencional. Algunos grupos aceptaron la perdida del sistema actual para imaginar formas nuevas de adaptación. Organizaciones como Extinction Rebellion articularon una esperanza radical que buscó proteger los recursos restantes y construir alternativas comunitarias. Otras propuestas sugirieron una contraesperanza realista basada en la transición hacia un orden social distinto. Este proceso requirió un trabajo de Duero profundo para asimilar el fin de la civilización industrial.
Los activistas enfrentaron una contradicción entre sis relatos de colapso y sus practicas estratégicas. Un estudio en cinco ciudades europeas mostró que los colectivos mantuvieron medidas de mitigación del daño climático. Estas acciones reavivaron el sentido de propósito y fortalecieron la identidad de los grupos. Sin embargo, persistió un vacío de conocimiento sobre la formación de la certeza emocional respecto a la inevitabilidad del fin social. El autor abordó este fenómeno mediante un análisis sociológico de las emociones y las prácticas de convicción.
Marco teórico
Los estudios sobre movimientos sociales reconocieron las emociones como motores fundamentales del activismo. La esperanza funcionó históricamente como un incentivo para la movilización colectiva y el mantenimiento del compromiso a largo plazo. No obstante, la no esperanza surgió como una herramienta estratégica para romper los vínculos emocionales con el orden social vigente. Este proceso de desintegración emocional exigió una vigilancia constante ante los mensajes hegemónicos de la sociedad. Los refugios emocionales permitieron que los sujetos cultivaran una conciencia crítica fuera de las normas culturales convencionales.
Los individuos interiorizaron límites específicos al pensamiento y al sentimiento mediante la repetición de guiones sociales. Estos marcos emotivo-cognitivos moldearon el habitus emocional como una disposición que los sujetos percibieron como natural. La política ambiental contemporánea se basó en el optimismo del progreso verde y en la esperanza de evitar el colapso social. El optimismo representó una expectativa determinista sobre la resolución favorable de los problemas. Por el contrario, la esperanza implicó incertidumbre y una percepción de capacidad de acción restringida.
La no esperanza constituyó una práctica emocional de convicción. Los colapsólogos buscaron la certeza absoluta sobre la inevitabilidad del fin de la civilización industrial. Esta búsqueda eliminó la ansiedad que provocó la oscilación constante entre la esperanza y el miedo. La práctica de la convicción generó un entusiasmo basado en el placer del conocimiento y la seguridad intelectual. Sin embargo, la intensidad de esta emoción despertó sospechas de fanatismo o sentimentalismo en observadores externos.
Material y método
El estudio analizó las emociones y las visiones sobre el futuro en colectivos ambientales suecos. Estos grupos incluyeron a la colapsología, la cual estudió la caída de la sociedad industrial. El equipo recolectó testimonios mediante entrevistas de estructura abierta. Los diálogos exploraron la esperanza y los preparativos de los sujetos ante el colapso. La investigación examinó las prácticas de convicción y el manejo de la incertidumbre en los relatos.
El análisis identificó situaciones donde los participantes cuestionaron los esquemas de pensamiento sociales. El enfoque observó la relación entre la posibilidad y la certeza dentro del lenguaje. El proceso incorporó fragmentos destacados de los datos generales. Los testimonios pasaron por un proceso de traducción. El estudio utilizó nombres ficticios para asegurar el anonimato de los sujetos.
Evitando la esperanza de evitar el colapso
Rechazando el marco emotivo-cognitivo dominante
La cultura contemporánea exigió a los ciudadanos una actitud esperanzadora permanente. Los sujetos que manifestaron dudas sobre el futuro climático sufrieron exclusión en sus entornos cotidianos. La red "El Fin del Mundo" funcionó como un asilo emocional para estos individuos. En este espacio, los participantes comunicaron su desilusión sin temor a la censura social. El grupo fomentó una identidad crítica frente al progreso técnico.
Los integrantes de la red distinguieron entre la esperanza pasiva y la agencia personal. Peter argumentó que la esperanza convencional sirvió para inmovilizar a la población. Él consideró que este sentimiento benefició a los sectores que ostentaron el poder. El colectivo también rechazó el "hopium" o la fe en soluciones tecnológicas de mercado. Rachel defendió el apoyo comunitario como una forma de esperanza receptiva ante la crisis. El ambientalismo radical mantuvo una postura ambivalente sobre la posibilidad de éxito.
La colapsología como convicción
La colapsología representó una forma específica de convicción o certeza intelectual. Esta condición se definió como un sentido de seguridad sobre hechos que el sujeto consideró verdaderos. La convicción manifestó una ambivalencia entre la pérdida del control y la elección racional. Los participantes interpretaron la certeza del colapso como una fuerza abrumadora o como una decisión autónoma.
Yasmine comparó su postura con una creencia teológica que se impuso sobre su voluntad. Esta participante identificó el agotamiento de los recursos naturales como una causa inevitable de hambruna. La seguridad en el desastre eliminó la ansiedad que provocó la esperanza en la tecnología verde. El abandono de la esperanza brindó alivio frente a la incertidumbre y generó un goce intelectual.
Hannah definió su posición como una apertura realista hacia la complejidad de los hechos. Ella rechazó la esperanza activa porque la asoció con un aislamiento sectario de la realidad. La participante argumentó que los movimientos tradicionales evitaron asimilar el panorama completo del sistema energético. La colapsología funcionó como un refugio emocional que permitió romper los códigos sociales de optimismo.
El estudio concluyó que la convicción colapsológica requirió esfuerzos constantes de mantenimiento. Los sujetos vigilaron de forma permanente sus emociones para evitar el retorno de la esperanza tradicional. La práctica de la no esperanza permitió a los individuos enfrentar la realidad de manera directa y concreta. Este proceso emocional facilitó la adaptación hacia un futuro catastrófico que el sujeto consideró inevitable.
Apariciones esperanzadoras
El rechazo del marco social dominante resultó complejo para los participantes. Las presiones externas y las tendencias internas reforzaron de forma constante la esperanza en el progreso industrial. Estos hábitos formaron parte del habitus emocional de los individuos. Por esta razón, los colapsólogos experimentaron una disonancia entre sus certezas intelectuales y sus deseos cotidianos.
Roland definió la esperanza como un mecanismo biológico de autoengaño. Él sostuvo que los seres humanos poseyeron una capacidad única para negar la muerte. Los medios de comunicación alimentaron este optimismo con informes positivos sobre el clima y la economía. Roland utilizó una lista de fuentes especializadas para gestionar sus dudas intelectuales. Esta herramienta técnica permitió al sujeto proteger su convicción frente a los mensajes de los medios masivos.
Yasmine reconoció un conflicto entre dos visiones del mundo incompatibles. Sus deseos personales permanecieron vinculados a las comodidades del sistema económico actual. La participante inició prácticas de cultivo para alcanzar coherencia en su vida diaria. Estas acciones funcionaron como instrumentos materiales que reforzaron su creencia en la crisis. No obstante, ella admitió que prefirió la estabilidad de su carrera artística y su vida urbana.
Trabajo de imposibilidad
Los colapsólogos gestionaron la posibilidad de un error en su pronóstico de crisis social e industrial. La esperanza se vinculó estrechamente con la noción de posibilidad futura de mejora. Por el contrario, la convicción requirió la certeza absoluta sobre el fin del sistema actual. El trabajo de imposibilidad consistió en el rechazo vigilante de alternativas favorables que amenazaron dicha certeza.
Peter definió la detención de la extracción de combustibles fósiles como una opción teórica pero impracticable. Él utilizó la fórmula donde un evento fue posible pero nunca sucedió en la realidad. El sujeto comparó la dependencia al petróleo con una adicción química severa. Esta analogía ilustró la falta de capacidad agencial en la población global para abandonar el consumo. El participante descartó que la sociedad lograra acuerdos internacionales efectivos para salvar el ecosistema.
Roland analizó las limitaciones técnicas de las fuentes de energía renovable. El entrevistado argumentó que los sistemas solares y eólicos carecieron de capacidad de almacenamiento a gran escala. Él calificó estas soluciones como intermitentes y dependientes de fuentes fósiles de respaldo. El entrevistador propuso ejemplos de políticas bancarias ambientales como señales de esperanza. No obstante, Roland rechazó estos avances porque no alteraron la trayectoria inevitable del colapso.
La práctica del trabajo de imposibilidad brindó seguridad emocional a los participantes del estudio. El rechazo de escenarios positivos eliminó las dudas que generó la esperanza tradicional en el progreso. Los sujetos mantuvieron su entusiasmo mediante el placer del conocimiento seguro sobre el fin de la civilización. Esta vigilancia constante constituyó el núcleo de la estrategia afectiva de los grupos colapsólogos.
Conclusión
El estudio analizó los esfuerzos de las redes colapsólogas para separarse de los marcos de pensamiento dominantes en la sociedad industrial. Estos marcos impusieron el optimismo sobre el progreso tecnológico y la esperanza de salvar la civilización actual. Los participantes percibieron esta cultura como una presión constante que castigó el pesimismo. Por esta razón, los sujetos utilizaron sus redes digitales como refugios emocionales seguros. En estos espacios, los individuos expresaron su convicción sobre el fin inevitable del sistema sin enfrentar censura social.
La práctica de la "no esperanza" funcionó como un mecanismo de defensa ante la ansiedad. La certeza absoluta sobre el colapso eliminó la angustia que generó la duda sobre el futuro. Sin embargo, los colapsólogos enfrentaron desafíos internos debido a sus hábitos de vida y a los mensajes optimistas de los medios. Los integrantes del movimiento realizaron un "trabajo de imposibilidad" para proteger su estado de seguridad intelectual. Esta labor consistió en el rechazo sistemático de cualquier escenario donde la salvación industrial fue posible. De este modo, el grupo mantuvo su identidad de oposición frente a las promesas de la tecnología verde.
La aceptación del colapso no produjo una inacción fatalista en los entrevistados. El reconocimiento de la pérdida liberó la imaginación colectiva para diseñar modelos de adaptación distintos. Algunos sujetos depositaron su confianza en la ayuda mutua comunitaria como recurso de supervivencia. La convicción sobre el fin de la civilización industrial generó un entusiasmo que energizó la búsqueda de alternativas utópicas. Este proceso emocional permitió que los individuos transformaran el duelo en una preparación activa para un futuro catastrófico.
El articulo analizado dentro del proyecto de investigación radica en su capacidad para mapear la dimensión subjetiva y social del colapso que las corporaciones transnacionales (CTN) impulsan estructuralmente. Mientras el proyecto identifica a las CTN como las fuerzas motoras de la destrucción del ambiente, el artículo describe la respuesta emocional de los sujetos ante el agotamiento de las fronteras del capital. El texto aporta una pieza para comprender la trayectoria de la civilización capitalista, al analizar cómo el “marco emotivo-cognitivo dominante" el cual prescribe un optimismo basado en el progreso verde funciona como un mecanismo de mantenimiento del estado del momento actual.

