An Alaskan Village Confronts Its Changing Climate: Rebuild or Relocate?
Dance, Scott [2025], "An Alaskan Village Confronts Its Changing Climate: Rebuild or Relocate?", The New York Times, New York, 5 de diciembre, https://www.nytimes.com/2025/12/05/climate/an-alaskan-village-confronts-...
Scott Dance es periodista especializado en cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos, actualmente vinculado con la sección de clima del The New York Times, donde cubre los efectos del calentamiento global en comunidades, políticas y ecosistemas. Antes, Dance se desempeñó en medios como The Washington Post y The Baltimore Sun, con más de una década de experiencia en la cobertura de temas ambientales, desde la salud de cuerpos de agua hasta desigualdades ecológicas urbanas. Ha sido reconocido en premios de periodismo ambiental y ha sido finalista del Premio Pulitzer, así como becario en el programa de periodismo de la Universidad de Harvard, centrando su trabajo en la investigación y explicación de los impactos reales del cambio climático en poblaciones vulnerables.
El artículo analiza el caso de una comunidad indígena en el oeste de Alaska como expresión de los impactos estructurales del cambio climático sobre poblaciones humanas que habitan territorios ambientalmente vulnerables. A partir de un evento extremo que obligó a la evacuación total del poblado, el texto sitúa el problema más allá de un desastre puntual y lo enmarca como parte de un proceso prolongado de transformación ambiental que amenaza la viabilidad misma del asentamiento. La experiencia de esta comunidad permite observar cómo el cambio climático interactúa con desigualdades históricas, limitaciones institucionales y marcos de gobernanza insuficientes para atender escenarios de desplazamiento forzado.
Desde esta perspectiva, el artículo no se centra únicamente en los daños materiales ocasionados por una tormenta, sino en el dilema estructural que enfrentan las comunidades afectadas: la elección entre reconstruir en un territorio cada vez más inseguro o reubicarse, con las profundas implicaciones sociales, culturales y políticas que ello conlleva. El caso se presenta como representativo de una problemática creciente en regiones árticas y costeras, donde el cambio climático está erosionando las condiciones básicas de habitabilidad.
Una amenaza existencial en crecimiento
El texto explica que la vulnerabilidad del poblado es resultado de transformaciones climáticas acumulativas. El calentamiento del Ártico ha reducido la extensión y duración del hielo marino, que anteriormente funcionaba como una barrera natural contra marejadas y tormentas. Esta pérdida ha incrementado la exposición directa de las comunidades costeras a eventos extremos, intensificando los efectos de tormentas que antes eran absorbidas parcialmente por el entorno natural. A ello se suma el deshielo del permafrost, que debilita el suelo sobre el cual se asientan viviendas, carreteras y sistemas básicos de infraestructura. Asimismo, se señala que esta combinación de factores ha acelerado procesos de erosión, inundaciones recurrentes y colapsos estructurales, transformando al territorio en un espacio crecientemente inhabitable. La amenaza, por tanto, no es coyuntural, sino existencial: la continuidad física del poblado se encuentra en riesgo permanente.
Estas dinámicas afectan a numerosas comunidades indígenas en Alaska, muchas de las cuales se localizan en deltas, márgenes de ríos o zonas costeras bajas. En este contexto, el cambio climático actúa como un multiplicador de riesgos preexistentes, agravando condiciones de aislamiento geográfico, precariedad infraestructural y dependencia de ecosistemas locales para la subsistencia.
La ayuda gubernamental es incierta
El artículo examina el papel del estado frente a la crisis, evidenciando una respuesta fragmentada e insuficiente. Si bien existen programas de asistencia para la reconstrucción tras los desastres, estos se encuentran diseñados principalmente para restaurar infraestructura en el mismo lugar, no para facilitar procesos de reubicación planificada. Esta limitación institucional reduce las opciones disponibles para comunidades cuya permanencia territorial resulta cada vez menos viable.
Asimismo, se observa que decisiones políticas a nivel federal han limitado el acceso a fondos destinados a la adaptación climática y la mitigación de riesgos, incluyendo proyectos de protección costera y estabilización del terreno. Esta situación revela una desconexión entre el reconocimiento discursivo del cambio climático y la implementación efectiva de políticas públicas capaces de responder a sus impactos territoriales.
La incertidumbre en torno al financiamiento, los plazos y las responsabilidades institucionales genera una situación de vulnerabilidad prolongada para la comunidad, que enfrenta la necesidad de tomar decisiones de largo plazo sin contar con garantías claras de apoyo estatal. La falta de marcos jurídicos específicos para el desplazamiento climático deja a estas poblaciones en una zona gris de la gobernanza ambiental.
Los habitantes enfrentan una decisión dolorosa
El autor desarrolla las tensiones sociales y culturales que emergen ante la posibilidad de reubicación. Para muchos habitantes, el territorio no es únicamente un espacio físico, sino el fundamento de su identidad colectiva, sus prácticas culturales y su organización social. La reubicación implica la pérdida de vínculos históricos con el lugar, así como la ruptura de formas de vida basadas en la caza, la pesca y el conocimiento ecológico local.
Al mismo tiempo, se muestra que la permanencia en el territorio conlleva riesgos crecientes para la seguridad física de la población, especialmente para niños y personas mayores. Esta contradicción genera divisiones internas y conflictos intergeneracionales, en los que se enfrentan el deseo de preservar la comunidad tal como ha existido históricamente y la necesidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad para el futuro.
El caso ilustra que, aunque la decisión formal recae en la comunidad, esta se toma bajo condiciones estructurales adversas, marcadas por la falta de recursos, la lentitud burocrática y la ausencia de políticas públicas integrales. El artículo concluye que el cambio climático no solo transforma los paisajes físicos, sino que impone dilemas políticos y morales profundos a comunidades que históricamente han contribuido mínimamente a la crisis climática.
1) La evacuación involucró a aproximadamente a mil habitantes del poblado.
2) La evacuación se produjo tras el impacto de una tormenta asociada a los remanentes de un tifón en la región de Alaska occidental.
3) En Alaska existen más de 30 comunidades indígenas identificadas como altamente vulnerables al cambio climático, principalmente por erosión costera, deshielo del permafrost e inundaciones recurrentes.
4) Algunas comunidades nativas de Alaska han enfrentado procesos de reubicación que se han extendido por más de 20 años sin concluirse.
5) Las comunidades afectadas se localizan en zonas costeras, deltas y márgenes de ríos, regiones clasificadas como áreas de alto riesgo climático por agencias estatales y federales.
El artículo se inscribe en el debate sobre Alternativas civilizatorias al mostrar los límites del modelo de desarrollo dominante frente a la crisis climática. La situación de la comunidad indígena de Alaska evidencia que el actual orden socioeconómico, basado en la expansión ilimitada y la explotación intensiva de la naturaleza, no solo genera degradación ambiental, sino que compromete la continuidad de formas de vida históricamente arraigadas en territorios específicos. El dilema entre reconstruir o reubicarse revela la incompatibilidad entre la lógica del crecimiento capitalista y la reproducción de la vida en contextos ecológicamente frágiles.
En relación con el Combate y la adaptación frente a la destrucción del ambiente, el texto muestra que las estrategias de adaptación disponibles se encuentran profundamente condicionadas por marcos institucionales insuficientes. La ausencia de políticas públicas diseñadas para el desplazamiento climático limita la capacidad de respuesta de las comunidades, reduciendo la adaptación a soluciones parciales centradas en la reconstrucción física. Esto evidencia que la adaptación climática, cuando no se acompaña de transformaciones estructurales, puede reproducir vulnerabilidades en lugar de resolverlas.
El vínculo con la Destrucción del ambiente se manifiesta en la pérdida acelerada de condiciones de habitabilidad provocada por el deshielo del permafrost, la erosión costera y la intensificación de tormentas. Estos procesos no son fenómenos aislados, sino expresiones territoriales del cambio climático global, cuyas causas estructurales se encuentran asociadas a un modelo energético y productivo altamente dependiente de la extracción y quema de combustibles fósiles. El caso expone cómo la destrucción ambiental se traduce directamente en crisis sociales y humanas.
El texto se relaciona con el descriptor Fronteras del capital al mostrar cómo la expansión histórica del capitalismo hacia regiones periféricas y ecosistemas extremos ha generado asentamientos humanos en territorios cuya habitabilidad depende de equilibrios ecológicos hoy alterados. El cambio climático desplaza estas fronteras, no solo en términos económicos, sino también sociales y territoriales, obligando a comunidades enteras a replantear su permanencia en espacios que el capital ya no puede sostener sin elevados costos.
Finalmente, el artículo permite reflexionar sobre las Relaciones entre empresas, Estados y sociedad, al evidenciar la centralidad del Estado como mediador —insuficiente— entre los impactos del cambio climático y las necesidades de las comunidades. La incertidumbre en la ayuda gubernamental contrasta con la continuidad de actividades económicas intensivas en carbono, lo que revela una relación desequilibrada en la que los costos sociales y ambientales recaen sobre poblaciones vulnerables, mientras los beneficios del modelo económico se concentran en actores empresariales. En este sentido, el caso ilustra cómo el cambio climático profundiza desigualdades estructurales y plantea desafíos urgentes para la justicia climática y territorial.

