The gigantic green world. The obvious economics of preserving the Amazon

Cita: 

The Economist [2025], "The gigantic green world. The obvious economics of preserving the Amazon", The Economist, 25 de octubre, https://www.economist.com/the-americas/2025/10/23/the-obvious-economics-...

Fuente: 
The Economist
Fecha de publicación: 
Jueves, Octubre 23, 2025
Tema: 
La Amazonía como activo estratégico: Valoración económica, productividad y gobernanza para la preservación del bioma
Idea principal: 

    Se expone la relación entre la conservación de la selva amazónica y la estabilidad económica de Brasil. El contenido analizó cómo la deforestación para el uso agropecuario afectó tanto al clima global como a la productividad nacional. La exposición partió de la situación ambiental en Belém ante la Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés). En el estado de Pará, la sustitución de bosque tropical por pastizales para ganado evidenció el avance de la pérdida de vegetación (dato crucial 1, dato crucial 2).

    La eliminación de la selva representó una de las opciones de menor costo para mitigar el cambio climático. Los habitantes de la región denominada Amazonía Legal generaron emisiones per cápita que igualaron a las de naciones petroleras como Qatar. Sin embargo, la riqueza producida por habitante en la zona resultó inferior de forma considerable en comparación con dichos estados. El uso del suelo para actividades agrícolas primarias explicó la mayor parte de estas emisiones de carbono. La destrucción del ecosistema careció de incentivos económicos reales y provocó daños ambientales severos (dato crucial 3)

    La Amazonía funcionó como un regulador climático que almacenó el equivalente a cinco años de emisiones globales de dióxido de carbono. Los árboles extrajeron agua del suelo y la liberaron a la atmósfera por medio de la evapotranspiración. Este proceso generó corrientes de aire húmedo que provocaron lluvias esenciales para el sector agrícola del sur de Brasil. La carencia de este sistema convirtió las tierras fértiles en zonas áridas. El agronegocio brasileño dependió de este ciclo natural para mantener su productividad. La selva alcanzó un punto de inflexión donde su capacidad de regeneración hídrica peligró (dato crucial 4).

    Guarde su hacha

    La valoración económica de los servicios ambientales justificó la preservación de la Amazonía. La selva almacenó carbono, reguló el ciclo hídrico y protegió la biodiversidad de la región. El costo para mantener el ecosistema intacto resultó inferior a las inversiones climáticas de los países desarrollados. Un precio fijado por tonelada de carbono incentivó a los propietarios de tierras a reforestar el territorio (dato crucial 5)

    El gobierno brasileño presentó el Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre (TFFF) durante la cumbre climática. Este mecanismo buscó capital de fuentes gubernamentales y filantrópicas para invertir en mercados internacionales. Los rendimientos financieros generaron pagos para las naciones que limitaron la deforestación a niveles mínimos. El diseño del fondo incluyó asignaciones obligatorias para las comunidades indígenas y tradicionales. Sin embargo, la volatilidad de las inversiones y los recortes en la ayuda internacional representaron desafíos para este modelo (dato crucial 6).

    La deforestación histórica se vinculó con proyectos estatales de infraestructura vial iniciados en el siglo pasado. La construcción de la carretera Transamazónica en la década de 1970 facilitó la ocupación humana del territorio selvático. El Estado promovió la ganadería extensiva mediante incentivos fiscales y consideró el bosque como un espacio improductivo. Estos procesos causaron el desplazamiento de las poblaciones originarias y la pérdida de la vegetación primaria (dato crucial 7)

    El juego equivocado de los “grillos”

    Los acaparadores de tierras, denominados grileiros, emplearon métodos fraudulentos para validar títulos de propiedad falsos. Estos sujetos colocaron insectos en cajas con documentos para simular el envejecimiento del papel por medio del desgaste natural. La introducción de ganado en territorios ocupados funcionó como una estrategia legal para reclamar la protección estatal de la propiedad productiva. Los ranchos en la región de Pará registraron una productividad de carne reducida en comparación con las granjas más avanzadas del país (dato crucial 8, dato crucial 9)

    La dictadura militar fomentó el modelo de ganadería extensivo para asegurar la ocupación física de la selva. Este sistema utilizó grandes extensiones de suelo con escasa inversión tecnológica o mano de obra calificada. Sin embargo, la institución de investigación Embrapa impulsó el crecimiento agrícola mediante la ciencia desde 1970. Los técnicos desarrollaron semillas aptas para el trópico y aplicaron caliza para neutralizar la acidez del suelo en la región del Cerrado. La producción nacional aumentó de manera sustancial con un menor uso de superficie por cada unidad generada (dato crucial 10, dato crucial 11).

    La modernización de la ganadería facilitó la exportación de productos y la recuperación de áreas boscosas. El uso de especies vegetales mejoradas genéticamente optimizó el engorde de los animales y demandó más trabajadores. Una gran parte de la superficie deforestada correspondió a pastizales degradados que perdieron sus nutrientes originales. Diversas empresas restauraron la fertilidad del suelo para capturar carbono a través de la reforestación. No obstante, la mayor eficiencia productiva constituyó un riesgo para el ecosistema si los mercados no asignaron un valor económico al bosque conservado.

    Todos pueden ganar

    La vigilancia satelital sustituyó la presencia física del Estado en zonas remotas. La agencia ambiental Ibama detectó parcelas deforestadas de forma ilegal mediante este sistema. El gobierno aplicó sanciones denominadas "embargos" a los infractores. Esta medida administrativa bloqueó el acceso de los agricultores a préstamos bancarios preferenciales. No obstante, la falta de registros oficiales en una parte del territorio facilitó la destrucción ambiental. Algunos ganaderos ocultaron el origen de sus reses para evitar las regulaciones vigentes (dato crucial 12, dato crucial 13).

    La expansión de áreas protegidas y territorios indígenas otorgó certeza jurídica a la región. El incremento de estos espacios dificultó las reclamaciones fraudulentas de tierras. El modelo de vigilancia redujo los niveles de deforestación de manera significativa en el pasado. La transferencia de propiedad a los habitantes locales fortaleció la conservación del ecosistema (dato crucial 14).

    Devolverles su tierra

    La "monetización de los servicios ecosistémicos" consistió en asignar un valor monetario a beneficios que la naturaleza brindó de forma gratuita. La Amazonía cumplió tres funciones ecológicas esenciales: almacenó miles de millones de toneladas de carbono, reguló flujos hídricos masivos y conservó una biodiversidad única. El almacenamiento de carbono dependió de mecanismos financieros internacionales como el fondo TFFF. Por su parte, la regulación del agua proveyó dos terceras partes de la hidroelectricidad en Brasil. Este proceso natural ahorró cuantiosas sumas en energía y sistemas de riego para los productores agrícolas del sur del país. El Estado consideró la transferencia de fondos desde los sectores beneficiarios hacia las regiones que protegieron el bosque (dato crucial 15, dato crucial 16).

    La bioeconomía integró el conocimiento tradicional con la ciencia moderna para cosechar recursos de manera sostenible. Productos como la baya de açaí requirieron la preservación de la selva para su cultivo y comercialización. La biodiversidad regional proveyó insumos variados que incluyeron alimentos exóticos y materiales industriales como el látex. La institución Embrapa promovió sistemas de agroforestería que combinaron especies maderables con cultivos frutales. Estas técnicas restauraron los nutrientes en pastizales degradados y capturaron más carbono que la ganadería convencional. Sin embargo, la implementación enfrentó obstáculos debido a los elevados costos iniciales y a los largos periodos de maduración de los proyectos.

    El valor de mercado de los productos biológicos resultó reducido frente a la importancia de los servicios ambientales globales. La bioeconomía generó ingresos modestos en comparación con la función de la selva como sumidero de carbono. No obstante, ambas actividades coexistieron para mejorar la rentabilidad de la conservación forestal. La comunidad internacional priorizó la capacidad del ecosistema para absorber las emisiones de gases contaminantes (dato crucial 17).

    Un concurso de cuidados

    Brasil valoró la selva con base en la capacidad de almacenamiento de carbono de la vegetación. El país limitó la explotación de los recursos naturales antes de recibir apoyos financieros externos. Los gobiernos de Noruega y Alemania implementaron el Fondo Amazonía en el año 2008 para compensar la protección del bioma. El Poder Ejecutivo actual propuso la eliminación total de la deforestación para el año 2030. Sin embargo, la composición del Poder Legislativo y la longevidad de los líderes ambientales generaron incertidumbre. Los procesos electorales y la oposición política condicionaron la permanencia de las medidas de conservación. La salvaguarda del ecosistema correspondió a las decisiones soberanas de la población brasileña (dato crucial 18).

Datos cruciales: 

    1. La región de la Amazonía Legal cuenta con 28 millones de habitantes que emitieron 33 toneladas de dióxido de carbono por persona en 2018.

    2. El Producto Interno Bruto (PIB) per cápita regional es de 5 900 dólares, cifra significativamente inferior a los 76 000 dólares de Qatar.

    3. Gráfica 1. El efecto Lula: Ilustración que registró los niveles de deforestación anual en la Amazonía brasileña entre 1988 y 2024. Los datos indicaron una reducción drástica durante los primeros mandatos de Lula da Silva y un repunte posterior.

    4. La selva alberga 400 000 millones de árboles y almacena el equivalente a cinco años de las emisiones globales de dióxido de carbono.

    5. La actividad humana destruyó 20% de la extensión original de la selva durante el último medio siglo.

    6. El bosque en pie posee un valor estimado de 40 000 dólares por kilómetro cuadrado, lo que representa un activo total de 3 billones de dólares.

    7. Un precio de 25 dólares por tonelada de carbono permitiría que la reforestación fuera más rentable que la ganadería extensiva.

    8. Se proyecta una capitalización de 125 000 millones de dólares para compensar a los gobiernos que mantengan la deforestación anual bajo 0.5%.

    9. Menos de 1% de la Amazonía había sido talada antes de la inauguración de la carretera Transamazónica en 1972.

    10. Los ranchos tradicionales producen menos de 100 unidades animales por kilómetro cuadrado, mientras que las granjas eficientes logran 400.

    11. La producción agropecuaria de Brasil se multiplicó por ocho desde 1970 gracias a la innovación tecnológica que ahorra suelo.

    12. 50% del área deforestada consiste en pastizales agotados y otro 28% se dedica a una ganadería ineficiente.

    13. 28% de la Amazonía brasileña carece de registros de propiedad oficial, zonas donde se concentró el 40% de la deforestación reciente.

    14. Las políticas de vigilancia satelital lograron reducir la deforestación en 80% durante el periodo comprendido entre 2004 y 2012.

    15. Las tierras indígenas y reservas ambientales cubren actualmente una superficie equivalente al tamaño de la República Democrática del Congo.

    16. La selva genera dos terceras partes de la hidroelectricidad nacional y ahorra 660 millones de dólares anuales en costos de energía.

    17. El mercado de productos sostenibles vale 2,000 millones de dólares, frente a los 120 000 millones del servicio anual de captura de carbono.

    18. El gobierno de Brasil estableció el año 2030 como el límite para alcanzar una deforestación nula en el territorio.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    Las relaciones entre empresas y estados se manifiestan en la propuesta del Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés), donde el Estado brasileño busca apalancar 125,000 millones de dólares mediante la inversión en bonos corporativos y mercados emergentes. Este mecanismo refleja el agotamiento estructural del sistema, que intenta resolver la crisis ambiental a través de la misma financiarización que impulsa el colapso. El artículo aporta elementos para analizar escenarios de futuros posibles al contrastar la bioeconomía sustentable con la primacía de los servicios globales de carbono, donde el interés internacional se centra principalmente en la selva como sumidero de emisiones.