Las tuberías contra el clima
Correia, Mickaël [2024], "1. Las tuberías contra el clima", Criminales climáticos. Las multinacionales que arrasan el planeta, Madrid, Altamarea, pp. 23-37.
Mickaël Correia. Es un periodista francés especializado en cuestiones climáticas, movimientos sociales y la vertiente social del deporte; ha colaborado con medios como Le Monde diplomatique o La Revue du Crieur y desde 2021 escribe regularmente en Mediapart. Además de "Criminales climáticos", ha publicado "Una historia popular del fútbol".
Una extensa red de gasoductos atraviesa el territorio francés y revela el peso estratégico del gas natural dentro del sistema energético europeo. Desde terminales portuarias y ciudades fronterizas, el combustible ingresa al país y circula hacia centros de almacenamiento y zonas de consumo mediante tuberías que conectan regiones enteras. Este entramado energético sostiene el funcionamiento de ciudades e industrias, además de mostrar cómo la infraestructura del gas articula mercados y territorios a escala continental.
Dentro de ese sistema destaca la presencia de Gazprom, corporación energética estrechamente vinculada con el Estado ruso. La empresa opera no solo como proveedor comercial de gas, sino también como un actor económico con proyección geopolítica en Europa. A través de contratos industriales, vínculos empresariales y participación en espacios culturales o diplomáticos, la compañía consolida su presencia en el continente y refuerza su papel dentro del mercado energético europeo.
La expansión del consumo de gas en Europa fortalece esa relación estructural. Aunque los acuerdos internacionales promueven la reducción de emisiones y la transición energética, la demanda continental de gas continúa creciendo. En ese contexto, Rusia asegura un flujo constante de hidrocarburos hacia Europa, lo que refuerza la influencia de su sector energético dentro del sistema energético europeo.
Los encuentros públicos entre dirigentes de Gazprom y el liderazgo político ruso en escenarios diplomáticos europeos reflejan esta convergencia entre intereses estatales y corporativos. Más que un gesto protocolario, ese reconocimiento simboliza el lugar central que ocupa la empresa dentro de la proyección energética de Rusia en Europa.
A la conquista del Oeste
En Francia, la presencia de Gazprom se consolidó en el contexto de la liberalización del mercado energético europeo. La apertura del sector obligó a los Estados a aceptar nuevos proveedores, lo que permitió que la compañía rusa iniciara una estrategia de inserción dentro del sistema energético francés. La oficina establecida en París surgió primero como un espacio para comprender el funcionamiento del mercado y evaluar las posibilidades de expansión comercial.
Con el tiempo, esa presencia inicial se transformó en una estructura empresarial más amplia. La creación de una filial permitió desarrollar relaciones comerciales con empresas privadas, instituciones públicas y administraciones territoriales. La estrategia se centró en ampliar gradualmente la base de clientes y consolidar contratos que permitieran un crecimiento rentable dentro del mercado energético. Este proceso favoreció la integración de la compañía en distintos niveles del sistema de suministro.
De manera paralela, la empresa reforzó su posición mediante acuerdos de suministro con otras compañías energéticas del continente. Gracias a estas alianzas, el gas ruso no solo llegó a consumidores directos, sino que también circuló a través de redes comerciales de otras empresas que lo redistribuyen en sus propios mercados. Así, la presencia de Gazprom pasó a formar parte de la arquitectura energética europea.
Esta expansión se relaciona con una tradición industrial heredada del periodo soviético. La explotación de grandes yacimientos en regiones remotas de Siberia exigió el desarrollo de infraestructuras capaces de transportar el gas hacia territorios distantes. Esa experiencia contribuyó a formar una cultura empresarial orientada a la expansión territorial y al control de recursos energéticos estratégicos.
Contaminar hasta la saciedad
En la costa alemana del mar Báltico, la pequeña localidad de Lubmin se enfrenta cada vez con mayor frecuencia al avance del mar. Las inundaciones recurrentes obligan a realizar trabajos constantes para reforzar el litoral mediante el traslado de arena hacia las playas. Este fenómeno refleja los efectos del calentamiento global sobre las regiones costeras poco profundas, donde el aumento del nivel del mar amenaza con transformar de forma permanente el paisaje y las condiciones de vida de las comunidades que habitan estas zonas.
Al mismo tiempo, Lubmin ocupa una posición estratégica dentro del sistema energético europeo. En sus inmediaciones emerge el gasoducto submarino que conecta Rusia con Alemania a través del mar Báltico, una infraestructura diseñada para transportar gas desde los yacimientos siberianos hasta los mercados europeos sin atravesar territorios intermedios. Esta conexión directa reforzó la presencia de Gazprom en el continente y consolidó el vínculo entre los recursos energéticos rusos y el consumo europeo.
La construcción de esta infraestructura se apoyó en la cooperación entre Gazprom y varias grandes empresas energéticas europeas. A través de estas alianzas, el gas ruso se integró en la red de suministro del continente y comenzó a circular tanto hacia consumidores finales como a través de las redes de distribución de otras compañías energéticas. De esta manera, el sistema gasístico se convirtió en una pieza estructural del abastecimiento energético europeo.
Por otra parte, la empresa desarrolló diversas estrategias destinadas a reforzar la legitimidad social de sus proyectos. Entre ellas destacan iniciativas de patrocinio cultural impulsadas en colaboración con empresas asociadas, mediante exposiciones, eventos artísticos y actividades culturales presentadas como espacios de cooperación entre el sector energético y el ámbito cultural europeo.
De forma paralela, el sector gasístico ha recurrido a la incorporación de antiguos responsables políticos con experiencia en ámbitos regulatorios o legislativos. Esta práctica, conocida como puertas giratorias, permite a las empresas ampliar su capacidad de influencia dentro de los sistemas políticos europeos. La participación de figuras políticas de alto nivel en proyectos vinculados al gas ha generado debates sobre posibles conflictos de interés entre la gestión pública y los intereses empresariales.
En conjunto, estas alianzas empresariales, políticas y culturales han contribuido a consolidar una infraestructura energética capaz de abastecer a millones de hogares europeos. Sin embargo, el crecimiento del consumo de gas también alimenta un debate cada vez más intenso sobre su papel dentro de la transición energética.
Frente a quienes consideran el gas como una alternativa temporal frente al carbón, numerosos especialistas y organizaciones ambientales advierten que su expansión prolonga la dependencia de los combustibles fósiles. Además de las emisiones generadas durante su combustión, la extracción y el transporte del gas liberan metano, un gas de efecto invernadero con un elevado potencial de calentamiento que cuestiona las ventajas ambientales atribuidas a este combustible.
En este contexto, la construcción de nuevas infraestructuras gasísticas en el mar Báltico demuestra que el gas continúa ocupando un lugar central dentro de la política energética europea. Para muchos observadores, esta situación refleja la tensión existente entre los objetivos climáticos internacionales y la persistente dependencia del continente respecto a los combustibles fósiles.
¿Agua en el gas?
El proyecto Nord Stream 2 surge como una ampliación del corredor energético que conecta Rusia con Alemania a través del mar Báltico. La iniciativa, impulsada por Gazprom junto con varias compañías energéticas europeas, busca aumentar de manera significativa el flujo de gas transportado hacia el continente. La construcción de esta segunda ruta gasística representa una nueva etapa en la expansión del sistema energético basado en el gas ruso dentro de Europa.
Desde el inicio, el proyecto generó críticas y tensiones políticas dentro del continente. Varios países de Europa oriental denunciaron que el nuevo gasoducto reforzaría la influencia del Kremlin sobre el mercado energético europeo. Al mismo tiempo, la nueva infraestructura permitiría evitar el tránsito por el territorio ucraniano, una ruta que hasta entonces desempeñaba un papel central en el transporte del gas ruso hacia Europa.
A estas controversias se sumó la presión internacional. El gobierno de Estados Unidos criticó la creciente dependencia energética europea respecto al gas ruso y anunció sanciones contra las obras del gasoducto. No obstante, pese a estos obstáculos, la construcción del proyecto continuó hasta completarse varios años después.
Las críticas también se extendieron al ámbito medioambiental. El trazado de las tuberías atraviesa la reserva natural de Kourgalski, un espacio protegido situado en el golfo de Finlandia que alberga una gran diversidad de aves, plantas y especies marinas. Organizaciones ecologistas denunciaron que la instalación del gasoducto provoca daños inevitables en este ecosistema.
Asimismo, el proyecto plantea interrogantes sobre la coherencia de las políticas climáticas europeas. Diversos especialistas advierten que la ampliación de la infraestructura gasística podría dificultar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y prolongar la dependencia de los combustibles fósiles durante las próximas décadas.
Finalmente, el desarrollo del gasoducto también revela la estrecha relación entre el sector energético y la esfera política. El paso de antiguos responsables gubernamentales hacia empresas vinculadas al proyecto ilustra el funcionamiento de las denominadas puertas giratorias, práctica que refuerza la influencia de las grandes compañías energéticas en los procesos de decisión política.
Expansionismo fósil
Gazprom sostiene su expansión mediante una red gigantesca de gasoductos que atraviesa enormes distancias desde los yacimientos rusos hacia los principales mercados internacionales. Estas tuberías constituyen el sistema de transporte de gas más extenso del planeta y permiten a la empresa aumentar progresivamente el volumen de combustible que circula por su infraestructura. La ampliación constante de esta red forma parte de una estrategia destinada a consolidar la posición de la compañía dentro del comercio energético mundial.
Dentro de esta política de crecimiento destacan varios proyectos recientes que buscan reforzar la presencia del gas ruso en distintos mercados. Uno de ellos conecta Rusia con Turquía y el sureste de Europa mediante un gasoducto que atraviesa el mar Negro. A través de esta nueva ruta energética, el gas procedente de Rusia alcanza territorios adicionales y fortalece el alcance geográfico del sistema de exportación controlado por Gazprom.
Otro gran proyecto abre una ruta hacia Asia mediante un gasoducto que transporta gas desde los yacimientos del este de Siberia hasta la frontera con China. La construcción de esta infraestructura implicó extender largas tuberías a través de regiones remotas y de condiciones climáticas extremas. Este proyecto representa una puerta de acceso a un mercado considerado esencial para el futuro del sector gasístico ruso.
El desarrollo de esta nueva ruta energética se acompaña de la construcción de un gran complejo industrial en Siberia destinado a procesar el gas antes de su envío hacia China. La magnitud de esta instalación muestra la importancia que adquiere el mercado asiático dentro de la estrategia de expansión de la empresa.
Al mismo tiempo, los resultados financieros de la compañía reflejan el impacto económico de esta expansión. El aumento del consumo de gas en determinados mercados internacionales se traduce en mayores ingresos y beneficios para la empresa. Esta expansión también alimenta críticas relacionadas con sus efectos climáticos. El incremento de la producción y del transporte de gas intensifica las emisiones asociadas a los combustibles fósiles, lo que refuerza el debate sobre el papel de esta fuente energética dentro de la crisis climática actual.
1) El Estado ruso se convirtió en accionista mayoritario de Gazprom en 2005, lo que consolidó el control político directo sobre la mayor empresa gasífera del país. Para finales de la década reciente, el valor bursátil de la compañía alcanzó cerca de 100 mil millones de dólares, situándola entre los conglomerados energéticos más poderosos del mundo. En 2018, la facturación de Gazprom llegó a 114 000 millones de euros, mientras que el beneficio neto alcanzó 20 000 millones de euros, una cifra récord para la empresa.
2) Entre la creación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático en 1988 y la firma del Acuerdo de París en 2015, Gazprom emitió aproximadamente 35 000 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono, lo que la sitúa entre los mayores responsables corporativos de emisiones climáticas. Solo la combustión del gas transportado por Nord Stream genera cerca de 106 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono al año, cifra comparable a las emisiones anuales de Bélgica. Además, el metano liberado durante la extracción y transporte posee un potencial de calentamiento 28 veces mayor que el del dióxido de carbono.
3) Desde 2018, Gazprom suministra cerca de 40% del gas natural consumido en Europa, lo que convierte a la Unión Europea en su principal mercado exterior. Antes de la expansión de nuevos corredores energéticos, alrededor de 40% del gas ruso importado por Europa transitaba por Ucrania, generando importantes ingresos por derechos de paso para ese país. La red energética vinculada al sistema Nord Stream permite abastecer a más de 25 millones de hogares europeos.
4) El gasoducto Nord Stream conecta Víborg, cerca de San Petersburgo, con Lubmin en Alemania mediante 1 220 kilómetros de tuberías submarinas instaladas en el fondo del mar Báltico. A través de esta infraestructura pueden transportarse 55 000 millones de metros cúbicos de gas al año, volumen suficiente para cubrir la demanda anual conjunta de Francia y Austria. Entre el Acuerdo de París en 2015 y finales de 2019, el volumen transportado por este sistema aumentó 50%.
5) El megaproyecto Nord Stream 2 se formalizó en París el 24 de abril de 2017 mediante un acuerdo financiero de 10 000 millones de dólares firmado por Gazprom y cinco empresas energéticas europeas: Engie, Shell, OMV, Uniper y Wintershall Dea. El objetivo consistía en duplicar el flujo anual del gasoducto existente, pasando de 55 000 millones a 110 000 millones de metros cúbicos de gas al año, lo que reforzaría el corredor energético entre Rusia y Alemania.
6) La reserva natural de Kourgalski, atravesada por el trazado del gasoducto, alberga alrededor de 250 especies de aves y 750 especies de plantas, además de zonas de reproducción de focas del Báltico. Paralelamente, el aumento del nivel del mar amenaza el litoral del Báltico. Durante el siglo XX, el nivel del mar en la costa alemana aumentó 15 centímetros, mientras que las proyecciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático estiman aumentos de 50 centímetros en escenarios compatibles con el Acuerdo de París y hasta 110 centímetros en escenarios más extremos.
7) Gazprom posee el mayor sistema de gasoductos del mundo, con 175 000 kilómetros de tuberías, una extensión suficiente para completar aproximadamente 4 vueltas a la Tierra. Entre finales de 2015 y 2019, el volumen de gas transportado por esta red aumentó 15%, lo que refleja la expansión constante de la infraestructura gasística rusa y su creciente alcance internacional.
8) La estrategia de expansión energética incluye nuevas rutas hacia otros mercados. El gasoducto Turk Stream fue inaugurado el 8 de enero de 2020 por Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdogan, permitiendo transportar gas ruso hacia Turquía y el sureste de Europa. Al mismo tiempo, el proyecto Power of Siberia conecta Yakutia con la frontera china mediante 3 000 kilómetros de tuberías, cuya construcción movilizó cerca de 10 000 obreros en condiciones de hasta −60 °C.
9) El gasoducto Power of Siberia suministrará 38 000 millones de metros cúbicos de gas al año a China National Petroleum Corporation durante 30 años, mediante un contrato valorado en 400 000 millones de dólares. En 2018, el consumo de gas natural en China creció 18%, lo que consolidó al país como el mayor importador mundial de gas y abrió para Gazprom uno de los mercados energéticos más importantes del siglo XXI.
10) La presencia de Gazprom en Francia se consolidó con la apertura de una oficina en París en 2003, formada inicialmente por 2 personas dedicadas a analizar el mercado energético francés. Posteriormente, en 2006, se creó la filial francesa tras la liberalización del mercado energético europeo y se renovó el contrato firmado originalmente en 1975 con Gaz de France, acuerdo que contemplaba el suministro de hasta una cuarta parte de las reservas gasísticas durante 30 años, con extensión posterior hasta 2030.
11) La expansión comercial permitió que Gazprom llegara a suministrar gas directamente a 15 000 empresas e instituciones francesas, entre ellas compañías privadas como Foncia y Mercedes-Benz Francia, además de entidades públicas como Nantes Métropole, la Universidad de Estrasburgo, el Ministerio de Defensa y el Consejo de Europa, lo que evidencia la amplitud de su inserción dentro del sistema energético francés.
12) El origen industrial del grupo se remonta a la política energética soviética. En 1956 se creó el Ministerio del Gas, mientras que a finales de la década de 1960 se descubrieron en Siberia los yacimientos de Yamburg, Urengói y Medvezhye. Durante la construcción de las infraestructuras, prisioneros del sistema de campos soviéticos realizaban jornadas de 10 horas diarias en condiciones extremas con temperaturas cercanas a −40 °C.
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El caso de Gazprom refleja cómo las empresas transnacionales influyen cada vez más en la política energética global. En la actualidad, estas corporaciones no solo controlan recursos estratégicos, sino que también condicionan decisiones económicas y geopolíticas de los Estados. En un contexto de crisis energética y transición climática, su capacidad para moldear mercados y alianzas revela el peso creciente del poder corporativo dentro del sistema internacional.

