Asalto al Gran Norte

Cita: 

Correia, Mickaël [2024], "2. Asalto al Gran Norte", Criminales climáticos. Las multinacionales que arrasan el planeta, Madrid, Altamarea, pp. 38-55.

Fuente: 
Libro electrónico
Fecha de publicación: 
2024
Tema: 
Gazprom y la geopolítica del gas ruso: expansión energética, poder estatal y disputas climáticas en Eurasia y el Ártico
Idea principal: 

    Mickaël Correia. Es un periodista francés especializado en cuestiones climáticas, movimientos sociales y la vertiente social del deporte; ha colaborado con medios como Le Monde diplomatique o La Revue du Crieur y desde 2021 escribe regularmente en Mediapart. Además de "Criminales climáticos", ha publicado "Una historia popular del fútbol".


    El Lakhta Center emerge frente al mar Báltico como una torre que domina el horizonte de San Petersburgo. En su interior está la sede de Gazprom, corporación que utiliza la arquitectura monumental para proyectar poder económico y presencia territorial. Alrededor del edificio se despliega un conjunto de instalaciones públicas que refuerzan la imagen de una empresa capaz de organizar espacios urbanos completos.

    Sin embargo, el proyecto implica tensiones entre ambición corporativa y preservación histórica. La empresa buscó inicialmente imponer su complejo en el centro histórico de la ciudad, lo que provocó oposición de residentes y organismos internacionales. Finalmente, la presión patrimonial obligó a trasladar la construcción hacia la costa, donde la torre terminó por consolidarse como símbolo del poder energético ruso.

    El clan de los petersburgueses

    San Petersburgo representa mucho más que el lugar donde se ubica la nueva sede de Gazprom. La ciudad funciona como símbolo histórico de la apertura de Rusia hacia Europa, por lo que trasladar allí el centro de operaciones del gigante gasístico proyecta una ambición política y económica que trasciende lo empresarial. El Lakhta Center materializa esa intención al convertirse en un emblema visible del poder energético ruso y de su aspiración de influir en el mercado europeo.

    Detrás de esa decisión aparece una red de poder forjada durante los años posteriores a la desaparición de Unión Soviética. En ese contexto, varios funcionarios del Ayuntamiento de San Petersburgo comenzaron a construir relaciones políticas y económicas que más tarde dominaron la estructura del estado ruso. Entre ellos destacaban Vladímir Putin, Dmitri Medvédev y Alexéi Miller, quienes trabajaron juntos dentro del comité encargado de las relaciones económicas exteriores de la ciudad.

    Con el ascenso de Putin al poder, esa red se trasladó al centro de la política nacional. Antiguos colaboradores ocuparon posiciones estratégicas dentro de Gazprom y del aparato estatal, consolidando una alianza entre el Kremlin y la empresa energética. De esta forma, la compañía dejó de operar únicamente como actor económico para convertirse en una herramienta del estado ruso en la competencia global por los recursos energéticos.

    Esa ambición se refleja incluso en la arquitectura del Lakhta Center. El diseño del rascacielos evoca una gigantesca perforadora que se retuerce hacia el cielo, imagen que remite simbólicamente a la extracción de combustibles fósiles. La torre termina así por representar no solo la presencia corporativa de Gazprom, sino también la estrategia política que vincula energía, poder estatal y proyección internacional.

    Atraco en el Far East

    En el extremo oriental de Rusia se encuentra la isla de Sajalín, un territorio que durante décadas simbolizó aislamiento, deportación penal y paisajes salvajes descritos por la literatura rusa. Además de su historia marcada por el confinamiento, el lugar conservaba una riqueza natural notable, habitada por pueblos indígenas y por especies animales características de los ecosistemas del Pacífico norte.

    Con el paso del tiempo, el descubrimiento de importantes reservas de hidrocarburos frente a sus costas transformó profundamente el destino de la isla. Tras la apertura económica posterior al colapso soviético, empresas energéticas internacionales comenzaron a interesarse por la explotación de los yacimientos submarinos. Como resultado, la llegada de capital extranjero, ingenieros especializados y trabajadores procedentes de distintos países impulsó una rápida expansión de la actividad industrial.

    Al mismo tiempo, la capital administrativa empezó a reflejar los efectos de ese auge energético. Nuevas construcciones, espacios de ocio y una economía local cada vez más ligada al sector de los combustibles fósiles alteraron la fisonomía de un territorio que durante décadas permaneció al margen del desarrollo ruso. De este modo, la isla pasó gradualmente de ser una periferia olvidada a integrarse en los circuitos económicos del noreste asiático.

    Sin embargo, este crecimiento industrial provocó también fuertes críticas ambientales. Diversas organizaciones denunciaron los riesgos que implicaban las operaciones fuera de la costa para los ecosistemas del mar de Ojotsk. En particular, las aguas cercanas a la isla constituían un área fundamental para la supervivencia de una población extremadamente vulnerable de ballenas grises, cuya alimentación dependía directamente de ese entorno marino.

    Ante estas tensiones, el gobierno ruso intervino en el desarrollo del proyecto energético liderado por empresas extranjeras. A través de inspecciones ambientales y presiones regulatorias, las autoridades colocaron a las compañías participantes frente al riesgo de perder sus licencias de explotación. Bajo ese escenario, los consorcios terminaron aceptando la entrada de Gazprom como actor dominante dentro del proyecto.

    De esta forma, la empresa energética rusa no solo obtuvo acceso directo a importantes reservas de gas, sino también a tecnología industrial desarrollada por las compañías extranjeras. Gracias a esa transferencia tecnológica, Gazprom fortaleció su experiencia en la explotación fuera de la costa y avanzó en la producción de gas natural licuado.

    Posteriormente, la construcción de una terminal portuaria especializada permitió transformar el gas extraído en un recurso fácilmente transportable por vía marítima. Así, el combustible procedente de las plataformas marinas comenzó a enviarse hacia mercados asiáticos en expansión, consolidando el papel de la isla dentro de la estrategia energética rusa.

    Finalmente, la exploración continuó más allá del proyecto inicial. Nuevos yacimientos descubiertos en las aguas cercanas ampliaron la presencia de Gazprom en la región del Pacífico. Gracias al desarrollo de tecnologías submarinas avanzadas, la empresa pudo explotar reservas situadas a grandes profundidades sin recurrir a plataformas tradicionales, reforzando su posición dentro de la competencia global por los recursos energéticos.

    Eldorado climaticida

    Durante décadas, la península de Yamal permaneció como uno de los territorios más aislados del norte de Siberia. La región, dominada por tundra helada y temperaturas extremas, fue tradicionalmente el espacio de vida de los nenets, un pueblo nómada que depende del pastoreo de renos para subsistir. En su idioma, el nombre del lugar expresa una idea contundente: el fin de la Tierra. Esa denominación resume bien el carácter remoto de un paisaje que durante siglos se mantuvo casi intacto.

    Todo cambió cuando se confirmó la magnitud de las reservas de gas ocultas bajo el suelo congelado. A partir de ese momento, la península comenzó a transformarse en una de las piezas centrales del sistema energético ruso. Gazprom inició allí la construcción de un vasto complejo industrial que progresivamente cubrió la tundra con pozos de perforación, redes de gasoductos y grandes instalaciones destinadas a la explotación del gas.

    Dentro de la estrategia de la empresa, Yamal ocupa un lugar decisivo. El desarrollo de los yacimientos árticos se presenta como la base del crecimiento futuro de la producción gasística rusa. Desde esta perspectiva, el territorio deja de ser un espacio periférico para convertirse en el núcleo de un nuevo polo energético con capacidad de abastecer mercados internacionales.

    Al mismo tiempo, la expansión industrial ha generado críticas cada vez más visibles. Diversas voces sostienen que la explotación del gas reproduce patrones históricos de apropiación de territorios indígenas. Las infraestructuras energéticas atraviesan áreas utilizadas por los nenets en sus desplazamientos estacionales, alterando rutas migratorias y afectando la continuidad de su modo de vida.

    A estas tensiones sociales se añade un debate ambiental más amplio. Organizaciones ecologistas y estudios científicos advierten que el desarrollo de nuevos yacimientos de combustibles fósiles contradice los compromisos internacionales orientados a limitar el calentamiento global. Mientras numerosos acuerdos climáticos recomiendan reducir la extracción de hidrocarburos, la expansión gasística en Yamal avanza en dirección contraria.

    Gran parte de la producción se concentra en gigantescos campos de gas que constituyen el corazón del sistema energético de la región. Estos proyectos han sido presentados por la propia empresa como ejemplos de capacidad tecnológica en condiciones extremas, capaces de operar en uno de los entornos más duros del planeta.

    Más allá de esos yacimientos iniciales, la exploración continúa avanzando hacia zonas aún más septentrionales. Cada nuevo campo amplía la frontera industrial en el Ártico y consolida el papel estratégico de la península dentro del mercado mundial del gas.

    Las consecuencias ambientales comienzan a manifestarse en el propio paisaje de la tundra. La expansión de gasoductos e instalaciones industriales fragmenta el territorio y altera los movimientos de los rebaños de renos que acompañan a los pastores nenets.

    A ello se suma otro fenómeno inquietante: el deshielo del suelo permanentemente congelado. Cuando el hielo se derrite, bacterias y gases atrapados durante largos periodos quedan liberados. Este proceso introduce nuevos riesgos sanitarios y climáticos, al tiempo que revela hasta qué punto la transformación industrial del Ártico está vinculada con los cambios ambientales globales.

    A la caza de yacimientos

    Gazprom mantiene una posición dominante en la industria del gas debido al volumen de reservas que controla a escala mundial. Aun así, una parte considerable de su producción depende de grandes yacimientos siberianos descubiertos durante el periodo soviético. La disminución progresiva de esas reservas ha obligado a la compañía a concentrar esfuerzos en la búsqueda de nuevos depósitos capaces de sostener su producción futura.

    Dentro de esta lógica, la exploración geológica ocupa un papel estratégico. La empresa financia campañas de prospección destinadas a localizar recursos adicionales tanto dentro de Rusia como en distintos países donde también desarrolla actividades energéticas. Estos trabajos incluyen extensos estudios del subsuelo y la apertura de nuevos pozos para evaluar el potencial gasístico de diferentes regiones.

    El objetivo consiste en ampliar continuamente las reservas disponibles y asegurar la continuidad del negocio gasístico. No obstante, esta expansión resulta controvertida, ya que diversos análisis señalan que el desarrollo de nuevos yacimientos entra en tensión con los compromisos internacionales orientados a limitar el cambio climático.

    Carrera hacia el Ártico

    Las protestas contra la explotación energética del Ártico comenzaron a ganar visibilidad cuando organizaciones ambientalistas denunciaron los riesgos asociados a la perforación petrolera en aguas polares. Activistas intentaron llamar la atención internacional mediante acciones directas cerca de una plataforma instalada en el mar de Pechora. Durante una de estas intervenciones, un barco utilizado por los manifestantes fue interceptado por fuerzas rusas y su tripulación detenida, episodio que provocó un conflicto diplomático y terminó discutiéndose ante organismos vinculados al derecho marítimo. Aunque los activistas fueron liberados posteriormente, el incidente evidenció el nivel de confrontación entre la industria fósil y los movimientos ecologistas.

    Detrás de estas protestas se encuentra la creciente presencia industrial de Gazprom en el Ártico. Una plataforma petrolera situada en el mar de Pechora se ha convertido en el principal punto de extracción de crudo en la región polar rusa. Desde esa instalación se bombea petróleo del fondo marino mediante operaciones continuas realizadas por trabajadores que permanecen largos periodos en un entorno de temperaturas extremas. Posteriormente, el crudo es transportado por mar hacia puertos europeos, lo que demuestra que la explotación de recursos en el Ártico ya forma parte de la realidad económica contemporánea.

    Esta expansión energética forma parte de una estrategia más amplia orientada a conquistar las reservas submarinas del océano polar. El progresivo deshielo ha facilitado el acceso a zonas que durante décadas permanecieron cubiertas por hielo permanente. Se sospecha la existencia de enormes depósitos de hidrocarburos bajo esas aguas, lo que ha despertado el interés de empresas energéticas y actores financieros de distintos países.

    Dentro de esa carrera destaca un gigantesco yacimiento submarino situado en el norte de Rusia. Durante años ha sido considerado uno de los objetivos más ambiciosos de la industria gasística mundial. Para intentar explotarlo, Gazprom estableció alianzas con compañías europeas especializadas en operaciones fuera de la costa. El proyecto contemplaba la construcción de complejas infraestructuras industriales capaces de operar en un entorno dominado por hielo flotante, tormentas frecuentes y temperaturas extremadamente bajas.

    Sin embargo, el desarrollo de este campo resultó más difícil de lo previsto. El coste de las instalaciones y los riesgos financieros asociados provocaron tensiones dentro del consorcio encargado de explotarlo. Con el tiempo, varias empresas decidieron retirarse del proyecto, lo que llevó a la disolución de la alianza creada para desarrollar el yacimiento. A pesar de este retroceso, Gazprom mantiene los derechos de explotación y continúa considerando esas reservas como una posibilidad futura.

    El avance de la industria energética hacia el Ártico ha sido posible gracias a la combinación de capital financiero y desarrollo tecnológico. Grandes bancos internacionales han contribuido a financiar proyectos destinados a extraer petróleo y gas en aguas polares. De esta manera, la expansión energética en el Ártico se ha convertido en una empresa global que involucra a corporaciones energéticas, instituciones financieras y gobiernos.

    Mientras tanto, la compañía rusa presenta sus proyectos polares como una demostración de liderazgo tecnológico y capacidad industrial en entornos extremos. Los beneficios obtenidos por estas operaciones han fortalecido su posición en los mercados energéticos y han incrementado su valor financiero.

    Sin embargo, numerosos especialistas advierten que la explotación de hidrocarburos en el Ártico entra en conflicto con los compromisos internacionales orientados a frenar el calentamiento global. Desde esta perspectiva, la carrera por los recursos polares revela la tensión cada vez más evidente entre los intereses económicos de la industria fósil y las exigencias ambientales del planeta.

Datos cruciales: 

    1) En 2021, el Lakhta Center se inauguró como sede central de Gazprom en San Petersburgo, frente al mar Báltico. El rascacielos alcanza 462 metros de altura, lo que lo convierte en el más alto de Europa. Para su construcción, concluida ese mismo año, la empresa invirtió alrededor de 2 500 millones de dólares, consolidando su presencia económica y política en la ciudad considerada históricamente como la puerta de Rusia hacia Europa.

    2) En 1994, el estado ruso firmó con Shell, Mitsubishi y Mitsui el acuerdo para desarrollar el proyecto energético Sajalín-2 en la isla de Sajalín, territorio de aproximadamente 900 kilómetros de extensión frente a la costa oriental de Siberia en el mar de Ojotsk. El proyecto implicó una inversión cercana a 22 mil millones de dólares. En 2006, Gazprom obtuvo el control mayoritario del proyecto por cerca de 7 450 millones de dólares, adquiriendo reservas estimadas en 600 mil millones de metros cúbicos de gas.

    3) En 2009, Gazprom inauguró en Prigorodnoye su primer complejo de gas natural licuado. En esta instalación el gas se enfría hasta 160 grados bajo cero, lo que reduce su volumen cerca de 600 veces y permite su transporte marítimo. Desde entonces, la terminal exporta alrededor de 10 millones de toneladas anuales de gas natural licuado hacia Japón, China, India y Corea del Sur, mientras las proyecciones energéticas indican que Asia podría convertirse en el mayor consumidor mundial de gas hacia 2035.

    4) Entre 2009 y 2016, Gazprom descubrió 4 nuevos yacimientos de gas en aguas cercanas a Sajalín con reservas estimadas en 1 billón de metros cúbicos. Uno de ellos, el campo Kirinskoye, comenzó a explotarse en 2013 mediante tecnología de producción submarina que permite operar directamente en el fondo marino sin plataformas de superficie.

    5) La península de Yamal, que se extiende aproximadamente 700 kilómetros hacia el mar de Kara, alberga 32 yacimientos con reservas estimadas en 26. 5 billones de metros cúbicos de gas, equivalentes a cerca de 75% de los recursos gasísticos de Gazprom y suficientes para abastecer al mundo durante casi 7 años. La empresa proyecta extraer alrededor de 360 000 millones de metros cúbicos de gas al año para consolidar la región como uno de los principales centros energéticos del planeta.

    6) En 2019, el director de Gazprom, Alexéi Miller, anunció que la producción de la empresa había aumentado en casi 5 500 millones de metros cúbicos de gas durante ese año, impulsada principalmente por el desarrollo de Yamal. Entre 2015 y 2019, la producción total de la compañía creció alrededor de 17%, mientras los planes corporativos prevén un incremento adicional superior a 20% hacia 2030.

    7) El yacimiento Bovanenkovskoye, inaugurado en 2012, registra un crecimiento de producción cercano a 12% anual y podría representar cerca de 20% del gas producido por Gazprom hacia 2030. En 2020 se pusieron en funcionamiento 52 nuevos pozos en ese campo. Más al norte, el yacimiento Kharasaveyskoye inició su desarrollo en 2019 y entró en operación en 2023, con un periodo de explotación estimado de 108 años.

    8) En 2016, el deshielo del permafrost en la región de Yamal provocó un brote de ántrax que obligó a sacrificar alrededor de 100 000 renos, afectó a más de 2 500 animales y provocó la muerte de un niño nenets de 12 años, evidenciando los impactos ambientales vinculados al cambio climático.

    9) Gazprom controla alrededor de 16% de las reservas mundiales de gas natural, lo que la convierte en una de las corporaciones energéticas más influyentes del planeta. Gran parte de su producción histórica proviene de tres grandes yacimientos siberianos descubiertos a finales de la década de 1960: Yámburg, Urengói y Medvezhye.

    10) En 2018, Gazprom destinó cerca de 1 300 millones de dólares a exploración geológica para localizar nuevos recursos gasísticos. Entre 2015 y 2018, la empresa realizó estudios a lo largo de más de 400 mil kilómetros y abrió más de 100 nuevos pozos.

    11) Para el periodo 2020–2029, Gazprom prevé invertir aproximadamente 111 mil millones de dólares en el desarrollo de nuevos yacimientos. Actualmente, por cada metro cúbico de gas extraído, las actividades de exploración permiten descubrir cerca de 1.6 metros cúbicos adicionales en reservas.

    12) Estudios climáticos señalan que, para limitar el calentamiento global a 2 grados, cerca de 80% de los recursos actuales de combustibles fósiles deberían permanecer bajo tierra. Sin embargo, estimaciones de Global Witness indican que la inversión en exploración energética podría aumentar más de 85% durante la próxima década.

    13) El Océano Ártico podría albergar aproximadamente 25% de los recursos mundiales de petróleo y gas aún sin descubrir, razón por la cual la industria energética ha intensificado su interés en esta región.

    14) Entre 2016 y 2018, el banco JPMorgan Chase proporcionó cerca de 1 700 millones de dólares para financiar proyectos de explotación de hidrocarburos de Gazprom en el Ártico.

    15) El yacimiento Shtokman, descubierto en 1988 a unos 500 kilómetros de la costa norte de Rusia, contiene alrededor de 4 billones de metros cúbicos de gas. En el proyecto internacional de explotación, Gazprom controlaba cerca de 51%, mientras la empresa Total poseía 25% antes de retirarse del consorcio en 2015.

    16) La plataforma petrolera Prirazlomnoye, situada en el mar de Pechora, explota un yacimiento con aproximadamente 70 millones de toneladas de petróleo. Alrededor de 200 trabajadores operan de forma permanente en la instalación, mientras barcos petroleros transportan el crudo durante un trayecto cercano a 4 000 kilómetros hasta el puerto de Rotterdam.

    17) Desde esa plataforma se producen aproximadamente 3 millones de toneladas de petróleo al año, lo que ha permitido a Gazprom Neft registrar beneficios superiores a 40% en algunos ejercicios. Tras el aumento de dividendos anunciado en 2019, la capitalización bursátil de Gazprom creció más de 87% en un solo año.

Nexo con el tema que estudiamos: 

    Gazprom ilustra con claridad el comportamiento de muchas empresas transnacionales del sector energético: estructuras corporativas capaces de extender su influencia sobre territorios, gobiernos y mercados internacionales. Bajo la promesa de crecimiento económico y seguridad energética, estas compañías consolidan redes de poder que les permiten explotar recursos a gran escala mientras los efectos ambientales y sociales quedan en segundo plano. En ese contexto, la expansión de la industria fósil revela una contradicción evidente entre los intereses corporativos globales y los compromisos internacionales para enfrentar la crisis climática.

    La descripción de las operaciones de esta empresa, su papel en la configuración del poder en Rusia, y el apoyo total que el estado ha dado a su expansión, explican la palanca energética con que cuenta la principal potencia gasífera del mundo. Gracias al control del mercado energético en Europa, Rusia cuenta con ventajas geopolíticas de largo plazo, que se acentuarán conforme el deshielo del Ártico abran nuevas explotaciones.