Could Santa Marta climate talks mark ground zero in push to ditch fossil fuels?

Cita: 

Harvey, Fiona y Jonathan Watts [2026], "Could Santa Marta climate talks mark ground zero in push to ditch fossil fuels?", The Guardian, London, 1 de mayo, https://www.theguardian.com/environment/2026/may/01/could-key-climate-ta...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
Viernes, Mayo 1, 2026
Tema: 
Colombia y la construcción de una salida internacional del carbón, petróleo y gas
Idea principal: 

    Fiona Harvey es una periodista ambiental británica y editora de Medio Ambiente en The Guardian. Su trabajo aborda crisis climática, biodiversidad, contaminación del aire, transición energética y cumbres climáticas de la Organización de las Naciones Unidas. Antes trabajó más de una década en Financial Times y cubrió conferencias climáticas, el Ártico y la Amazonia.

    Jonathan Watts. Es un periodista británico y autor de Cuando mil millones de chinos saltan: cómo China salvará el mundo o lo destruirá y Las muchas vidas de James Lovelock.


    Colombia acogió a casi 60 países en un momento crucial en el escenario mundial para la lucha por la transición hacia un futuro de energía limpia

    Santa Marta no aparece como un escenario neutral. Es una ciudad del Caribe colombiano donde la economía fósil se ve desde la playa: barcos petroleros en el horizonte, minas cercanas y rastros de carbón que, según habitantes locales, llegan a la costa. Por eso resulta más fuerte que Colombia, un país ligado a la exportación de carbón, petróleo y gas, use ese lugar para impulsar una alianza internacional contra la dependencia de esos combustibles.

    Irene Vélez Torres, ministra de Ambiente de Colombia y responsable de dirigir la conferencia, presentó la reunión como una "democracia climática global". La frase apunta a un choque político claro: gobiernos, parlamentarios y sociedad civil contra petroestados, es decir, países cuyo poder depende del control de combustibles fósiles. La transición energética deja de ser solo un asunto ambiental y entra en el terreno de la soberanía, la seguridad y la economía diaria.

    El costo de seguir atados al petróleo y al gas ya golpea a hogares, agricultores y gobiernos. Cuando una guerra o una ruta marítima vulnerable altera el suministro, suben la energía, los fertilizantes, los alimentos, la inflación y el costo de la deuda. Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de Energía, advierte que los países consumidores ya no pueden confiar en un sistema capaz de someter la economía mundial a crisis externas.

    La diferencia frente a choques petroleros anteriores es que ahora existen alternativas a las fuentes fósiles: energía solar, energía eólica, baterías, vehículos eléctricos y sistemas eléctricos de calefacción permiten reducir el uso de carbón, petróleo y gas en electricidad, transporte y hogares. Simon Stiell, jefe climático de la Organización de las Naciones Unidas, marca la ironía: la propia crisis de costos provocada por los combustibles fósiles acelera el interés por las renovables.

    Aun así, Santa Marta no derrota por sí sola a la industria fósil. Estados Unidos, Rusia y grandes empresas energéticas conservan poder militar, económico y político. Claudio Angelo, del Observatorio do Clima de Brasil, advierte que la conferencia apenas organiza países dispuestos a preparar una salida, mientras varios asistentes todavía impulsan nuevos proyectos de petróleo o gas. La transición no avanza en línea recta, porque muchos gobiernos quieren abandonar los combustibles fósiles sin soltar de inmediato sus ingresos.

    Financiar el cambio será el punto más duro. Las renovables pueden abaratar la energía con el tiempo, pero primero exigen inversión y alternativas para países que dependen de exportaciones fósiles. David Hillman, director de la coalición Make Polluters Pay, organización que exige cobrar a las empresas contaminantes por los daños climáticos, propone usar ganancias extraordinarias de la industria fósil para pagar parte de la transición.

    Mary Robinson, expresidenta de Irlanda, pide una salida con justicia: dejar los fósiles, llevar energía renovable a toda la población y proteger la naturaleza. Fernanda Carvalho, responsable de política climática y energética en World Wide Fund for Nature International (WWF International), ve en Santa Marta una iniciativa centrada en comunidades afectadas por la extracción y el consumo de combustibles fósiles. La apuesta tiene fuerza, pero todavía enfrenta el poder de los recursos financieros de las empresas que explotan energéticos, su influencia en las elecciones, intereses estatales y dependencia económica.

Datos cruciales: 

    1) La conferencia de Santa Marta reunió a 59 naciones, casi todas democracias, para iniciar planes de salida de carbón, petróleo y gas. La reunión ocurrió tras la segunda gran crisis energética en 5 años, marcada por el riesgo de que la economía mundial dependa de rutas frágiles como el Estrecho de Ormuz.

    2) Ember, centro de análisis energético, reportó que las renovables superaron al carbón en la generación eléctrica mundial del año pasado: las fuentes renovables produjeron 33.8% de la electricidad global y el carbón generó 33%.

    3) En la Conferencia de las Partes número 29 (COP29), los países ricos ofrecieron 300 mil millones de dólares anuales hacia 2035 para financiamiento climático. A escala mundial, los subsidios a combustibles fósiles suman 1.5 billones de dólares cada año, una cifra que podría redirigirse para acelerar la transición energética.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    Aunque las reuniones multilaterales se radicalizan en el discurso, haciendo aparecer claramente la importancia de las actividades energéticas en la destrucción del ambiente, no se consigue avanzar en cambios sustanciales que al menos permitan detener las emisiones contaminantes y el consecuente calentamiento del planeta. El problema no es solo que se trata de actividades altamente rentables, lo que beneficia a las grandes corporaciones energéticas, sino también el carácter básico y transversal de los combustibles fósiles, indispensables para la reproducción social. Por tanto, no bastan adaptaciones como las anotadas en las reuniones multilaterales, sino que se deben construir alternativas civilizatorias que partan de otros usos de la energía.