Transformación Ecológica, Agricultura y la Supervivencia de la Humanidad

Cita: 

Stédile, João Pedro [2024], "Transformación Ecológica, Agricultura y la Supervivencia de la Humanidad", Wenhua Zongheng. Revista de pensamiento chino contemporáneo, diciembre, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2024/12/20241217_WHZH_V...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
2025
Tema: 
China, agroecología y transformación ecológica
Idea principal: 

    João Pedro Stédile es economista y miembro de la dirección nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en Brasil.


    Más que una compilación ambiental, la edición internacional de Wenhua Zongheng (La transición ecológica de China, 2024 (2)4), revista china de debate político e intelectual, abre una discusión sobre alimentos, agroecología, restauración medioambiental y energías renovables desde experiencias concretas de China. Su importancia nace de una ausencia incómoda: Occidente, entendido como el campo político e intelectual europeo y estadounidense, suele ignorar los debates chinos sobre problemas globales, incluso cuando esos debates tratan la supervivencia humana.

    En esos trabajos, buena parte de la izquierda global recibe una crítica directa. Mao Zedong, dirigente revolucionario chino, advertía contra las consignas, los clichés y los dogmas. Esa advertencia sirve para señalar a partidos, universidades y organizaciones que describen la crisis ecológica, pero evitan enfrentar el mecanismo central: el capitalismo convierte tierra, agua, bosques, semillas, energía y alimentos en mercancías destinadas a la ganancia privada. Nombrar el desastre no basta cuando el sistema que lo produce queda intacto.

    Desde el pensamiento marxista, la relación entre capitalismo y destrucción ambiental aparece con claridad. Karl Marx, filósofo alemán y crítico del capitalismo industrial, vinculó ese sistema con daños sobre la naturaleza. Rosa Luxemburg, teórica marxista polacoalemana, explicó que la acumulación capitalista necesita apropiarse de recursos naturales.

    Vladimir Lenin, dirigente revolucionario ruso, y Nikolái Bujarin, economista bolchevique, añadieron que el imperialismo intensifica la presión sobre materias primas, territorios y mercados. La crisis ecológica, vista desde esa línea, no es un accidente técnico, sino una consecuencia de la acumulación capitalista.

    En los procesos revolucionarios de Rusia, Europa del Este, China, Cuba y Vietnam, las urgencias sociales pesaron más que la agenda medioambiental. Alimentación, inversión productiva, crecimiento económico y bienestar básico ocuparon el centro. Ese rezago permitió la expansión de la Revolución Verde, programa agrícola promovido por Estados Unidos bajo la promesa de elevar la productividad y asegurar alimentos. Su nombre también respondía a una disputa ideológica contra las revoluciones socialistas llamadas “rojas”.

    Bajo esa promesa de abundancia operó un modelo favorable al gran capital. La Revolución Verde impulsó semillas híbridas, fertilizantes, pesticidas, agroquímicos, maquinaria agrícola y monocultivos a gran escala. Norman Borlaug, investigador estadounidense asociado con ese programa, dio prestigio internacional a un paradigma que amplió mercados para empresas transnacionales y volvió dependientes a regiones agrícolas enteras. La productividad funcionó como discurso de legitimación, mientras la agricultura quedaba subordinada a insumos industriales.

    El costo ambiental ya no permite ambigüedades. Inundaciones, huracanes, sequías, deshielo polar, pérdida de especies y deterioro de las condiciones naturales de vida muestran una crisis que atraviesa fronteras. Fidel Castro, dirigente de la Revolución Cubana, advirtió en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro que la humanidad ponía en riesgo su existencia al destruir el entorno que la sostiene. Esa alerta conserva fuerza porque ningún país puede separarse del mismo planeta.

    A partir de casos chinos, Wenhua Zongheng propone una discusión más concreta. Ding Ling y Xu Zhun, autores incluidos en la revista, analizan las contradicciones de la Revolución Verde en China y defienden una transformación ecológica ligada a la civilización ecológica, entendida como una forma de desarrollo que incorpora la protección de la naturaleza. Xiong Jie y Tings Chak, investigadores del mismo número, estudian la restauración del lago Erhai, cuerpo de agua chino dañado por el crecimiento económico acelerado y ciertos modelos agrícolas.

    Feng Kaidong y Chen Junting, académicos chinos, examinan la industria de vehículos eléctricos en China como parte de una nueva economía energética útil para el Sur Global, nombre usado para países con posiciones históricamente subordinadas en la economía mundial.

    Una respuesta seria exige agroecología, policultivo, reforestación, protección de manantiales, ríos y lagos, cooperativas agroindustriales locales y alimentos sin pesticidas ni productos ultraprocesados. Del otro lado, el capital impulsa monocultivos, semillas modificadas genéticamente, máquinas que desplazan trabajo rural y créditos de carbono que vuelven negociable la conservación de los bosques. Eso no defiende la agricultura, la reduce a extracción, especulación y control privado de la naturaleza. Producir alimentos en equilibrio con la tierra exige disputar el poder económico que convierte la vida en mercancía.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    La convergencia entre uno de los referentes del MST de Brasil con el pensamiento pro-chino resulta relevante en un momento de grandes convulsiones internacionales. Además de las implicaciones políticas de dicha convergencia, destacamos que son los ámbitos transversales, de intereses de las grandes mayorías, los que hacen posible el diálogo y la elaboración colectiva de alternativas civilizatorias. Tal es el caso de la producción de alimentos y la agricultura. Stédile destaca que las experiencias socialistas privilegiaron las cuestiones productivas por encima de la conservación del ambiente, marcando un rumbo alternativo para las experiencias de transformación contemporáneas, que deben partir de la necesidad de dejar de depredar los territorios y el ambiente.