Out of this world. Elon Musk is going all-in on an unproven technology

Cita: 

The Economist [2026], "Out of this world. Elon Musk is going all-in on an unproven technology", The Economist, 23 de mayo, https://www.economist.com/briefing/2026/05/21/elon-musk-is-going-all-in-...

Fuente: 
The Economist
Fecha de publicación: 
Sábado, Mayo 23, 2026
Tema: 
SpaceX: cohetes, inteligencia artificial y la promesa de colonizar Marte
Idea principal: 

    The Economist es una publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y la economía mundiales. Publicó su primer número el 2 de septiembre de 1843 bajo la dirección de James Wilson.


    SpaceX ha iniciado la mayor oferta pública de la historia

    SpaceX, empresa aeroespacial fundada por Elon Musk, prepara para junio su debut en NASDAQ, mercado bursátil de Estados Unidos, realizando la primera venta de acciones de la compañía al público inversionista. La operación sería la mayor registrada porque busca colocar una suma sin precedente para financiar un proyecto extremadamente costoso: llevar a la empresa de los vuelos espaciales comerciales hacia la meta de construir una ciudad en Marte (dato crucial 1). Esa decisión rompe con la postura que SpaceX sostuvo durante años, ya que Gwynne Shotwell, directora de operaciones de la propia compañía, dijo en 2018 que la firma no debía cotizar hasta volar de forma regular al planeta rojo.

    Musk también rechazaba los mercados públicos porque los veía demasiado impacientes para una empresa con ambiciones de largo plazo. La presión por conseguir capital cambió esa resistencia, mientras SpaceX gasta grandes recursos en inteligencia artificial (IA) y depende del desempeño de Starship, el cohete clave para sus planes más ambiciosos. La prueba programada originalmente para el 19 de mayo se retrasó y quedó prevista para el 21 de mayo, por lo que su resultado podía reforzar o dañar la confianza de los inversionistas antes de la salida a bolsa.

    Negocios, pero no como los conocemos

    Desde 2002, SpaceX pasó de ser una empresa aeroespacial casi improvisada a concentrar una parte dominante de los lanzamientos espaciales. La firma de Elon Musk desplazó a Boeing y Lockheed Martin, contratistas centrales de la industria aeroespacial y de defensa de Estados Unidos, porque Falcon 9, su cohete operativo principal, redujo costos al recuperar la parte inferior del vehículo después del despegue y reutilizarla en misiones posteriores. Esa ventaja también sostiene a Starlink, el servicio de internet satelital de SpaceX, que ya funciona como una fuente importante de ingresos para financiar proyectos más ambiciosos.

    Musk ahora quiere usar esa capacidad de lanzamiento para llevar la infraestructura de IA al espacio. Su argumento es que los centros de datos terrestres enfrentan falta de energía, trabas administrativas y rechazo social, mientras SpaceX puede colocar equipos fuera del planeta con una escala que sus competidores no igualan (dato crucial 2). El plan depende de Starship, el nuevo cohete diseñado para transportar cargas mucho mayores y reutilizar más partes que Falcon 9, pero sus retrasos complican tanto los planes de SpaceX como el programa Artemis, iniciativa de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA por su sigla en inglés) para volver a llevar astronautas a la Luna.

    La primera venta pública de acciones de SpaceX busca financiar una expansión que va más allá de cohetes y satélites. La empresa necesita sostener Starship, su cohete de carga pesada, Starlink, su servicio de internet satelital, xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, y centros de datos espaciales para llevar cómputo fuera de la Tierra. El riesgo principal está en xAI, porque exige mucho capital y compite en desventaja frente a Anthropic y OpenAI, empresas más consolidadas en el campo de la IA(dato crucial 3).

    Avanzando con valentía

    Starship no aparece aquí como una promesa lejana, sino como una pieza necesaria para que Starlink siga creciendo. Starlink es el servicio de internet satelital de SpaceX, y su expansión depende de satélites más grandes, capaces de transmitir más datos, atender más usuarios y mejorar conexiones sin depender siempre de antenas especiales (dato crucial 4). Falcon 9, el cohete que SpaceX usa actualmente para lanzar carga al espacio, ya no puede transportar esa nueva generación de satélites por su tamaño. Por eso Starship, diseñado para mover cargas mucho más pesadas, se vuelve clave para el negocio más rentable de la empresa.

    Esa necesidad también explica por qué SpaceX quiere fabricar muchos Starships en las Gigabays, enormes plantas de producción pensadas para construir cohetes en serie. Caleb Henry, analista de Quilty Space, firma especializada en el sector espacial, advierte que un cohete preparado para lanzarse con frecuencia necesita clientes y cargas constantes (dato crucial 5). Tom Mueller, primer empleado de SpaceX, diseñador de sus motores y fundador de Impulse, otra empresa espacial, señala el mismo problema desde los planes hacia Marte: como esos viajes dependen de la posición de los planetas y no pueden realizarse todo el tiempo, SpaceX necesita otros usos para sus cohetes mientras llega la siguiente oportunidad de envío.

    Ahí entran los centros de datos orbitales, instalaciones de cómputo colocadas fuera de la Tierra para procesar tareas de IA. Starcloud, empresa emergente del sector espacial, ya probó un prototipo, y Google, empresa tecnológica, también planea ensayos. La promesa combina energía solar más intensa, menor necesidad de enfriamiento y menos oposición social que los centros de datos terrestres.

    No podemos encontrar la reversa

    La apuesta de SpaceX por centros de datos orbitales depende de algo más concreto que la promesa futurista de Musk: debe demostrar que puede lanzar, fabricar y operar infraestructura de cómputo espacial a menor costo que los centros de datos terrestres (dato crucial 6). Musk sostiene que esa opción pronto será la más barata para alimentar la IA, pero Sam Altman, director de OpenAI, empresa líder, considera irreal la propuesta en el corto plazo. Si el plan funciona, xAI, la empresa de inteligencia artificial de Musk, obtendría cómputo propio y barato, y SpaceX quedaría como proveedor indispensable de infraestructura, parecido a Nvidia, diseñadora de chips para IA, y TSMC, fabricante taiwanés de semiconductores (dato crucial 7).

    Existe un atractivo financiero por el prestigio especulativo de Musk, pero los riesgos son igual de claros. Algunos inversionistas tempranos podrían vender sus acciones apenas puedan, la estructura accionaria deja a Musk con control casi absoluto y varios proyectos suyos acumulan retrasos. Además, xAI pierde mucho dinero, Starlink depende del avance de Starship y Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos, fundador de Amazon, podría disputar parte del mercado de lanzamientos. El plan no rompe las leyes de la física, pero convertirlo en negocio exige una ejecución industrial y financiera muy difícil.

Datos cruciales: 

    1) SpaceX busca recaudar cerca de 75 mil millones de dólares con su oferta pública inicial y alcanzar una valoración de 1.75 billones de dólares, más de 90 veces sus ingresos anuales de 18.7 miles de millones de dólares. Esa recaudación superaría el récord de Saudi Aramco de 2019, petrolera estatal de Arabia Saudita.

    2) SpaceX concentra una parte dominante de la actividad espacial porque sus cohetes reutilizables transportan casi 90% de todo lo que llega al espacio, mientras Starlink, su servicio de internet satelital, opera cerca de 10 000 satélites, más de dos tercios del total en órbita, atiende a más de 10 millones de clientes y generó 4.4 mil millones de dólares de utilidad operativa en 2025.

    3) La apuesta de SpaceX por IA elevó su presión financiera, porque xAI perdió 6.4 mil millones de dólares en 2025, mientras el gasto de capital de SpaceX casi se quintuplicó frente a 2023 y superó los 20 mil millones de dólares. Además, los documentos entregados a los reguladores atribuyen a la IA 93% de su mercado potencial estimado en 28.5 billones de dólares.

    4) Starlink, el servicio de internet satelital de SpaceX, aumentó sus ingresos de 7.6 mil millones de dólares en 2024 a 11.4 mil millones en 2025, superó 10 millones de clientes y, según Tim Farrar, analista de la industria satelital, podría alcanzar entre 20 y 50 millones de suscriptores residenciales.

    5) SpaceX pagó 19.6 mil millones de dólares a EchoStar, empresa estadounidense de telecomunicaciones, para adquirir espectro radioeléctrico, es decir, frecuencias necesarias para transmitir señales. Con esa compra busca fortalecer direct-to-cell (D2C), tecnología que permite conectar satélites directamente con teléfonos móviles sin antenas especiales, mientras solicita autorización para lanzar 15 mil satélites especializados y PitchBook, firma que analiza empresas financiadas con capital de riesgo, proyecta que Starlink podría superar mil millones de suscriptores en 15 años.

    6) SpaceX solicitó en enero autorización regulatoria para lanzar hasta 1 millón de centros de datos orbitales, es decir, instalaciones de cómputo colocadas en el espacio para procesar tareas de IA. La apuesta apunta a un mercado enorme, porque el gasto mundial en centros de datos podría superar 800 mil millones de dólares este año y los ingresos de los principales laboratorios de IA pasarían de 17 mil millones de dólares en 2025 a un rango entre 90 y 100 mil millones este año.

    7) Anthropic, empresa de inteligencia artificial, firmó el 6 de mayo un acuerdo para pagar hasta 1.25 mil millones de dólares mensuales durante tres años por capacidad de cómputo en Colossus, el centro de datos terrestre de xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk. Al mismo tiempo, Anthropic y OpenAI, dos laboratorios líderes de IA, preparan primeras ventas públicas de acciones con valoraciones cercanas al billón de dólares.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    La exploración del espacio exterior es otra ilustración de la trayectoria catastrófica del capitalismo del siglo XXI: los proyectos plantean objetivos casi imposibles de alcanzar e implican un desperdicio de montos ingentes de energía, que podría ser utilizada para fines de beneficio colectivo. Los negocios aeroespaciales tienen éxito en dos campos fundamentales: la guerra y la especulación financiera.