¿Hacia dónde correr cuando no tenemos tiempo?
González Reyes, Luis [2026], "¿Hacia dónde correr cuando no tenemos tiempo?", Climática, 15 de abril, https://climatica.coop/opinion-hacia-donde-correr-cuando-no-tenemos-tiempo/
Luis González Reyes: doctor en ciencias químicas y miembro de Ecologistas en Acción, Garúa, Fuhem y Entrepatios, etc. Todos los anteriores son grupos, cooperativas y organizaciones de activismo ambiental.
Los recientes conflictos geopolíticos, como el ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán, han visibilizado la dependencia de la economía global respecto de recursos escasos. El cierre del Estrecho de Ormuz ocasionó una falta de combustibles y fertilizantes, dado que el Golfo pérsico es uno de los principales proveedores de estas mercancías. Estos sucesos han impuesto la sensación, real, de que hay muy poco tiempo para superar la dependencia en torno a estos recursos.
A pesar de esto, la prioridad urgente no es detener las afectaciones a la economía global. Más bien es luchar contra la crisis humanitaria del genocidio en Palestina y la ocupación israelí de Líbano. Ambos conflictos que se cobran decenas de vidas cada día.
Y en una perspectiva más amplia, la urgencia a nivel global sigue siendo la de abandonar el uso de los combustibles fósiles ya en fase de agotamiento. Esto mismo aplica para la adicción del sistema actual a la minería de elementos cada vez más escasos. El momento histórico nos hace vivir con prisa pero al mismo tiempo parecería que hay una falta de tiempo para lidiar con los problemas planteados anteriormente. A pesar de que estos cambios son realmente urgentes, también es importante pensar hacia dónde avanzamos ante esta urgencia. El autor esboza tres caminos a los que se dirigen las sociedades enfrentadas a esta situación crítica.
Por un lado, están los que buscan acaparar los crecientemente escasos recursos minerales y fósiles. Esta es la apuesta de Estados Unidos, sus aliados y los gobiernos de ultraderecha que se alinean con el país norteamericano. Esta solución implica la continuidad del acaparamiento desmedido por parte de una minoría, a costa de millones de vidas cobradas en guerras, impactos ambientales y racismo institucional.
Otro de los caminos es el del desarrollo irrestricto y acelerado de energías renovables de alta tecnología. Algunos ejemplos de estas innovaciones son los coches eléctricos, aviones movidos por agrocarburantes o ciudades inteligentes. El problema con este camino es que plantea varias incertidumbres. Algunas se relacionan con el extractivismo que acompaña el uso de minerales para estas nuevas tecnologías. Además de que la competencia por estos materiales podría llevar a nuevos conflictos bélicos. Otras incertidumbres se han expresado en torno quién podría acceder a estas nuevas tecnologías y sobre si verdaderamente son capaces de sustituir totalmente a los combustibles fósiles.
Finalmente la tercera vía implica la reducción dramática de consumo energético y material hasta los márgenes asumibles por los ecosistemas. Se ha comprobado que este decrecimiento podría tener efectos sanadores ante las crisis ambientales enfrentadas por el mundo. Esto sería posible en tanto las necesidades humanas requieren de mucho menos uso de energía y materiales del que impera actualmente. El crecimiento constante actual no tiene relación con la satisfacción de las necesidades humanas, sino que es necesario para que el sistema no entre en crisis.
Al mismo tiempo hay que destacar que no todo el mundo debe disminuir su consumo de igual manera. Hay situaciones en las que no es posible el decrecimiento ya que se vive en la miseria. Es por esto que la disminución del consumo debe ser diferencial, por ende sería mucho mayor para quienes más tienen. Otros obstáculos para este camino es el hecho de que los entornos sociales hacen que sea muy difícil disminuir ciertos consumos. Un ejemplo de esto es la necesidad de utilizar coches para llegar al trabajo.
Es por esta razón que se necesita un cambio económico a nivel sistémico. Ya hay prácticas existentes que podrían servir de inspiración para este cambio: proyectos solidarios de vivienda, educación, alimentación, movilidad, obtención de energía, fabricación de bienes, salud, cuidado de personas dependientes, financiación, comunicación. Por esta razón el camino de la economía solidaria, la redistribución y el decrecimiento son los más seguros para enfrentar la crisis climática.
El artículo es relevante ya que plantea las alternativas civilizatorias que se han imaginado o surgido en respuesta a la amenaza existencial del cambio climático. También muestra cómo tanto el camino de continuar acaparando combustibles fósiles como el que propone el rápido desarrollo de tecnologías renovables muestran los límites propios del capitalismo. Ambos podrían implicar ciclos extractivos y competencia global que agravarían la crisis ambiental. Al mismo tiempo, el autor propone una estrategia para el combate y adaptación frente al cambio climático. Esta es la del decrecimiento, la economía solidaria y la redistribución de riquezas. Cabría investigar que tanto los proyectos de economías alternativas, en los que se basa la propuesta del autor, son capaces de superar las dinámicas propias del capitalismo que llevan al uso desmedido de energía y materiales. Además de explorar si estas mismas dinámicas pueden ser subvertidas por una mera reducción en el consumo, como propone el texto, o si también se necesita de un cambio en el ámbito productivo.

