Code Red. Why climate change now threatens China's future
The Economist [2025], "Code red. Why climate change now threatens China's future", The Economist, London, 8 de noviembre, https://www.economist.com/special-report/2025/11/03/why-climate-change-n...
-
The Economist es una publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, que aborda la actualidad de las relaciones internacionales y la economía mundial. Publicó su primer número el 2 de septiembre de 1843 bajo la dirección de James Wilson.
Taishitun, localidad montañosa al norte de Beijing, reveló una falla concreta en la prevención de desastres: en el norte árido de China, los equipos de rescate estaban preparados para terremotos, no para inundaciones (dato crucial 1). Las lluvias extremas rompieron esa lógica y mostraron que algunas regiones seguían organizadas frente a riesgos conocidos, mientras otros peligros ganaban fuerza. Durante la visita de The Economist, el gobierno local trató el desastre como un asunto sensible, pero una funcionaria admitió una inquietud extendida: las estaciones se perciben más intensas y ningún individuo puede responder por sí solo a un fenómeno que exige acción colectiva.
La preocupación actual por inundaciones, calor y sequías contrasta con la forma en que el Partido Comunista de China (PCCh) entendió la naturaleza durante el maoísmo. En la lógica del Gran Salto Adelante, la naturaleza no era un límite que debía respetarse, sino un obstáculo que podía vencerse mediante el esfuerzo colectivo, incluso si eso implicaba mover montañas o desviar ríos (dato crucial 2). Los gobiernos posteriores moderaron ese discurso, pero conservaron la confianza en grandes obras de ingeniería, como la Presa de las Tres Gargantas y el Proyecto de trasvase de agua Sur-Norte. El problema fue que el crecimiento industrial terminó por imponerse sobre la protección ambiental, y ríos, suelos y ciudades cargaron con los efectos de la contaminación (dato crucial 3).
Activistas y organizaciones ambientales denunciaron daños bajo vigilancia estatal, mientras algunos funcionarios centrales aprovecharon esas críticas para señalar abusos locales. Antes de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió al comité supervisado por Xi Jinping que la contaminación podía afectar la participación de atletas. Después, la cuenta @BeijingAir difundió mediciones de la embajada de Estados Unidos y trasladó el debate sobre la calidad del aire a las redes chinas. El gobierno respondió con mejoras urbanas, pero evitó abrir una discusión amplia sobre clima extremo, cambio climático y crecimiento basado en combustibles fósiles.
Entre 1961 y 2024, la temperatura media de China aumentó a un ritmo de 0.31 °C por década
El aumento del calor volvió el cambio climático un riesgo directo para la energía, la salud pública, la infraestructura y la producción de alimentos en China. La Administración Meteorológica de China (CMA), organismo estatal de monitoreo climático, registró que la temperatura media del país subió 0.31 grados Celsius por década entre 1961 y 2024, una tendencia que se volvió más visible durante la ola de calor de 2022 en el sur y el este del país. Para Xi Jinping, el daño climático a la agricultura no solo implica pérdidas económicas, sino un problema de seguridad nacional, porque China busca depender menos de alimentos importados para resistir presiones externas en escenarios de crisis, incluida una posible guerra por Taiwán (datos cruciales 4 y 5).
Frente a esos riesgos, China impulsó su primer plan integral de adaptación climática hacia 2035, con medidas de alerta temprana, ciudades resistentes al clima, seguros contra desastres y herramientas financieras (dato crucial 6). El Centro nacional de estrategia contra el cambio climático y cooperación internacional reconoció ante la revista británica The Economist que la capacidad local sigue siendo frágil, con regiones sin especialistas y ciudades sin políticas o recursos suficientes para solventar las problemáticas ambientales.
Perdura una fragilidad interna que contrasta con el peso exterior de China, cuyas fábricas y cadenas de suministro sostienen la expansión mundial de energía solar y eólica. Para Bruno Maçães, politólogo portugués, esa capacidad industrial también es poder político: una superpotencia no solo influye por sus armas, sino por su capacidad de convertir acciones nacionales en referencias globales.
1) En Taishitun, localidad montañosa al norte de Beijing, no se registraba una inundación desde 1890, pero el 28 de julio de 2025 las lluvias torrenciales desbordaron un río cercano y el agua alcanzó dos metros dentro de una residencia de ancianos excluida de los planes de evacuación, donde murieron 31 de casi 70 residentes mayores.
2) En los años noventa del siglo XX, la prioridad del crecimiento económico, la corrupción y la débil aplicación de normas condujeron a que alrededor de 70% de los ríos y lagos de China contaminados o gravemente contaminados, mientras el World Resources Institute señaló que 9 de las 10 ciudades más contaminadas del mundo estaban en China.
3) Antes de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, China destinó 17 mil millones de dólares a medidas ambientales, como cierre o traslado de fábricas y nuevos estándares vehiculares, después de que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió riesgos para la participación de atletas por la mala calidad del agua y del aire.
4) La Administración Meteorológica de China (CMA) señaló en su libro azul de 2025 que la precipitación media anual casi no cambió entre 1901 y 1960, pero desde entonces aumentó 6 milímetros por década, mientras los eventos de lluvia extrema se volvieron más frecuentes en distintas regiones del país.
5) Investigaciones financiadas por el Ministerio de agricultura de China estiman que sequías y lluvias intensas podrían reducir en 8% los rendimientos de maíz, trigo y arroz para 2030, en un contexto donde el calor extremo también afecta la productividad de cerdos, vacas y pollos.
6) La preocupación climática creció entre la población china: en 2010, cerca de 6% la consideraba el principal problema ambiental del país, pero un estudio publicado en la revista científica Nature por académicos chinos y estadounidenses elevó la proporción a más de 23% en 2023. Otro estudio publicado en la misma revista por investigadores de Oxford mostró que 81% de las personas encuestadas en China aceptaría aportar 1% de sus ingresos contra el cambio climático y 56% esperaba el mismo compromiso de otros, frente a Estados Unidos, donde 48% aceptó aportar y solo 33% creyó que sus conciudadanos harían lo mismo.
-
La maduración de la industrialización en China prueba que los impactos ambientales son consustanciales al capitalismo. Como deja ver el artículo, la idea de dominar e instrumentalizar la llamada naturaleza, es una clave civilizatoria que han compartido las diferentes configuraciones sociales, incluyendo el llamado socialismo. Con la proliferación de los fenómenos climáticos extremos, el régimen chino deberá implementas acciones de mitigación y adaptación, lo cual mermará recursos para la acumulación de capital.

