Termination shock: trust our expert warnings on geoengineering's planetary risks
Pierrehumbert, Raymond et al. [2026], "'Termination shock': trust our expert warnings on geoengineering's planetary risks", The Guardian, London, 19 de junio, https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/jun/19/solar-geoengineeri...
Raymond Pierrehumbert es profesor de física planetaria en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) desde 2026. Antes ocupó la cátedra Halley de Física en la Universidad de Oxford, donde fundó el Laboratorio de Dinámica Climática Planetaria. Su trabajo se centra en atmósferas, sistemas climáticos, física atmosférica y clima planetario. También fue autor principal del Tercer informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).
Julia Slingo es una científica británica especializada en meteorología y clima. Fue científica jefa de la Oficina Meteorológica de Reino Unido y recibió la Medalla Rossby de la Sociedad Meteorológica Estadounidense. También cuenta con nueve doctorados honorarios, incluido uno de la Universidad de Cambridge.
Michael E. Mann es profesor presidencial distinguido en la Universidad de Pensilvania. Su perfil académico se vincula con el estudio del clima, la ciencia ambiental y la comunicación pública de la crisis climática. También forma parte de la Royal Society como miembro extranjero.
Valerie Masson-Delmotte es directora de investigación en el Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente. Participó como copresidenta del Grupo de trabajo uno del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) durante el Sexto informe de evaluación (AR6). Además, colaboró en informes científicos sobre geoingeniería y opciones de geoingeniería polar.
La geoingeniería reúne proyectos que buscan enfriar artificialmente el planeta sin reducir de fondo el dióxido de carbono que provoca el calentamiento global (dato crucial 1). La opción más discutida es la geoingeniería solar, que intentaría dispersar aerosoles o partículas en zonas altas de la atmósfera para devolver hacia el espacio una parte de la radiación solar antes de que caliente la superficie. Otros planes llevan esa lógica a regiones polares vulnerables, como el estrecho de Bering, entre Rusia y Alaska, donde se propuso levantar una presa para alterar condiciones climáticas sensibles.
El riesgo del enfriamiento artificial de la atmósfera, según los especialistas en física del clima que firman el artículo, no está solo en la dificultad técnica, sino en tratar una intervención temporal como si fuera una solución estable. Estas tecnologías exigirían mantenimiento constante, dependerían de coordinación internacional y podrían fallar en contextos de guerra, crisis política o errores técnicos. Si la intervención solar se detuviera, el calentamiento contenido aparecería de forma abrupta porque el dióxido de carbono seguiría acumulado en la atmósfera.
Además, los modelos climáticos todavía no permiten calcular con seguridad sus efectos sobre nubes, aerosoles, lluvias regionales, océanos y circulación atmosférica. Por eso, destinar recursos al despliegue de estas tecnologías antes de resolver sus riesgos científicos, éticos y legales desvía la atención de la medida indispensable: dejar de quemar combustibles fósiles.
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1) La geoingeniería solar avanza entre incertidumbre científica e interés económico: una misma inyección de aerosoles estratosféricos podría enfriar el planeta entre menos de 1 y 3 °C después de 10 años, sin que los modelos actuales permitan prever con precisión sus efectos climáticos. Aun así, ese posible alcance ya impulsa inversiones públicas y privadas. La agencia británica Advanced Research and Invention Agency (ARIA) financia un programa de 60 millones de libras esterlinas para desarrollar estas tecnologías, la startup israelí-estadounidense Stardust recibió más de 60 millones de dólares de capital de riesgo para proyectos de geoingeniería solar, y Reflect Orbital, empresa orientada al uso de espejos en órbita baja, podría convertir el enfriamiento artificial en un mercado de créditos climáticos.
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Las iniciativas de geoingeniería generan incertidumbre sobre el rumbo de la destrucción del ambiente. Aunque los críticos de la geoingeniería han establecido que esas tecnologías no son viables, las crecientes inversiones construyen una lógica fáctica que amplía su desarrollo y puesta en aplicación, creando las condiciones para eventuales dislocaciones ambientales y efectos de cascada incontenibles.

