El fin de la megamáquina. Historia de una civilización en vías de colapso
Scheidler, Fabian [2025], "El fin de la megamáquina. Historia de una civilización en vías de colapso", CTXT. Contexto y acción, 4 de febrero, https://ctxt.es/es/20250201/Firmas/48413/fabian-scheidler-el-fin-de-la-m...
Fabian Scheidler: Es un escritor galardonado que reside en Berlín. Trabaja para varias revistas como Le Monde diplomatique, Berliner Zeitung, Revista Contexto y Jacobin, y es cofundador del medio independiente Kontext TV.
Pocos días después de la primera toma de posesión de Donald Trump sucedieron dos cosas casi simultáneamente. Por un lado, el Dow Jones alcanzó el umbral de 20 mil puntos, lo cual implicó el aumento del valor de las más grandes compañías estadounidenses. Por otro lado, el Reloj del Juicio Final se movió dos manecillas hacia adelante. Este reloj refleja las valoraciones de varios científicos en torno a las posibilidades de una guerra nuclear, del colapso ambiental y de la implementación de tecnologías riesgosas. El hecho de que ambos sucesos sucedieron básicamente al mismo tiempo indica una relación entre el júbilo de los accionistas y el peligro existencial al que se enfrenta el planeta.
Esta interrelación nos habla del funcionamiento de la máquina económica actual, la cual produce enormes cantidades de bienes y al mismo tiempo de residuos. Además, genera una riqueza exorbitante para unas pocas personas (dato crucial 1) mientras que el resto tiene que vivir en la pauperización, la ociosidad sin sentido y el exceso permanente de trabajo.
Es por esto último que las personas son cada vez más conscientes de que este sistema es insostenible. Lo último se expresa en un interés por parte de la población más joven de los países ricos en torno a las alternativas a la economía capitalista (dato crucial 2).
A pesar de la obviedad con que se ve el carácter destructivo del actual sistema económico, sus engranajes también parecen imparables para la mayoría de las personas. Casi nadie confía en que los gobiernos y las personas poderosas hagan algo para invertir estas tendencias globales.
Lo anterior se vuelve especialmente desconcertante dada la cantidad de propuestas que hay en torno a la creación de un mundo más ecológico y equitativo. Estas teorizaciones se han hecho en torno a temas como agriculturas más ecológicas, sistemas monetarios orientados al bien común, energías renovables descentralizadas, sistemas de transporte público inteligentes y divisiones del trabajo más equitativas. Por ende, con la presencia de todas estas propuestas parece no tener sentido que un sistema tan orgulloso de ser portador de la racionalidad y la civilización mantenga un curso claramente dirigido al desastre.
Para entender esta supuesta locura del sistema actual hay que adentrarnos en su historia. Usualmente se atribuye la dirección actual del mundo con las políticas neoliberales de finales del siglo pasado, las cuales acrecentaron la desigualdad y la destrucción ambiental. La realidad es que estas solo fueron una fase de una maquinaria económica que se remonta 500 años atrás y que se ha basado en la depredación de las personas y la naturaleza.
Los mitos de la modernidad
Se ha hablado de la historia de este sistema de maneras muy diferentes, pero entre estas ha predominado el “mito de la civilización occidental”. Esta narración mitológica plantea un constante progreso histórico que ha vencido todas las adversidades. Dentro de esta construcción histórica los genocidios, las guerras y la destrucción del medio ambiente se consideran como meros deslices o efectos colaterales indeseables de un proceso mayoritariamente beneficioso. El problema con esta distorsión del pasado es que disminuye nuestra capacidad para tomar las decisiones correctas en el futuro.
Desde el punto de vista de los vencedores de la historia, es decir los grupos más privilegiados actualmente, esta narración tiene perfecto sentido. En sus vidas cotidianas este sector social vive los beneficios del progreso técnico y económico que ha traído el desarrollo de esta maquinaria capitalista. Lo que fallan en considerar son las experiencias de aquellas poblaciones más afectadas por las guerras, la explotación y los genocidios. Además de que son estas mismas poblaciones las que sostienen la comodidad de los vencedores de la historia, y la sostienen a su pesar.
Desde la perspectiva de estos vencidos la expansión de la maquinaria a lo largo de los últimos 500 años ha estado asociada al desplazamiento, el empobrecimiento, la violencia masiva y la destrucción del medio ambiente. Todos estos fenómenos no han sido exclusivos de la infancia o las etapas tempranas del sistema capitalista, sino que se han mantenido hasta el día de hoy. Lo anterior es demostrado por la inminente destrucción de los medios de subsistencia resultante del cambio climático.
La Megamáquina
El sistema económico actual no es un mero conjunto de instituciones, ideologías y prácticas. Es el funcionamiento de estas mismas de manera interdependiente, es decir que no pueden existir de manera aislada. El sistema es la interconexión entre el sistema financiero mundial, el sistema energético global y el sistema de división internacional del trabajo. Sumado a todo esto, están los estados, quienes son los encargados de hacer respetar los derechos de propiedad, proporcionar infraestructura, defender las rutas comerciales y mantener bajo control a las resistencias que surgen frente al sistema. Por ello, no se pueden contraponer estados y mercado cuando cada vez más se desarrollan de manera conjunta.
También se entremezclan discursos ideológicos como lo es la exaltación de la civilización occidental. Se justifica la expansión global del sistema capitalista por medio de la supuesta misión histórica de Occidente que traería la salvación al mundo. Este proyecto ideológico se articuló por primera vez en la forma del cristianismo, para después volcarse a discursos basados en los conceptos de “razón” y “civilización”.
El funcionamiento conjunto de todos estos elementos es lo que se puede denominar La Megamáquina. Esto último debido a que funciona como un engranaje de organización social que parecería funcionar como una máquina. La realidad es que esto solo es una apariencia ya que La Megamáquina, a pesar de todas las limitaciones sistémicas, está conformada por personas que la reproducen día a día. Y que por lo tanto también podrían dejar de hacerlo.
Esta Megamáquina se está topando con dos límites en el siglo XXI. Uno de ellos se relaciona a sus leyes inherentes de funcionamiento. Estas han tendido hacia un endeudamiento cada vez mayor de todos los actores sociales, burbujas financieras que estallan en quiebres económicos cada vez más profundos, además de que cada vez ofrece menos sustentos seguros a las personas. Lo anterior es especialmente grave con las empresas empleando a cada vez menos personas (dato crucial 3), lo cual lleva a que gran parte de la humanidad se quede fuera del sistema económico. También hay que considerar la tendencia de los estados actuales a abandonar sus funciones de seguridad social, priorizando más sus funciones militares-represivas. Todas estas son contradicciones que no pueden resolverse en los términos que plantea el propio sistema.
El otro límite se relaciona con que La Megamáquina está inserta en un sistema global mayor que es la biosfera del planeta Tierra. La constante necesidad de crecimiento del actual sistema económico se está topando con los límites del sistema natural planetario. A pesar de que estas fronteras pueden modificarse hasta cierto grado, esta adaptabilidad no es infinita. La capacidad destructiva de la forma civilizatoria actual es la más grande que ha habido en la historia de la humanidad. Esto se demuestra con los graves daños que le ha causado a los sistemas que sustentan la vida en la tierra, cómo la vida vegetal y animal, los suelos, los cuerpos de agua, etc.
Todo esto demuestra la inevitabilidad del colapso de la forma civilizatoria actual y la necesaria transformación que lo acompañara. La naturaleza de esta transformación todavía está por verse, puede que la segunda mitad de este siglo este aún más marcado por la miseria y la violencia, o puede que sea un mundo más libre y respetuoso con la vida. En esto radica la posible incidencia de movimientos relativamente pequeños, que tienen más capacidad de intervenir en un contexto de creciente inestabilidad. El problema es que esto aplica para los movimientos de extrema derecha fundamentalistas, los cuales pueden aprovechar la situación para apoderarse de las estructuras económicas y sociales en descomposición. Es por esto que todos debemos intervenir en la crisis que estamos atravesando como humanidad.
1) Hoy en día 26 hombres adinerados poseen tanto como la mitad más pobre de la población mundial.
2) En Alemania, según los sondeos, 88% de las personas encuestadas desearía un sistema económico diferente. En Gran Bretaña y Estados Unidos la aceptación de la economía capitalista también disminuye rápidamente, sobre todo entre las generaciones más jóvenes.
3) Las 200 mayores empresas del mundo suman el 25 por ciento del producto social mundial, pero sólo emplean a 0.75% de la población mundial.
El texto es una aportación a la discusión sobre la crisis civilizatoria en curso. Sus aportes se relacionan a indicar los límites intrínsecos a los que se está enfrentando el sistema económico en el siglo XXI y como ésto llevaría al colapso inevitable del orden civilizatorio actual. Para ampliar esta discusión habría que complementar las tendencias al colapso que describe el autor con las contratendencias que ha presentado históricamente el capitalismo en respuesta a estas primeras. De esta forma se podría evitar una visión determinista y lineal de la crisis civilizatoria. Además, considerar estas contra-tendencias nos permitiría cuestionar si las alternativas que se presentan frente al sistema decadente actual, que son mencionadas en el artículo, representan realmente una superación del capitalismo o serían solo otra forma de administrar su crisis. Para esto último sería necesario revisar nuestras conceptualizaciones en torno al capitalismo y lo que implica su superación.

