We Need to Retrofit the Planet. The Heat Wave Proves It
Wallace-Wells, David [2026], "We Need to Retrofit the Planet. The Heat Wave Proves It", The New York Times, New York, 1 de julio, https://www.nytimes.com/2026/07/01/opinion/heat-wave-europe-america.html
David Wallace-Wells, nacido en 1982, es un periodista estadounidense especializado en cambio climático. Es autor del ensayo y libro The Uninhabitable Earth, y colaboró con New York Magazine y The New York Times.
Europa se prepara para otra cúpula de calor, una masa de aire caliente que permanece sobre una región, después de que una sucesión de temperaturas extremas expuso la vulnerabilidad de la población e infraestructura europea. Para entender la importancia del episodio, es necesario comparar las condiciones climáticas de antes de la industrialización con las temperaturas actuales. Esa comparación permite distinguir entre un fenómeno que antes resultaba casi inconcebible y otro que el calentamiento global volvió más probable. La comparación con las temperaturas del último siglo, muestra que un episodio puede conservar su carácter excepcional en términos históricos y, al mismo tiempo, volverse relativamente frecuente dentro del clima contemporáneo (datos cruciales 1 y 2).
Esta transformación explica por qué los países del norte de Europa no cuentan con una preparación equivalente a la de Estados Unidos, Canadá o Japón (dato crucial 3). Durante décadas tuvieron veranos más moderados, sus ciudades conservaron edificios antiguos y densos diseñados para retener el calor invernal, por lo que adaptar ventanas, techos y sistemas eléctricos resultará muy costoso.
A esta limitación material se suma un debate dividido: algunos sectores defienden una expansión rápida de sistemas de aire acondicionado para proteger a la población, mientras otros cuestionan el consumo eléctrico y las emisiones derivadas (dato crucial 4). Es una realidad que el aire acondicionado puede reducir el riesgo de muerte por calor dentro de las viviendas, pero no evita las pérdidas agrícolas, la muerte de animales, el deterioro de suelos y cuerpos de agua, las dificultades para el trabajo al aire libre ni los daños en carreteras y vías férreas. Por eso, Europa necesita ampliar rápidamente los sistemas de enfriamiento y transformar su infraestructura, mientras el debate público debería concentrarse en la magnitud de esos cambios y no en culpas nacionales o disputas ideológicas.
1) La ola de calor que afectó a Europa rompió récords en seis países, causó más de mil muertes en una semana, deformó carreteras y vías de tranvía, y provocó desmayos y accidentes entre conductores de autobús. Además, fue aproximadamente 3.5 °C más cálida que un episodio comparable de hace 50 años. Las olas de calor de 2003 y 2010 causaron decenas de miles de muertes, mientras algunas estimaciones atribuyeron hasta 60 mil muertes al calor extremo en 2022.
2) Antes del calentamiento global provocado por la industrialización, una ola de calor como la registrada en Europa habría ocurrido una vez cada 26 mil años. World Weather Attribution, grupo científico que analiza la relación entre emisiones y fenómenos extremos, calculó que desde 2003 su probabilidad aumentó más de 100 veces. Con las temperaturas actuales, Robert Rohde, investigador de Berkeley Earth, clasificó el episodio de Burdeos, Francia, como la quinta mayor desviación térmica del último siglo, por lo que un calor semejante podría repetirse cada 20 años y, en el futuro, cada pocos años en Europa Occidental.
3) Una segunda ola de calor, distinta de la que afectó Europa, ya comenzaba a formarse y pronto llevaría varios días con temperaturas cercanas a 100 °F (37.8 °C) a Gran Bretaña y Europa continental. Al mismo tiempo, alrededor de 200 millones de estadounidenses enfrentarían temperaturas extremas durante la celebración del aniversario de Estados Unidos (4 de julio).
4) La baja adopción del aire acondicionado tampoco era exclusiva de Europa. Antes de la ola de calor mortal de 2021, solo 44% de los hogares de Seattle, Estados Unidos, contaba con aire acondicionado.
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Acaso los aumentos en la frecuencia e intensidad de los fenómenos ambientales extremos (como las ondas de calor), y de sus efectos deletéreos (megaincendios, megainundaciones, sequías, etc.), conseguirán que tanto las poblaciones como los poderes públicos tomen acciones frente a la destrucción del ambiente. Es preciso abandonar el retardismo climático que representan las falsas soluciones como la movilidad eléctrica o la instalación de equipos de aire acondicionado, para pasar al cuestionamiento radical de la matriz energética y de las formas y cantidades de energía que consumimos.

